domingo, 23 de septiembre de 2018

Y Dios dijo: hágase la palabra… 3ª parte



Jlriveirof

      A guisa de conclusión declaraba en la segunda parte de este artículo, ¡Yo soy rey!  Y ese presidir sobre nosotros mismos, demanda muchas exigencias a las cuales tenemos que atenernos y cumplirlas al pie de la letra. Significa que debemos  renunciar a muchas cosas, y entre las tantas cosas a las que debemos renunciar en adición a todos las situaciones que vimos anteriormente, está la renuncia total y absoluta de un liderazgo endeble, un liderazgo raquítico, porque a causa de un liderazgo de esta naturaleza hay tantos hombres y mujeres que parecen marionetas en las manos de otros, son manejados al sabor y antojo del otro. Son los tontos útiles que deambulan en las organizaciones como barcos sin velero ni timón y que andan casi siempre a la deriva. Son una casta de personas que nunca se comprometen, y en consecuencia,  nunca actúan. O si lo hacen, lo hacen de forma tardía. Sus promesas nacen de los labios hacia afuera, no desde las propias entrañas y por eso el decir con el hacer no son coherentes, no hacen binomio, no son buen partido.
     Nietzsche, el filósofo que planteo la muerte de Dios,  dijo en una oportunidad que los seres humanos somos animales que hacemos promesas;  aunque él considere que la creencia en Dios es una consecuencia de vida decadente y de que la idea de Dios es un refugio para los débiles y los ignorantes, es Dios quien nos ha dado ese don de la comunicación y, a través de ella hacer promesas. Cuanta razón tuvo Publio Sirio al externar: "La conversación es la imagen del espíritu. Según es él hombre, así será su charla."
 Pero,  antes de continuar elucubrando, preguntémonos: ¿Qué es una promesa? Dejemos que el Dr. Rafael Echeverría nos responda categóricamente: “Las promesas, son por excelencia, aquellos actos lingüísticos que nos permiten coordinar acciones con otros. Cuando alguien hace una promesa, él o ella se compromete ante otro a ejecutar alguna acción en el futuro.”
     Veámoslo así: Al comienzo de cada año calendario, a título personal planeamos nuestro porvenir,  y ese porvenir lo planeamos en el ámbito profesional, económico, familiar, espiritual, vacacional entre otras cosas; a partir de nuestras particulares necesidades,  porque de algo estoy seguro, no nos interesa únicamente el desarrollo económico que podamos lograr en el ejercicio de una  profesión u oficio concreto; sino toda una amplia gama de mejoramiento continuo, incluyendo nuestra área espiritual.  En el área profesional, muchos somos autodidactas y estamos a la vanguardia de los conocimientos que se requieren para estar siempre vigentes. En mi caso particular, continuamente procuro  aprender, desaprender y reaprender. Particularmente en mi estilo de gerenciamiento a la vieja usanza.
Ya lo dijo Confucio: “Por tres métodos se puede aprender: Primero, por la reflexión, que es la más sabia; Segundo, por la imitación, que es la más fácil; Y tercero, por la experiencia, que es la más amarga”…
     Con este desarrollo personal podríamos decir que nos convertiremos en una especie de alquimista, capaces de convertir el “plomo en oro” desde el punto de vista metafórico,  capaces  de hacer descubrir y  relucir ese  acre de diamantes que se encuentra en el interior de cada persona, desde el interior  de su propio pozo,  extrayendo  lo  mejor de sí mismo. Con el poder que nos da una palabra bien encaminada, bien dirigida en el momento y en el tiempo oportuno. Pudiendo hacer  una mutación maravillosa e increíble en aquellos que necesitan  un cambio radical  tanto en su manera de pensar, como en se manera de ser, de hacer, de decir y de actuar. Porque el ser humano, ese poderoso ser perfectible pero inacabado, que todos los días puede estar haciendo cambios en su vida con el poder de la palabra;  es el único que tiene el don de mutar en su manera de pensar, es el único que puede evolucionar,  que tiene la capacidad de convertirse, el único que puede nacer de nuevo espiritualmente tal y como lo dice San Pablo a los Efesios: “Despójense de la conducta pasada, del hombre viejo que se corrompe con sus malos deseos; renuévense en su espíritu y en su mente; y revístans dice claramente el Dr. Echeverría. ¿Y en que nos hemos comprometido nosotros los integrantes de esta agencia de seguros, bajo mi dirección y procuración? ¿De este grupo eclesial? ¿De esta fraternidad? ¿De nuestra sociedad?  ¡A cumplir! ¿Con quién? primero con Dios, porque el trabajo humano es una invención divina para colaborar con El en la construcción de un mundo más viable. En segunda instancia con nuestra familia, porque al cumplir con la palabra empeñada en esa promesa que hacemos cada año, estamos procurando estabilidad financiera y mental a nuestras familias, dándoles todo lo que necesitan para satisfacer sus más elementales necesidades, que son: comida, techo, abrigo, educación, instrucción, salud física, mental y espiritual,  recreación entre tantas cosas; recordemos que “si uno no cuida de los suyos, especialmente de los que viven en su casa, ha renegado de la fe y es peor que un incrédulo.” Según lo explicita San Pablo en la 1ª   Timoteo, 5,8. Y en tercera instancia, debemos cumplir con la empresa que nos da la oportunidad de ser alguien en la vida; si cumplimos con Dios y con nuestra familia como se debe, cumpliremos por añadidura con la empresa que nos patrocina, cumpliendo así con la promesa empeñada, porque de la promesa que cada uno hizo, otra persona se comprometió  a otro nivel y esta otra persona hizo lo mismo a un nivel más alto; por lo tanto si no cumplimos a cabalidad con la promesa efectuada, afectamos a terceras personas, empezando por los de nuestra casa y haremos quedar mal a las que confiaron en nosotros; entonces,  cumplamos con nuestras promesas porque “El hacha ya está apoyada en la raíz del árbol: Árbol que no produzca frutos buenos será cortado y arrojado al fuego.” –Mt 3,10-
     Tal aseveración es aplicable a toda aquella persona que no produzca buenos frutos, en el hogar, en el trabajo, en la iglesia y en la sociedad; por supuesto después de haber agotado todas las instancias a efecto de que la promesa empeñada se cumpla y en este sentido; en este nuevo estilo de gerenciamiento, siempre hemos llevado a la practica la parábola de la higuera; que dice así: “Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo al viñador: Hace tres años que vengo a buscar fruta en esta higuera y nunca encuentro nada. Córtala que encima está malgastando la tierra. Él le contesto: Señor, déjala todavía este año; cavaré alrededor y la abonaré, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás.” -Lucas 13, 5- 9-
      ¿Acaso no hemos actuado así? Con el árbol que no quiere dar fruto; ¿Acaso no lo hemos abonado? Con programas de reentrenamiento, coaching, feedback, asistencia técnica personalizada. ¿Acaso no existen en cada uno de nosotros motivaciones endógenas y exógenas  para ponernos en movimiento?
     ¿Acaso no hemos visto el cambio en algunas personas? Que se dejan guiar, que son dóciles, que son humildes y no autosuficientes. Aquellos que se auto ayudan y a la vez buscan también ayuda.  Acaso no hemos visto el cambio en todas aquellas personas que primero confiaron en El Señor y después en ellos mismos; cumpliendo con sus promesas en todo su entorno;  dando fruto a todo tiempo, según nos narra Jeremías en el capítulo 17, versículos 7-8: “¡Bendito quien confía en el Señor y busca en El su apoyo! Será un árbol plantado junto al agua, arraigado junto a la corriente; cuando llegue el calor, no temerá, su follaje seguirá verde, en año de sequía no se asusta, no deja de dar fruto.”
     Así  serán todas aquellas personas que cumplan con la promesa empeñada haciendo según lo que les corresponde, al estilo de Jesús, que hizo lo que dijo y que hoy mismo nos promete: “Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.” (Mt 28,20).

