sábado, 5 de noviembre de 2016

“Alea jacta est”



Por jlriveirof

     La expresión latina que lleva por título el presente artículo significa “la suerte está echada” y fue  atribuida por Suetonio a Gaius Lulios Caesar, también conocido como Julio César;  de quien se dice, la pronunció después del toque de las trompetas, antes de cruzar el puentecillo del  río Rubicón, que en esa época dividía   Italia y la provincia de la Galia Cisalpina. 
Antes de hacerlo exclamó: “Marchemos a donde nos llaman los signos de los dioses y la iniquidad de los enemigos.” “Alea jacta est” –la suerte está echada– al pasar hacia la otra orilla del   río el referido militar, creaba el  contexto adecuado, para dar cabida a  la segunda guerra civil romana, en contra de Pompeyo Magno,  que lideraba una facción tradicionalista y conservadora del Senado romano. Eran los años 49-45 a. C.

      Ávido del poder y de las mieles que se derivan de éste  y confiando más en la suerte que en su escasa preparación para ese evento; Julio César, contraviene  disposiciones senatoriales y; haciéndose acompañar de un gran ejército  bien armado y motivado por los cuatrocientos mil sestercios ofrecidos si ganaban la batalla,  atraviesan el Río Rubicón y desata una gran conflagración, conquista la Galia –Francia, Suiza, Benelux y gran parte de Alemania- y vence al ejército de Pompeyo; al concluir con éxito esa y otras misiones, es coronado con laureles y nombrado Emperador de Roma. Le gustó tanto lo que consiguió entre tanto poder, mezclado con los placeres y los teneres propios de cargo que ostentaba que; quiso perpetuarse en el poder y convertirse en un “imperator perpetuus”...

     Con estas operaciones bélicas llevadas a cabo de forma exitosa; la suerte y los dados, están echados a favor de Julio César y las glorias que vienen aparejadas con ese miserable golpe de suerte llamado poder, le empiezan a llegar a manos llenas.
Narra Suetonio que “cuando celebró sus victorias sobre el  Ponto, se advertía entre los demás ornamentos triunfales un cartel con las palabras VENI, VIDI, VINCI” que quiere decir: llegue, vi, vencí.

     A siglos de distancia de aquellos acontecimientos socio políticos;  en  América Latina, tierra fértil para las  fechorías y la impunidad, siguen  existiendo  e insistiendo los  políticos empecinados con “llegar, ver y vencer” con tal de hacerse del  poder a costa de lo que sea, muchos de ellos; igual que Julio César quieren convertirse en “imperator perpetuus.” Como lo hicieron: Manuel Estrada Cabrera, Jorge Ubico Castañeda, Efraín Ríos –de sangre-  Montt y Jorge Serrano Elías; en Guatemala.
Los hermanos Castro en Cuba, el asesino Augusto Pinochet en Chile, Aparicio Méndez y Juan María Bordaberry en Uruguay, Gustavo Rojas Pinilla en Colombia, Joao Bāptista de Oliveira Figueiredo en Brasil, Alfredo Stroessner en Paraguay, Hugo Banzer Suarez y Evo Morales en Bolivia, Juan Velasco Alvarado en Perú, Marcos Pérez Jiménez, Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela, Manuel Antonio Noriega en Panamá, Anastasio Somoza Debayle y el iletrado de Daniel Ortega en Nicaragua, Tiburcio Carias Andrino en Honduras, Porfirio Díaz en México y Jorge Rafael Videla en Argentina, tan solo por mencionar algunos.
Cabe destacar que la inmensa mayoría de estos energúmenos, contaba con un alto  grado militar y una negra hoja de vida, más negra incluso que sus propias conciencias, si es que la tenían...

     En otros Organismos del estado guatemalteco también se quiere optar por  lo mismo. Un ejemplo preclaro lo tenemos en el  judicial; las  mafias con olor a perfume de mujer,  se han organizado impunemente y  continúan bregando en las putrefactas hieles  de ese miserable  poder temporal, con su representante  bien empoderada y enquistada en el ejecutivo.

     En el legislativo –la cuna de todos los males-  los truhanes,  están “echando los dados” para hacerse del poder de forma continuada.
Siguiendo la suerte de Julio César; algunos, salieron  de su ciudad natal y atravesaron más de algún río, aunque para nada  emblemático como  lo fue el Rubicón,  para probar toda clase de suertes...

     Los que salieron del nor-oriente para hacerse cargo de su di-puta-ción, atravesaron el putrefacto Río  las Vacas, para ingresar a la capital. Los que salieron  del sur-occidente, atravesaron el Río Villalobos para hacer lo mismo que los primeros...
Estos ríos; al  igual que el Rubicón, también cambian su color natural según avanzan en su trayectoria.
Así como las aguas del  Rubicón se tiñen de rojo  rubí, al desplazarse en cuencas arcillosas de ese color que les da ese matiz,  el Villalobos y las Vacas también cambian su color y se tiñen  de verde olivo, merced  a las toneladas de excretas y aguas servidas que la Ciudad de Guatemala y puntos circunvecinos arrojan a esas cuencas todos los días, contaminando todo lo que encuentra a su paso hasta desembocar al mar.

     No está demás hacer mención que el río Motagua,  en menor cuantía que el Xequijel, fue teñido de sangre con tanta muerte extrajudicial en tiempos del déspota militar Carlos Manuel  Arana Osorio, alias el chacal de oriente o el carnicero de Zacapa, cuyos cadáveres que se estiman en 15,000, que en su mayoría flotaron en sus márgenes a mediados de los 60ss y principios de los 70ss...

      Con esas hojas de ruta entonces,  los –in– dignos representantes de nuestros pueblos; al  “echar los dados,” van con un objetivo en común: enriquecerse lícita o ilícitamente, con todas las artimañas que tengan cabida en sus descerebradas cabezas; para que al final puedan  decir;  con un orgulloso timbre de voz: “marchemos hacia dónde nos mandan los signos de los dioses —especialmente Mammón, el dios de las finanzas especulativas—  “Alea jacta est” “la suerte está echada”...

     Y al parecer; en el parlamento,  “la suerte está echada,” con la renuncia a la candidatura  a la Presidencia, presentada por el líder  de una horda congresil, cuyos miembros tienen más picos que una estrella. Al hacerse a un lado estos individuos, le  ceden el paso al macho cabrío que actualmente preside el parlamento —en la cultura cristiana el macho cabrío está asociado al diablo e involucrado en ritos y aquelarres—  para que continúe al mando, siempre marcando el paso al compás del tamborilero del gobierno estadounidense, sin ton ni son, para seguir cumpliendo   las órdenes que todos los días le llegan en inglés; según  comentarios vertidos por él, en fechas recientes.

     En el congresillo entonces, marchan hacia dónde los mandan los signos del dios Mammón,  “han tirado los dados” y “la suerte está echada”...


Santo Domingo de Cobán; 05 de Noviembre de 2016


Referencias:
Cayo Suetonio Tranquilo, edición eBooket, Los doce cesares,

Wikipedia.