domingo, 8 de diciembre de 2019

Abriendo puertas y derribando muros...




Sir Jlriveirof, OP
     El 12 de junio de 1,987; el entonces presidente de los Estados Unidos de Norte América Ronald Reagan, parado frente a la puerta de Brandemburgo, pronunció uno de los más famosos y comprometedores discursos ante los más destacados personajes de la política internacional. Una retórica política dirigida con alto grado de precisión hacía la humanidad del líder soviético Mijail Gorbachov, a quien, le cayó de canto al no esperarlo ese día.   Lo recibió, como un poderoso e inesperado proyectil jamás enviado a la cabeza de un líder de la talla de Gorbachov.  
    El Señor Reagan hizo un aprovechamiento intelectual y político al utilizar las políticas de glasnost – transparencia, apertura o franqueza- y perestroika -reformas económicas- anunciadas con bombos y platillos por el entonces líder soviético. El objetivo de tan aclamado discurso, fue sin más ni menos en abrirse al mundo, reunificar Alemania y abrir las fronteras hasta entonces cerradas; derribando esos muros de la vergüenza que dividieron no solo a Alemania sino al mundo mismo.
Aunque poniendo en cuestión la perspectiva de su inspiración, no fue creación del presunto y autodenominado “líder del mundo libre”. Según se sabe, utilizó un negro para que redactara el discurso, -como negro se conoce en literatura a un escritor profesional contratado para escribir especialmente discursos para políticos que carecen de tiempo y seso suficiente para esbozar sus propios discursos-.  
     El discurso en cuestión, implosionó en las mentes y en los corazones de los entes pensantes en todo el mundo; y para lograr los efectos deseados con este escrito, rescato el siguiente compendio. Secretario general Gorbachov, si usted busca la paz, si usted busca la prosperidad para la Unión Soviética y Europa oriental, si usted busca la liberalización: ¡venga aquí ante esta puerta! Señor Gorbachov, ¡abra esta puerta! Señor Gorbachov, ¡derribe este muro! , el resultado de tal pronunciamiento es historia.
     La puerta a la que hago referencia en forma de parábola; y a la que hay que abrir “sin prisa, pero sin pausa”, es aquella que muchos de ustedes mismos han cerrado, igual que la puerta negra aquella, a la que alude el cantor, cuando dice que fue cerrada con tres candados y remachada por el miedo a una querencia.
       En circunstancias similares es que muchos no salen del sopor que causa la tranquilidad y el confort del hogar y, quizás por ello, el mundo se les esté despeñando encima, como muchas veces suele suceder cuando permanecemos inactivos. O talvez  se deba a miedos injustificados, iras, contiendas, postergación, cuando las cosas no salen como quisiéramos, amores fallidos e incumplimientos del deber; o simple y llanamente por holgazanes…
     El miedo, la ira, el amor y el deber, son cuatro gigantes, a los que hace alusión el doctor Emilio Mira y López, en su obra intitulada precisamente así: Cuatro gigantes del alma. Que para no auto plagiarme dos veces en un mismo día no mencionaré a detalle en este artículo, en virtud de haberlo hecho antes en un artículo precedente con la sinopsis esa; que le da sustento a lo que planteo hoy.
     Pues entonces; detrás de esa puerta negra, hay un mundo atestado de oportunidades y un sinfín de caminos y veredas que nos llevan a lugares distintos y distantes, en cuyos mercados podemos bregar, incidiendo de forma positiva para hacer el bien que anhelamos. Pero muchas veces como dice el apóstol, hacemos el mal que no queremos.
     Señoras y señores, amigos míos, coadjutores: “¡Vengan aquí ante esta puerta! ¡abran esa puerta!”. Si ustedes buscan la paz, abran esa puerta. Recuerden lo que decía Gandhi: “No hay camino para la paz, la paz es el camino”. Ello; significa que no hace falta ruta alguna para alcanzar la paz. 
¿Cuántas veces se pierde la paz a consecuencia de no cumplir con las tareas inherentes a nuestra profesión? 
¿Cuántas veces hay discordias a consecuencia de la falta de una oportunidad, del dinero que nunca es suficiente, y de la falta de empleabilidad y emprendimiento? 
¿Cuántas veces se pierde la paz, cuando de nuestro interior se escapa suma facilidad y frecuencia la ley moral, escrita en nuestra mente?
     La puerta que hay que abrir entonces; es, esa que conduce hacia la paz. Si aspiramos a la felicidad no hay otro camino, que el camino de la paz.
     Si ustedes buscan la prosperidad para Guatemala entera, para la empresa que les abrió las puertas, para ustedes mismos y sus familias, ¡Abran esa puerta! ¡Derriben esos muros! Son muros de vergüenza como lo fue el de Berlín en su momento y el de Trump en la actualidad. Son los muros del indiferentismo, del chapuz, de la ignorancia, de la pobreza, pobreza extrema, inacción, omisión, falta de objetivos sociales, éticos, responsabilidad social empresarial, personales, organizacionales, inteligentes, planes, metas y valores entre un rosario de pendientes, que nos quitan la paz y no permiten el desarrollo y el progreso.
     Si ustedes buscan la liberalización ¡vengan aquí ante esta puerta! Señores míos, ¡abran esta puerta!  ¡derriben este muro! … la liberalización que buscamos es de todo aquello que nos aliena y esclaviza, que no nos permite un desarrollo sostenible y sustentable, ni un crecimiento exponencial, y, nos llenan de animadversión e irrespeto de forma acelerada, sobre todo cuando el cielo estrellado se desinstala de nuestros entornos y la ley moral fuera de nosotros, imposibilitando una conexión con nuestras conciencias. Aquí; parafraseo a Kant.
     Ese desbloqueo que sugiere Reagan; en nuestro caso particular, sería de todos aquellos cepos, físicos, mentales y espirituales que nosotros mismos nos imponemos, y que, en consecuencia, no nos permiten avanzar, a dar la milla extra, a desarrollarnos, a cumplir con excelencia y excedencia todas aquellas cosas que queremos obtener y, no nos dejan salir de nuestra zona de confort.
     Por lo tanto, no es dable a nuestra esperanza, seguir abrigándose con imperativos hipotéticos, como aquellas frases trilladas con que suelen acometernos: haz esto y lo otro y veras que bien te va. Decalogos falsos e inútiles sugeridos como si de un recetario de cocina se tratase. 
El mismo Kant nos da algunas coordenadas, para salir de lo bajo, de lo abyecto, de lo tosco, de lo rutinario; y es a través de lo que él llama imperativo categórico y que equivale a actuar por deber. Ese  es el espíritu de la ética kantiana, actuar porque la obligación nos asiste, la necesidad nos desviste y el contrato social regenera nuestra moral y nos pone en la cima del mundo ético, el estético y el de la vida ordinaria; que nos permite vivirlos de forma extraordinaria…
     Solo un agente de cambio cambia, y si no cambia el cambio lo cambia. Esa es; la obviedad más obvia de todas las obviedades…
    

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