martes, 15 de noviembre de 2022

"Yo pondré mi arco"


     En el antiquísimo y mítico libro del Génesis (9, 13),  encontramos la historia del diluvio universal que presuntamente tuvo lugar por causa del pecado de los primeros habitantes del mundo, acarreando consigo, grandes calamidades. Sin embargo, según se lee,  fue el mismo Dios quien suministró los medios para que personas concretas como Noé y su familia, lograran ponerse fuera de peligro, a quien mandó construir un arca para resguardarse de las aguas y poder navegar sobre ellas.

     El relato bíblico en cuestión,  narra que, al principio Dios todo lo hizo bueno, bendijo la obra creada, especialmente a todos los seres vivientes, y a los seres humanos les dio la potestad para dominar y sojuzgar la tierra, hasta someterla y, abusando de esa autoridad conferida al hombre desde el principio, tal privilegio lo convirtió en un miserable, a quien desde antiguo,  se le ha subido las heces fecales al cerebro y ha abusado del rol que se le dio,  explotado la creación, al extremo que, ahora es su más letal enemigo, máxime  en este tiempo presente cuando a hecho del capitalismo voraz y rapaz su dios, pretendiendo obtener ganancias en la explotación de todo lo creado y hasta de lo increado.

Precisamente de la consumación de ese pecado, delito, culpa, rebelión, transgresión, abominación, o como se le quiera llamar, podemos atraer un sinfín de desgracias que evidentemente afectarán la tierra y todo lo que sobre ella hay (Isaías 24, 20).

Sobre ese particular nos podemos percatar como a lo largo de todos los tiempos, tales desgracias nos han maleficiado; son latentes y están presentes en el aquí y ahora: desertificación de la tierra como consecuencia de la sobre explotación, sobrepoblación que coadyuva al calentamiento global,  uso o gestión inapropiada de la misma, deforestación de los bosques para darle paso a la ganadería o para beneficiar toda clase de maderas, maleficiando la fauna y la flora.

Como consecuencia su destrucción será irreversible si no hacemos algo y pronto para contrarrestar ese calentamiento global que ya se ve y siente a través de las sequías, inundaciones, huracanes, hambre, pobreza, pobreza extrema y destrucción.

     Con los fenómenos de la naturaleza que nos azotaron en años recientes, podemos comprobar como una inmensa mayoría de nuestros vecinos en Izabal y Alta Verapaz, especialmente en las áreas rurales, están sufriendo sus embates por causa de la pandemia que en extraño maridaje con la tormenta tropical Eta y Iota, que han dejado caos, desolación, pobrezas, tristezas y muerte por doquier.

Hay gente que lo perdió todo: padres, madres, cónyuges, hijos, parientes, amigos, sus pocos bienes materiales: casas, animales y sembradíos, etcétera, etcétera.

La muerte que vino la percibimos más trágica por ser violenta y, en muchos casos prematura ¿Cuántos huérfanos, viudas, desempleados y desposeídos nos dejó?

El pecado social que llora sangre y clama al cielo por causa de una clase política parasitaría que desgobierna Guatemala,  en común unión con algunas maras políticas, militares y oligárquicas que, de cuya combinación a nacido un esperpento de nombre  kakistocracia, es decir, el gobierno de los peores, los más estultos, con un enanismo ético y moral de fatales consecuencias como jamás habíamos visto en Guatemala y, que, en estos precisos momentos, están más ocupados y preocupados por hacer negocio; negocios nacidos de sus entrañas más negras en perjuicio de sus coetáneos.

     Alea jacta est -la suerte está echada- ante ese abandono  para remediar la pobreza y la destrucción total y parcial de la gente más afectada,  la población sin distingos de ninguna naturaleza  recurrió  a la limosna y la compasión (Deuteronomio  15, 7-11), De esa manera el pueblo salió a salvar al pueblo, con la garantía que Dios respaldará  la caridad de todas esas personas de buena voluntad; y, con la fe puesta en el futuro, Dios se hace presente con su pueblo y camina con ellos, sufre con ellos, llora con ellos y en consecuencia se encargará de ellos...

     A ese ritmo vertiginoso en que nos amenaza toda clase de catástrofes naturales, tenemos que hacer algo, ya.  Solo así podremos evitar la barbarie y la hecatombe que trae consigo el calentamiento global y el gobierno de los peores…

La alianza noáquica cuyo signo es el arco iris nos alumbrará el camino …, no por algo el escudo de armas de mi ciudad natal hace alusión a esa frase: Yo pondré mi arco.

Jlriveirof, OP

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