domingo, 1 de diciembre de 2019

Aggiornamento empresarial


Jlriveirof, OP
     Al comienzo de su pontificado el entonces Papa Juan XXIII; inició una serie de procesos revolucionarios a ojos vista, atrayendo las miradas de creyentes y no creyentes alrededor del mundo.  El Vaticano en pleno; entró en crisis al conocer las sorprendentes y progresistas ideas que lo impulsaron a convocar un concilio, a escasos tres meses de iniciado su papado, para hacer un “aggiornamento”, -actualización en italiano- según sus propias palabras, y “poner al día" a la Iglesia de Constantino ante el mundo. Los cambios anunciados; pusieron los pelos de punta, inclusive a “sus ilustrísimas” carentes del mismo, quienes con sus trajes y mentalidad de corte medieval; decoraban el entorno mientras se paseaban suntuosos, cual pavos reales, en los jardines de la colina vaticana.
      Muchos de ellos eran unos cardenales regordetes y en apariencia abizcochados que, a imitación de los habitantes de los tiempos previos al diluvio, bebían y comían en exceso. Ellos; vieron cómo el mundo se les venía encima, al verse amenazado su statu quo, al escuchar de labios del sumo pontífice sobre esos cambios significativos y profundos, atinentes a renovar una Iglesia todavía en ciernes, que peleó con la ciencia y la cultura de todos los tiempos, que creyó que solo en su seno se daba la salvación y que acusó a los judíos de deicidio durante siglos. ¡Vaya engaño!
      A viva voz anunció que esa actualización era imprescindible para corregir el rumbo de la barca de Pedro y mantenerla incólume. Titánica   tarea impulsada contra todo pronóstico y con la no aceptación de algunos “sepulcros blanqueados" que habitaban el Vaticano en ese entonces, los teólogos y maestros de la fe de la primera y segunda mitad del siglo XX que quisieron “crucificar” al Pontífice como lo hicieron sus homólogos con el Maestro de Galilea en el siglo I de la era cristiana.
     Ese Aggiornamento, trajo a la Iglesia en general múltiples beneficios, y significó procesos de renovación, organización, progreso, ejecución, unidad, vigilancia, especialmente de los abusos que se deben evitar, reconciliación, apertura, relación recíproca, orientación, comunidad y diálogo con el mundo moderno teniendo como punto de partida “de lo que nos une y no entre lo que nos separa”.
     También trajo consigo confusión y angustia como cabe esperar, circunstancias desfavorables de las que ya había escrito en 1,870 el Cardenal John Henry Newman al observar que “Debemos recordar que rara vez ha habido un concilio al cual no haya seguido una gran confusión”. Casi todos los concilios son precedidos por batallas verbales eclipsados de confusión en torno a la temática abordada, la falta de planificación y dedicación a la puesta en ejecución de los mismos.
     Lo mismo podría decirse de la empresa en pleno siglo XXI, una empresa que transita por similares circunstancias en donde muchos siguen peleando con los signos de los tiempos y que, en consecuencia, urge actualizarla, ponerla al día, abrir las puertas y las ventanas para que entren fuertes y renovados aires.  –En América Latina, Medellín y Puebla entendieron que los pobres son un “signo de los tiempos”- y en el contexto del Concilio Vaticano II, la Constitución Pastoral Gaudium et Spes abordó ese concepto como “aquellos acontecimientos de la sociedad moderna que nos plantean no solo un mundo en proceso de cambios acelerados en todos los ámbitos del desarrollo humano como la ciencia y la tecnología, la familia, la cultura, la sociedad, la economía, la política, la paz”, etcétera.
     ¿Cuántas empresas se aprovechan hoy día de la necesidad y de la ignorancia del pobre, practicando la aporofobia? 
     Sobre todo, aquellas que en Guatemala apuestan por la implementación de  salarios mínimos diferenciados y otras tantas que carecen, desconocen o soslayan la responsabilidad social empresarial, una visión de futuro, una misión previamente establecida, los valores de la ilustración o los pocos  valores humanos con que muchas entidades cuentan en sus códigos axiológicos, ricamente enmarcados por los sabihondos de recursos humanos o mercadeo,  para inmediatamente después, ser colocados en pasillos o lugares de importancia a lo interno de las organizaciones; pero que su observancia, es casi nula.
