domingo, 18 de octubre de 2020

COVID-19 y yo


 


Jlriveirof, OP

     Mientras escribo estas letras a “corazón abierto” varios parientes, amigos y conocidos luchan contra los embates de la pandemia. Algunos han traspasado ya el umbral que delimita el más acá con el más allá, y se encuentran durmiendo el sueño de los justos.

En virtud de mi fe católica postulo que su tránsito hacía la casa del Padre no es entre abrojos y espinos como  la suerte de los familiares que se quedaron entre llantos y quebrantos, sino entre nubes y alfombras enmarañadas y amalgamadas por la misma naturaleza con todas aquellas flores estacionales y epocales que guardan su frescor, merced al “chipi chipi” cobanero que todos los amaneceres y atardeceres humedece los jardines de las casas y las viejas callejas de mi ciudad natal vitalizando el verdor de su manto a perpetuidad …

     Al comienzo de la pandemia el miedo instaló de fijo su residencia en las mentes y en los corazones de muchos connacionales, causó crisis y lisis. A unos paralizó y a otros encausó por otros derroteros en búsqueda de otras realidades, de nuevos mundos, de otras posibilidades. A unos ese miedo debilitó su sistema inmune, a otros les causo ansiedad y ésta los obligó a comer demás, a unos enflaqueció a otros engordó y a no pocos mató.

Quienes quedamos con vida tenemos que tomar una difícil decisión, o nos enclaustramos en nuestras casas por temor a contagiarnos del mortal virus o sorteamos la suerte y nos arriesgamos a salir para trabajar, crear y cumplir con Dios, consigo mismo y con los demás.

Quienes decidimos salir, el miedo lo convertimos en una oportunidad de mejoramiento continuo, de enmienda, de empezar de nuevo, innovando, transformando, desarrollando y afrontando la pandemia con los brazos abiertos y el pecho erguido pero descubierto, con temor y temblor, pero ahí estamos avanzando, regulando, moderando, disolviendo y resolviendo el impacto que esto podría ocasionar.

     En lo más crítico de la pandemia, decidí escribir una reflexión filosófica, teológica y política de las lecturas que la Santa Madre y Maestra Iglesia Católica sugiere para cada día, lo he hecho casi todos los días, sin interrumpir mis más elementales  ocupaciones de dirección, planeación, reclutamiento, selección, capacitación, integración y desarrollo de personal claro está, el pan mío de cada día; así como dedicarme a la lectura asidua en horas de la noche en donde cambie ver la televisión para entregarme a la lectura y a la reflexión. Eso desde hace muchos años.

En adición a lo anterior decidí ocupar más y mejor el recurso más valioso con que contamos los humanos, el tiempo. Decidí hacer una certificación internacional en coaching en People & Business School, una escuela de personas y negocios cuyas capacitaciones están avaladas por la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la prestigiosa y cuatricentenaria Universidad Nacional de Córdova, Argentina.

Esa certificación internacional universitaria es un sueño que venía acariciando desde que concreté en la Ciudad de Guatemala un diplomado en la misma disciplina. Al fin veo luz al final de ese túnel en donde me imbuí hace mucho tiempo.

     Pues bien, volviendo al ruedo con el tema del COVID; me permití entrar en un proceso de reflexión a través del autocoaching con las siguientes preguntas poderosas: ¿Contra qué gigantes lucho en medio de esta pandemia?

Me percaté que es contra el miedo, la ira, el amor y el deber, los cuatro gigantes del alma descritos así por el doctor Emilio Mira y López en su libro “Los cuatro gigantes del alma”, la inanición, la falta de acción, la falta de voluntad política para hacer que sucedan cosas y no ver simplemente como pasan las cosas, entre otros tantos gigantes que no nos permite observar e interpretar con atención e intención el mundo y todo lo que en él acontece con suficiente claridad.

     Tomando en consideración que mediante el lenguaje transformacional las palabras tienen el poder de modificar nuestros entornos, nuestros pensamientos y sentimientos con un prisma diferente que nos permita ver las cosas de una forma muy personal y especial, he llegado a preguntarme: ¿Quién quiero ser en estos tiempos de pandemia y en pandemia?

Concluí que, quiero ser el actor principal en la historia de mi propia vida, asumiendo los riesgos que esto conlleva, a tomar decisiones individuales y colectivas de importancia, aunque estas muchas veces molesten a no pocas personas, a no temer a los cambios de función y localización que se pudieran dictar en el futuro, entre tantas otras cosas más. Ese poder de elegir lo tengo en las palmas de las manos segundo a segundo; en consecuencia, he decidido liberarme de tanta y cuanta atadura física, psíquica y espiritual que muchas veces me paraliza, embarga y enajena evitando actuar, a seguir luchando contra el pecado social que afecta a millones de compatriotas a lo largo y ancho del territorio nacional.

     Solo mediante tales consideraciones se puede lograr ser un hombre nuevo para cooperar en la construcción de un mundo nuevo, un mundo más humano, más fraterno, trabajándonos y transformándonos para ir rompiendo sin prisa, pero sin pausa con las situaciones de servidumbre a los que están sometidos no pocas personas.

Pues entonces, he decidido asumir mi rol en la historia y para ello he de forjarme a mí mismo con asiduidad, a partir de un domingo cualquiera, como el de hoy que está por terminar …