lunes, 1 de abril de 2019

Cuaresma y campaña política, épocas de reflexión…




Jlriveirof

     Inmerso en el claroscuro que se da entre la luz de la época de cuaresma y las tinieblas que consigo trae la época de proselitismo político con la iniciación de la campaña electoral; la primera que comenzó con la imposición de la ceniza el 6  de marzo y que  ofrece un tiempo de conversión, meditación, recogimiento, ascesis espiritual, ayuno, penitencia y perdón. Es un tiempo de paz y tranquilidad relativamente corto que termina el Domingo de Ramos.
Una cuarentena, en donde se recuerda  la permanencia en estado de reflexión de Jesús en el desierto, previo a dedicarse a la misión de  la predicación en donde proclamó su doctrina y pasó  haciendo el bien, estableciendo el Reino de su Padre con milagros y prodigios portentosos,  por aquellos caminos polvorientos y parajes inciertos y remotos de la Palestina de los tiempos idos.
Lo anterior expuesto, demuestra de manera concluyente que;  previo a iniciar su proyecto, se preparó durante cuarenta días con sus noches, para garantizar el éxito en la tentativa de su empresa.

     En contraposición; y casi en los mismos tiempos, los políticos “profesionales” iniciaron  su campaña electorera con más bulla que nunca, para ofrecer a los incautos el oro y el moro,  sin ninguna agenda política, ética y moral, y con más hambre que nunca, defendiendo  al estilo de la vieja usanza,  los puestos que hoy ocupan. Motivados casi todos, en el pensamiento de Hobbes, por conseguir <<un perpetuo e incansable deseo de conseguir poder, que solo cesa con la muerte.>> Sobre todo aquellos, que pertenecen al insoslayable y abominable pacto de corruptos…
En un mismo transitar; les siguen los bachilleres en política,  es decir aquellos que  comienzan su tránsito por los vericuetos azarosos de la política, hablando “sin ton ni son” en lugares públicos, mercados cantonales, interior de buses urbanos y extra urbanos, parques, cargando niños, vistiendo trajes típicos de los lugares que visitan, abrazando ancianos y riendo como el payaso, a diestra y siniestra; para  hacer sus ofertas a la carta.
Muchos con su atuendo demuestran que tienen más sombrero que cerebro en la cabeza, pero al tener más dinero que instrucción, aparecen en primera línea.
Lo anterior expuesto permite constatar que son muy pocos los que poseen una  preparación politica, ciudadana,  de gestión y conocimiento de la cosa publica. Otros cuantos con  buena voluntad. Y los más, con avidez  para ver si se hacen de algún cargo por elección popular, en virtud que al no dar “pie con bola” en el ejercicio de su profesión u oficio concreto, intentan hacer de la politica su modus vivendi.

     Esas contrariedades se están dando ya, a pocos días de haber iniciado la contienda; y  son notables los “pecados de palabra, obra y omisión” que  se generan al contrastar éste tiempo litúrgico de cuaresma con el de la campaña política. La  hipocresía, acompañada de otros anti valores, son la mejor carta de presentación de muchos de esos mercaderes de la politica; y al igual que los cuatro jinetes apocalípticos, muchos solo dejarán egoístas conquistas personales, hambre, guerras físicas y verbales y muerte por donde pasen; como a sido su muy arraigada costumbre. Una hipocresía que suele ir acompañada de altas dosis de cinismo y arribismo, y da por sentado que en la arena política se vale de todo, al igual que en la arena en tiempos de Nerón el incendiario.
No pocos se han despojado hasta la médula incluso, de su naturaleza humana, y por eso en su praxis van desde la difamación, la injuria, pasando por las ofensas físicas y verbales, con tal de defenestrar a su contrincante. Al extremo que no les importa llevarse entre los pies a  las familias de sus contrarios, al ser expuestas al escrutinio publico, con tal de amedrentarlos, avergonzarlos y sacarlos  del ruedo político. 
En ambas arenas no hay distingo de ninguna índole. Una inmensa mayoría de damas, demuestran que son todo menos eso, y los caballeros, que nunca lo han sido.