domingo, 16 de septiembre de 2018

Y Dios dijo: hágase la palabra… 2ª parte


 
Jlriveirof

      Cuenta una anécdota que en cierta oportunidad salió de incognito Federico El Grande, Rey de Prusia; a deambular por las viejas callejas de la ciudad de Berlín, cuando tropezó con un hombre muy anciano. ¿Quién eres? Pregunto el monarca por simple curiosidad, cuando los dos se detuvieron. ¡Soy un rey! Contesto el anciano. ¡Un rey! Y  ¿Sobre qué principado reinas? Sobre mí mismo fue la orgullosa respuesta. Yo me gobierno a mí mismo, porque me domino a mí mismo, soy mi propio súbdito.
      A ojos vistas;  la declaración  que hace el anciano de la anécdota es válida, porque al ser imagen y semejanza del creador y al haber sido bautizados, por excelencia nos corresponde ese   título de rey. Cristo facultó este poder a sus discípulos para que también ellos dispusieran de una libertad soberana; y poder así,  gobernar nuestras emociones  y vencer sobre la “cultura de la muerte” y las estructuras  de los yerros, que cuando no se gobiernan  nos permiten ir en pos de los vicios, de la maldad, de la ignorancia perniciosa y,  de todo lo que es alienante.  En consecuencia; nosotros los seguidores de Jesús, en  este tiempo presente, ejercemos esa realeza y; podemos declarar  igual que el anciano berlinés,  ¡Soy un Rey!
     ¿Y sobre que reino reinas? ¡Sobre el reino de mí mismo! Debiera ser la declaración   hecha al comienzo de cada día, por cada uno de nosotros con la ayuda de Aquel que nos da fuerzas.  -Filipenses 4,13-  Gobernando sobre ese reino y reduciendo a su mínima expresión el miedo,  la pereza, la postergación, el incumplimiento, el conformismo, la pesadumbre, el pesimismo, el autoritarismo, la mentira, la superficialidad,  el engaño, el egocentrismo, la traición, las concupiscencias, la rutina, la depresión.  Cuando éstas han anidado en nuestra mente, alma y corazón; como consecuencia de la muerte de un familiar cercano, la pérdida de un amigo, los amores fallidos, las enfermedades de cualquier tipo, la desesperanza y, la presión que causan las actuales circunstancias desfavorables en materia social,  política, económica, religiosa, etc.  Que todos los días agobian al guatemalteco, y que no nos permiten, desarrollarnos y crecer como personas.   Máxime cuando las cosas nos salen mal, o cuando seguimos conduciendo nuestras vidas con retrovisor, viendo siempre para atrás. Haciendo   una contemplación exhaustiva  del pasado.
      El pasado ya pasó, es cosa muerta, dejémoslo ahí, máxime si al recordarlo no nos edifica. No vivamos nunca de las glorias pasadas, ni estemos recordando, hurgando y señalando los tiempos idos. Máxime cuando los mismos fueron  vividos de una manera disoluta y vacío. Para que metafóricamente; no nos pase, lo que le paso a la mujer de Lot, que por mirar y añorar lo que estaba atrás, se convirtió en una estatua de sal. -Génesis,  19, 26- desmitificando las Escrituras por supuesto.  Por lo tanto,  vivamos un buen presente  para asegurarnos un mejor futuro.
      ¿Y sobre que reino reinas? Para reinar en ese reino de nosotros mismos, es sumamente importante tener en cuenta tanto nuestras afirmaciones como nuestras declaraciones.
El Doctor Rafael Echeverría, autor del libro intitulado Ontología del Lenguaje, dice que “cuando declaramos generamos un mundo nuevo, pues después de haberse dicho lo que se dijo el mundo ya no es igual, ya que este fue transformado por el poder de la palabra”. La palabra tiene poder; por lo tanto, somos el fruto de nuestras afirmaciones y declaraciones y,   todas las personas que giran en torno nuestro, también son el fruto de esas afirmaciones y declaraciones. Si declaramos con insistencia que alguien es torpe e inútil, el tal lo creerá, al grado que, haremos de su mundo un mundo inoperante. Por lo tanto; que de nuestra boca solo salgan palabras edificantes, que bendigan, a fin de no poner a la vista las intenciones de nuestros corazones; lo que el hombre habla eso es él. Jesús lo dice de esta forma: “¡Raza de víboras! ¿Cómo podrán decir palabras buenas si son malos? El hombre bueno saca cosas buenas de su tesoro de bondad; el hombre malo saca cosas malas de su tesoro de maldad.” -Mateo, 12, 34-35-
      ¿Qué palabras salen de nuestra boca?, ¿Maldicientes?, ¿Amenazadoras?, ¿Falsas?, ¿Murmuradoras?, o palabras poderosas generadoras de diálogos, de nuevas realidades, de nuevos mundos, de mundos diferentes. Recordemos que con lo que hablamos revelamos nuestro razonamiento; y este, en todos los casos es nuestra mejor carta de presentación.
     Desde el punto de vista  de una ontología del lenguaje; tomemos de las Sagradas Escrituras, algunos ejemplos poderosos para crear nuevos mundos, en las gentes que se relacionan todos los días con nosotros:
      “No juzguen y no serán juzgados, no condenen y no serán condenados. Perdonen y serán perdonados. Den y se les dará: recibirán una medida generosa, apretada, sacudida y rebosante. Porque con la medida que ustedes midan serán medidos.”  -Lucas 6, 37-38-
      “Traten a los demás como quieren que los demás los traten.” - Mateo 7,12-
     “Amen a sus enemigos, traten bien a los que los odian; bendigan a los que los maldicen, recen por los que los injurian.” - Lucas 6, 27-28- Aunque extremadamente difícil, sobre todo en la Guatemala de este tiempo; cuando estamos siendo gobernados por los personajes más siniestros de la política pos moderna…
      “Si uno quiere vivir y pasar años felices, guarde su lengua del mal y sus labios de la falsedad” -1ª Pedro 3,10- Apartando la lengua mentirosa. -Proverbios 6,17- Evitando lenguaje deshonesto: “Lo mismo digo respecto de las obscenidades, de las estupideces y de las groserías, porque todas estas cosas están fuera de lugar” -Romanos 5,4- refrenando la lengua: “Si uno se tiene por religioso, pero no refrena la lengua, se engaña a sí mismo y su religiosidad es vacía.”-Santiago 1,26- No siendo apresurados para hablar: “Con todo, que cada uno sea veloz para escuchar, lento para hablar, y para enojarse.”  -Santiago 1,19-
      “No salga de sus bocas ninguna palabra ofensiva, sino solo palabras buenas que ayuden a crecer a quien lo necesita y agraden a quien las escuche.” -Efesios 4,29-
      “Respuesta amable aplaca la ira, palabra hiriente aviva el enojo. De la lengua de los sabios brota sabiduría, de la boca del necio, necedades.” -Proverbios 15,1-2-
     En cada uno de estos casos, la palabra pretende lograr un objetivo, porque el lenguaje es razonable y opera dentro de los parámetros éticos de un contexto. Es eficaz, regenera y transforma, haciendo las cosas viejas nuevas; y esto es factible, cuando intimamos la palabra hablada con Dios, cuando la conyugalizamos con El, para que la misma sea doblemente poderosa y para tener la debida autoridad,   inclusive en las que son  básicas.
     Dentro de las declaraciones básicas que todos los días estamos haciendo, utilizamos la declaración de negación “No”;  que según dice el Dr. Echeverría: “es una de las declaraciones más importantes que un individuo puede hacer porque a través de ella asienta su autonomía y su legitimidad como persona; sin embargo, el precio de decir no muchas veces cuesta la vida, es alto y depende de cada uno pagarlo o no”.
 Si todos los políticos de nuestro país tuvieran la valentía de utilizar más a menudo esta declaración, habría menos dobletes debajo de la mesa, menos corrupción en el aparato estatal, menos enriquecimiento ilícito, menos nepotismo, estulticia, dictadura, permisividad, pusilanimidad,  menos presos en las cárceles, enfermos en los hospitales y muertos en los cementerios.  Menos persecuciones por delitos de lesa humanidad; en fin, otros mundos estaríamos creando con  solo decir no,  en el momento oportuno.
      En lo que respecta a la  declaración de aceptación “SI” esta pareciera no ser tan poderosa como el no, sin embargo por decir siempre si sin razonarlo es que hay tantos males en el mundo,  por un si materializamos  las tentaciones y  nos desviamos de nuestros objetivos en todas las aristas de la vida;   por lo tanto, el “Si” y el “No” son poderosos, sobretodo, cuando los empleamos en el momento propicio con valentía.  Al respecto: el evangelista Mateo pone en boca de Jesús: “Que la palabra de ustedes sea si, si, no, no. Lo que se añada luego procede del maligno.” -5, 37-
     ¿De dónde pues procede todo lo que precede a un sí o a un no? Cuando ese si o ese no, es ambiguo. ¡Del malandrín!
      Solo  partiendo  de nuestras afirmaciones y declaraciones, de los binomios del ser y del hacer; de la congruencia entre el decir y el actuar, amalgamando fe y vida, podemos declarar:
 ¡Yo,  soy  rey! …