     Para ilustrar los conceptos anteriores válgame comentar una experiencia que me tocó vivir una fría madrugada en el interior de un predio de buses extraurbanos en Ciudad de Guatemala. Como es costumbre en este país, me encontraba haciendo cola para comprar pasaje hacia la Ciudad de Cobán, cuando observe que del interior del automotor que nos llevaría hacia nuestro destino se encendió una luz, un hombre se levantó, se vistió y salió al exterior para efectuar necesidades fisiológicas menores frente al autobús y después lavarse la cara y las manos en una pila resguardada por una vieja galera, y que, dicho sea de paso, era abastecida con aguas pluviales.
     No fue difícil conjeturar que dentro de ese bus pernoctó el piloto y su ayudante. ¿Cómo podría conducir ese hombre el autobús con seguridad y confort después de pasar una mala noche en su interior? Coincidentemente unos 45 minutos después tuvimos que bajar de la camioneta por problemas mecánicos y esperar otra para transbordar, sin duda alguna por su notoria vejez y falta de mantenimiento. 
Hoy, casi todas las empresas de carga y pasajeros sufren los mismos problemas, ante la falta de un espíritu empresarial más humano y más fraterno de parte de sus propietarios.
     Esa falta de responsabilidad social empresarial  la podemos evidenciar también  con  el ecocidio causado  en el río La Pasión en  El Petén por empresas agrícolas extractoras de aceite  de palma africana, el dragado ilegal de ríos que han dejado muerte y destrucción de la fauna y la flora a lo largo y ancho de su recorrido,  empresas multinacionales extractoras de minerales que ha puesto en peligro la vida de seres vivos a leguas de distancia de donde operan, telefonías que inventan leyes en su propio beneficio  y la confianza en progresar relacionada con el crecimiento de capitales de algunas casas emisoras de tarjetas de crédito que han caído a las más bajas e ilegítimas costumbres del agiotismo al   hostigar al tarjeta habiente  con cobros excesivos por concepto de  intereses, el nazismo practicado por los “publicanos” –recaudadores de impuestos- de este tiempo, quienes  administran el cobro de los impuestos al estilo de la GESTAPO con carta blanca para abusar tanto de los contribuyentes como de sus tributos –la línea- que  “cuelan el mosquito y se tragan el camello”,  hidroeléctricas que se ensañan  con la naturaleza y los habitantes originarios de la región para su explotación y enriquecimiento, tan solo para mencionar algunos casos concretos.
     Con tales actitudes y comportamientos no es difícil entrever muchas empresas que riñen con la cultura de los pueblos, relativizando  valores humanos; y absolutizando el mercado con sus políticas económicas neoliberales en detrimento del ser humano. –En él caben todos los conceptos utilizados por la ciencia administrativa como recurso, capital o talento humano-
     No está demás subrayar que las ciencias que estudian las tareas administrativas y los comportamientos organizacionales son cambiantes y el acomodamiento que causa permanecer estático a viejos conocimientos muchos de ellos irresolubles e imprácticos hoy, repercuten también involucionando el gremio.
      Ante esas vicisitudes urge llevar a cabo un congreso que permita poner al día a muchas empresas agrícolas, comerciales, industriales y financieras entre otras, con las nuevas tendencias organizacionales, con una moral y una ética que permita hacer un “Aggiornamento” empresarial a fin de que la misma sea tendencia y no moda pasajera para mantener su hegemonía y lograr una pertinencia social, tanto endógena como exógena en el devenir de los tiempos.
     La tesis del “Aggiornamento” organizacional planteada debe de empezar con el propio empresario, quien debe de actualizarse y ponerse al día, no puede haber cambios sustantivos y colectivos serios, significativos y profundos a lo interno y externo de la organización, sino cambia la persona que la crea o a que la dirige y quien sigue en la escala jerárquica organizacional.
     Analizando desde una perspectiva antropológica la figura polémica y auténtica de Jesús de Nazaret; como el líder innato que fue y situándonos en el contexto convulso ese, de los años  30 de la era cristiana, en el preciso momento en que comienza su ministerio lo hace, haciendo un llamado rotundo a la conversión, diciendo: <<Conviértanse y crean en el evangelio>> En ese enunciado Jesús, un líder por excelencia como le llama Ken Blanchard y Phil Hodges en su libro “Un líder como Jesús”, hace dos sugerencias: la de convertirse y la de creer en el evangelio. No es a un cambio religioso al que llama, sino genérico y que sugiere cambiar en clave holística. Hoy día; podría decirse que ese llamado a la conversión, constituye un imperativo categórico y moral.
