Sir Jlriveirof, OP
El Señor Reagan hizo un
aprovechamiento intelectual y político al utilizar las políticas de glasnost –
transparencia, apertura o franqueza- y perestroika -reformas económicas-
anunciadas con bombos y platillos por el entonces líder soviético. El objetivo
de tan aclamado discurso, fue sin más ni menos en abrirse al mundo, reunificar
Alemania y abrir las fronteras hasta entonces cerradas; derribando esos muros
de la vergüenza que dividieron no solo a Alemania sino al mundo mismo.
Aunque poniendo en cuestión la perspectiva de
su inspiración, no fue creación del presunto y autodenominado “líder del mundo
libre”. Según se sabe, utilizó un negro para que redactara el discurso, -como negro
se conoce en literatura a un escritor profesional contratado para escribir
especialmente discursos para políticos que carecen de tiempo y seso suficiente
para esbozar sus propios discursos-.
El discurso en cuestión, implosionó en las
mentes y en los corazones de los entes pensantes en todo el mundo; y para
lograr los efectos deseados con este escrito, rescato el siguiente compendio. Secretario
general Gorbachov, si usted busca la paz, si usted busca la prosperidad para la
Unión Soviética y Europa oriental, si usted busca la liberalización: ¡venga aquí ante esta puerta! Señor Gorbachov, ¡abra esta
puerta! Señor Gorbachov, ¡derribe este muro! …, el resultado de tal
pronunciamiento es historia.
La puerta a la que hago referencia en
forma de parábola; y a la que hay que abrir “sin prisa, pero sin pausa”, es
aquella que muchos de ustedes mismos han cerrado, igual que la puerta negra
aquella, a la que alude el cantor, cuando dice que fue cerrada con tres
candados y remachada por el miedo a una querencia.
En circunstancias similares es que
muchos no salen del sopor que causa la tranquilidad y el confort del hogar y, quizás por ello, el mundo se les esté
despeñando encima, como muchas veces suele suceder cuando permanecemos
inactivos. O talvez se deba a miedos injustificados, iras, contiendas,
postergación, cuando las cosas no salen como quisiéramos, amores
fallidos e incumplimientos del deber; o simple y llanamente por holgazanes…
El miedo, la ira, el amor y el deber, son
cuatro gigantes, a los que hace alusión el doctor Emilio Mira y López, en su
obra intitulada precisamente así: Cuatro gigantes del alma. Que para no auto
plagiarme dos veces en un mismo día no mencionaré a detalle en este artículo,
en virtud de haberlo hecho antes en un artículo precedente con la sinopsis
esa; que le da sustento a lo que planteo hoy.
Pues entonces; detrás de esa
puerta negra, hay un mundo atestado de oportunidades y un sinfín de caminos y
veredas que nos llevan a lugares distintos y distantes, en cuyos mercados
podemos bregar, incidiendo de forma positiva para hacer el bien que anhelamos.
Pero muchas veces como dice el apóstol, hacemos el mal que no queremos.
Señoras y señores, amigos míos,
coadjutores: “¡Vengan aquí ante esta puerta! ¡abran esa puerta!”. Si ustedes
buscan la paz, abran esa puerta. Recuerden lo que decía Gandhi: “No hay camino
para la paz, la paz es el camino”. Ello; significa que no hace falta ruta
alguna para alcanzar la paz.
¿Cuántas veces se pierde la paz a consecuencia de no
cumplir con las tareas inherentes a nuestra profesión?
¿Cuántas veces hay
discordias a consecuencia de la falta de una oportunidad, del dinero que nunca
es suficiente, y de la falta de empleabilidad y emprendimiento?
¿Cuántas veces
se pierde la paz, cuando de nuestro interior se escapa suma facilidad y
frecuencia la ley moral, escrita en nuestra mente?
La puerta que hay que abrir entonces; es, esa
que conduce hacia la paz. Si aspiramos a la felicidad no hay otro camino, que
el camino de la paz.
Si ustedes buscan la prosperidad para Guatemala
entera, para la empresa que les abrió las puertas, para ustedes mismos y sus
familias, ¡Abran esa puerta! ¡Derriben esos muros! Son muros de vergüenza como
lo fue el de Berlín en su momento y el de Trump en la actualidad. Son los muros del indiferentismo, del
chapuz, de la ignorancia, de la pobreza, pobreza extrema, inacción, omisión,
falta de objetivos sociales, éticos, responsabilidad social empresarial,
personales, organizacionales, inteligentes, planes, metas y valores entre un
rosario de pendientes, que nos quitan la paz y no permiten el desarrollo y el
progreso.
Si ustedes buscan la liberalización ¡vengan
aquí ante esta puerta! Señores míos, ¡abran esta puerta! ¡derriben este muro! … la liberalización que
buscamos es de todo aquello que nos aliena y esclaviza, que no nos permite un
desarrollo sostenible y sustentable, ni un crecimiento exponencial, y, nos
llenan de animadversión e irrespeto de forma acelerada, sobre todo cuando el
cielo estrellado se desinstala de nuestros entornos y la ley moral fuera de
nosotros, imposibilitando una conexión con nuestras conciencias. Aquí; parafraseo a Kant.
Ese desbloqueo que sugiere Reagan; en
nuestro caso particular, sería de todos aquellos cepos, físicos, mentales y
espirituales que nosotros mismos nos imponemos, y que, en consecuencia, no nos
permiten avanzar, a dar la milla extra, a desarrollarnos, a cumplir con
excelencia y excedencia todas aquellas cosas que queremos obtener y, no nos dejan salir de nuestra zona de confort.
Por lo tanto, no es dable a nuestra
esperanza, seguir abrigándose con imperativos hipotéticos, como aquellas
frases trilladas con que suelen acometernos: haz esto y lo otro y veras que
bien te va. Decalogos falsos e inútiles sugeridos como si de un recetario de cocina se tratase.
El mismo Kant nos da
algunas coordenadas, para salir de lo bajo, de lo abyecto, de lo tosco, de lo rutinario; y es a
través de lo que él llama imperativo categórico y que equivale a actuar por
deber. Ese es el espíritu de la ética
kantiana, actuar porque la obligación nos asiste, la necesidad nos desviste y
el contrato social regenera nuestra moral y nos pone en la cima del mundo
ético, el estético y el de la vida ordinaria; que nos permite vivirlos de
forma extraordinaria…
Solo un agente de cambio cambia, y si no
cambia el cambio lo cambia. Esa es; la obviedad más obvia de todas las
obviedades…
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