jueves, 20 de agosto de 2015

“El marchista de Chiyuc”



La notable catedrática de la Universidad Jaume I,  Marisa Salanova dijo una vez que un líder positivo es el autentico. Renovador, que plantea retos a su equipo y resiliente, que funciona bien en situaciones adversas.
Reflexionando en torno a ese preámbulo introductor recordé al famoso medallista olímpico Erick Barrondo, originario de la insignificante aldea de Chiyuc,  enclavada en el rústico camino que de San Cristóbal  Verapaz conduce al departamento del Quiché. Tal y como se pensaba de la aldea de Belén del tiempo de Jesús, también de esta se pudo haber dicho que de ahí no podría salir nada bueno, sin embargo de su suelo surgió un campeón.
Como el mismo marchista relata en una de sus múltiples anécdotas, tenía que levantarse muy de mañana para poder entrenar esa disciplina algo rara que hoy lo lleva por todo el mundo practicándola; pues corría con zapatillas de mujer, las de su mamá y envuelto en la obscuridad de la madrugada nadie lo veía y nadie se burlaba de él,  y  es que;  la pobreza en el seno de su hogar era tal que le era difícil contar con tenis propios.
Esa pobreza material que lo acompaño en sus primeros años y durante su adolescencia; esos caminos rurales polvorientos sobre los cuales muchas veces entrenó, techo mínimo y gente con modales agrestes con las que compartió su vida,  no fueron para el hombre de Chiyuc  condicionantes para no hacer de su vida algo significativo y trascendente, un ejemplo digno de imitar por las futuras generaciones y las de su tiempo. Lejos de conmiserarse ante tales adversidades; de ellas saco la fuerza y la motivación creo; para salir de la miseria y colocar su nombre en los anales de la historia y por eso será recordado por un sinfín de generaciones.
Por su genio y figura ha sido escrutado por los ojos racistas de los habitantes del primer mundo por donde ha transitado participando deportivamente; por su origen natural  ha sido objeto de burla tanto por nuestros connacionales  como por extranjeros; peyorativamente se le denomina “el indito de Cobán” por gente envidiosa, arrogante  e incompetente; que dado el alto grado de estulticia con que “adornan” su inteligencia demuestran ser muy inferiores a él.
Contextualizando el proverbio externado por la Profesora universitaria Salanova; Erick Barrondo es ese líder positivo legitimo, renovador de fuerzas, anhelos, esperanzas, ideales, virtudes, reparador de su propia economía y la de sus padres que le dieron todo lo que pudieron, hasta lo que no tenían, alguien que posiblemente ha renovado incluso sentimientos y pensamientos de gente que cree que Guatemala solo políticos corruptos engendra; pero en Guatemala como en todos los países del mundo el trigo y la cizaña nacen, crecen y se reproducen juntos; Barrondo es esa gavilla de trigo que ha sabido separarse de la cizaña, esos politiqueros lambiscones, arrastrados y serviles candidatos a puestos públicos  que han querido servirse de él; sobre todo en esta contienda electoral atípica que se vive en Guatemala en estos precisos momentos; que lejos de ser una fiesta cívica, sus actores la han convertido en un antro de tráfico galante.-
Con su ejemplaridad ese “hombre de maíz” oriundo de la tierra de la verdadera paz-Verapaz- ha evidenciado ser una persona altamente resiliente; porque con su actuar ha sabido sobreponerse a circunstancias adversas; ha hecho caso omiso de palabras y frases inconfesables; ha sabido sobreponerse al indiferentismo y la corrupción, cuyos tentáculos han llegado  hasta las altas esferas deportivas.
 Solo un líder de la talla de Barrondo, positivo, autentico, retador y resiliente funciona y se sobrepone  favorablemente ante  circunstancias desfavorables.-
¿Optaría usted por un liderazgo así?
 ¡Yo acepto el reto!