domingo, 16 de febrero de 2020

En el nombre de Dios…



Jlriveirof, OP
     La reciente disrupción en el palacio legislativo de la hermana República de El Salvador; perpetrada por el showman presidente Bukele; ha empañado de matices absolutos la incipiente democracia en el triángulo norte; avizorando descalabros societales de graves envergaduras.
La lectura que permite ese grave incidente previamente concebido; aunque política e intelectualmente incorrecto, es que tenemos a otro fanático religioso  esgrimiendo un evangelio fascista; -como el que predican en sus púlpitos los cabreros evangélicos constituidos en alianzas- haciendo  alarde de un trato del tú a tú con Dios, afirmando que Él le habló mientras oraba sentado en la silla del presidente del congreso; después de invadir el parlamento salvadoreño, acompañado de un séquito de militares ignorantes en extremo de la misión constitucional que tienen por delante.
Al salir de ese recinto se dirigió a sus seguidores y les dijo que acababa de hablar con Dios sobre la situación y que Dios le contestó: “Paciencia, paciencia, paciencia”. De buena suerte no cayó en la tentación original descrita en los textos veterotestamentarios de: “seréis como dioses”. De lo contrario; a imitación de Prometeo, habría robado el fuego divino para chamuscar a los diputados que se oponen a la aprobación de un préstamo millonario que asciende a ciento nueve millones de dólares, para finalizar la fase tres de su plan de control territorial. Con esas acciones contrarias a la ley y a la independencia de poderes, el fin santifica los medios…
     En palabras de Bertrand de Jouvenel podríamos describir al joven mandatario salvadoreño como a alguien que, ante esa coyuntura, se siente más hombre imponiéndose a los demás convirtiéndolos en instrumentos de su voluntad, los ve como unos medios para alcanzar sus grandes berrinches o sus fines, cuando la visión lo embriaga…
     “Hable con Dios y Dios me contestó” ¡vaya fraude! …, en los últimos tiempos hemos visto con holgura, como los líderes pseudo político-religiosos, pretenden engatusar a los incautos, camuflándose de cristianos. Solo hasta que sacan las uñas, como el caso de Bukele e Inmorales, James Inmorales, dejan al descubierto que tan solo son lobos rapaces disfrazados con piel de oveja. Muchos de ellos suelen creer que han sido ungidos para ocupar la primera magistratura en sus países; que Dios los puso ahí y que solo Él los puede defenestrar.
      En virtud de la psicología popular; algunos padecen del complejo de Dios creyéndose un dios, y que por lo tanto son infalibles, omnipotentes y omnipresentes.
En Guatemala no podemos olvidar al histrión que desgobernó Guatemala durante cuatro largos y tristes años; aún continúa despidiéndose en todos sus actos públicos y privados con “un Dios los bendiga”. En vano se esfuerza en hacerse el cristiano si con sus obras desdeña la moral, la ética y las buenas costumbres. Su testimonio de vida demuestra de manera concluyente que su dios; no es el Dios de Jesucristo.
Infaustamente; le pasó la batuta a otro personaje que también finaliza sus discursos con un “Dios bendiga a Guatemala”. Todos sabemos de antemano de forma experiencial; que aquellos políticos que apelan a Dios en sus discursos, el poder los termina de corromper siempre. Así la cuestión; su argumentación política preñada de bendiciones, está teñida de imposturas. Al final termina siendo una chafarrinada sobre sus palimpsestos de chirivisca condición.
     Desde antiguo se nos ha vendido la idea de que en una democracia el poder radica en el pueblo; quizás por ello, el mandatario salvadoreño amenazó con encabezar una insurrección, con el pueblo por supuesto como carne de cañón a la vanguardia y a la retaguardia sus achichincles, los policías y militares que con las armas lo respaldan.
Los psicólogos dirían que; la motivación de poder que ostentan esos políticos, tiene como meta la utilización de otras personas para sus aviesos fines. He ahí el pueblo que lo quiere acompañar en una insurrección, los miembros policiacos y la soldadesca como actores antagónicos de esa problemática de turno.
     Mientras tanto; el plazo de una semana concedido a los dipugánsteres salvadoreños por Nayib Bukele ha concluido; sin embargo, sus amenazas no fueron materializadas. Al parecer ese petitorio que Dios le hizo de tener tres veces paciencia ha surtido sus efectos. No ha encabezado ninguna insurrección, ni ha intentado otro autogolpe de estado violentando el estado de derecho.
     A la sazón; en plena depresión socioeconómica, política, religiosa y militar, al igual que Roosevelt en su tiempo, pensará: <<Es de sentido común tomar un método y probarlo. Si falla, admitirlo claramente e intentarlo con otro. Pero, sobre todo, hay que intentar algo.>>
En ese contexto y a guisa de colofón cabe preguntarse: ¿Cuál será esa intentona con efectos polimorfos; que explicitará en la mierdilésima parte de un tweet el falso dictador?