domingo, 22 de marzo de 2020

El trabajo en los tiempos de la peste…



Jlriveirof, OP

     Este artículo intenta destruir la ilusión que después de que pase la peste; el mundo seguirá siendo igual; no quiero imitar al profeta Jeremías anunciando calamidades, solo pienso  lo que dicen los científicos de la medicina, de que el corona virus llegó para quedarse. No se irá; quizás transmutará, en consecuencia, el mundo, nuestro mundo, no podrá seguir siendo igual…
No serán igual; las comunicaciones, las costumbres, la salud, la seguridad, los valores, el trabajo, el comercio, la industria, el mercado, la iglesia, la sociedad, la justicia, la libertad, la igualdad, la fraternidad, etc.
     No serán igual las familias; nuestras familias...,  ya algunas empezaron a sufrir el azote de aquella mujer que, con guadaña en mano, ha empezado con su tiempo de la siega. Esa mujer del alba ya se hizo presente en algunos hogares; en cuyo seno; están llorando y mucho, a causa de las personas que se adelantaron en su tránsito hacía la casa del Padre. 
Se echarán de menos a padres, hijos, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, a los abuelos; que sin duda son, los más susceptibles por la peste, que ya no podrán acurrucar entre sus brazos a sus nietos, que ya no contarán cuentos, muchas veces inventados por ellos mismos, en donde ellos eran los protagonistas con nombres de titanes de sus propias historias. Ya no estarán en los aniversarios, durante las actividades eclesiásticas de la cuaresma, las celebraciones de fin de año, las graduaciones, los cumpleaños, los casorios entre un largo e inacabado etc.
Muchas de sus noches serán sin luna y sin estrellas; y durante el día, no habrá sol que los caliente. Durante el frío invierno; ellos, eran ese sol mañanero que calentaba hasta el tuétano de los huesos; la abeja que poliniza la flor a tiempo y a destiempo, el arco iris que salía después de cualquier tempestad, un oasis para saciar la sed y el hambre y, despensa en tiempos de escasez entre mil y pico de cosas más …
     Pues entonces; dejando por un lado la pena, la propia y la ajena, debemos crear conciencia de que tenemos que hacer una profilaxis adicional a la recomendada por los médicos para combatir la peste. Una profilaxis más sincera, minuciosa y profunda, a nuestras costumbres.
Los medios modernos de comunicación han dejado al descubierto las intenciones de muchos corazones. Muchas de esas intenciones están minando hoy, la moral, la ética, las buenas costumbres, el estado de bienestar, el estado de derecho, la gloria y la paz de los ciudadanos del mundo. Debemos dar al dinero no el valor que ostenta sino el que merece. Y es por ello que; lo primero que se debe dilucidar es que el dinero no compra la salud.
Entiéndanlo comerciantes inescrupulosos que durante esta crisis están haciendo su agosto, especulando con los precios, especialmente de los artículos de primera necesidad. 
¿de qué les servirá ganarse todo el dinero del mundo, si al final perderán el alma? …
     Entiéndanlo aquellos burgueses inescrupulosos, agazapados en cámaras empresariales, y que hoy están más preocupados por la salud financiera de sus empresas que la salud y la seguridad de sus empleados. 
¿De que les servirá conquistar el mundo si perderán su alma? …
     Entiéndanlo; aquellas catervas políticas y militares; que, en medio de la crisis, se empeñan en apuñalar al pueblo por la espalda, sangrando en tan alto el presupuesto nacional. Un presupuesto que debiera ser asignado a las carteras de salud, seguridad y educación.
Todos esos millones que se asignan so pretexto de velar por la soberanía del territorio es un timo; más bien tienen por objeto, sostener a quien se encuentra sentado en la guayaba de turno, según las revelaciones de un general, intocable en los tiempos de Inmorales, James el inmoral...
     Entiéndanlo; aquellos pastores evangélicos inescrupulosos, que ven cómo se les va el negocio de las manos, muchos aceptan del diente al labio las medidas adoptadas por el ejecutivo, en lo que respecta a no llevar a cabo servicios religiosos. Sin embargo; con sus actitudes ponen en evidencia que carecen de las virtudes teologales, la vergüenza, el honor y el recato si es que algún día tuvieron, y han llegado al colmo, inclusive, de solicitar por escrito el diezmo a sus cándidos fieles, para que se mantenga lleno el alfolí (sus bolsillos). Cuando comprenderán que el diezmo es un fraude; y que desde antiguo han desvirtuado y descontextualizado el verdadero significado del alfolí, perdiendo su sentido…