domingo, 9 de septiembre de 2018

Y Dios dijo: hágase la palabra… 1ª parte


Jlriveirof

      Corría el año 2,005 cuando empecé a estudiar y practicar la disciplina del coaching,  un método con el que engalané mi caja de herramientas interna; y seguí amueblando mi área cognitiva, para ir cambiando los viejos paradigmas e ir dejando en el pasado, aquellos viejos  conceptos administrativos radicales;  que así como vinieron se fueron. Útiles en su tiempo;  pero  hoy,  irresolubles e imprácticos…
El más letal para cualquier clima organizacional  fue; ha sido, y será, el gerenciamiento capataz.  Aquel, que en  su libro Ontología del lenguaje,   el  doctor  Rafael Echeverría postuló que “El modelo de gestión; que prevaleciera durante gran parte del siglo XX, ha muerto. No existe ninguna posibilidad de resucitarlo. Asistimos a sus exequias. Y aunque todos todavía estamos atrapados en él y no sabemos por cual otro sustituirlo”. 
Haciendo una paráfrasis de las palabras que pronunciara en su libro: Persuasión. Fundamentos de retórica, Kurt Spang  ¡El gerenciamiento capataz ha muerto, viva el gerenciamiento capataz!...
     No obstante, que de ese modelo de gestión ha sido anunciada su muerte, siempre vuelve a resucitar. Sobre todo en aquellas administraciones chapadas a la antigua; como en la mayoría de ejércitos del mundo, en donde hasta para pensar se tiene que pedir permiso,  la Iglesia Católica; con su organización jerárquica piramidal, amén de las empresas estatales, y aquellas constituidas en empresas familiares…
 Como el ave fénix, ese gerenciamiento capataz,  a veces se levanta de las cenizas calientes, para seguir infundiendo temor y desanimo en la mayoría de los empleados.
     Pues bien, creo que ha llegado la hora del cambio, y pronto.  Es en el aquí y el ahora,  gracias al poder que tienen  las competencias conversacionales, aquellas  que en una sesión de coaching, pueden fluir como ríos de agua viva,  desde el interior de nuestro “propio pozo”. Aquellas palabras que  cuando son  auténticas; son doblemente poderosas.
Para ir comprendiendo el ejercicio del coaching, veamos algunos conceptos. La palabra coach proviene del verbo inglés que significa “entrenar” o “dirigir” y al anteponerle la terminación “ing”, podemos decir entrenando o dirigiendo, que es lo que estamos haciendo todos los días, ya sea en el hogar o en el lugar de trabajo, independiente al cargo que ocupemos; en virtud que no es una tarea inherente a un  directivo.
     El coaching es un proceso interactivo;  por medio del cual, el que lidera la situación, denominado en este caso coach, asiste a un cliente, al que se le denomina coachee, para  ayudarlo a obtener lo mejor de sí mismo.
En términos generales un  coach ayuda a otra persona a alcanzar ciertos objetivos, utilizando sus propios recursos y habilidades, pero más que recursos y habilidades, utilizando sus propios dones de forma eficiente y eficaz.
Los ejecutivos que tenemos entrenamiento en esta disciplina; partimos  de la premisa de que es el oyente,  quien posee la mejor información,  para espantar a sus propios fantasmas, y a quienes se debe enfrentar con denuedo.
     Para iluminar el hecho anterior, traigo a escena  a Goethe;  quien dijo una vez: “Lo mejor que puedes hacer por los demás no es enseñarles tus riquezas, sino hacerles ver la suya propia.” No estoy hablando de riquezas materiales, sino  epistemológicas.
Y la mejor forma para descubrir ese caudal que se encuentra dentro de cada persona, esa riqueza interior, ese poder intelectual, esa fuerza motriz, ese gigante interior que muchos tienen dormido, es de vital importancia que aprendamos a conocer nuestras  fortalezas y debilidades; que son internas. Nuestras  oportunidades y  amenazas; que son externas; mediante la práctica de la oración, la introspección, la contemplación, la fe y la razón. Solo mediante esas técnicas se puede llegar  al discernimiento de la verdad; que  me hace libre. (Jn 8,32).
 El evangelista aquí no se está  refiriendo a una libertad política, sino a ser libres de todo lo que aliena y esclaviza al ser humano. Caso contrario; ¿Cómo podría ayudarnos alguien a descubrir nuestras riquezas interiores, si él tal es decadente? No tendría credibilidad, ni la fuerza ética y moral, ni la autoridad para hacerlo.
      La eficacia  del coaching deriva del poder que tiene la palabra hablada, de las competencias conversacionales; que con entrenamiento podemos llegar a hacer de las mismas, nuestras mejores herramientas; para sanar, liberar, instruir, animar, calmar, sosegar, redargüir , corregir el rumbo, alentar la vida o la muerte.  Todo depende de la forma y el uso que demos de la misma.
      ¿Por qué es tan poderosa la palabra? ¿De dónde proviene su fuerza?
Georges Mounin, en su obra Historia de la lingüística. Desde los orígenes al siglo XX; nos  ofrece un sinfín de razones. Sin embargo me quedo con la teoría de los filósofos y los teólogos que desde antiguo; los primeros, sostienen que el lenguaje es innato, adquirido, resultante de una invención voluntaria pero fortuita, casual e inesperada. Mientras que los teólogos postulan que el lenguaje es un don de Dios, algo que es regalado y que es inherente solo al ser humano.
El evangelista Juan nos de algunas pautas  que apuntan  alto: “En el principio existía la palabra y la palabra estaba junto a Dios, y la palabra era Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada”. –Jn 1,5-
      Esperando no hacer una interpretación errónea y subjetiva del texto bíblico, al no haber utilizado el recurso de la Hermenéutica (ciencia de interpretar correctamente la Biblia); considero que  ahí radica la fuerza, el poder y la autoridad de la palabra, proviniendo del hecho que la misma y Dios tiene intimidad.  Ambas participan en la creación  y gobierno del mundo, ahora es el verbo, palabra de Dios, que preexistía en Dios y que fue enviado al mundo.
Ese verbo es movimiento, es acción, es vida y vida abundante. Sabemos, aunque no todos crean que; somos creados a la imagen y semejanza de Dios, no en el aspecto físico sino refiriéndose al hecho que tenemos un alma espiritual, que estamos por encima de todos los seres vivientes, que no somos  cosas sino personas, que podemos distinguir entre el bien y el mal, hacerle a alguien el día, moldear el carácter, enderezar los pasos, pensamos, actuamos, podemos optar por la libertad en el ser y el hacer, de resolución y;  de todas las criaturas somos los únicos capaces de amar, y  externar una palabra. Exceptuando a la burra de Balaán; que mediante sus “competencias conversacionales”, generó preguntas poderosas en el diálogo que sostiene con su dueño; según podemos constatar en el libro de Números,  22,  28-31. 
Al igual que Dios podemos dar vida, por medio de la palabra porque con El somos cocreadores y  con ella podemos disipar las tinieblas de la ignorancia, del miedo, del terror  y de la cultura de la muerte.
     ¿Acaso con el poder de la palabra no damos vida o quitamos vida?
Por el poder de la petición y el amor fuimos concebidos. Por el poder de la petición y el amor vinieron nuestros hijos. Con el sudor de nuestra boca nos ganamos la vida; proponiendo y convenciendo. Con el sudor de nuestros labios, nos acercamos a la persona amada, cuando ofrecemos  el sol, la luna y las estrellas. Con el poder de las palabras decimos,  hacemos y somos lo que somos.
       “De los frutos del hablar se sacia el vientre, uno se sacia de la cosecha de los labios. Muerte y vida están en el poder de la lengua: lo que elija eso comerá” –Prov 18, 20-
      ¿Nos saciamos del fruto de nuestra boca?
      Preguntémonos a nosotros mismos, contestándola desde el quehacer de una profesión concreta.  Los que tenemos a cargo tareas administrativas y reclutamos personal y vamos en la búsqueda de talentos. Lo seleccionamos, lo capacitamos, lo integramos a nuestra organización y lo moldeamos a nuestra imagen y semejanza.
 Porque  ¿Quién no quiere ser como el líder? –hay quienes postulan que el líder es la visión, la misión y los valores nucleares- Cuando el mismo es maduro, creíble, cuando aplica la disciplina correctamente, cuando a todos trata por igual, con respeto; cuando no socava la dignidad por cuestionamientos éticos, religiosos, políticos o sociales; cuando el mismo es preactivo, propositivo, proactivo y trabaja en equipo, cuando es inteligente y su ética y moralidad es intelectualmente correcta y verificable.
     ¿Nos saciamos del fruto del hablar, de la cosecha de nuestros labios?
Desarrollando competencias conversacionales, generando identidades, sanas relaciones inter personales, nuevos compromisos, negociaciones, futuros y mundos diferentes.
Solo estando convencidos como estoy, sé que  por medio de la palabra tenemos ese poder transformacional, y cuando la misma está en íntima relación con Dios es doblemente poderosa; le añadimos valor, es como ponerle doble y retranca a un móvil, potenciamos su fuerza y su destino; le cambiamos la vida, a los que nos confían su vida organizacional llevándolo a otra dimensión, catapultándolos,  evitando caídas y derroteros, caminos inusitados e inhóspitos, en otras palabras ¡Hacemos más fácil el camino y el destino! porque el secreto estriba en gozarse del camino tanto como del destino.
      ¿Nos saciamos del fruto del hablar? Con nuestras afirmaciones y declaraciones, cuando las mismas son objetivas y veraces, porque muchas veces juzgamos a alguien desde nuestra observación, desde nuestra óptica y muchas veces la misma es subjetiva; tal y como dice el Dr. Rafael Echeverría: “La única descripción que hacemos es la de nuestra observación, no la de la realidad”.
 A veces padecemos de miopía y no vemos las cosas y las personas tal cual son y;  por eso, cuando hablamos muchas veces destruimos una reputación, una dignidad, un carácter, una persona. Por consiguiente; una institución, un hogar, un sistema.  
Si alguna vez, de palabra, obra u omisión atentáramos contra la dignidad de nuestro prójimo tengamos presente la declaración del perdón, con valentía y con sinceridad; a efecto de mantener incólume nuestras competencias conversacionales, y nuestras sanas relaciones con todos.
 ¿Cuántas veces tenemos que recurrir a la declaración del perdón? Las que fueren necesarias: “No digo yo, dice Jesús,  hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”. -Mt 18,21-22- Es decir, siempre…
     Amparándome en esta declaración, yo quiero pedir perdón por todas aquellas alegrías, entusiasmos y esperanzas que mate con el poder de la palabra; por aquellas sonrisas que desdibuje en un rostro inocente con el poder de la palabra; por todas aquellas lagrimas que rodaron por una piel lozana o arrugada;  por el poder de una palabra.
Por todas aquellas promesas incumplidas… tantas promesas insatisfechas…
      Nos cuenta la historia bíblica; que en aquellos tiempos pretéritos,  Sansón mató, amontonó y sacudió a mil hombres con el poder que le dio una quijada de burro. -Jueces,  15, 15 – 16- Yo;  en este tiempo presente,  con mi “quijada de burro” he matado miles de ilusiones… Mate  la fe, la esperanza y el amor,  por el poder de una palabra dicha y hecha, en un tiempo y en un lugar concreto. Con una palabra que se salió del rumbo, que perdió el horizonte,  la perspectiva de la vida y que no estaba en íntima comunión con Dios.-

