lunes, 13 de junio de 2016

¡Saquen a los intrusos a morongazos!

Por jlriveirof, OP

     La frase no es mía, la popularizó recientemente el Señor ex-Presidente Constitucional de la República de Guatemala y actual Alcalde de la urbe capitalina,  DON –de origen noble- Álvaro Arzú Irigoyen cuando exhortó a los vendedores de la Plaza El Amate para que saquen a los intrusos que lleguen a ese centro comercial a “morongazos”. Aunque  inverosímiles sus palabras, anti-cristianas, políticamente incorrectas e irresponsables, testimonian “las intenciones de su corazón” y son la expresión más pura de sus  sentimientos, hacia los más pobres que en este país  son mayoría aplastante.

     El polémico personaje  ha sido, es y será famoso  no por ser precisamente un académico miembro del circulo de los maîtres-à-penser –maestros del pensamiento- sino porque la mayoría de sus decisiones son psíquicamente reaccionarias y hepáticas, lo anterior queda evidenciado al divulgar sus fragmentados pensamientos carentes de sentido, como ese de “me los sacan  a morongazos”.
 Isaac Asimov escribió con justa razón  que “la violencia es el último recurso del incompetente”. Es de subrayar, basado en estos hechos que, las incompetencias conversacionales, éticas, académicas  y en materia de relaciones humanas  del Señor Alcalde capitalino  dejan mucho que desear.

     Si echamos un vistazo retrospectivo al quehacer político en Guatemala, nos daremos cuenta que, es fácil  constatar que los  efectos políticos de los discursos que confrontan, como ese de sacar a “morongazos” a la gente,   aún persisten, en Guatemala está presente en todas las latitudes, a causa de ellos somos una sociedad violenta que prefiere administrar la justicia por su propia cuenta, somos una sociedad en donde la ley del Talión sigue vigente. Esa cultura de la violencia es notable en el Parlamento con los flamantes diputados cuando los vemos “agarrarse a morongazos”,  “damas y caballeros” sin distingos de ninguna naturaleza.

      En el Alcalde   identifico el deseo mimético, pero en grado superlativo, “el hombre es entendido como un sujeto imitador”, quiere seguir e imitar posiblemente a Tonatiuh, a Donald Trump o a Jorge Ubico,   en lo poco y en lo mucho, se identifica plenamente con ellos, especialmente en el carácter enérgico,  elevado por muchos  a crueldad.  Cuánta razón tuvo René Girard al externar que “la violencia surge como una derivación no calculada del carácter mimético del deseo”. A partir de ahí, podríamos razonar entonces sobre  las “cristianas” recomendaciones del Alcalde, de sacar a “morongazos a los intrusos”.

     Pues bien, haciendo  una re-lectura a  esa atenta invitación que hace Don Álvaro   de repartir “morongazos” a diestra y siniestra, se puede hacer bajo otra luz: para mí es  un llamado a las armas y una instigación pública a delinquir, es un llamado a la discordia y a la guerra entre clases. En su intento por “defender a la sociedad” y el ornato de la Ciudad, crea un “teatro de terror” en contra de aquellos que,  ante la falta de oportunidades como: Formación formal, instrucción técnica, educación y  un   empleo de tiempo completo, tienen que trabajar como merolicos o buhoneros, con tal de cumplir con la “deuda social”, llevando aunque sea  un mendrugo de pan digno a su mesa, para partirlo, repartirlo y compartirlo ante una retahíla de hijos, que cuando crezcan, correrán la misma o peor suerte. Entonces, porque violentar el tibio estado de derecho y  la poca paz que aún existe en Guatemala con esas  nefastas recomendaciones,  sobre todo  cuando las mismas se derivan del pensamiento de alguien  que durante décadas   ha vivido del voto de esas  clases marginales, contra quienes hoy se envalentona y despotrica mandándolos a “moronguear”.

     De la misma forma en que dirigió sus actos en el ejecutivo cuando lo presidió, en  la comuna capitalina sigue manteniendo su  mismo modus operandi: una concatenación del mal en sus diferentes formas: abuso de poder, despotismo, discriminación, nepotismo, indiferentismo  y demás “ismos” distintos y, distantes  de cualquier posibilidad de rectificación.

     Como todos sabemos,    ha utilizado siempre  a la  Policía Municipal de Tránsito, para hacer el trabajo sucio, una manera bastante típica de concebir el ejercicio de “esta policía”, quienes abusando de la autoridad que se les ha otorgado, se han ensañado siempre con las desposeídas clases sociales  que se dedican a la economía informal.  De igual forma utilizó a sus guaruras durante su mandato presidencial, valga el recuerdo aquel, cuando estos segaron  la vida de Pedro Sas Rompich, un día antes de la visita del Papa Juan Pablo II a Guatemala, un repartidor de leche  que en presunto estado de ebriedad se atravesó en el camino, cuando el Señor Presidente emulaba  al  Adelantado, montado en un caballo, junto a su esposa y tres militares -no recuerdo si era blanco- por las calles de la Antigua. Y, para que la sociedad de aquella época  no lo sacara a  él de la Presidencia “a morongazos” –utilizando su refinado léxico- se arquitecturó el andamiaje para echar a andar el  tema del magnicidio y una vez concretado  dieron  “un parte sin novedad”, como el que ahora  sugiere en este nuevo evento.
Hasta el día de hoy, la familia del lechero seguirá recordando en sus oraciones, a este guerrero de “sangre azul”, a quienes dudo, el estado guatemalteco haya compensado el daño ocasionado al matar al que era el sostén de su familia.

     Referente al texto ese de sacar a los vendedores a “morongazos” dicen sus lacayos escribanos, que fue sacado de contexto. ¿Será acaso un buen pretexto para que la población pensante no lo saque del Palacio de la loba  a “puros morongazos?”,  sobre todo ahora que ha llegado  al epílogo de su vida útil,  alcanzando  los  setenta años de edad...

     En  el caso concreto de Don Álvaro, creo que, la herramienta  clave que utilizó durante toda su gestión pública parece ser “poder”,  creyó encontrar la omnipotencia con la ejecución de ese concepto. Un poder para “vigilar, castigar y ejecutar” –M. Foucault, El poder, una bestia magnífica- sobre todo en el sentido de “poder disciplinario” como el caso del lechero mencionado  y los vendedores ambulantes  y quien sabe con cuánta gente más, si  no lo sacan de la administración pública a “puros morongazos”.

     Como escribe Foucault en su obra antes descrita,   “con frecuencia el castigo excedía la gravedad del delito, y de ese modo se reafirmaban la supremacía y el poder absoluto de la autoridad”. Creo que, ahí descansa el poder en las manos de Arzú al recomendar con total desfachatez “saquen a los intrusos a morongazos”, sin duda alguna así es como se  ha mantenido vigente en el quehacer político. Ahora,  solo falta ver si los brazos de  la CICIG y el MP no lo alcanzan a él también y lo mandan al Cuartel de Matamoros “a puros morongazos”.


En las pobres y desposeídas clases sociales Arzú encontró su  chivo expiatorio… 

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