lunes, 15 de septiembre de 2025

La luz de la aurora

   


 Una de las grandes pero pequeñas formas a la vez para practicar el estoicismo a diario son, ser agradecido con todo, practicar la virtud, buscar la verdad y ser feliz, entre otras.

En ese orden de ideas, como no agradecer por ese hermoso amanecer que, contemplábamos  cuando muy de mañana nos adentrábamos a los caminos sinuosos, resbalosos y bastante accidentados, rumbo a Panajachel, para darnos cita a la magna convención, preparada con mucha antelación por todo el equipo de la dirección de ventas de Seguros GyT. Cuando tomamos como vía alterna el territorio del Quiché que, es mucho más corta que el camino tradicional y, ofrece al viajero unos parajes paradisíacos como sacados de un libro de cuentos. Amén de los hermosos amaneceres y atardeceres vistos ya instalados a orillas de Panajachel.

     “Con razón te alaban todas tus criaturas” expresa una oración que algunos han convertido en canción en el contexto de la liturgia católica. ¿Cómo no agradecer por ese amanecer plasmado en fotografía anexa? ¿Cómo no agradecer y ser feliz por los momentos que se respiran y se viven ya en la convención? Una convención que presiento, será como la luz de esa aurora que se intensificará hasta encontrar su plenitud mientras el día avanza.

     ¿Cómo no agradecer el hermoso amanecer del día de hoy? Desde el aposento conferido con mucho afecto puedo contemplar la sierra y los volcanes que circundan el lago más bello del mundo: Atitlán. El resplandor de sus aguas frías, iluminadas por un tímido sol que aún se esconde en un centenar de nubes escindidas por el contraste ese que se da.

     ¿Cómo no agradecer por el día de hoy? Un nuevo día que se anticipa con muchas cosas buenas que se vienen, en virtud de la agenda preparada para todos los agentes y gerentes que nos encontramos alojados en este bello rincón del mundo.

     A guisa de colofón traigo a colación el pensamiento heraclitiano: “Nadie se encuentra dos veces con la misma persona”, hoy estaremos con gente más evolucionada, más experimentada en el giro de su negocio. Así como también: “nadie se baña en las mismas aguas dos veces” …

Todo cambia, todo fluye…

Rumbo a San Juan La Laguna

     Después de tomar el desayuno, nos embarcamos en El Arca de Noé, una pequeña embarcación que nos transportó “a todo vapor”, con diestra precaución, al otro lado del lago de Atitlán.”

Ya instalados en la proa, mi hija Michelle Marie Riveiro García, mi yerno Charles Moll Fetzer y un grupo de amigos y compañeros de trabajo, iniciamos la travesía con suma alegría gracias al viento que, soplaba a nuestro favor.

     La barca llegó a San Juan La Laguna una hora aproximadamente después de haber zarpado, bajamos a tierra firme e iniciamos nuestro tránsito hacia el Mirador de Kaqasiiwaan. Un tránsito que a casi todos nos dejó sin aire, al ser un camino sinuoso, tormentoso y fatigoso. Todo cuesta arriba…

Al llegar a la cúspide, escuché a alguien decir que, la subida fue sufrida y dolida, y que, al contemplar el hermoso paisaje que se veía al fondo, era como olvidar los dolores de un parto, que al observar a la criatura se olvidan.

En este caso particular, la criatura la teníamos al frente, cuya belleza sin igual nos dejó boquiabiertos, misma que se puede apreciar en las fotografías que acompaño al post.

     Después de algunas horas de glamoroso paisaje, abandonamos el paraje, iniciando el descenso para llegar nuevamente al pueblito que lleva por nombre el del apóstol San Juan Evangelista y transitar por sus recovecos y la Calle de las Sombrillas, de los Sombreros y de los Principales.

     Ya de vuelta al Hotel Jardines del Lago, y pasada la tarde, instalado en una de las cafeterías del mismo, llamada Flor del café, degusto en la grata compañía de mi yerno una taza de café Blend, que es una mezcla de Bourbon y Castilla, en donde nos enfrascamos en amena comidilla…

Él se va a la fiesta con música grupal en vivo, preparada por la dirección de ventas para cerrar con broche de oro la convención y, quien suscribe se queda en el mismo lugar para reflexionar con vista al lago, esperando se haga presente el famoso Xocomil para poder verlo en todo su esplendor.

