viernes, 25 de noviembre de 2022

¡Ay de ustedes políticos hipócritas!

 

     Desde diferentes puntos de vista, los guatemaltecos vivimos en una época turbulenta. Nuestra sociedad está enferma por causa de la injusticia social, la veneración de los ídolos modernos y la politiquería contumaz entre otras más.

En ese contexto urgen profetas a imagen y semejanza de  Amós para que acompañen al pueblo en sus protestas ciudadanas y  denuncien a todo pulmón, las flagrantes violaciones a los derechos humanos que cometen casi a diario las fuerzas de seguridad del estado guatemalteco, lideradas por verdaderos crimínales con antecedentes penales que no cuentan con los méritos de capacidad, idoneidad y honradez, plasmados en el artículo 113 de la Constitución Política de la República de Guatemala para optar a los cargos que hoy ocupan.

     Solo la Conferencia Episcopal de Guatemala y algunos párrocos de iglesias particulares se han pronunciado en contra del proceder de estos malhechores, mientras que, la impúdica Alianza Evangélica desde antiguo, se viene acomodando al ritmo del tamborilero de los corruptos, soslayando y apechugando todas y cada una de sus felonías.

Tal y como reza el refrán popular, una golondrina sola no hace verano, en correspondencia con ese pensamiento, urge que todos aquellos que hablen de Dios y con Dios manifiesten su repudio al proceder de todos estos granujas.

 Hoy no basta sólo con rezar y ayunar, hay que agarrar la espada de doble filo cómo refiere el discípulo anónimo del Apóstol Pablo en la carta a los Hebreos y partirle el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, los pensamientos y los sentimientos (Hebreos 4,12) a toda esa caterva política parasitaría, sanguijuelas que sangran hasta lo más profundo del erario y rémoras que impiden el avance de la justicia y el derecho.

     ¿Por qué las órdenes religiosas más importantes como la de los dominicos y los jesuitas no alzan su voz, y se convierten en la voz de los sin voz? ¡Urgen! Frailes cómo Antonio de Montesinos, Bartolomé de las Casas, Antonio de Valdiviezo, Pedro de Córdova, así como los mártires jesuitas de la UCA, y obispos de la talla de Tatic Ruiz, Helder Câmara, que sin importar las consecuencias no fueron solo miseros; sino, denunciaron a viva voz todas las tropelías cometidas por los políticos de turno, en su tiempo y en su lugar.

     ¡Ay de los que convierten la justicia en veneno y arrastran por el suelo el derecho, odian al que juzga rectamente en el tribunal y detestan al que testifica con verdad! Nos advierte el profeta Amós en el libro con su mismo nombre (5, 7).

Un ay muy común en los duelos de las personas que han fallecido por causa de la corrupción institucional, por falta de pan en sus mesas, medicamentos en los hospitales y justicia en los tribunales, entre otras cosas.

     Ese ay, también connota y transfiere maldición y condena en contra de todos esos cancerberos que han hecho de la política su modus vivendi, en perjuicio de las grandes mayorías poblacionales a quienes han empobrecido inmisericordemente.

     Ese ay, también debe martillar la mente y los corazones  de todas las personas de buena voluntad, porque la mayoría de diputados, algunos jueces y el mismo gobernante con sus hordas policiales han tergiversado la justicia y la han convertido en gotas amargas (Amós 7), ensañándose en contra de todas aquellas personas que manifiestan y reclaman sus derechos, operadores de justicia que han tenido que huir del país por ser justos, defensores de derechos humanos y de los recursos naturales que, demandan rectitud, obediencia a la constitución y justicia de quienes hacen gobierno y se enriquecen a costa de la injusticia, de las coimas, de las desgracias generadas por la pandemia y las tormentas tropicales que cada vez que pasan, dejan una marejada de caos, desolación y muerte.

     Esa raza de víboras sembró vientos, cosechará tempestades (Óseas 8, 7) en virtud que, su justa retribución será la maldición de parte de todos los guatemaltecos que alzan la voz desde las plazas públicas y desde el interior de sus casas de habitación, etcétera, a lo ancho y largo del territorio nacional.

Ay de ustedes politicastros hipócritas…, su llanto y crujir de dientes se escuchará desde el oriente hasta el poniente.

Jlriveirof, OP

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