Jlriveirof, OP
Para rendir un homenaje a ese quehacer tan
humano como antiguo; en la organización bajo mi dirección, hemos sustituido las
aburridas reuniones de cada lunes, con tendencia a la evaluación del hacer de
los miembros de la organización, por algo más dinámico, que despierte el
interés, motivando. Para lograr los resultados esperados, hemos cambiando el
modo de hacer las cosas, llevando a cabo procesos que pongan al cerebro en
movimiento; en acción, en el ejercicio de su función, examinando todas las
aristas de nuestra vida, poniendo en circulación el pensamiento socrático de
que solo la vida examinada es la única que merece ser vivida.
Einstein nos proporcionó más luz al sentenciar que; loco es aquel, que pretende resultados
diferentes haciendo siempre lo mismo. Ya no queremos más de lo mismo, quien así
lo prefiera que las circunstancias lo sigan tratando mal, como sin duda hasta
ahora lo han hecho.
En consecuencia; cada lunes, practicamos
lo que filósofos centroeuropeos iniciaron a comienzos de los años ochenta en
Alemania con Gerd Achenbach, y por los norteamericanos en la década de los años
noventa. Ellos; pusieron de moda los cafés filosóficos organizados por un
moderador, obviamente con las cualificaciones pertinentes para actuar como tal.
El único fin anhelado es discutir un tema desde una arista filosófica, analizar
todas sus partes, discernir, contemplar, interrogar, para encontrar el meollo
de algún problema. Una vez identificado, actuar para contrarrestar sus efectos
y mejorar la situación.
A imitación de esos filósofos,
la hemos emprendido con esa actividad racional, sin embargo, no pretendemos
aprender filosofía, pues en palabras de Kant no se puede lograr, solo se aprende
a filosofar. Ya Henry David Thoreau postuló en su tiempo; que ser filósofo no
consiste en el mero formular pensamientos sutiles, ni siquiera en fundar una
escuela… consiste en resolver algunos problemas de la vida, no en el ámbito
teórico, sino en el práctico.
En ese sentido y haciendo una apropiación
del corpus kantiano, dispusimos de la filosofía en el quicio de su oficio haciendo
énfasis en la pregunta ética que plantea, acerca de lo que debemos hacer en
cualquier escenario que la vida nos ponga por delante. Precisamente por ello; con
la luz que arrojan los futuros posibles, mediante una prospectiva estratégica y
la visualización; desde hace algunos años, iniciamos un proceso de mejoramiento
continuo tanto en el ser como en el hacer. Se trata de una filosofía de vida
concebida por Masaaki Imai como Kaizen, una filosofía que, sin temor a
equivocarse, consideró como la clave de la ventaja competitiva japonesa, muy
por encima a las prácticas administrativas estadounidenses y las ejecutadas en otras
partes del mundo. Precisamente por ello; tomamos en cuenta la pertinencia de
sus conceptos que son más prácticos que dogmáticos, y que hoy permiten que nos
hayamos apropiado de esa manera de vivir la vida y, precisamente por ello, la estamos
introduciendo hasta el tuétano.
Ella; Sofía, nos ha permitido
hacer cambios significativos individuales y colectivos en todas las áreas de
nuestra vida.
Ese asesoramiento filosófico utilizado en
las acostumbradas sesiones de coaching, que cada mes, practicamos con cada
colega, ha permitido que, durante el comienzo del presente año, la agencia de
seguros que dirijo, se hiciera acreedora a los más grandes galardones que una
compañía aseguradora pueda otorgar a sus miembros.
A la más grande vendedora de
seguros de vida durante el 2018 le fue conferida la estatuilla del jaguar de
vida y un viaje internacional a Punta Cana y Santo Domingo; al segundo lugar en
la comercialización de seguro de vida, se le premió con el viaje internacional en
mención. Como un incentivo emocional adicional a ambos miembros del equipo
cobanero, se les otorgó un puñado de dólares para gastar a manos llenas en ese
emblemático lugar.
Como si lo anterior fuera
poco, la agencia en pleno fue premiada por haber sido la mejor agencia a nivel
nacional durante el 2018; con un viaje nacional extra a la Ciudad de Flores y, un
tour con guía y todo al parque arqueológico Tikal. La guinda en el pastel fue
la distinción honorífica otorgada al suscrito, al haberle conferido el título
de “Jaguar de Jaguares”. La distinción más alta conferida a un gerente.
