Jlriveirof
Una consideración utópica si se
le quiere denominar así, no porque no tenga lugar en la vida y en el mundo
histórico, sino porque la misma sociedad la ha bloqueado de sus criterios.
Con ese recurso estilístico que consiste
en contraponer dos frases, versos, ideas u oraciones de significación opuesta, Jesús ocupa gran parte de su predicación
en aquella oportunidad; las antítesis en cuestión casi siempre van encabezadas por la palabra
“pero”.
La primer antítesis empleada por Jesús en éste sermón empieza con el “No matarás”
mandamiento de permanente actualidad porque Jesús no abolió la ley
“pero” algunas legislaciones sí al permitir la lapidación al género femenino,
la eutanasia, la práctica del aborto y la pena de muerte
quebrantando así ese mandamiento y por eso la Iglesia Católica
en éste tiempo se opone categóricamente a esa flagrante violación al
inmensurable amor de Dios; aunque en el pasado,
con los tribunales del “Santo Oficio” de la inquisición hayan hecho todo
lo contrario; ahí “el fin santificó los medios”…, prueba de ello imperdonable
resulta ver como el “azote de los cristianos”, así se le llamaba al ahora “San”
Roberto Belarmino, un sacerdote jesuita de aquel tiempo que encontró las causas para quemar al fraile dominico
Giordano Bruno en la hoguera y; en 1616,
sería el encargado de llevar también el mismo proceso en contra de Galileo Galilei.
¿Quién fue el hereje
aquí?..., como diría Shakespeare: hereje no es el que arde en la hoguera sino quien la enciende.
No obstante, Tomás de Aquino, un fraile
dominico del siglo XII expresa que
“disponer de la vida propia es apropiarse de un derecho que corresponde a Dios”
Por ello nadie puede decidir por la vida de otra persona ni de la de uno mismo
y quien comete suicidio, practica el aborto, la eutanasia y aplica la pena de muerte viola,
la ley natural escrita en las mentes y
quebranta ese mandamiento. Según Jesús lo quebranta también el que enoje, insulte y desprecie a su hermano,
no sólo de sangre; porque con estos hechos está matando el amor y las sanas
relaciones interpersonales que debe existir entre los hombres y los pueblos
de buena voluntad, sugiriendo con
autoridad modales de urbanidad al reconciliarnos con el prójimo.
En contraposición, grupos de
“avanzada”, progresistas se hacen llamar, defienden causas innobles como el
derecho a las prácticas abominables del aborto y al derecho que debe tener la
mujer para poder decidir sobre su propio cuerpo.
En adición a lo anterior,
políticos de pacotilla ya en plena campaña ofrecen que de salir favorecidos con el sufragio,
aplicarán la pena de muerte, como un disuasivo ante la extrema violencia que se
ensaña con las grandes mayorías poblacionales guatemaltecas y que se legislará
para que el aborto sea una práctica legal, a efecto de quien lo practique siga el curso de su vida, una vida “santa y
ejemplar”…
Continúa Jesús con la antítesis del adulterio
precedida por la del repudio y aquí deja ver toda su radicalidad pues indica
que con sólo mirar y desear a una mujer ya se cometió adulterio en el corazón;
“dura palabra es ésta” dirán los discípulos varones de éste tiempo presente, porque con el culto
al cuerpo, las liposucciones, los implantes y la cirugía estética hay mucho más
para ver y desear y hoy ya no se ve sólo
físicamente, se puede ver y desear también en el cine, la televisión, revistas
para “caballeros” e Internet.
Risible
resulta incluso un rótulo colgado en el frontispicio de una clínica médica,
propiedad de un médico de mi pueblo que reza: “Se hacen rejuvenecimientos
vaginales”…
Con éste tema del adulterio, muchos se
atreverían a pensar que El Señor sólo pensó en el varón excluyendo a la mujer
de los deseos banales, pero recordemos que en éste primer discurso
programático Jesús está catequizando a
sus discípulos y sin duda alguna obvió a
la mujer conociendo la sociedad en que le toca vivir; una sociedad eminentemente machista en donde lo
que para el hombre era aceptable para la mujer era imputable. Un pensamiento de
permanente actualidad, inclusive en este tiempo.
¿Acaso la lapidación se aplicaba a los
hombres? ¿O se aplica porque en muchos países del Medio Oriente aún está en
plena vigencia esta ley para castigar el adulterio? …
Desde tiempos inmemoriales la mujer ha sido desacreditada y repudiada a lo largo y ancho del mundo y
nuestra sociedad no está excluida porque en el lenguaje de Juan Chapín el hombre
que comete adulterio es un “cabrón” y la mujer que lo hace es tildada como una
mujer de cuatro letras solamente.
Y si miramos y deseamos dice Jesús, desmembremos nuestro cuerpo, porque es mejor que entremos tuertos, cojos o
mancos al Reino de su Padre, que con el cuerpo entero nos quememos en el
infierno. Evidentemente, aquí está hablando de forma alegórica, significa que debemos desviar la mirada y la
mano por si caemos también en la tentación de tentar o robar lo que tanto
deseamos. ¡Ah!, Pero sólo el ojo y la
mano derecha condena Jesús dirán los impúdicos, o sea que con el izquierdo si
podemos ver y desear y con la mano izquierda
tocar y robar sin que se cometa pecado.
Sin embargo, ha habido personas que han puesto en práctica de forma
literal este concepto, castrándose inclusive. Tal es el caso de Orígenes de Alejandría,
que en un arrebato de ascetismo se castró hasta el gaznate…, quizás padecía de
altas temperaturas venéreas y por eso decidió
entrar al Reino de los Cielos capón, que irse de cuerpo entero al infierno.
Haciendo una comprensión en ambas antítesis tanto hombre y mujer
cometen adulterio con sólo mirar y desear al otro. La radicalidad del sermón de
la montaña se deriva precisamente por las costumbres de la época, malas prácticas que no
discriminaron a nadie, ni siquiera al historiador judío Tito Flavio Josefo que
fue el más conocido testigo extra bíblico que escribió sobre Jesús en el siglo I, él se jactaba de
haber dejado a su mujer con tres hijos sólo porque no le gustaban sus
costumbres y eso que había escrito bien de Jesús en su célebre Testimonium
Flavianum.
Sobre el
juramento es bastante claro El Señor no debemos jurar por nada, que nuestro sí
sea sí y nuestro no, no. Recomendación ratificada por Santiago (5, 12) hacía
finales del siglo I a fin de no ser condenados.
Las
costumbres y los problemas sociales de la Palestina del siglo I se parecen
mucho a los de los países pobres del siglo XXI; la economía política y la
política económica casi siempre son dictadas por países como la Roma
imperialista de éste tiempo, los Estados Unidos de Norte América y sus lacayos en la Organización de las Naciones Unidas; la intromisión extranjera no
es indiferente, el hambre, la pobreza, la marginación y la exclusión no nos
son ajenos; el clasismo, la explotación
y la discriminación hacía la mujer sigue siendo grande, el divorcio cabalga a
pasos agigantados, el tráfico galante se da en todas las esferas sociales ya
sea por necesidad o por vocación y el hombre trata de mantener la hegemonía en
el trabajo repudiando a la mujer cuando esta va subiendo escalones en la esfera
social, organizacional y cultural. Ante estos problemas sociales, políticos y
económicos el sermón de la montaña debe ser visto como un compendio de
urbanidad para que todos los seres humanos vivamos en gloria y en paz, pero no
la falsa paz que el mundo nos ofrece sino la paz que Cristo El Señor nos da a
cada momento y en todo lugar.