martes, 24 de enero de 2017

La indiferencia de los indiferentes de Cobán


“¿Qué factor causará más daño en el país, la violencia de los violentos o la indiferencia de los indiferentes”?

Por Jlriveirof, OP


     Hace algunos días, a finales del Año Santo Extraordinario, promulgado por el Papa Francisco para conmemorar el quincuagésimo aniversario de la clausura del Concilio Ecuménico Vaticano II; fui testigo presencial de dos circunstancias que sucedieron en el mes de diciembre recién pasado y que me llamaron vigorosamente la atención. Dos escenarios desfavorables que sin duda alguna he visto muchas veces, pero de soslayo en virtud que no había reparado en ellas de forma reflexiva. 
En esa dirección, estoy intentando repensar, contemplar, replantear y escribir orgánico a una fe liberadora, a la luz de una teología latinoamericana,  con opción preferencial hacia los más pobres y desposeídos que en el continente son multitud…

     El primer hecho  ocurrió en horas de la mañana de un día cualquiera,  frente a la puerta principal derecha de la Iglesia Catedral de Cobán. La “loquita”, como se le conoce a una mujer joven  que vagabundea por el centro de Cobán, aún no había desmantelado su morada y dormía plácidamente al ojo de los “cristianos” que al estilo del sacerdote y el levita de la anécdota del buen samaritano –Lc 10, 25,37-  la rodeamos y  pasamos a su par  sin prestarle atención,   para poder  entrar por “la puerta de la misericordia”  y asistir al servicio religioso,  compungidos y puntuales…

El Segundo se concretó durante la noche fría del 24 de diciembre, cuando sin duda alguna los mismos cristianos llegamos al templo a rememorar el nacimiento del Niño Dios que “vino, viene y vendrá”.  Tres indigentes pernoctaban a pierna suelta en la intemperie del antiguo convento de Santo Domingo cuando el estado del tiempo marcaba una temperatura de 16 grados centígrados. 
Una problemática recurrente todas las noches en ese hotel de cinco estrellas que para muchos es el convento o los corredores del palacio de gobernación; ambos en la Ciudad de Cobán, Alta Verapaz.  Cristianos de todos los pelambres sin duda, hemos sido testigos mudos  de estos huéspedes  sin inmutarnos un ápice.
Lo anterior descrito, me interpela y me cuestiona:

    ¿Qué factor causará más daño en el país, “la violencia de los violentos o la indiferencia de los indiferentes”? –José María Castillo, La ética de Cristo-
Tal pregunta es dirigida a todas las personas que se autonombran cristianas, independiente de cual sea su denominación religiosa, en virtud que la ética de Cristo no estaba dirigida a un grupúsculo en particular… El no hizo acepción de personas.

     Pues bien, aquellos que nos  hacemos llamar cristianos, nos es dable recordar que esa denominación nos viene de Cristo, del hebreo Mesías que significa el ungido y, por lo tanto el verdadero cristiano es alguien que esta ungido por Cristo, “que paso por el mundo haciendo el bien” –Hechos 10,38- 
Aquel que tuvo una vocación privilegiada por los huérfanos, las viudas, los desposeídos, enfermos, endemoniados, etc. Que por su misma condición, eran muy desfavorecidos y discriminados en su tiempo. 
Nosotros que asistimos a nuestros diferentes servicios religiosos con asiduidad y servimos con responsabilidad, hemos de aprender a ver el rostro del Libertador en el rostro del prójimo que se encuentra tirado por su condición a la vera de los distintos caminos que transitamos todos los días de nuestra vida.

     A los católicos nos es importante recordar que en el contexto  del último  concilio no fue casual que el entonces Papa Bueno, Juan XXIII, campechano y pobre dijera un mes antes de su inauguración, que la Iglesia tenía que ser de todos, pero especialmente de los pobres.
No obstante lo anterior,  el Vaticano II no hizo de los pobres y desposeídos un tema central,  porque quienes  hicieron posible todo el andamiaje del concilio fueron obispos y teólogos europeos,  insensibles por supuesto a  la pobreza y al sufrimiento de nuestras iglesias particulares del nuevo mundo despojado por Colón y cuanto malhechor lo acompaño en su travesía hacia el mundo nuevo, un mundo nuevo que ya era viejo… 

     También es importante recordar que fue  en la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano de  Puebla y Medellín que la Iglesia empezó a leer ese concilio desde la perspectiva de los pobres, a quienes consideró   un signo de los tiempos y recalcó que es en el rostro de ellos en donde debemos aprender a ver el rostro doliente del Señor; acordando evangelizar bajo tres principios:

01.- Opción preferencial por los pobres,

02.- Opción preferencial por los jóvenes y,

03.- transformar las estructuras desde dentro de la sociedad pluralista que respete y promueva la dignidad de la persona…

     Referente a esas particularidades del concilio y sometiendo las mismas al escrutinio de los demás, vale también preguntarnos sí como bautizados y como piedras vivas del cuerpo místico de Cristo, nuestra fe nos ha servido para hacer de los pobres y los jóvenes una elección  preferencial,  y  si a partir de ella –la fe- hemos transformado las estructuras respetando y promoviendo la dignidad de la personas.

     Ya el filósofo, teólogo y místico escoces Ricardo de San Víctor (+16-3-1173) exponente de la escuela de la teología monástica, recomendaba en su tiempo a evolucionar en lo que creemos los cristianos, cruzando de la fe a la inteligencia de la fe, para procurar en la medida de lo posible,  comprender lo que creemos y practicarlo, a sabiendas que, una fe sin obras es una fe muerta. –Santiago 2, 14-17-

     A guisa de colofón entonces y tomando en consideración que “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos,” –Hebreos 13, 8-  dos actitudes del Señor podrían ser evidentes en este pasaje de “la loca” y los “huéspedes del convento.”  El  enojo de Jesús ante nosotros los indiferentes y un profundo sentimiento de tristeza ante la dureza de nuestros corazones.  -Mc 3,1-6- 
Jesús demuestra con ese proceder –y así debemos actuar muchos de nosotros- que el hombre es más importante que todas las normativas rigoristas y todos los ritos religiosos juntos.

     Los dichos y hechos de Jesús no solo nos invita  a ser discípulos de él y a buscar a Dios en tanto podamos en medio de nuestras dificultades, así como lo hizo el hombre de la mano paralitica –Lc 6, 6- sino también a que no seamos indiferentes ante el dolor que aqueja a los demás y estar siempre  dispuestos a   -des- paralizar la mano,  para levantar y ayudar al que está tirado a la vera de los  caminos, sin importar que sea sábado, domingo o día festivo…



Santo Domingo de Cobán, 24 de Enero de 2017


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