El Xocomil es un fenómeno meteorológico que se hace presente en las horas de la tarde/noche especialmente, cuyo nombre es derivado del kaqchikel: ‘xocom’ que significa recoger e ‘il’ pecados. Es causado por fuertes vientos que soplan sobre el lago y sus alrededores. Según la antropología maya kaqchikel es un viento que arremolina las aguas y recoge cualquier maleficio sobre ellas y los pecados de los propios y extraños que se encuentren sobre sus aguas y alrededores.

     Aunque inverosímil la leyenda, no carece de importancia y relevancia. Ya quisiera yo, que esos aires agitados recogieran mis pecados para darme prestancia, los llevara a otros lados o al fondo de las gélidas aguas del lago para aligerar mi carga. De esas aguas del lago más lindo del mundo según San Yo…

Voy de camino, de camino de San Juan


 Al pueblito de San Juan

Es a donde todos van,

A deambular por la Calle de las Sombrillas ú otra que quede por las orillas en búsqueda de café con pan,

Unas ricas rosquillas, o un buen volován…

     —Ahora, si usted quiere algo más fuerte —dijo el tuctuquero,

—Adéntrese por la Calle de los Principales, 

Ahí encontrará el fermento de los cañaverales, 

Pero cuídense de los municipales que ahí cerca está su regimiento. 

No le miento caballero, esos en cualquier época del año, le sacan a uno dinerales que para que le cuento…

     —Ahora, si usted es un hombre de a sombrero, 

No le queda otro camino más por recorrer que, la calle de los Sombreros, 

Ahí encontrará lo que usted anticipa, 

Porque hasta aquí oigo como le truena la tripa, 

No vaya ser que se me muera de antojo y usted que aún se ve patojo, 

Dios nos libre de semejante mal…

     Por llevar tapojo el tuctuquero, 

No se dio cuenta que el patojo que llevaba por pasajero, 

Era más añejo que un buen vino tinto abocado, 

De aquellos que junto a un buen bocado lo dejan a uno embrocado…

     Vamos de camino, de camino de San Juan, 

Ahí a donde todos van, 

Para subir al mirador de Kaqasiiwaan, 

O simplemente a tomar café con pan…

Bajo el cielo raso de Atitlán


      "Dos cosas llenan mi ánimo de creciente admiración y respeto a medida que pienso y profundizo en ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí.”

Immanuel Kant

      Mientras el bus serpentea por la ciudad capital rumbo a mi tierra natal, intento dormitar, pero mi mente absorta en mil cosas no me permite descansar, de repente, insinúa que sueñe, pero estando despierto.

Por alguna razón me viene a la mente la Crítica de la razón práctica, y me puse a parafrasear al Maestro Kant, pienso que, varias cosas me llenan de asombro y reverencia, en el contexto de la convención: ese cielo resplandeciente de día, estrellado de noche, el Xocomil del lago de Atitlán haciendo eco en mis oídos, los volcanes bien erguidos como atalayas de las montañas que circundan el lago, y mis amigos con la ley moral dentro de ellos.

Parezco menos avaro que I. Kant, sin embargo, cuando Kant habla de ese cielo estrellado se refiere al cosmos en su basta concepción.

     Dejando por un lado la interpretación de la frase kantiana, quiero referirme a algunas muestras de suma amistad y cariño hacia mí, acontecidas durante esa convención a orillas del lago de Atitlán.

     El primer suceso se dio a primeras horas del día segundo: Roxy López, bajo el cielo raso y un sol radiante que aún no estaba en su zenit, me abrazó y con la mirada dirigida hacia ese cielo empíreo, rezó por mí, pidiéndole a Jesús me concediera la salud y las fuerzas para continuar bregando por los caminos de la vida. Sé que las intenciones de su corazón no fueron echadas en saco roto por nuestro buen Dios y serán una realidad concreta en su nombre.

     El segundo suceso se dio durante la noche del karaoke. Como “los de Cobán solo comen y se van”, yo no esperé el desenlace final. De haber tenido bola de cristal me hubiese quedado a pesar de las condiciones climáticas adversas durante esa noche. No obstante, mi yerno y compañero de Agencia Cobán Charles Moll Fetzer, avisó por chat que, mi gran amigo de antaño Alberto Garo de la agencia de Mazatenango, más conocido por Pepe, me había dedicado unas palabras y su canción (para comprender el contexto hay que ver el video que acompaño hasta el final). No está demás comentar que, Pepe fue el ganador del primer premio en ese concurso de karaoke. Cuando vi el video y me contaron sobre el mismo al día siguiente, no sé si fueron las brisas del lago las que empañaron mis ojos, confieso, o los vientos tempestuosos del Xocomil de la noche de anoche.