Fuentes:
Rafael Echeverría, Ontología del lenguaje, 2005, Lom Ediciones, S.A.
Georges Mounin, Historia de la Lingüística. Desde los orígenes al siglo XX, versión española de Felisa Marcos,  Editorial Gredos, S.A.

domingo, 2 de septiembre de 2018

"El precio de desentenderse de la política, es ser gobernado por los peores hombres"


Jlriveirof

      “Tuve en la vida tres grandes enemigos; dijo una vez Mahatma Gandhi: el menos complicado de ellos resultó ser el Imperio Británico; con el que encontré más dificultades fue con el pueblo de la India. Pero con quien tuve, tengo y tendré los mayores desafíos es con un tal Mohandas Gandhi”.
Lo puntualizado  por Gandhi nos lleva a suponer que en la vida siempre vamos a encontrar  factores internos y externos; que atentan contra la vida,  el estado de derecho, la buena gobernanza, la moral y la ética; la democracia y todo aquello que pueda frenar nuestro desempeño; incidiendo de forma gravosa en  nuestra cotidianeidad, y que pueda repercutir en la productividad y el desarrollo de nuestros pueblos, y en la libertad de expresión y locomoción de todos sus  habitantes.
 Sin duda alguna,  la trilogía enunciada por Gandhi,  son desafíos  latentes en ese  tal “Juan Chapín”,  encarnado en el guatemalteco medio de la época, que nos toca vivir.
     Al igual que Gandhi, intuyo, que, en la medida que ha transcurrido el tiempo, en el diario acontecer, nos hemos enemistado con tres cuestiones:
     La primera es con “la clase política”, que nos gobierna. Por ser una maldita casta parasitaria, que sangra en tan alto el presupuesto nacional, y que medra de los recursos del estado, viviendo a expensas de la sociedad trabajadora, que con sus impuestos tiene que sostener todos sus deleites. De tal suerte que en los últimos años, hemos sido testigos de cómo se han depreciado, en perjuicio de ellos mismos y del pueblo de Guatemala, que en ellos confió el destino de la patria. Ese rechazo hacia los políticos de parte de la sociedad civil, tiene lugar de forma justificada, por razones ampliamente conocidas, inclusive por aquellos que carecen de los más elementales conocimientos, respecto de la política:  
        a) por la profunda incompatibilidad entre lo que dicen y hacen. Su discurso de campaña es incongruente con el que practican, una vez alcanzado su cometido. Sino recordemos aquel discurso de “ni corrupto ni ladrón” que llevó a un comediante, a ocupar la primera magistratura del país, sin contar con las debidas preparaciones. Alguien que resulto ser peor que los anteriores, incluyendo al defenestrado Presidente Otto Pérez, un presunto criminal de guerra, y que hoy guarda prisión por todos los desmadres cometidos, durante su des gobierno;
     b) por la carencia de principios éticos y morales básicos, que han relegado de la política. Lo anterior se puede ilustrar, con las múltiples peticiones, para quitar el derecho de antejuicio, tanto al gobernante de turno, por financiamiento electoral ilícito, cuando fungió como secretario general del malévolo partido que lo llevo a la presidencia; como a los  demás malhechores que hoy; hacen des gobierno con él, en los otros organismos del Estado de Guatemala.
Y que al igual que aquellos espectros, que se metieron en una piara de cerdos, según lo narran los evangelios, son legión;
     c) por emplazar sus muy particulares intereses, a los de la comunidad que engañaron. Todos, absolutamente todos, han cooptado el estado, invadiéndolo con familiares, compinches, consuegros, yernos,  nueras, “caseros y caseras”, entre una larga lista; devengando jugosos salarios, aunque carezcan de las pertinentes cualificaciones y sean más brutos que un jumento. Sin descalificar a los jumentos, claro está;
     d) por su doble moral y doble cara con que se enfrentan en público, demostrando ser cínicos, avaros, abyectos, vulgares, extremadamente corruptos  y  populistas, entre una larga lista;
     e) por su pecado original, que es la corrupción institucional  que los corroe.  Es bien sabido que llegaron a tomar y beber hasta el pus que queda, después de vaciar las tetas del marrano, dignamente  representado, en el estado guatemalteco.
 Quienes no están en las cárceles, “sin prisa, pero sin pausa”, van rumbo a ellas, en éste periodo, o en el venidero. Solo es cuestión de tiempo;
     f) por la superficialidad y alto grado de estupidez;  con que ostentan su alta investidura. El último jueves de agosto, fuimos testigos oculares del show político, que hizo el Presidente de Guatemala, cuando por televisión se dirigió al noble pueblo de Guatemala, para informar que defenestrará a la CICIG. Lo hizo  envalentonado y acuerpado por varias decenas de militares, los altos jefes de un ejército, que en la misma medida de los políticos de turno;  también cuentan con  muchas chafarrinadas que desean esconder;  y cuentan  entre sus filas, con verdaderos delincuentes camuflados. Demás está hacer una descripción de los mismos, en virtud que son del conocimiento nacional e internacional.
 Huestes; que desde antiguo, no cuentan con la simpatía del pueblo y que con esa actitud negativa, demuestran de manera concluyente, que son  gendarmes de la corrupción y enemigos del pueblo que los mantiene, a través del pago de sus impuestos. Aunque muchos sostengan que lo hicieron para velar por el estado de derecho. ¿Cuándo lo habrán hecho?...
      La segunda cosa con la que nos hemos enemistado; es con el propio pueblo de Guatemala. Es decir, con nuestros hermanos guatemaltecos. Hoy,  es con quien “tenemos mayores dificultades”, como decía Gandhi. Sobre todo, por sesgos ideológicos, políticos, militares, religiosos, económicos, sociales, que no nos permiten clarificar, objetar, discutir, pensar y proponer, sin perder el principio de racionalidad y la memoria histórica y una visión del futuro, para cambiar el statu quo.  
Cuánta razón tiene Leo Strauss al analizar la crisis de nuestra civilización, cuando  afirma que el hombre occidental moderno, ya no piensa y  no sabe lo que quiere. Eso me lleva a suponer el porqué, de la amplia gama de criterios, con que nos descalificamos todos los días los guatemaltecos…
 Muchos han cerrado filas en contra de los entes encargados de investigar el delito  y perseguir  a quien lo comete. Quizás, porque el hilo que los separa  de un delincuente, es bastante fino, independientemente de cual sea su profesión u oficio. Incluidos el Presidente de la Nación y de los otros organismos del estado; desde ministros, pasando por los mandos medios,  hasta llegar a los conserjes;
 Nuestro conocimiento de la política, es bastante limitado y tal vez por eso; no nos ocupamos de ella. A pesar que es la segunda profesión más antigua del mundo, y como tal, decía Ronald Reagan, se parece mucho a la primera. Quizás por ello, se ha prostituido…
