domingo, 25 de noviembre de 2018

“¡Viva Cristo Rey!”




Jlriveirof


 “Nació en una pequeña aldea, hijo de una mujer del campo.
Creció en otra aldea donde trabajo como carpintero, hasta que tuvo treinta años.
Después y durante tres años fue predicador ambulante.
Nunca escribió un libro. Nunca tuvo un cargo público.
Nunca tuvo familia o casa, nunca fue a la universidad.
Nunca camino a más de trecientos kilómetros de su lugar de nacimiento.
Nunca hizo nada de lo que se asocia con grandeza.
No tenía más credenciales que él mismo.
Tenía solo treinta y tres años cuando la opinión pública se volvió en su contra.
Sus amigos le abandonaron, fue entregado a sus enemigos, e hicieron mofa de él en un juicio y fue crucificado entre dos ladrones.
Mientras agonizaba preguntando a Dios por qué le había abandonado, sus verdugos se jugaron sus vestiduras, la única posesión que tenía.
Cuando murió fue enterrado en una tumba prestada por un amigo.
Han pasado veinte siglos, y hoy es figura central de nuestro mundo, factor decisivo del progreso de la humanidad.
Ninguno de los ejércitos que marcharon, ninguna de las armadas que navegaron, ninguno de los parlamentos que se reunieron, ninguno de los reyes que reinaron, ni todos ellos juntos, han cambiado tanto la vida del hombre en la tierra como esta vida solitaria”.



     A guisa de preámbulo introductor el poema anónimo que antecede,  sintetiza la vida de aquel judío marginal que vivió en la Palestina del siglo I de la era cristiana, a quien Herodes puso un manto espléndido y lo trató como a un loco que pretende ser rey; y  en la cruz,  el prefecto romano manda a inscribir  un letrero en griego, latín y hebreo que decía: “Este es el rey de los judíos”. Lo hizo no porque real y verdaderamente creyera que era rey, sino porque utilizó esa frase lapidaria y peyorativa para mofarse de él y fustigar al pueblo judío, cuyas autoridades religiosas cometerían después el deicidio.

     A pesar que Jesús durante su vida terrenal nunca se jacto de esa realeza, es rey y lo dicen en su tránsito  las Sagradas Escrituras, pero a diferencia de todos los reinos de la tierra desde los tiempos antiguos, el reino de Jesucristo no es de este mundo, tal y como él mismo lo atestiguo.  Y hoy;  es un rey que reina en las mentes  de las personas  de buena voluntad, de aquellas que  tal y como él;  pasaron, pasan y pasarán  por el mundo haciendo el bien.
En la economía de la salvación, anticipase esta oferta que admite motu proprio que Cristo reine en la vida de cada uno de esos hombres y mujeres de bien;  y a imitación de El para que anuncien y trabajen tenazmente por el reino, pero no con hipótesis y falsos intereses;  sino con una práctica existencial, que no permita  hablar mucho de la Biblia; máxime si no se sabe interpretar y explicar con la luz que arroja la exégesis y la hermenéutica, sino en practicar su contenido…

     En los evangelios Jesús anuncia la llegada del reino con obras concretas y sin tanta parafernalia;  --como la que utilizan hoy día muchos clérigos y pastores en el culto a Dios- como  un ejemplo que debe anticipar la vida de todos los creyentes; especialmente  de aquellos que se auto denominan cristianos hoy día; sin importar el credo confesional que abracen…
¿De qué forma, podrían preguntarse? : Rehabilitando a los necesitados. Y; en esa categoría entran todos los huérfanos, las viudas, los pobres, los extremadamente pobres, los explotados, los olvidados por la justicia, el  estado  y,  los ignorantes entre una amplia gama.  Ese fue el petitorio que Jesús hace al comienzo de su ministerio: “El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios está cerca; conviértanse y crean en la buena nueva”. (Mc 1, 15).

     Convertirse y creer en la buena noticia, pero no solo creerla si no llevarla a una praxis liberadora que permita bajar a esos necesitados de su pesada cruz. Ese convertirse es un llamado a cambiar de estatus, no es el llamado a una nueva religión, es una palabra genérica que invita al cambio: convertirse en un buen hombre, un buen trabajador, un buen hijo, un buen padre de familia, un buen prójimo, un buen profesional, entre tantas otras cosas.
Ese convertirse debe cuajar en la mente de todos los ciudadanos del mundo, solo así se podrá salir del atolladero en que se encuentran sumidos las inmensas mayorías de  sus habitantes.  Escribiendo local y no global, cualquier persona puede constatar que en Guatemala; sus habitantes día a día, están siendo crucificados  por los politicastros de turno. Es un pueblo sumido en la putrefacción y que se encuentra a merced  de malhechores que con saco y corbata, atracan a los más pobres y desposeídos, y que han hecho de la política el medio para medrar asaltando  las instituciones del estado. De tal suerte que,  mientras  gobernantes,  gobernados y el verdadero poder detrás de las sillas que ocupan los tres presidentes del estado; el poder económico, no se conviertan en mejores seres humanos, seguirá la peste avanzando sin dar tregua alguna.  