Gracias amigo Pepe, tu alma es grande y generosa.

     El tercero se dio el día de hoy. Resulta que ayer me vine hacia la capital en el bus que transportó a los compañeros capitalinos, me vine de a jalón en vista que, hoy tenía cita en el IGSS y mis compañeros cobaneros se regresaron por El Quiché para acortar distancia. Obviamente mis compañeros gerentes capitalinos sabían mis motivos y muy de mañana mi director Gabriel Díaz, propició en el chat de gerentes, un enjambre de mensajes positivos, que precedieron al suyo. Gracias Gabriel por tus buenos deseos y el apoyo incondicional que junto a nuestro gerente Marito Granai he recibido.

     Es evidente que, solo inmersos en la adversidad, se da cuenta uno con quien cuenta. Esos mensajes con alto contenido neurolingüística, cuando nacen de lo profundo, vienen a consecuencia de esa ley moral de la que habla Kant. La misma no viene dictada por alguien en particular, cada uno de nosotros la gestiona y la legisla y, en virtud de ella, decidimos si actuamos en coherencia practicando el bien, o si de ella nos deslindamos actuando inversamente proporcional a la misma.

     De algo estoy plenamente convencido, solo subiendo a la esfera moral todos nuestros actos y desafiando nuestras acciones podríamos concluir que, “la vida tiene valor siempre que se valore la vida de los otros a través del amor, la amistad, la indignación y la compasión”. Lo dijo Simone de Beauvoir.

“Un liderazgo eficaz”

     En la espera que desespera mejor me apaciento, me siento y me pongo a escribir. Lo hago a la vera de una amplia sala de espera protegida en sus lados por una gran estera que permite que los rayos de sol entren por su calado y calienten el costado de quienes estamos ahí, unos sentados, otros parados…

     Ayer, varados en la “ruta de la muerte” como también se le conoce a la ruta del Atlántico.  Una larga cola para entrar a la “ciudad del futuro“, obliga a pensar mal y acertar. Un mal augurio se hace presente en la mente. Puse la radio y casualmente escuché la voz del vocero municipal que, noticia un accidente de tránsito en las proximidades de Centra Norte.  Para variar, ocasionada por un trailero que, presuntamente sin frenos su camión, cáusanos caos en esa intersección y, en ese caminar vamos a paso de tortuga, mientras varias personas heridas son trasladadas a diferentes nosocomios de la ”ciudad inteligente.”

     Pues bien, válgame los párrafos anteriores como preámbulos introductores, y a paso ligero voy yendo al meollo del asunto. Como es costumbre en nuestra organización, el día de ayer en la sede de la Agencia de Seguros GyT, nuestra compañera de trabajo Verónica Cifuentes, disertó con suma precisión y determinación, una charla de motivación intitulada: “Un liderazgo eficaz”, basada en el best seller de Ken Blanchard y Phil Hodges: “Un líder como Jesús.”

En su disertación, rescató y destacó valores fundamentales para el buen liderazgo. Un liderazgo que, a todos nos ha sido encomendado. Independiente al cargo que desempeñamos. ¡Todos lideramos! Con cargo o sin él. Todos lo

tenemos subyacente y es consustancial a nuestra existencia.

     Haciendo una paráfrasis a los autores, para comprender y emprender un liderazgo como el que puso de manifiesto Jesús de Nazaret en el primer siglo de la era cristiana, en Palestina, se requiere de una asistencia cualificada de parte de quienes nos dirigen en nuestro diario caminar, un estilo de vida íntegro, cambio de mentalidad, resquebrajar paradigmas y cambiar los hábitos, entre otras tantas cosas.

Aparte de nuestro equipo de consultores conformado por la Santísima Trinidad que siempre estarán con nosotros: “hoy, mañana y siempre.”

Si ellos con nosotros, quien contra nosotros durante los días que están por venir…

Camelando a Hércules


     Al camelar a Hércules en el desierto de Los Cabos, Baja California Sur y posar a su lado, una semana antes de que el mundo cerrara sus fronteras por causa de la COVID-19, jamás imaginé que cinco años después, su imagen audaz y trote eficaz, me interpelarían y servirían de ejemplo en la más contumaz sequía del desierto espiritual por las que no pocas veces atravieso.

