lunes, 7 de julio de 2025

"Güichito, usted por dónde pasa quema…”

 

 


“Cada vez que algunos hombres de genio se encuentran reunidos en torno de una mesa de cervecería, su primer brindis, en virtud del derecho y de la moral, debiera ser para el filisteo.”

Nordau

     Dando una lectura fiel  a la fotografía que antecede al post, retrotraigo  el pensamiento a los años idos y me instalo especialmente en el año 1983 de nuestro Señor, cuando me encontraba  a escasos días por cumplir 23 años de edad, tiempo de “malcriadurías” en virtud que, en insensato contubernio con un grupo de colegas, inspectores de saneamiento ambiental,  nos escapamos del internado del Instituto de adiestramiento para personal de salud pública —INDAPS— ubicado en Quiriguá, los Amates, Izabal, donde estudiábamos para profesionalizarnos en esa ocupación.

     El internado parecía un barracón como los del tiempo del holocausto y el director un capo nazi, por lo tanto, el escape fue preparado con la debida antelación y con mucha preparación por mis pares para festejar el arribo de esos libertinos 23 años…, el lugar para el festejo: Puerto Barrios.

Salimos de noche del internado y al llegar a la carretera a pie, obtuvimos un aventón en un tráiler, al llegar al puerto aterrizamos en uno de los muchos antros que pululaban en el lugar, el festejo duró lo que quedaba de la noche y el fin de semana que lo precedía. Al filo del mediodía del domingo retornamos al establecimiento educativo.

El corolario de beber mucha cerveza fría fue padecer al día siguiente una horrible resaca física y moral, más el apercibimiento de parte del director del plantel de expulsarnos por llegar tartajosos al mismo y protestatarios en contra de la razón. No solo que para el director del INDAPS yo no era santo de su devoción, simplemente por ser yo y mis circunstancias…

     Eran los tiempos en donde nos vanagloriábamos de nuestra juventud, cuando nos creíamos el ombligo o la cima del mundo, idealistas románticos con el pelo largo y los pantalones de campana, las respuestas  siempre en la punta de la lengua, contestatarios a morir estigmatizábamos  a los orejas (que casi siempre eran los mismos estudiantes) del director por hipócritas, serviles y arrastrados,  parecían bisagras: si no estaban detrás de las puertas, estaban detrás de las ventanas, especialmente del área en donde pernoctaban las estudiantes de enfermería.

     Eran tiempos de apuestas para ver quién empinaba más el codo para beber más cerveza, quién soplaba más brasas para estremecer y estrujar más corazones, quién era el Romeo de más de dos Julietas o el Werther de más de tres Carlotas…, eran los tiempos en donde no se medían las consecuencias y se soslayaban cuando convenía los convencionalismos sociales…

     En otro escenario similar al primero, durante el mismo año, pero en diferente lugar, otro escape se materializó, esta vez rumbo a Río Dulce. Ahí fui sorprendido con las manos en la masa …, —Güichito, usted por donde pasa quema, — refunfuño don Carlos Requena (+) Vice alcalde de Fray Bartolomé de las Casas, población en donde yo trabajaba como inspector de sanidad. Me encontró en los bajos del puente de Río Dulce. A imitación de Musset, yo ofrecía el sol, la luna y las estrellas por una caricia, y la vida misma por un rosario de besos.

Profesaba una vida bohemia con olor a perfume de mujer, signada por los néctares embriagadores del anís, la cebada, el trigo o la caña, no importaba cuál elixir, al final, todos llevaban al mismo paroxismo.

Ni lento ni perezoso don Carlitos rápido llevó las noticias a mi entrañable parcelamiento de las Casas, y al llegar me mandaron a “tocar las golondrinas.” Un par de horas después los mariachis me pisaban los talones…

     Como el agua entre los dedos, los años verdes se fueron, hoy estoy a un par de meses de distancia para arribar a mi 65 aniversario de vida, vivo la misma con levedad, inmerso en la era de la sexalescencia, es el tiempo en donde se vive con propósito, con dignidad y con decoro, en donde el eterno retorno de Nietzsche se hace necesario para que, llegado el momento de nacer a la vida eterna se haga pidiendo más luz como Johann Wolfgang Von Goethe…

El tiempo del lobo de las estepas ya pasó, es el tiempo del lobo domesticado…

Jlriveirof