José Luis Riveiro Fernández
En el devenir de los tiempos las instituciones del estado
guatemalteco han sido utilizadas por
malos gobernantes para hacer huelgas o bochinches cuando así les conviene;
prueba de ello son los sindicalistas del magisterio nacional y de salud pública
que en insensato contubernio con las autoridades de turno y empleados
holgazanes, han causado alborotos
populares en la urbe capitalina y ciudades de importancia en el interior de la
república para obedecer a intereses obscuros, en detrimento de la clase trabajadora
a quienes vedan su libertad de locomoción y violentan sus más elementales
derechos. Igual sucede con las fuerzas de seguridad ¿Cuántas veces han sido utilizados para reprimir a la
población? especialmente cuando de defender oligarquías nacionales o
extranjeras se trata.
En el caso concreto de los “maestros de educación”, resulta
paradójico verlos a ellos que teniendo la noble tarea de enseñar se alejan de sus aulas y abandonan a sus
alumnos para quemar llantas, obstaculizar el tránsito y armados con palos,
piedras, botellas y bombas caseras tipo
Molotov, transgreden a los que se oponen a sus perfidias, ya sea de forma
verbal o física con tal de congratularse con un mal líder sindical, con el
gobernante de turno o a algún partido político; para obtener a cambio alguna
prebenda ya sea en efectivo o en especie, sobre todo porque la tarea de enseñar
es una de las más nobles.
En la Antigua Roma un
Magister era alguien que tenía poder o autoridad sobre otras personas. El
vocablo Maestro se deriva del latín Magister y este a su vez de magis que
significa más o más que; podría suponerse entonces que un maestro tendría que
destacarse o estar por encima del resto por sus conocimientos y competencias
actitudinales, procedimentales y conceptuales. Sin embargo, sus comportamientos
demuestran todo lo contrario y hoy esos grupos de facciosos están a la altura
sí; pero de muchos delincuentes en
potencia y en latencia, que pueblan ese submundo llamado cárcel.
Cuánta razón tenía el Maestro de Galilea cuando les decía a
las multitudes que no llamaran a nadie maestro, porque en aquel tiempo al igual
que en este, “decían pero no hacían” (San
Mateo 23,3); Jesús en cambio enseñaba y quedaban asombrados de su doctrina,
porque les enseñaba como quien tiene autoridad (San Marcos 1,22). La autoridad
le venía precisamente porque fue coherente entre lo que dijo e hizo, respeto a
los destinatarios de su misión, jamás los trato con palabras altisonantes, no
hizo distinción de personas, fue flexible con sus alumnos, les enseño con
parábolas para que lo entendieran con facilidad.
A diferencia de los dirigentes magisteriales de este tiempo,
su didáctica y pedagogía estaba inspirada en un profundo sentimiento de
compasión; “sintió compasión por ellos y
por eso les enseñaba muchas cosas” (San Marcos 6, 34); hoy la vocación de
servicio de muchos “educadores” está basada en un profundo sentimiento de
apropiación y sedición.
No imagino al Maestro de Galilea en complicidad con el
gobernador romano encabezando
manifestaciones como lo hace “Jodiel Acevedo”, ni quemando llantas, mucho menos
agrediendo a elementos del orden público, coartando la libertad de locomoción
de las demás personas, o utilizando pancartas con toda clase de improperios.
Jesús fue un Maestro
que paso haciendo el bien y por eso se preocupó hasta de lo más elemental, dar
de comer a sus oyentes y por eso multiplicó la comida para darla a sus alumnos
hasta que quedaran satisfechos (San Mateo 15, 36-37); en contraste algunos
maestros de este tiempo, en ilícita
asociación con algunos padres de familia y comerciantes inescrupulosos que
extienden facturas sin haber vendido nada, roban el dinero para la compra de refacción escolar.
Jesús como Maestro de vida reprocho todo lo insensato, incluyendo los procesos educativos de “los
sepulcros blanqueados” de su época; hoy reprocharía los nuestros y a gran parte
del magisterio nacional y su falsa dirigencia. Conviene meditar entonces en el
pensamiento de Jacques Maritain sobre que hay que reprochar los métodos
antiguos pedagógicos librescos, abstractos y pasar a una educación narrativa
como la que emprendió Jesús que se interesó por el centro interior, la fuente
viva de la conciencia personal, en donde nacen el idealismo y la generosidad,
el sentido de la ley y el sentido de la amistad y el respeto a Dios, a uno
mismo y a los demás.-
Jesús fue un Maestro de quien se maravillaban sobremanera y
decían “todo lo ha hecho bien” (San Marcos 7, 37).
¿Conoce usted maestros de quien se pueda decir lo mismo?