     Cualquiera que analice los diferentes comentarios, externados en las redes sociales, sabrá interpretar lo que escribo. Nos acaloramos con alguien, hasta llegar al descredito o la ofensa, cuando su pensamiento, no concuerda con los otros. “Izquierdista, derechista, fascista, comunista, extranjero”;  entre otra larga lista de apelativos, que sacamos de su contexto histórico y utilizamos como reticencias; muy a pesar, que desde la revolución francesa, se viene hablando de “izquierdas y derechas”, y se viene sosteniendo la pertinencia que se da, entre las dos regiones, de ese espacio político.
     Para hacer una ilustración académica del párrafo anterior, tengo a la vista el libro Ética y Política, escrito por el filosofo Adolfo Sánchez Vázquez; en donde propone, hacer un riguroso análisis sobre las relaciones que existen entre la ética y la política; y el juicio que se debe adoptar, para comprender los términos: izquierda y derecha. Concepciones que hoy se cuestionan y que incluso, sirven a los más iletrados para ofender a cualquiera, cuando su pensamiento en ese espectro político es diferente.
 Postula el autor que a veces la misma izquierda, tiene sus dificultades para fincar su territorio. Y la derecha; por su parte, tiene tendencias muy arraigadas, para pretender borrar la línea que desde antiguo, la ha separado de la izquierda. O a pretender desaparecerla cuando se presenta como “centro, civilizada o democrática”. Soslaya lo que realmente es; es decir, como derecha y acepta inclusive, proclamar como suyos los valores de justicia social, o sobre la equitativa distribución de la riqueza; valores que siempre han sido reivindicados por la izquierda. Se da una verdadera distribución de la riqueza; eso sí, pero para las familias y las alforjas de esos politiqueros, que saben muy bien, que al estado se llega a medrar…
     Mientras tanto; la verdadera identidad de una izquierda política y social, no debe ni puede deslindarse de sus valores: Libertad, igualdad y democracia. Valores que desde que los fraudes electorales, perpetrados por los generales de turno, eran su santo y seña en nuestro país, y que desde siempre;  han sido pisoteados por  esa derecha totalitaria; en sus extremos…
     En Guatemala y toda América  Latina; hemos sido testigos presenciales, de como  esos regímenes totalitarios, presuntamente democráticos, liderados por gorilas uniformados;  han violentado el estado de derecho y creado una pobreza que es hiriente y que clama al cielo. De tal suerte que, los teólogos de la liberación han dicho de ella; que es “anti evangélica, anti ética y perversa”.
     En ese espectro político, como ciudadanos del mundo, también hemos visto con tristeza, como los países del llamado “eje del mal”; por los imperialistas estadounidenses; como los logros en materia de justicia social, se mezclaron con la negación de todas las libertades inalienables e inherentes al ser humano; tales como: las libertades de pensamiento, asociación y expresión.
Algo que los politicastros en Guatemala; juntamente con el gobernante de turno, han querido coartar.
     Hoy, las personas incultas y que carecen del conocimiento de la historia; aquellas que envalentonada en falsos nacionalismos, que les obnubila la razón;  agreden violentamente, en todas sus formas, a aquellos partidarios que pretenden conquistar los espacios de libertad, igualdad, democracia y justicia; llamándoles izquierdosos, “huecos” o guerrilleros; cuando en el curso de la historia, nos hemos percatado que la derecha;  en las últimas décadas, se ha empeñado en negar esos espacios…
     Llegan al colmo del ridículo, cuando vemos a civiles que nunca han  tirado  ni con una honda y militares en situación de retiro; ofrecerse como voluntarios, para defender al impopular aprendiz de dictador; Presidente de Guatemala: “a sus órdenes presidente”, “veteranos, pongámonos en guardia”, “lo que usted mande, comandante”. Esos falsos nacionalismos, los llevan a suponer que solo ellos tienen la razón y son los únicos dueños de la verdad absoluta. Sabrán acaso lo que decía Einstein, respecto de que la única verdad absoluta, es que la verdad es relativa…
Para no pecar de ignorancia extrema y no caer en esa tentación;  postulo a que todos  averigüemos cual es nuestro pensamiento político, a fin de incidir en la problemática actual, de forma positiva y no de la forma en que los politicastros de todos los tiempos, lo vienen haciendo en perjuicio de las grandes mayorías.
Para ello, promulgo el test político en el Diagrama de Nolan, que en pocos minutos nos permitirá descubrir nuestra ideología: http://www.testpolitico.com/.
     Valga recordar las sabias palabras externadas por Platón, y que hoy siguen  vigentes: “El precio de desentenderse de la política, es ser gobernado por los peores hombres”.
 Una máxima escrita en Grecia, en el siglo IV  antes de Cristo, y que se ajusta muy bien, en nuestra Guatemala, Nicaragua y Venezuela del Siglo XXI…
     La tercera y más complicada de nuestras enemistades es  con ese  tal “Juan Chapín”, es decir,  con nosotros mismos.  Con quien “tuvimos, tenemos y tendremos” los mayores desafíos; desde la cuna hasta la sepultura.
 Muchos hoy; nos dejamos llevar por corrientes ideológicas sin mucho fundamento y con poca hondura académica. Nos arrastran por caminos inciertos las sectas religiosas, sobre todo aquellas fundamentalistas, extremadamente tóxicas, diseñadas con un único fin: disentir y dividir a la población. Muchas sectas fueron utilizadas en el pasado para confrontar, aborregar y adoctrinar malévolamente al ignorante. ¿Cuántas fueron importadas y utilizados sus miembros como tontos útiles por gobiernos totalitarios, como el de los déspotas generales: “Injusto Rufián Barrios” y Efraín Ríos –de sangre- Montt, con fines a todas luces deplorables?
Hablamos de política y de muchas otras cosas,  pero muchos no sabemos, que no sabemos mucho, sobre lo mucho que hablamos. Para hablar o escribir de política o cualquier otro tema; “tenemos que conocerlo  y para conocerlo y comprenderlo;  hay que estudiarlo”.
     Solo así, podremos salir del conflicto en donde nos encontramos estancados actualmente como sociedad y; el conocimiento adquirido; ya sea de forma sistemático o empírico, nos permitirá encontrar en la diversidad de pensamientos, la unidad granítica, que se necesita para salvar a la patria; de la putrefacción, que es el nivel máximo hasta donde hemos descendido, a causa de aquellos sujetos; que hoy defendemos a capa y espada. Ratificando las sabias palabras de Platón: “El precio de desentenderse de la política, es ser gobernado por los peores hombres”…

Referencias:
Ética y Política, Adolfo Sánchez Vásquez, primera edición electrónica 2017, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.
         

viernes, 31 de agosto de 2018

¿Quien es el hombre?