     Concerniente a ese “conviértanse” el teólogo dominico Yves Congar dice que la conversión es un cambio del o de los principios que rigen la síntesis o la dirección de nuestra vida, alcanzada en un segundo nacimiento al mundo ético al que libremente se abren y entregan, pero para que acontezca es necesaria una experiencia personal y llevarla a cambiar algo en nuestras vidas. Tomado en ese concepto tan genérico la conversión también trastoca lo moral y lo religioso.
Continúa expresando Y. Congar que la conversión moral que se produce en el interior de una fe que en principio nunca se había dejado de profesar es un cambio de nuestros principios éticos o un paso de no practicarlos a practicarlos, esto puede reducirse en conversión religiosa. Según las Sagradas Escrituras la conversión expresa la idea de volver, volver de nuevo, tornar a Dios, apenarse, arrepentirse de malas prácticas: éticas, morales, comerciales, laborales, organizacionales, etc. Salir de las tinieblas a la luz, cambiar de intención y de actitud, cambiar la trayectoria del propio pensamiento. En el pensamiento platónico podría pensarse en salir de las cavernas.
     El Doctor E. Würthwein expresa que un individuo, un pueblo –una empresa- se convierte cuando para él Dios es Dios, le obedece, se fía plenamente de Él y se aparta del mal que tanto odia. Para el doctor Angélico, teólogo y filósofo dominico Tomás de Aquino alguien se ha convertido cuando es firme y notoria su fe, el temor y la esperanza se conjugan, hay amor inicial y el arrepentimiento y el propósito se mantiene firme.
     ¿Menuda tarea verdad?
    Ante todo, cuanto las leyes que rigen el mercado las hemos convertido en mandamientos de imperiosa ejecución, y el Banco Mundial es ahora nuestro altar en donde adoramos al dios de las finanzas especulativas: Mammón. Y del poder temporal, el tener lícita o ilícitamente en abundancia, el placer y el parecer rápido los convertimos en nuestros objetivos inteligentes, con fecha exacta en el calendario para que se cumplan. Ello es lo que aliena y esclaviza el nuevo orden de muchos  empresarios posmodernos, en perjuicio de aquellos que dependen de él, organizacionalmente hablando, claro está.
     Referente a la segunda sugerencia de creer en el evangelio, Jesús mismo se presenta como la buena noticia. Eso es lo que significa la palabra “evangelio”, una buena noticia.  
En ese orden de ideas, todos los que creemos en algo, lo hacemos por fe y por ella nos sometemos. En las organizaciones seguimos a un líder y destacamos en el trabajo, cuando ambos son “una buena noticia”.
     Sobre la fe el teólogo y filósofo danés Soren Kierkegaard dice que: «Creer no es una empresa como otra cualquiera, un calificativo más que se aplica al mismo individuo; no, cuando se arriesga a creer, el mismo hombre se convierte en otro.» ¡Esa es la pretensión de este ensayo! Arriesgarnos a creer y convertirnos en otro y consecuentemente con ello convertir nuestro entorno laboral, espiritual, comercial, social, empresarial, académico, epistemológico, marital, ético y estético, etcétera, también en otro.  Sin duda alguna, la mayor empresa a la que nos enfrentaremos para obtener una mejora continua mediante una administración preferentemente orientada a los procesos y que requiere un cambio en el comportamiento.
     Postuló que solo mediante la fe en Dios, uno mismo y los demás, tener la capacidad y voluntad para convertirnos en un “evangelio viviente” como recomendaba la Santa Madre Teresa de Calcuta, y creer en esa “buena noticia” se “pueden producir ventajas competitivas de importancia para la compañía” como bien apunta Masaaki Imai en su obra “Kaizen, la clave de la ventaja competitiva japonesa”. Solo mirándonos a nosotros mismos podemos mejorar a los demás y por ende los resultados, incluyendo la empresa que es en donde pasamos la mayor parte de nuestro tiempo y es en donde nos desarrollamos.
      Pero para que esto ocurra es menester amar al otro más que al dinero que éste produce o representa, sin descuidar el flujo de efectivo  -inversiones, actividades operativas y financiamientos- por supuesto, porque solo mediante una buena salud financiera la empresa puede sacar conclusiones en el compartimiento de la riqueza que la misma genera y que permita  regalías, justas prestaciones de ley a tiempo y  salarios  equitativos para que el  asociado pueda brindar a su familia  una vida decorosa, cómoda y digna.  Por supuesto cuando tiene la mentalidad de un emprendedor humano, demasiado humano parafraseando a Nietzsche y no la de un simple mercachifle o buhonero bueno para producir inseguridad e inestabilidad emocional, explotando al trabajador.
