Por jlriveirof
El “enfrentamiento político, económico,
social, militar, informativo y deportivo” mejor conocido como la guerra
fría, protagonizado por los Estados Unidos de Norteamérica y la URSS a
mediados del siglo XX, trajo como consecuencia que en palabras del ministro de
propaganda nazi Joseph Goebbels y
Winston Churchill una pesada “cortina de
hierro” se alzara física, política e ideológicamente entre el bloque
capitalista de la Europa occidental y el bloque comunista de la Europa Oriental
tras la segunda guerra mundial, cuyos vencedores decidieron dividir el
territorio de Alemania en cuatro zonas de ocupación pactada. Y, para evitar las
migraciones y el “fascismo” decidieron construir un muro que dividió la ciudad
de Berlín en dos.
Adyacente al muro, se cubrió el suelo con las llamadas “alfombras de Stalin” que eran tendidos
de alambres de púas enmarañados, calificadas por los “expertos” de “muy
útiles” para desangrar a todas aquellas
personas en su intento por escapar de la realidad que les fue impuesta y servir de disuasivo ante nuevas intentonas
por alcanzar la tan anhelada libertad,
en esas cárceles a cielo raso en que convirtieron a la Alemania de la post
guerra.
Este muro fue conocido también como muro de Berlín, “muro de
protección antifascista” y “muro de la vergüenza” porque sin entrar en detalles
multidisciplinarios puso en peligro la
estabilidad y la paz mundial, segmentó a toda una sociedad, familias, produjo
muertos, heridos, encarcelados y desaparecidos.
No obstante lo
anterior, ha surgido en el mundo un nuevo líder mundial, una especie de
anticristo, partidiario del fascismo, alguien que no aprendió de la historia los
yerros del separatismo, producto y fiel representante de una sociedad castrada de valores éticos y morales, clasista,
racista y xenófoba que voto por él en su ilusión por devolverle a los Estados Unidos el
resplandor que procede del oro y de paso desechar a todos los “cerdos latinos
indocumentados, vulgares, ladrones y asesinos” que según ellos, llegaron a
robar las oportunidades a una clase de gringos paria, especialmente a aquellos
ignorantes que aún no han salido de la
cueva de Platón.
Ante esas
circunstancias, otro telón de acero amenaza con dividir al mundo civilizado con
el discurso controvertible, atentatorio y seccional que Mr. Trump emplea con denuedo, amenazando con construir un “nuevo muro de la vergüenza” en la frontera con México, para impedir el paso de inmigrantes indocumentados
y “fascistas”, que por la falta de un trabajo digno desde México hasta la
Tierra del Fuego, se arriesgan en la búsqueda de mejores oportunidades de vida y se ponen
en movimiento sin medir las consecuencias para llegar a la tierra de la oportunidad, de
la promisión y de la libertad, que tal vez alguna vez fueron los Estados Unidos de Norte América.
En sus
afirmaciones este pseudo líder mundial se ha jactado en ser un buen constructor
de muros y que nadie los construye mejor que él, una actividad empresarial que
nadie lo pone en tela de duda, sin
embargo en sus intenciones no hay nada bueno, hay incompatibilidad en el saber
ser y saber hacer. Algo escribió Humberto Maturana sobre eso cuando dijo: “El saber consiste en poder obrar
adecuadamente”. ¿De que le sirve a Trump saber hacer sino sabe ser y en
consecuencia no obra adecuadamente?
Ante esa desmedida aseveración, para nada humilde y pedante de
ser un buen constructor, ¿porque no dedicarse a la erección de puentes que una
a nuestros pueblos y maximice nuestras economías y no muros que los dividan y confrontan?
Poniendo en peligro la geopolítica en gran parte del mundo.
Sobre ese
particular, he leído detenidamente los comentarios de los cibernautas en las
redes sociales y veo como muchas personas recomiendan hacerle la guerra a
Trump, no ideológica ni políticamente claro está, sino comercialmente; y en sus
elucubraciones recomiendan que todos los
latinos dejemos de consumir toda clase de productos “Made in USA”, desde un
perejil producido en la tierra del tío Sam hasta un automotor. La idea suena
interesante en virtud que en este tipo de guerras no son solo importantes los
pertrechos de guerra y la política sino también la economía, pero, al utilizar este
tipo de armas económicas, Trump lleva las de ganar y en ese afán de
totalitarismo subyacente en su discurso inaugural al asegurar que “de hoy en adelante una nueva visión
gobernará la tierra”, no oculta ningún esfuerzo por mantener la hegemonía
en el mundo, incluyendo sus habitantes y, de cualquier cosa es capaz, como esa intención
de expropiar las remesas que los mejicanos mandan a sus familiares y
utilizarlas en la construcción de ese
muro de la desventura que quiere erigir.
Es importante recalcar también que
nuestros pueblos latino americanos mientras no miren hacia el sur como
recomienda un gobernante sudamericano o hacia el viejo mundo, necesitan del mercado gringo para sus
productos de exportación, incluyendo la droga que en Sudamérica no la dejaran
de producir hasta que en Norteamérica la dejen de consumir…
Como corolario creo
que de persistir las nefastas disposiciones del “number one” de la política
estadounidense, éste estaría orientando a muchos de nuestros pueblos a
encontrar la solución en la autarquía. Empero,
la autarquía independientemente de quien la asuma, traería consigo sumado a la
pérdida de la libertad de locomoción y de expresión, la pérdida de la libertad en el arte de hacer
negocios internacionales.
Estados Unidos no
será más la tierra de la oportunidad y la libertad hasta que desarraiguen radicalmente aquello que alguna vez
ellos detestaron: el fascismo en todas
sus manifestaciones…
Referencias:
Página de Leonardo Boff en Koinonía

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