Jlriveirof
Ante la pandemia de peste que ha asolado a
la sociedad guatemalteca durante los últimos ocho años; transmitida por los politicastros
de turno, que con sus mañas y artimañas han convertido los edificios que dan
cobijo a los tres poderes del estado de Guatemala, en una pestilente fosa común;
cuyos olores nauseabundos permean a flor de tierra, especialmente cuando sus
trapitos sucios son ventilados al sol.
En esa sepultura en cuestión;
ellos, esa caterva de politicastros, enterraron vivos la moral, la ética y las
buenas costumbres, matando así la democracia, el estado de derecho y el estado de
bienestar. Así lo dispusieron esos malhechores; ante la mirada impávida de un
pueblo permisivo y pusilánime, cuyos habitantes vemos y criticamos como pasan
las cosas, pero no hacemos nada para cambiar las cosas, cuando lo mínimo que
podríamos hacer es revolucionar el statu quo mediante la práctica de la
desobediencia civil, como aquella que emprendió y lideró Mahatma Gandhi en la
India para defenestrar a los ingleses.
En ese bregar por caminos
chuecos; muchos de esos individuos desnudos, -cosas cualitativamente
indeterminadas, en el pensamiento ontológico de Mario Bunge- que a pocos días
dejarán sus cargos con más penas que glorias; aún intentan patadas de ahogado, al
pretender hacer un aprovechamiento ilícito para obtener coimas, mediante la
concreción de negocios aparentemente legales pero inmorales. Un claro ejemplo
lo vemos en la terquedad esa, de querer obtener aviones para el ejército
nacional, cuya cúpula, se ha empeñado en doblegarse y plegarse al denominado
pacto de corruptos, presuntamente tutelado por el nefasto presidente del
ejecutivo, que gracias a la acción y al efecto del paso del tiempo, hoy si,
está a pocos días de irse al puto infierno.
Un infierno construido a imitación del descrito
por Dante en su Divina Comedia; en donde esta caterva de malhechores, crearon
sus propios círculos, viciosos en el caso de ellos.
Muchos ya estaban perdidos en
el camino de su propia vida; en virtud que las maras políticas constituidas en
partidos políticos, así los prefieren. Mientras más castrados de valores estén,
mejor para sus aviesos fines.
Timil, timil; -despacio,
despacio- como diríamos en lengua maya kekchí, fueron ingresando a ese
infierno, abriendo la puerta para tener acceso al ante infierno. Ahí se
sintieron como Pedro por su casa, al encontrarse con toda clase de personas
inútiles, mediocres, pusilánimes, gentes carentes de voluntad y toma de
decisiones. Ahí socializaron con muchas personas que, al estilo de Poncio
Pilato, tienen por costumbre lavarse las manos, después de haberse constituido
en autores intelectuales y materiales de más de algún derramamiento de sangre.
En el tránsito ese; hacia las profundidades
de su propio infierno; los politicastros, se encontraron en el limbo. Y ahí, estaban
aquellas personas que no han cometido ningún delito; y que, en consecuencia, no
pueden ser estigmatizadas, señaladas o castigadas por la sociedad. Son aquellas
personas que, al igual que el cisne, cruzaron el pantano de aguas putrefactas,
pero no ensuciaron su plumaje. Ellos; son los personajes que siempre
abanderaron las causas nobles y se opusieron a todas las medidas espurias y
políticas, que vieron la luz en desmedro de la población. Ellos; son los que
con sus acciones han causado daños físicos al infierno político que los
malhechores crean. Su pecado original consistió en ser demasiado crédulos y
pensar que ellos solos podían cambiar las cosas, estando ahí dentro.
Ya en
el segundo circulo; y que es, en donde comienza ese puto infierno, nos
encontramos con un diputado fornicador, lujurioso en extremo, aquel que utilizó
su automóvil como habitación y el parqueo del congreso de la República como
motel. También encontramos a todos aquellos acosadores que aprovechándose del
cargo que ostentan, intentan fornicar con las trabajadoras del estado, así como
también, aquellos que, a los viajes inherentes a su cargo, se llevan a sus
secretarias, so pretexto de necesitar de sus servicios profesionales en el
extranjero, no obstante, lo que pretenden es una dama de compañía a costas del
estado de Guatemala.
En el tercer circulo, seguimos encontrando
viciosos incontinentes, particularmente aquellos que padecen del pecado de la
gula, y que en consecuencia se hartan y beben hasta ver a Cristo, ávidos de
todos los placeres y codiciosos en extremo. Aquí encontramos sentado a sus
anchas, a aquellos borrachos y comilones, los miembros de la SAAS y el presidente
del ejecutivo que, con los dineros del estado, comen y beben lo que nunca
habían probado. Amén de los dipugánsteres que tragan todo lo que encuentran a
su paso.
En el cuarto circulo están los avaros y
los pródigos; aquellos que medraron a costillas del estado, enriqueciéndose de
forma lícita o ilícita, fomentando caletas de dinero proveniente de
estupefacientes, bienes muebles e inmuebles obtenidos de forma ilegal y los
robos a mansalva provenientes de las coimas obtenidas en las contrataciones del
estado y obras sobrevaloradas.
En el quinto circulo están los
incontinentes emocionales, iracundos y perezosos; todos sumergidos hasta el
cuello en el pantano de la putrefacción, habilidosos en el amaño y el engaño.
Los resguarda aquel que incendio el hogar -in- seguro Virgen de la Asunción
para crear una cortina de humo, que pudiera ocultar sus felonías.