     Al constatar lo que resulta evidente; se le debe otorgar la razón al extinto ex Presidente norte americano Ronald Reagan; que pensaba que la política por ser  la segunda profesión más antigua del mundo, se parece  mucho a la primera. Es decir, a la prostitución, por  sus prácticas truculentas y viciadas…

     Esa aseveración  permite retroceder en dos tiempos, uno relativamente corto y el otro largo. El primero cuando el autor fue invitado para participar en politica partidista en un partido político de reciente creación, muy afín a su pensamiento político; y el segundo concretamente a la  penúltima década del siglo XX, cuando  fungía  como inspector de saneamiento ambiental, -años 81-83-  en los Centros de Salud de San Cristobal Verapaz y Fray Bartolomé de las Casas, respectivamente.  Y dentro de las actividades inherentes a su cargo, tenía que visitar las Cervecerías de I, II y III clase, que era el nombre con que se ocultaba el verdadero nombre de un prostíbulo y los trances que se llevaban a cabo en su interior.
Como una cortesía de la celestina del lugar; que a manera de soborno ofrecía por cada litro de cerveza, la rodaja de  algún limón sin jugo, una tapa con sal, unos jocotes igual de rancios que la mayoría de los politicastros; y,  unas cuantas manías con la cascara pegada al fruto, así como está la piel en el  rostro de los  gerontócratas en el poder total…

     Obviamente, en virtud de las actividades inherentes al cargo de Inspector de Sanidad, se  tenía que tratar de tu a tu con las meretrices del lugar, para aparentar  “estar vigilante” de las leyes y reglamentos contenidos en el Código de Saneamiento Ambiental; en similares circunstancias al diario quehacer de  doña Desconsuelo de las Porras, que impávida permanece en la punta del carajo, vigilante del estado de derecho.
Pues bien,  presuntamente se velaba porque en la  industria de la vagina, -haciendo alusión a la obra literaria de Sheila Jeffreys-  no se infligiera el código de sanidad vigente. y por ser émulo del novelista, poeta y escritor escocés Robert Louis Stevenson; bastante aficionado al alcohol, durante esas inspecciones oculares sanitarias que se hacían en y a los antros, incluidas las señoritingas del lugar, no era difícil convertirse en el Señor Hyde, con su trastorno de identidad disociativo,  después de ingerir algunos litros de cerveza, que al subir el efecto a la cabeza, se puede llegar a perder la memoria, y según el ambiente, se puede llegar a adquirir dos o más tipos de personalidad, así como lo hacen la mayoría de los políticos en este tiempo; que a imitación de Harry, el lobo estepario, poseen más de dos…., una de serpiente, una de lobo rapaz, y otra de zorra...

      Pues en esos trances que se dan en ambos antros, el de la política y la prostitución;  no resulta del todo imposible constatar que las triquiñuelas de los políticos se parecen en mucho a la de las sexo-servidoras; en ambos grupos se obtiene la  capacidad para sumergirse hasta el fondo en esa fetidez característica de los antros. En ambos entornos es inexistente un código ético; y eso les permite robar, mentir, engañar, engatusar, falsear e  intrigar, ilícitos todos que ahí se consideran gajes del  oficio.
En ambos oficios, las formas tradicionales de organizarse han evolucionado, al extremo que ambos negocios son “un mercado global multimillonario” y  constituyen un poderoso sector comercial -en donde todo tiene precio y es vendido, inclusive la dignidad- integrado a la vida social, política y económica de los pueblos.
Como sus prácticas son afines, sin duda a menudo se  preguntarán:  <<¿Y por qué debo ser moral?>>
La respuesta que se pudiera obtener da pie para pensar sobre el por qué su crisis moral,  es hermana siamés de su  crisis ética. Aunque cuestionables, son inseparables.
Ambas sociedades están hechos a imagen y semejanza del camaleón, <<que poseen los misteriosos poderes de adaptación inmediata de ese animal, es una constante en este período, al punto de la trivialidad.>>

      "Al ser la politica la segunda profesión más antigua del mundo, se parece mucho a la primera." Es por eso que sus huestes  discriminan el acto de razonar y  privilegian todo lo que es deshonesto, sucio y lascivo.
Es por ello que muchos no pasarán por el mundo  haciendo el bien...

    

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