Inmersos
en una grave crisis social, política y económica, una gran parte de guatemaltecos se dio cita a
las urnas electorales este seis de septiembre recién pasado para elegir por la
vía democrática a todas las personas que dirigirán los destinos de la nación
los próximos cuatro años, a partir del
mes de enero del 2016 y a pesar que casi todos han venido manifestando su
inconformidad en contra de la clase política parasitaria, intrínsecamente
inmoral, altamente corrupta, intelectualmente limitada y socialmente
inaceptable; reeligió a un 50% de
diputados al Congreso de la República,
de los cuales muchos han fincado su residencia en el hemiciclo desde hace
décadas y han vivido a expensas del estado
convirtiéndolo en un antro de
dudosa reputación desde donde todo se puede transar, comprar, vender, robar,
pillar o atracar.-
No
soy quien para adjetivar esa forma de ganarse la vida; pero las artimañas y esa
“guerra permanente de todos contra todos” que se vive casi a diario en el parlamento, en un período en el que el
“hombre es un lobo para el hombre”, viene a mi mente la máxima “homo
homini lupus” creada originalmente por el comediógrafo Tito Maccio Plauto en su
obra “Asinaria” a. C. y popularizada después
por el filósofo ingles Thomas Hobbes quien la adaptó en su obra
“Leviatán”. Dicha frase conjetura que el ser humano es el único capaz de
destruirse a sí mismo, es su depredador, malo por naturaleza, egoísta y que puede convertirse
en su propio verdugo y tales características no son difíciles de encontrar en los políticos
ávidos de sus ambiciones y otras pasiones por las que se aferran al poder.
Ante
ese desmadre puesto de manifiesto; debo confesar
que por antonomasia sustituí el nombre
Congreso de la República por cueva de
lobos y el de político por lobo rapaz, siempre vi dos naturalezas en ellos; una
mala y una buena y al ver las enormes fortunas que se pueden amasar en el ejercicio de la politiquería pensaba que era
más el lobo que tenían dentro quien había hecho su mayor parte, ayudándolos a
depredar el erario nacional en su propio beneficio en detrimento de las clases
depauperadas.
No
obstante lo anterior, enmiendo que ese planteamiento respecto de los lobos, más
no de los políticos es inapropiado, muy
bien lo explica Antonio Aguilera Pedroza
cuando en su obra “Hombre y Cultura asevera que esa metáfora “homo homini lupus” –el hombre es el lobo
del hombre- es impropia para describir todo lo malo que pueda llegar a
causar una persona; considerando que la
etología (rama de la Biología y la Psicología Experimental que estudia el
comportamiento de los animales) ha mostrado la compasión de los lobos en grado
excesivo, al extremo que estos animales son capaces de ofrendar su vida por la
manada; algo que sería inconcebible en un mal político, de esos que hasta se podrían matar para obtener un puesto en la
administración pública; entonces podría aseverar de forma concluyente que el
hombre no es un lobo para el hombre.-