Es de suponer también, que en
ese pantano se arrastran los soberbios, los envidiosos y los débiles de
carácter.
El sexto circulo se encuentra ubicado en
la novena avenida y zona uno de la Ciudad de Guatemala, cuyos recintos están
bien resguardados por muros y vigilados por una legión de diablos, una
soldadesca cuya cúpula militar, repta al compás del tamboril de su
comandante general y de algunos miembros impresentables del CACIF -no todos- para cuidar sus bienes; así
como también los cuerpos policiacos, que lejos de cuidar a la población de la
delincuencia común, resguarda al crimen organizado en bloques legislativos.
Después de las hecatombes causadas por los
politicastros; especialmente los violentos, se accede al séptimo circulo,
custodiado y representando por “la loca bestialidad”; es decir, por todos
aquellos que violentaron todos los derechos del prójimo, entre los que
encontramos homicidas, criminales, tiranos, violadores y bandidos. Aquí
vagabundean los fantasmas atormentadores de los generales que rigieron los
destinos de la patria, mediante los fraudes electorales y golpes de estado: El
chacal de oriente, el caguachín del norte, Ríos de sangre Montt, Mejía
Víctores, Laugerud, etc.
Están también los que
renunciaron a su naturaleza humana, suicidándose; para escapar al imperio de la
ley. Y aquellos que se metamorfosearon
en chacales, hienas y toda clase de aves de rapiña, arrastrándose por un
“hueso”, como comúnmente se le denomina a cualquier puesto, se tengan o no las
cualificaciones pertinentes para ocuparlo. Así como toda clase de derrochadores
con objetivos destructivos específicos.
Aparecen también en esta
escena; aquellos que blasfemaron el nombre de Dios, utilizándolo en sus arengas
políticas, los que usaron la religión, especialmente la sectaria evangélica
para predicar en sus púlpitos a favor del candidato de su predilección y
aquella alianza evangélica que reptó a favor de las huestes corruptas y
corruptoras, dándoles su bendición.
Continuando siempre por los mismos caminos
que conducen a las profundidades de ese infierno, en el octavo circulo están
los malosos, seductores, aduladores, inmorales, fraudulentos y los rufianes; aquellos
que aparentan tener caras de hombres justos, pero se arrastran como si tuvieran
cuerpo de serpiente, se hacen acompañar de toda clase de proxenetas y
embaucadores, que hicieron de los organismos legislativo, ejecutivo y judicial
una casa de prostitutas.
Aquí no pueden faltar los simoníacos; es
decir, aquellos que prostituyeron sus oficios eclesiásticos; como el extinto
arzobispo de Guatemala Mariano Rossel y Arellano, el Nuncio -rancio- Apostólico
de su Santidad Nicolás Thévenin, curas borrachos, mujeriegos, ladrones y
pederastas, los pastores de las mega
iglesias construidas con fondos de dudosa procedencia, una tal alianza evangélica,
entre una caterva de indignos que utilizan el nombre de Dios para engatusar a
los incautos e ignorantes fieles, que con tal de ganarse el cielo compran la
gracia barata.
No pueden faltar todos
aquellos que malversaron fondos públicos, aprovechándose de los cargos que les
fueron conferidos, los hipócritas que se vistieron con piel de oveja siendo
lobos rapaces, aquí están todas aquellas personas que creen que haciendo
apología del pueblo de Israel, a ellos también les alcanzará su bendición, toda
clase de ladrones comunes y asesores legales fraudulentos que brindan consejos
engañosos.
En la fosa número nueve, están todas
aquellas personas que van por el mundo sembrando cizaña, aquellos que siembran
vientos y cosechan tempestades, los cismáticos en materia social, política y
religiosa, aquellos que se enriquecen con la comercialización de pertrechos de
guerra y de ella hacen su industria, todos aquellos militares retirados que
transan estos artefactos, sin importar que sus clientes sean las maras, las
clicas y huestes subversivas. Están también los falsificadores de cosas:
personas, dinero o palabras. Aparecen también los traidores, especialmente de
la patria.
Metafóricamente hablando cada quien
construye su propio infierno y lo confecciona a su medida, así como también
cada quien labra la estaca en donde se sentará después y cada quien es el
carpintero de sus propias cruces, como bien decía San Felipe Nery. En ese sentido, las personas descritas
anteriormente, son los ciudadanos predilectos de ese pandemónium. Sin embargo,
también lo son aquellos que actúan como gallo-gallinas, los muertos en vida, el
don nadie, que mientras no se metan con ellos de forma directa, no hacen nada,
ni dicen nada. De ellos también están atestados los círculos infernales.
A guisa de colofón; los dejo con este
párrafo de Marco Aurelio: <<Sería propio de un
hombre agraciado morir sin haber llegado a contagiarse de la falsedad, la
hipocresía y la vanidad del lujo. Pues morir saciado de ello es morir dos
veces. ¿Acaso prefieres vivir en el vicio antes de huir de esa peste? Porque
peste es la corrupción de la inteligencia tanto más grave que la corrupción del
medio ambiente que nos rodea. Esta segunda es corrupción de animales puesto que
proviene de animales; aquella es corrupción de hombres, en cuanto proviene de
hombres.>> Reflexiones, IX,2:
Fuentes bibliográficas:
Alighieri, Dante, La Divina
Comedia, traducido por Bartolomé Miltre, (1922). Centro Cultural Latium, Buenos Aires
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