 
Jlriveirof

     En la década de los años 80, llegó a la pantalla gigante, la película estadounidense,  Depredador. Una película protagonizada por Arnold Schwarzenegger, en el papel del “mayor Dutch”.  Durante la narración de esa historia, se da un encuentro personal entre el furtivo monstruo alienígena y el hombre, -mayor Dutch-  en donde éste le dice al primero, al verlo desenmascarado: “eres horrible”. Y,  efectivamente, cualquiera que haya visto la película, no podrá decir lo contrario ante  una maquina mortífera, programada para hacer cuánto daño le fuese posible, cuya cabeza posee ojos pequeños, con esclerótica negra e iris de color, rojo, verde y amarillo, unas hendiduras por nariz, y una boca con mandíbulas bastante grandes, cruciformes y móviles.  La frase “eres horrible” habría  encajado mejor, si la bestia hubiese externado tales conceptos al ver al hombre, el verdadero depredador de todo cuanto existe sobre la faz de la tierra…
     Todos sabemos que  en Guatemala, casi a diario, hay decenas de personas muertas como consecuencia del índice delincuencial, el hombre es muerto por el hombre, en una guerra sin cuartel. De forma continuada se talan grandes cantidades de bosques, en perjuicio de la fauna y la flora, se contaminan ríos, quebradas, lagunas, lagos y mares, en detrimento de la vida. El ecocidio es persistente, sin que las autoridades hagan algo por contrarrestarlo, es más muchas de ellas, participan por un fardo de dinero y se hacen de la vista gorda. Amén de la minería a cielo abierto.
Todo eso y más hace el hombre, a pesar de ser un ente racional, dotado de una inteligencia superior, y muchos dones y talentos, para poder hacer del mundo, un lugar digno en donde vivir. Ese hombre, es considerado como el centro y la cima de todas las cosas,  visto desde la antropología. Imagen y semejanza del Creador,  desde una óptica teológica y, desde la antropología filosófica,  “el verdadero hombre”. Ese ser perfectible pero inacabado, aquel conquistador de muchas batallas, desde la ciencia,  la cultura, lo social y  las artes; entre tantas otras cosas. Y a pesar de todo, aún vive en ese estado de imperfección.  A la luz de la filosofía nietzscheana, podría ser el superhombre. “El mono es el pasado vergonzoso del hombre, decía Nietzsche,  así como  lo será el hombre del superhombre”…
     Pues bien, el objeto de ésta reflexión,  consiste en ir más allá del hombre de la antropología, de ese hombre de “carne y hueso” como lo describió  Goethe, de ese hombre que es lo que puede ser, independiente de las concepciones que él tenga de sí mismo y que dé él se tengan.  Porque es ávido de nuevos conocimientos. Y, dándole un enfoque filosófico, parto de la más antigua de las exhortaciones, de aquella que estaba escrita en el dintel del templo de Apolo en Delfos, según se dice por los siete sabios de Grecia, pero atribuida a Sócrates: el famoso aforismo “Conócete a ti mismo”.  Una regla que debe ser asumida por todas aquéllas personas, que quieran seguir elucubrando sobre ese ser irrepetible y bregando por sus caminos, por sospechosos que estos sean: El hombre…
     Sólo conociéndonos a nosotros mismos podremos conocer a los demás y comprenderlos, tener empatía los unos por  los otros y, colaborar todos,  en la construcción de un mundo más justo, solidario, humano y  fraterno.
      De lo anterior debo destacar que primero se debe salvar el trecho que existe entre el verdadero conocimiento de uno mismo, de lo que se cree de uno mismo. Porque,  casi nadie quiere saber cómo es y quién es. Quizás,  porque a veces es preferible ocultar al Cuasimodo, al Míster Hyde, o al diablo que muchos llevamos dentro y con el que se convive todos los días.  Sinónimo de todas nuestras debilidades y flaquezas, horrores y errores cometidos a lo largo de nuestra vida; posiblemente, porque no se quieren corregir.
     Muchos; no pretendemos reinventarnos, y a partir de esa mutación; ser nuevas personas.
 No queremos salir de nuestra zona de confort, a pesar que se sabe que la misma,  es la antesala de muchos infiernos, de  vicios y pecados, el cementerio de la voluntad y, preferimos  vivir una vida rudimentaria y acomodaticia, para no esforzarnos en la rehabilitación del verdadero hombre, de ese hombre que vemos todos los días frente al espejo de nuestra casa, y por eso, “nos convertimos en un animal que reprime sus instintos”, según Freud. Y no nos percatamos que, “El hombre es un campo de investigación, en el que aún hoy día puede observarse un número indeterminado de fenómenos nunca antes vistos y a los que todavía no se ha dado nombre.” A. Gehlen
      Partiendo de este pensamiento; Scheler, propuso elaborar una antropología filosófica que respete el singular paraje metafísico del hombre, dada, su independencia, cuando decide ser un ser vivo inteligente, cuando su conducta tiene sentido. Y,  cuando buscamos el conocimiento a través de la reflexión filosófica, percibimos a través de tonos nuestros sentidos, que la misma es terapéutica y, nos permite controlar la ignorancia extrema. Cuanto pensamiento creativo se da, en la reflexión, cuando la misma es filosófica…
     El hombre por medio de la ciencia y la técnica ha llegado a la luna, pretende llegar a Marte, sin embargo le cuesta hacer un viaje de ida y vuelta a su propio interior, para  hacer desde ahí  las averiguaciones pertinentes de quién realmente es. Nos resulta fácil hablar de otras personas, pero cuando de hablar de nosotros se trata, nos quedamos cortos de palabras y no sabemos qué decir…
     Para ilustrar ese viaje de ida y vuelta hacia el interior de “nuestro propio pozo”, recuerdo una de las tantas vivencias de mi infancia: a finales de los años 60 y principios de los 70, mi papá, siempre llevaba a mi madre,  hermanos y a mí, a pasar los días de la semana santa, a la finca Chameoj, propiedad  de mi abuela paterna. Ahí, el Río Polochic transitaba riguroso dentro de la propiedad, se veía  cristalino y libre de desechos sólidos y tóxicos,  y se mantenía puro,  antes de que los finqueros lindantes tiraran toda la pulpa de su café, a sus márgenes. 
En una de esas vacaciones, nos acompañó un amigo de mi papá, a quien llamaré Jack Chapín. Era un borracho consuetudinario, adicto a las bebidas embriagantes. Recuerdo que lo primero que hizo durante el día de campo, fue ingerir “su lechita”, como él llamaba, a cualquier bebida etílica  que embotara sus sentidos. Y estando ya en completo estado de ebriedad, se subió a lo alto de una roca, que se encontraba en medio de la corriente y exclamó fuertemente: “miren todos, me voy a echar un “jack´s nine”, dicho esto se lanzó a las aguas turbulentas. ¿Jack´s nine? Intuyo que ese era el nombre del clavado que se echó desde la roca. Sin embargo, a los pocos segundos, el azul cristalino de las aguas, se tiñeron de rojo; y al bendito Jack Chapín, tuvieron que sacarlo a la superficie para llevarlo al centro de salud de Tucurú, en virtud que con algunas piedras subyacentes a la roca firme, rajó su dura cabeza en 9…
     Entonces, para hacer una aproximación al viaje,  hacia nuestro interior, tendríamos que tirarnos al modo del  “jack´s nine”, y rompernos la madre en nueve, para salir de ahí, desangrados, anonadados, por decirlo metafóricamente, claro está, porque hemos descubierto real y verdaderamente quien somos. Y a partir de ahí, tomar las medidas anticipativas, adaptativas y correctivas, para crear y recrear al nuevo hombre, mutando hacia nuevas realidades, para procurar otros mundos. Como  el ético, el estético y el de la vida ordinaria, para vivirlos  de forma extraordinaria…
     Al igual que la antropología filosófica, tengo la esperanza del saber, y confío en que algún día, obtendré mi propia imagen, porque sólo la persona que obtiene el conocimiento de sí mismo, tiene el poder para contrarrestar una vida sin sentido.
     Sólo el conocimiento llevado a la práctica con sabiduría, nos pondrá en la posición de señores del sub-mundo que ahora es la vida que vivimos. Una vida desprovista de significado, necesitará de la habilidad para poder contrarrestar sus muy arraigadas malas costumbres; aquellas, que muchos llaman,  instintos naturales. Y por eso, vamos perdiendo nuestra libertad, al ponernos  en pose; para adoptar el papel de borregos, que es como nos quieren los patronos, los políticos  y las mil y una iglesias existentes a lo largo y ancho del mundo…
      De este repaso me quedo con dos interrogantes que podrían servir de base para averiguar real y verdaderamente quién soy:
     ¿Soy un mono que tuvo éxito en el proceso de la evolución, o sigo brincando del tingo al tango, sin ton ni son?