     Bajo esas circunstancias no muy favorables, mi yo superior me obliga a
camellar en los distintos proyectos que la vida me pone por delante, con énfasis en mi proyecto de vida inacabado todavía, y en las tareas inherentes a mi cargo, entre otros tantos más…

     Cuando Hércules viene a mi mente de repente, lo pienso por forzudo, de paso lento y sereno pero frecuente, puntual y perseverante. No se inmuta por las condiciones climáticas adversas de su entorno, mucho menos por las cargas que los diablos de la tierra, le imponen sobre su atormentada alma. Parafraseando a Schopenhauer.

     Para el incomprendido Nietzsche, en “Así habló Zaratustra”, el camello simboliza la primera etapa en la metamorfosis del ser humano. Condición “sine qua non” para dar el paso hacia la liberación de todo aquello que nos aliena y esclaviza, como las cargas innecesarias que nosotros mismos nos ponemos al hombro, cuestiones que no nos podemos perdonar, los convencionalismos sociales, etcétera.

     Lo anterior expuesto nos invita a “soltar lastre”, para que el fluir de nuestra vida se dé sin ninguna dificultad. En “soltar amarras” (contexto hindú), para practicar el desapego y el desapropio por libre determinación, para que, “nuestro yugo sea fácil y nuestra carga ligera”. 

     Las características del forzudo Hércules y los de su raza entonces, me impelen a seguir forcejeando por ese desierto, evitando a toda costa los espejismos, oteando el horizonte en la búsqueda de algún oasis para descansar, y calmar el hambre y la sed de justicia. Sabiendo perfectamente bien que, el desierto espiritual también es un lugar de encuentro con Dios, consigo mismo y con los demás, en los brazos de la adversidad. Haciendo una paráfrasis a uno de los pensamientos de Georg Wilhelm Friedrich Hegel…

Rumbo a las Conchas

   


      Eran los tiempos en que los acuerdos de paz “firme y duradera” (vaya engaño), no se habían firmado en la mesa de las negociaciones, entre los copetones del ejército y las diferentes guerrillas que operaron en Guatemala entre 1966 a 1996.

     Por lo tanto, el fuego de fusilería, explosivos y granadas, solía escucharse, allá a lo lejos, entre las zonas escarpadas de la densa selva, adyacente al camino de herradura en donde en un momento de solaz, poso al lado y al frente del Nautilus. Así le puse por nombre a mi Land Cruiser, porque era capaz de zigzaguear sin atascarse, por los lodazales en medio de aguazales que, muchas veces había que sortear en la brecha que serpentea en las faldas de la montaña, máxime en lo más profundo del invierno que en ese tiempo, aún no lo habían robado los depredadores.

     Esas circunstancias adversas obligaban emprender tan raudo viaje preferentemente de día, para llegar a una parcela de mi propiedad ubicada en el corazón de Las Conchas, sin ninguna novedad. Intentábamos mantener el paso, al paso cenital del sol para que, el ocaso y la densa noche en la montaña, no nos agarrara desprevenidos, o, remotamente, sin quererlo, encontrarnos en medio de la combatividad por causa de la conflictividad y salir malheridos, o pudiéramos ser agarrotados, interrogados y confundidos, como “orejas” del ejército de parte de la guerrilla, o por “canchitos” de parte del ejército. Igual, con cualquiera de las dos tenía sus resquemores.

Máxime por mi vehículo, similar al que usaban los judiciales para extorsionar, secuestrar y desaparecer personas que, pensaban diferente a los gobiernos de los generales, que llegaron al guacamolón por fraudes electorales…

     En esos tiempos y en esos lares, cualquier persona era objeto de sospecha y, podía sucederle que, a imitación del general Pancho Villa, “los comandantes” dijeran: “fusílenlo, después averiguamos.”

     Llegó el año de 1996 de nuestro Señor y se firmaron los acuerdos de paz. Los ganadores fueron los “cabezones” de ambos lados, que se enriquecieron con el botín de la guerra.

El gran perdedor como siempre, el pueblo de Guatemala. Los fusiles y los tambores de guerra se callaron en las montañas, en donde hoy se respira un ambiente de relativa paz…

     Sin embargo, esos fusiles, retumban en las selvas de acero y cemento, son otros los actores, otros los escenarios, pero el pueblo sigue siendo el mismo, quien sufre las consecuencias.

Hoy más que nunca, ese noble, resiliente, estoico y timorato pueblo, se encuentra atrapado “entre la espada y la pared, entre Escila y Caribdis, entre martillo y tenazas…”