Por jlriveirof
Un día antes de la
famosa quema del diablo que año tras año se lleva a cabo en toda la República
de Guatemala, el siete de diciembre, el Ministro de Ambiente y Recursos Naturales,
Sídney Samuels; expresó a Emisoras Unidas que si él tuviera la facultad de
acabar con esa práctica lo haría. “No tengo la potestad de prohibirlo, pero
si la tuviera, lo prohibiría” señaló el funcionario de gobierno. Una
práctica legendaria que raya en lo mágico y lo religioso y que forma parte de
la identidad de un pueblo.
Ante la
imposibilidad de dejar sin efecto tales prácticas da algunas recomendaciones para no quemar
llantas de caucho, materiales plásticos, colchones y basura; tomando en
consideración la contaminación y deterioro al medio ambiente y los probables
accidentes que se podrían suscitar al utilizar estos materiales que son
propicios para contaminar; las mismas son atinadas, porque es mejor ser
condescendiente que prohibitivo, creo que concientizando a la población se puede
continuar con esa vieja práctica
quemando otros materiales menos inflamables y menos contaminantes que no
perjudiquen la salud y la seguridad de los guatemaltecos; en virtud que la famosa quema del diablo lleva varios siglos de estarse practicando y es la
expresión de un pueblo que busca crearse y recrearse a través del arte y la cultura en sus
diferentes manifestaciones.
Inaceptables
resultan entonces las aseveraciones de
un ministro de estado que ratifica que si él tuviera la potestad de dejar sin
efecto tal práctica lo haría, toda vez que esa
quema del chamuco forma parte de
las actividades de fin de año y es la
tradición de un pueblo que relee, reelige, repiensa y religa sus
manifestaciones cultuales a través de la
religiosidad popular que en este caso particular, comienza el siete de diciembre, previo a la Solemnidad de la
Inmaculada Concepción de Santa María Virgen a celebrarse el ocho de diciembre.
Esta costumbre aunque legendaria y folclórica entonces;
intenta sacar y quemar el mal de todas las casas de habitación, para extinguirlo
después frente a los portones de las casas de quienes tienen esa costumbre y
para muchos tiene una acción catártica al quemar piñatas con forma de pingos; este año se llevó el primer lugar
creo; el Presidente electo por los
imperialistas; Donald Trump, supongo que fue por separatista,
sexista, clasista y xenófobo, precedido por Roxana Baldetti, Otto Pérez Molina y otros
diablos con el rostro de Jimmy Morales, actual Presidente de guatepeor, por
haber resultado más insidioso y pernicioso para los guatemaltecos que los antes mencionados...
Muy moral y muy del caso sería quemar metafóricamente claro
está, a todos los pobres diablos que legislan a su favor y en detrimento del
pueblo de Guatemala en la entrada principal del organismo Legislativo, por
nefastos, corruptos e impíos. Indignos
representantes de nuestros pueblos…
No obstante lo
anterior y dejando por un lado a los fantoches de la patria, considero oportuno
aprovechar esta tradición para prenderle
fuego a otro diablo, al diablo que muchos llevamos dentro; refiriéndome al álter ego, pero visto desde un punto de vista
literario, ese otro yo que muchas veces nos persuade a hacer el mal
que no queremos hacer, tal y como dijo el apóstol Pablo a los romanos y que
ante sus insidias y perfidias, nos persuade a que circunstancialmente actuemos
con diferentes comportamientos éticos y morales que ponen en peligro nuestra
propia existencia y las de los demás, considerando que nuestra naturaleza
pecaminosa hace que muchos seamos proclives al mal…
¿Cuántas veces
nuestro álter ego nos hace pensar mal y en consecuencia obrar mal?
¿Acaso no
sería sabio, prudente y oportuno quemar a ese diablo que llevamos dentro…?
Para ilustrar el
punto de vista anterior Hermann Hesse, en su obra El lobo estepario dice que Harry, el lobo de las estepas “andaba como todos, en dos pies, iba
vestido como cualquier hombre, pero en el fondo, en realidad, era un lobo
estepario” y “había nacido con dos
naturalezas, una humana y una de lobo, ése era su sino”, continua diciendo
que “se ha sabido siempre que hay
hombres que dentro de sí tenían algo de perro, de zorro o de pez o tal vez de
serpiente” viviendo y conviviendo juntos y que muchas veces ante la persecución
del becerro de oro es más el perro, el zorro, el pez o la serpiente quien cabildeó
y se arrastró para lograrlo…
¿Conoce usted a alguien que tenga estas dos naturalezas?
Thomas Hobbes, dice
que “el hombre es un lobo para el
hombre” toda vez que el ser humano es el único capaz de actuar con
deliberación y alevosía en contra de sus
semejantes, aquellos que al igual que
él, fueron creados a imagen y semejanza del Creador…
El doctor Fausto
le dice a Wagner en la obra de Goethe que dos almas viven en su pecho y como es
difícil soportar a ese otro yo, ambas se quieren separar, mientras tanto viven
siempre en continua lucha con su diablo: Mefistófeles, a quien apellida
<<dios de las moscas>>, <<corruptor>>, <<mentiroso>>, <<hijo del
infierno>> y aunque lo engañó más de una vez, “chocaron
esos cinco” para sellar tratos…
¿Cuántos sin darnos
cuenta hemos “chocado esos cinco” para hacer tratos con él diablo…?
Ni siquiera los
apóstoles de Jesús estuvieron exentos del chamuco; a Judas Iscariote quien
parecía más político que discípulo al robar el dinero que estaba destinado para
los pobres –Juan 12,6- se le metió en lo
más profundo de su ser –Lucas 22,3-6- y traicionó a Jesús por unas cuantas
monedas de plata, una costumbre que se ha convertido en ley para los políticos,
traidores y trinqueteros por antonomasia y, a Pedro le llamó Satanás cuando intento
atravesarse en su camino y demostró tener ambiciones propias de los hombres y
no las de Dios; aunque inconsciente de
sus actos en este evento, se convierte
en seguidor del mismísimo demonio. –Mateo 16,23-
¿Cuántos no somos
seguidores de ese diablo cuando existe una profunda inadecuación entre lo que
decimos y hacemos?
La quema que se lleva a cabo cada siete de diciembre de todos los años es
entonces, propicia para quemar al diablo que muchos llevamos dentro…
Santo Domingo de Cobán, 12 de
diciembre de 2016
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