domingo, 26 de agosto de 2018

El valor de la perseverancia


 

Jlriveirof

      Haciendo uso de las grandes metáforas, quiero escribir la historia de un educador y líder político africano, que se llamaba James Aggrey, citada por el teólogo Leonardo Boff en sus obras literarias El águila y la gallina: como el ser humano se hace humano y El vuelo del águila: como el ser humano aprende a volar:
     “Era una vez un campesino que fue a la selva cercana a coger un pájaro para mantenerlo encerrado en su casa. Consiguió coger un aguilucho. Lo colocó en el gallinero junto con las gallinas.  Comía maíz, igual que las gallinas, aunque el águila fuese el rey/la reina de todos los pájaros.
     Después de cinco años, éste hombre recibió en su casa la visita de un naturalista. Cuando paseaba por el jardín, dijo al naturalista. Ese pájaro no es una gallina. Es un águila.
     En efecto dijo el campesino, es un águila. Pero yo la crié como gallina. Ya no es un águila. Se ha transformado en gallina, como las otras a pesar de las alas de casi tres metros de envergadura.
     No, replico el naturalista. Es y será siempre un águila, pues tiene un corazón de águila. Ese corazón hará que un día vuele a las alturas.
     No, no. Insistió el campesino. Se convirtió en gallina y jamás volará como águila.
     Puesto que realmente eres un águila y perteneces al cielo y no a la tierra, ¡abre tus alas y vuela!
     El águila se quedó parada en el brazo extendido del naturalista. Miraba distraídamente a su alrededor. Vio las gallinas allá abajo, recogiendo los granos, y salto junto a ellas.
     El campesino comentó:
     ¡Ya le dije,  se ha convertido en una simple gallina!
     No, volvió a insistir el naturalista. Es un águila, y un águila será siempre un águila. Vamos a probar nuevamente mañana.
     Al día siguiente el naturalista subió con el águila al tejado de la casa. Le susurró:
     ¡Águila, puesto que eres un águila, abre tus alas y vuela!
     Pero cuando el águila vio  abajo a las gallinas, que picoteaban en el suelo, saltó y se fue junto a ellas.
     El campesino sonrío, y volvió a la carga:
     ¡Ya se lo dije, se ha convertido en gallina!
     No, respondió firmemente el naturalista. Es un águila, poseerá siempre un corazón de águila. Vamos a probar todavía una última vez. Mañana la haré volar.
     Al día siguiente, el naturalista y el campesino se levantaron muy temprano. Cogieron al águila, la llevaron fuera de la ciudad, lejos de las casas de los hombres, a lo alto de una montaña. El sol naciente doraba la cima de los montes.
     El naturalista levantó al águila muy en alto y le ordenó:
     ¡Águila, puesto que eres un águila, puesto que perteneces al cielo y no a la tierra, abre tus alas y vuela!
     El águila miro a su alrededor. Temblaba como si experimentase una nueva vida. Pero no voló. Entonces el naturalista la agarró firmemente, muy en la dirección del sol, para que sus ojos se pudiesen llenar de la claridad solar y de la inmensidad del horizonte.
     En ese momento, abrió sus potentes alas, grazno con el típico Kau-Kau de las águilas, se irguió, soberana, sobre sí misma y comenzó a volar, a volar hacia las alturas, a volar cada vez más alto. Voló… voló… hasta confundirse con el azul del firmamento…
     Y terminó exclamando:
     ¡Hermanos, hermanas, mis compatriotas! ¡Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios! Pero hubo personas que nos hicieron pensar como gallinas. Y muchos todavía piensan que somos realmente gallinas. Pero somos águilas. Por eso, compañeros y compañeras, abramos las alas y volemos. Volemos como las águilas. Jamás nos contentemos con los granos que nos arrojan a los pies”.
     La enseñanza que esta anécdota nos deja es que en la vida del ser humano, a veces hay una dimensión águila y otra gallina. La dimensión águila, está presente en aquellas personas  comprometidas con una forma de hacer las cosas,  que nunca abandonan sus actividades, y las llevan a un final feliz,  por difíciles que estas sean.
 Y la dimensión gallina, se encuentra en latencia, en todas aquellas personas que fácilmente abandonan, sobre todo cuando vienen las dificultades  y  las pruebas y le damos paso a las tentaciones,  y a estos, les resulta más fácil abandonar que perseverar, en lo que se habían propuesto.
     Ya desde los tiempos pretéritos esta declaración, está vigente. Así lo demuestra el evangelista San Juan, cuando expresa en su evangelio: “Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con El. Jesús dijo entonces a los doce: ¿también ustedes quieren marcharse? Le respondió Simón Pedro: Señor ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”. (Jn 6, 66-69)
     Haciendo una sucinta reflexión respecto al texto bíblico anterior, se puede dilucidar que  a lo largo de su ministerio, Jesús fue buscado, aclamado y seguido por multitudes. Pero; también nos podemos percatar, que muchos de sus discípulos le dieron la espalda, y ya no andaban con El.
Grandes muchedumbres le seguían únicamente por interés, porque les daba de comer o los curaba de alguna dolencia, o les espantaba algún fantasma atormentador, o  espíritu inmundo, como mejor lo refieren los evangelios.
     A lo largo de más de tres décadas haciendo lo que hago, me he percatado que uno de los valores más difíciles de practicar, es el de la perseverancia.
 Parafraseando a Og Mandino, podría aseverar que sí yo pusiera uno sobre otro, los cadáveres infieri que se han tenido que ir del seno de la organización que presido,  por mediocres, formaría un muro lo suficientemente alto, para encerrar el edificio que ocupa la sede regional de Seguros GyT, en Cobán.
No digamos de  los diferentes servicios eclesiales, que prestamos en nuestras iglesias particulares.  Es mucho más difícil aún ser  perseverante, quizás porque tal encomienda, obliga a vivir en coherencia, entre lo que se dice y se hace.
 He ahí la dificultad…
      Pero, para crear un contexto adecuado, veamos lo que dice el DRAE respecto de la perseverancia. Dice que es mantenerse constantemente en seguir. Y,  el diccionario bíblico; dice que es constancia, atender constantemente. Como se puede percatar, en ambos diccionarios los conceptos son similares, en este tema de permanente actualidad. Y, para evidenciar que es difícil ser perseverante en la fe, podemos ver los diferentes problemas que se dan desde los pastores de la iglesia, hasta el más humilde de los destinatarios de su misión, es decir la parte laical, que es el grueso de los miembros que forman parte del cuerpo místico de Cristo.
     Imposible invisibilizar en este contexto a los curas depredadores, pederastas y corruptos de Pensilvania y Chile. Un escándalo mundial, que zangolotea por ambos lados, arriba y abajo a la barca de Pedro. Un daño irreparable e irreversible, sobre todo cuando grandes jerarcas de la Iglesia Católica, imitaron la costumbre de los gatos e intentaron esconder tanta porquería, presuntamente porque <<prefirieron proteger a los abusadores y a su institución por encima de todo>>.
 ¡Hipócritas, lobos rapaces disfrazados de ovejas! Que rápido se olvidaron del mandamiento del amor, lo que presuntamente predican desde los pulpitos y enseñan en sus catequesis…
Con ese proceder que es nefasto a todas luces, lo único que lograron fue demostrar con sus acciones, que prima más el desgobierno de sus emociones, a la buena noticia que predican falsamente desde sus pulpitos.  Sin temor a equivocarme intuyo que,  en el seguimiento de Jesús, han obtenido techo, comida y bebida  en abundancia, sin que les cueste mucho trabajo conseguirla. Con este proceder, solo igualan lo que hicieron los primeros seguidores de Jesús, que lo seguían por la comida que les prodigaba.