      ¡Amar a los que están arriba, abajo y a los lados en el seno de una organización!
    Solo sugerir puede causar escozor o “paniquear” a cualquiera como decía una asociada mía, particularmente a aquellos que han ascendido en la escala jerárquica de forma circunstancial, por tener el apellido correcto o por razones menos nobles que no vienen al caso mencionar; a estos, el puesto se le sube rápido a la cabeza y se deshumanizan cuando de “dirigir a otros” se trata, soslayando valores que no les convienen…
     Un relato anecdótico recordado en fechas recientes por uno de mis pares, puso en el tapete una evaluación de resultados que se llevó a cabo hace muchos años, el dirigente expositor señaló a tres personas que pasaron la prueba y les dijo: “hoy  los considero mis amigos, excelente, los números son buenos.” Aquella reunión de trabajo, a los que no fueron aludidos y aplaudidos les dejó un amargo sabor de boca por el mensaje enviado. Una lectura rápida y somera podría interpretar que solo los que van bien pueden ser llamados amigos del ejecutivo, los demás está claro que no. Casualmente este mismo personaje cada vez que empezaba una conversación con aquellos que no iban bien, según su leal saber y entender, rápido la interrumpió y los dejaba hablando solos para conectarse al teléfono celular o para hablar con alguien más “importante” según él. Cuanta razón tuvo Einstein al sostener que la tecnología iba crear una generación de idiotas
     Por “esas metidas de pata” de parte de cualquier persona que ostente el título de ejecutivo, entendido éste como la persona que ejerce un cargo de alta dirección dentro de una organización. (Infaustamente hoy día se emplea mal el término y; cualquiera lo antepone a su nombre, inclusive  muchas mujeres que se dedican a la más antigua de las profesiones lo hacen,  haciéndose llamar ejecutivas de negocios -peliagudos y venéreos, pero negocios al fin-) debe observar especialmente  los abusos que se deben evitar para no minar la moral del asociado con lo que dice y hace; precisamente por ello es importante actualizar su ser y hacer –moral y ética- mediante el estudio asiduo  especialmente de las ciencias administrativas, economía, política,  Filosofía por cuanto que nos sirve para razonar el quehacer administrativo ante las personas o cosas que intervienen en él,  Antropología Filosófica para comprender el fenómeno humano y sus manifestaciones como el fenómeno del conocimiento científico, de los juicios de valor, de la libertad, de la comunicación interpersonal y de la religión entre otras, sin descartar la historia y las Sagradas Escrituras como fuente inconmensurable de sabiduría de permanente actualidad.
     Ya desde antiguo en el más “extraño, erizado e impenetrable” libro del Levítico –tercero del Pentateuco- encontramos  un conjunto de normas que tienen que ver con las sanas relaciones interpersonales dadas a Moisés y que siguen siendo actuales: Sean santos porque Yo soy Santo, respeten a sus padres, no acudan a los ídolos (los de este tiempo son el mercado, el poder, el tener sin ética, el placer y el parecer), no robar,  engañar ni defraudar a ninguno de su pueblo –empresa, mercado, etcétera- no explotarás a tu prójimo –el más próximo nuestros asociados, familia y clientela-  ni lo despojarás –de sus prestaciones- ni retendrás hasta el día siguiente su salario –comisiones, aguinaldos, bonos entre otros- no cometerás ninguna injusticia a la hora de emitir juicio, juzgar con justicia, no declarar en falso contra la vida de tu prójimo, no odiarás a tu hermano –empleado, patrono, cliente-  reprenderás abiertamente, no serás vengativo ni guardarás rencor a tu propia gente, no cometer injusticias en pesos y medidas,  tengan balanzas, pesas y medidas exactas. Amaras a tu prójimo como a ti mismo y cumplan todas mis leyes y mandatos poniéndolos por obra (Lev, 19ss).
     Viejas normas de conducta que permanecen vigentes hasta el día de hoy.
Siendo “Cristo una figura históricamente sensata y convincente” dice el Papa emérito Benedicto XVI, en su obra Jesús de Nazaret, actualiza y sintetiza esas normas de conducta al recomendar “ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.” Siendo este el primero de los mandamientos, pero hay un segundo “ama al prójimo como a ti mismo” (Mc 12).  Ese es el mandamiento más importante, nadie puede decir que ama a Dios a quien no ve si odia a su prójimo a quien si ve. Empecemos con aquellas seis personas que vemos todos los días de nuestra vida: Yo, tu, él, nosotros, vosotros, ellos y ellas…

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