Ella; Sofía, nos ha permitido retrotraer
la mente a siglos de distancia y poder ver desde aquí, que, desde los tiempos
pretéritos, las cuestiones que tratamos casi a diario en el seno de las
organizaciones, vienen siendo expuestas desde el génesis de todas las cosas y
así seguirá siendo hasta el final de los tiempos.
Es por ello que podemos decir
con un orgulloso timbre de voz que no estamos huérfanos de Sofía. Es por
ello que, apropiándose de los conceptos externados por Lou Marinoff en su libro
Más Platón y menos prozac; me he convertido en un abogado defensor en contra de
las flagrantes injusticias que cualquiera ose hacer a mis asociados. Defiendo
las causas justas, sus intereses, y dentro de las actividades inherentes a mi rol,
he añadido una más, que consiste en derribar muros y construir puentes que
tiendan a llevarlos por derroteros más seguros, en ayudarlos a comprender los
múltiples problemas que siempre habrá, a resolverlos y enfrentarlos mediante el
diálogo, y así poder desembarazarse de sus nefastas complicaciones.
Inmersos en esa actividad racional; fue que,
en fechas recientes, haciendo una socialización de cerebros, sentados alrededor
de una mesa ovalada y en torno a una tasa de café humeante, propio de las
partes altas de Cobán. Un café que, por ser de altura, igual que el pensamiento
de Friedrich Nietzsche, puede marear con su esencia a cualquier hijo de vecino.
Con el sopor que quita el café; ese de altura, nos dimos a la tarea de buscar
problemas que pudieran impedir nuestro crecimiento y desarrollo organizacional;
y, resolverlos.
Embrollados en ese tema en
cuestión; nos percatamos que nuestro problema al día de hoy, es que llevamos un
crecimiento alfeñique, enclenque, que si bien es cierto supera el cien por
ciento de nuestras metas organizacionales, puede mejorarse. En esta
organización somos enemigos de lo bueno, nos gusta siempre lo mejor. Y; en
consecuencia, nos dispusimos a filosofar…, abrimos la mente y le dimos un toque
eléctrico al corazón. Nos sumergimos en el diálogo ese, helénico e intercambiamos
ideas en relación a la palabra poder, en virtud que la falta de poder en la
consecución de nuestros resultados, es la que nos permitirá superar la
alienación que causa el no ponerla en práctica.
Las disquisiciones se dieron con total afabilidad.
Y al haber urbanidad le dimos paso a los valores de la ilustración, del siglo
de las luces. Seguimos el esquema ideado a principios del siglo pasado, por un
filósofo alemán que se llamaba Leonard Nelson; que en la medida que pasa el
tiempo lo hemos venido perfeccionando, obviamente sin salirnos del esquema
clásico, natural sugerido por el filósofo en mención. El primer paso consistió
en escoger la palabra mencionada anteriormente, con esta sencilla pregunta:
¿Qué es el poder?
Un segundo paso; puso a cada participante
en acción. Cada uno eligió un ejemplo vivencial que incorpore el poder. Al
finalizar con este paso, cado uno en apretada síntesis dio a conocer su
ejemplo.
En el tercer paso, el equipo consensua
cual es el mejor ejemplo a su juicio, mismo que será utilizado para sacar la
definición de la pregunta hecha al comienzo del diálogo. Al elegirlo, el autor
lo expone de nuevo, sometiéndose al escrutinio de los demás interlocutores,
quienes pueden hacer preguntas en ese momento.
Un cuarto paso permite que todos los
participantes desglosen la historia en sus partes, para analizar una a una las
palabras que enmadejarán la definición que pronto verá la luz. Posteriormente
todos los miembros de la agencia, formulan una definición que tenga que ver con
el ejemplo que se escrutó. En esta ocasión se definió como poder: “La libertad
otorgada por Dios para tomar decisiones encaminadas a un determinado fin, a
efecto de que los propósitos y los planes se materialicen”.
Pusimos punto final al diálogo socrático,
tratando de impugnar la definición, misma que se aferró a la vida,
resistiéndose a todas las embestidas que le dimos por delante, por detrás y a los
lados.
El poder, una bestia magnifica según la
descripción que Nietzsche hace de ella, nos permitirá tomar todas las medidas
anticipativas, adaptativas y correctivas; para salir triunfantes este año, que
a pocos días dejará de existir, y que se instalará
sempiternamente en los anales de la historia. Obviamente, si tiene una historia
que contar y que sea en sí misma filosófica…
Fuentes bibliográficas:
Lou Marinoff, Más Platón y
menos Prozac, Nueva York, 1999
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