     Impunemente pusieron sobre el tapete de que <<algunos clérigos tienen privilegios, y el no matarás sus excepciones>>. ¡Mataron la fe, la esperanza y la caridad, de todas las victimas con su infausto proceder!
Lutero diría de ellos hoy, “hombres de cerebro confuso que  jamás han olido una Biblia”…
     Sin embargo,  la problemática a lo interno de muchas iglesias, independientemente de su credo confesional, no solo se da desde la clerecía, sino también desde el cristiano de a pie, muchos viven una profunda inadecuación entre lo que dicen y hacen y se dejan aborregar con lo que dice el pastor, aunque éste esté más perdido que el hijo de la llorona.  Y por eso es que muchos seglares que prestan  algún servicio, o que pertenecen a  algún movimiento eclesial, rápidamente  abandonan, muy poco tiempo después de haberse integrado a ellos.
     Otra de las razones primarias, obedece a que  no quieren perseverar en algo que no les reditúa ningún pago, y muchos son católicos de ocasión.
      Como podemos darnos cuenta el valor de la perseverancia tiene muchos enemigos, y uno muy fuerte  es creer que somos el ombligo del mundo y  los tiempos actuales que no son muy propicios para perseverar en la fe, haciéndole  frente a pensamientos profundamente antagónicos a nuestras creencias. Como ejemplo preclaro tenemos los pensamientos que provienen del humanismo y el relacionismo, en donde  lo trascendente es elogiar, exaltar y admirar la figura humana y todo su quehacer, confiando más en el poder de la razón, la ciencia y la técnica,  que en el poder de Dios.  Y consecuentemente con ello,  nos  hemos dejado embaucar y  creído todas esas cosas. 
     Todo, absolutamente todo es negado o puesto en tela de duda y es por eso que ha tenido bastante aceptación el romanticismo sectario, cuyos adeptos  en su ignorancia,  ridiculizan las doctrinas esenciales del cristianismo, con conceptos  baratos, como aquel de pare de sufrir,  noches de gloria o ven por tu milagro, entre tantos  otros ofrecimientos misérrimos en grado superlativo.
Palabras fatuas y poderes oscuros, acompañadas de altas dosis de ignorancia,  las de estos pseudo evangelistas, que sin ninguna preparación filosófica, antropológica, sociológica y teológica, creen y hacen creer que tienen el poder para hacer que El Espíritu Santo sople donde ellos quieren que sople…
      Si a todo lo anterior le añadimos nuestras propias dudas, o la inconsistencia que no pocas  veces  vemos en nosotros mismos,  y en otras personas que se auto denominan cristianos, entonces nos desboronamos y queremos cambiar de religión,  como si ahí estuviera la solución de los problemas.
     Fácilmente abandonamos cuando dificultades, como el de la injusticia social y el sufrimiento, que nos turba con mucha frecuencia, ante todo cuando la muerte de algún ser querido se hace presente en nuestras vidas, y rápidamente encontramos a quien culpar, a Dios.  Pensamos que de bueno no tiene nada, que no es tan misericordioso y justo como se pensaba.
     Posiblemente, por circunstancias similares, Juan el Bautista, manda a preguntarle a Jesús: ¿Eres tú el que ha de venir, o debemos  esperar a otro? (Mt 11,3) Tal vez se preguntaba como Jesús podía permitir la injusticia de su encarcelamiento y por eso la respuesta del Señor sobre su persona y su misión fue una referencia de la maravilla de sus obras que nadie podía negar, milagros y signos que tienen como destinatarios al pobre y al excluido, milagros y signos que opacan cualquier duda y robustecen la fe por raquítica que esta sea y que hacen posible que nuestra iglesia siga caminando, sin importar cuantas hecatombes más, caigan sobre ella, porque ya Cristo mismo lo dijo, que el poder del infierno no podrá sobre ella.
      ¿Qué hacemos nosotros cuando nuestra fe se ve polarizada por las circunstancias desfavorables que estamos viviendo hoy todos los días  los guatemaltecos?
¿Preguntamos cómo el Bautista o somos perseverantes en la fe?
    Si Jesús nos preguntara hoy ¿También ustedes quieren marcharse? ¿Qué responderíamos? Sabiendo que para Jesús no existen las medias tintas. Él es claro y  contundente, cuando sentencia “el que no está conmigo, esta contra mi” ¿será que contestaremos igual que Simón Pedro?  “Señor ¿A quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna” o seremos igual a todos aquellos que lo abandonaron, dándole la espalda.
      Tomando en cuenta que los seglares no somos seguidores de hombres, sino de Cristo, pase lo que pase debemos perseverar en el seno de la única iglesia, nacida del costado abierto de El en la cruz, y debemos trabajar por ella y en ella, poniendo en práctica el valor de la perseverancia, porque sin ella es difícil alcanzar el éxito. Pidámosle al Señor persistentemente que  nos acompañe en este caminar  porque si Él está con nosotros quien contra nosotros, aunque estemos propensos a caer no una sino varias, no caeremos si nos agarramos de la mano del Señor,  porque Él es fiel y   siempre estará a nuestro  lado y prometamos ser un fiel discípulo suyo perseverando en medio de las pruebas, las necesidades, en medio del dolor, del sufrimiento, de la angustia.
      Pero en medio de toda esta realidad, como sociedad,  algo bueno nos está pasando y para ello se nos exhorta a tomar el ejemplo de todos aquellos cristianos que nos han antecedido en el camino del seguimiento de la gracia, gentes que  pasaron por momentos muy difíciles, y muchas veces se sintieron solos y con miedo, pero lo que les ayudó a no dejarse vencer fue que fueron perseverantes en una misma fe, una misma esperanza y un mismo amor.
     A pesar de todos los males que podemos observar, hoy no es difícil ver a alguien  ayudar a los pobres más pobres. En nuestras  parroquias hemos visto como han crecido y aparecido nuevos ministerios para asistir a enfermos, huérfanos, viudas, desprotegidos, ancianos, matrimonios en conflicto, parejas que desean contraer matrimonio, comunidades de base y grupos de oración que se reúnen para estudiar y orar, talleres de oración, catequistas, evangelizadores y  predicadores que anuncian la buena noticia de nuestro Salvador, convirtiéndose en  anunciadores de esperanza, utilizando todos los medios lícitos que tienen a su alcance para cumplir con las tareas que les han sido asignada.
      Dios ha derramado su Santo Espíritu  en nuestros grupos parroquiales  y hoy más que ayer es fácil ver a tanta gente que antes estaba sumida en el pecado sirviéndole  al Señor, hoy muchas personas que antes pasaban  más tiempo frente a la pantalla del televisor o de la computadora viendo pornografía  están de todo corazón frente al Santísimo Sacramento del Altar, cuando  estamos en misa ya no estamos apresurados, ni contestando el celular, ni  viendo el reloj para ver a qué hora termina el Padre, casi todos nos saludamos al final de la Eucaristía y ya no salimos apresurados al final sin interesarnos  por el prójimo, tal vez  porque hemos asumido nuestro papel como verdaderos discípulos de Cristo, haciendo nuestros los  problemas y las necesidades de la iglesia.
      Lo anterior expuesto, permite algunas pautas, y da la impresión que hemos recuperado nuestro primer amor. –Apocalipsis, 2,4- Y, por eso, es necesario que todos  conozcamos  la sintomatología de la secularización, para no dejarnos influenciar por ella, y que podamos  vivir nuestra vida, iluminada con la luz que emana de las Sagradas Escrituras, del poder de la Oración, del amor fraterno entre los hermanos…
     Hoy, a nuestras actividades  domésticas, le hemos sumado las actividades eclesiales para gloria y honra de Aquel que nos recuerda en el libro del evangelista Mateo: (10, 22)  “pero el que persevere hasta el fin, ése será salvo”…