     Como si los males derivados de la política no fueran suficientes, se encaraman otros tantos al endeble lomo del pueblo en general: Laicismo, relativismo, enriquecimiento ilícito, corrupción en todas las esferas, indiferentismo religioso, falta de una justicia pronta y cumplida, falta de salud, seguridad, educación, estilos de vida curvados sobre sí mismos, con un género de vida narcisista y auto suficiente, codicia, ojos siempre ávidos y la arrogancia de los ricos.  (1ª Jn 2, 16) 

     Haciendo  acopio de las palabras del padre José Ignacio Gonzáles Faus, SJ. Queda abierta una atenta invitación multisectorial e interreligiosa, para que  al igual que Jesús “hablemos poco de Dios, pero pongamos en práctica un Dios fundamento de libertad, vindicador de los excluidos, presente en el fraterno amor a los hombres y voluntariamente débil ante el rechazo humano. En adelante, optar por Dios, habrá de implicar optar por el hombre. Y optar por el hombre habrá de implicar optar por el pobre. Pero esta triple opción deberá llevarse a la práctica en un marco de no violencia y de respeto a la libertad de los demás”, aparentemente difícil por el  estilo de vida que el tiempo presente apremia,  pero todo se puede  con la ayuda de Aquel que da fuerzas.  (Fil 4, 13). Y vaya si no se necesitan fuerzas y el apalancamiento de un ser superior para salir de los vericuetos que el tiempo presente pone por delante.

     Pues bien,  para poder hacer un análisis de altura se debe retrotraerse en el tiempo para darse cuenta que desde antiguo, el mal abruma a las sociedades en todo el mundo. Desde los tiempos bíblicos hasta el presente, pareciera ser que es el mal el que gobierna. Dentro de seis años, se cumplirán cien, desde que el entonces Papa Pío XI; analizaba los males que aquejaban al mundo en su tiempo. Y; precisamente por ello, escribió su primer carta encíclica intitulada Quas Primas; para proponer una tesis, que garantizara la salvación del mundo entero; cuya propuesta consiste en instaurar la realeza social de Cristo,  oponiéndose al reino de Satanás y a la potestad de las tinieblas…, un reino del mal que en Guatemala pareciera ser,  que es en el Congreso de la República donde ha fijado su residencia; por la notoria aprehensión al dinero mal habido de parte del 99.99% de sus miembros.
Es preciso señalar que por la carencia de una ética y una moral pura y su anorexia por las buenas costumbres y la justicia, es que  a ellos; -los políticos de todos los tiempos-  el honorable Papa les anima diciendo: “Y en esta extensión universal del poder de Cristo no hay diferencia alguna entre los individuos y el Estado, porque los hombres están bajo la autoridad de Cristo tanto considerados individualmente como en sociedad. No nieguen, los gobernantes de los estados el culto debido de veneración y obediencia al poder de Cristo, tanto personalmente como públicamente, si quieren conservar incólume su autoridad y mantener la felicidad y grandeza de sus Patrias”.  –Quas Primas, 8-
    Es en ese contexto de  pueblo crucificado, moriente y sufriente por esos políticos de pacotilla, y las oligarquías nacionales y transnacionales que favorecen la corrupción,  en donde la exclamación    de ¡viva Cristo Rey! Cobra vigencia...

     En ese orden de ideas, derivadas de la conversión que Jesús propone al comienzo de su predicación; ojalá y ese grito de ¡viva Cristo Rey!  Surja  animoso y estrepitoso y se convierta en un grito de guerra en contra de todos los males que aquejan a la humanidad y,  que el pueblo guatemalteco timorato de hoy, se convierta en gallardo y valiente y,  ya enardecido, defenestre a los servidores del pueblo con costumbres “anti evangélicas, anti éticas y perversas” que se han enmaridado  con la corrupción; tal y como lo hizo en la gesta cívica del año 2015…
Las elecciones que están por venir son la mejor ocasión, no votando por los mal hechores…

     Mientras tanto hay que seguir vigilantes, pero no una vigilancia estéril como la que  practica  la Fiscal General del Ministerio Publico, cuya magistratura padece  rígor mortis; sino en pie de lucha con el grito reivindicado a una sola voz:
¡QUE VIVA CRISTO REY!...