     Entiéndanlo; todas aquellas personas que están haciendo negocio de esta crisis, y que de una u otra forma se me escapan, pero que usted amable lector, puede adherirlas a la lista, para hacerla tan larga como la cola que a muchos de ellos se les pisará en esta o en la otra vida…
     Pero en medio de todo ese contexto turbulento como el que hoy nos agobia; algo bueno tiene que surgir, porque el hombre, ese ser divinizado, ese misterio perfectible e inacabado, esa imagen de Dios, esa cúspide de todas las cosas, tiene y debe hacer algo y pronto...
 Ese tener y deber hacer; hemos de concebirlo como un imperativo categórico y, en consecuencia, debemos iniciar haciendo un análisis de los problemas que nos agobian, para luego juzgarlos con un enfoque multidisciplinar y después anticiparnos para la acción. Desde la cuna hasta la sepultura estamos haciendo análisis de todas las cosas. En tal virtud, invito a que todos, desde su profesión u oficio fragmenten los problemas y les encuentren una solución.
     A los científicos para que pronto encuentren la cura a esta pandemia y a todas las demás que nos amenazan con el exterminio.
     A los líderes del mundo; para que haciendo acopio a lo que dijo alguna vez la revista Fortune: Olvide sus viejas y trilladas ideas acerca del liderazgo. La empresa de mayor éxito, será algo llamado organización inteligente”
Es triste aceptar que hoy día, 30 años después de esa aseveración, muchos teléfonos son más inteligentes que las empresas en donde se utilizan, no digamos de las personas que las dirigen. Penoso aún, que, en las postrimerías de una década, el liderazgo se parezca todavía al abominable hombre de las nieves; sus huellas están en todas partes, pero nadie las ve.
Y sobre esas costumbres que tenemos y debemos “santificar” dentro de las organizaciones; cabe preguntarnos: ¿qué de bueno nos dejará el corona virus a nivel laboral? …
 A la luz de la prospectiva estratégica se podría pensar en: líderes inquisitivos, que aprendan a aprender, a desaprender, a ser y a hacer. Ya la jefatura no existe, murió, en el siglo XX asistimos a su funeral, aunque muchos empresarios con mentalidad de capataz, intenten todavía resucitarla. Parafraseando al doctor Rafael Echeverría (Ontología del lenguaje).
     Ver al trabajo como un medio para un fin; y que todos aquellos que nos dedicamos a liderar, administrar, dirigir o gerenciar, construyamos organizaciones inteligentes y enmaridemos la coherencia con las aspiraciones humanas de los trabajadores.
En medio de esta crisis; algo empieza a permear dentro de las organizaciones. Hace quince días la organización en donde trabajo me mandó a hacer “home office”, en tal virtud tuve que hacer algunos cambios más de forma que de fondo a mi oficina casera; una oficina que contiene toda la tecnología y el confort para funcionar como tal y; en virtud de los medios modernos de comunicación: WhatsApp, zoom, LinkedIn, Facebook, Email, etc.   He cumplido a cabalidad con las tareas inherentes a mi cargo. Tuve que aprender eso sí, a hacer “networking” y “headhunting”; para poder dar lo mejor de mí, “sirviendo más y mejor”.
     Ahora bien; cabe preguntarnos: ¿Por qué tenemos que cambiar? 
Simple y llanamente porque si no cambiamos nuestra forma de ser y hacer; nos pasará lo que, a los dinosaurios, desapareceremos del entorno. Así de sencillo. Está visto que la persona que no cambia, el cambio lo cambia. Aquí y en la Patagonia. Y si cambiamos, pues el cambio nos traerá muchas cosas buenas; a nivel organizacional: reducir costos de operación, gasolina, tiempo de traslados de un punto a otro, comer caliente en  casa, reducir la contaminación ambiental y estar más tiempo con aquellos que son nuestra vida y razón de existir, es decir la familia…
     La peste cambiará muchos de nuestros gustos, el mercado, las necesidades humanas, a las empresas inhumanas, la forma de hacer negocios, los valores humanos y cristianos etc. 
No podemos resistirnos al cambio, más bien debemos adaptarnos a él para sobrevivir y generarlo para ser competitivos a perpetuidad.
     A guisa de colofón quiero hacer mías las palabras de Eric Hoffer; que dijo una vez: En una época de cambios radicales, el futuro es de los que siguen aprendiendo, los que ya aprendieron, se encuentran equipados para un mundo que ya no existe
     Aprendamos de los yerros y desaciertos que casi todos; estamos cometiendo en la gestión de la peste. Es condición  sine qua non para seguir viviendo…



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