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El método propuesto por de Bono dispensa a la
razón un enunciado provechoso en lugar de un sinfín de opiniones confrontadas.
Los seis sombreros imaginarios “permiten
conducir el pensamiento tal y como un director podría dirigir su orquesta.” Simbolizan
seis maneras diferentes de abordar un problema, su eficacia radica en su
sencillez.
Metafóricamente hablando, hay que ponerse un sombrero a la vez, para
analizar el problema al modo ideado por el doctor de Bono.
El sombrero blanco permite al pensador ver de forma neutral
y objetiva, el hecho puro, los datos y
la información.
El uso del
sombrero negro permite hacer al abogado del diablo, enjuiciamiento negativo, da
la razón por la cual no resultará. Según de Bono este sombrero permite al
pensador evidenciar lo que está mal, lo incorrecto, lo avieso y erróneo.
El sombrero verde, permite el
pensamiento creativo, la inventiva para destacar nuevas argumentaciones, otras
posibilidades e ideas.
El sombrero rojo, permite al
pensador legitimar sentimientos, presentimientos y la intuición, no da lugar a
las justificaciones.
El sombrero amarillo, simboliza
el optimismo, permite la lógica positiva, la factibilidad y los beneficios. El
pensador se ocupa de hacer estimaciones positivas. Investiga en la búsqueda de
valor y beneficio.
El sombrero azul es el sombrero
del control, permite organizar el pensamiento per se, la gestión del proceso cognoscitivo.
El propósito de los seis sombreros para
pensar, en palabras del doctor de Bono “es desembrollar el pensamiento, de modo
que el pensador pueda utilizar un modo de pensar después de otro, en lugar de
hacer todo al mismo tiempo o intentarlo. La mejor analogía es la impresión a
todo color. Se imprime cada color por separado y al final se reúnen todos y se
ve el conjunto”.
No obstante, y a guisa de emulación creo
que en el caso particular de los diputados que usan kipá, boina y sombrero a diferencia de los seis
sombreros de los que habla el doctor de Bono, a todas luces es notable que a
ellos como que no les son muy útiles “para desembrollar el pensamiento”, poniendo
en jaque el uso de la razón. A excepción del diputado que usa sombrero negro,
que en su actividad parlamentaria a presentado más de veinte iniciativas de
ley, y ha luchado abiertamente contra la corrupción institucional, sí ha
demostrado ser un ente pensante, aunque algunas veces
actué como abogado del diablo. Haciendo acopio del pensamiento del
doctor de Bono, en virtud del uso de sombrero negro, ha denunciado desde
antiguo todo lo abyecto, erróneo y malo de la política guatemalteca, al extremo
que fue uno de los protagonistas en solicitar el retiro de antejuicio al
general Otto Pérez cuando fungía como
Presidente de la Nación y que hoy guarda prisión, y al civil camuflado de general que
desgobierna Guatemala actualmente por los delitos de violación a la
Constitución y violación a las resoluciones judiciales.
Pues bien, elucubrando sobre el tema
anterior, podría conjeturarse entonces que, en el caso particular del diputado nativo
de Totonicapán que usa kipá, piensa que piensa como judío, posiblemente en su reciente viaje a Israel en
ocasión del traslado de la embajada guatemalteca en Tel Aviv, hacia Jerusalén,
adquirió el síndrome de Jerusalén, que consiste en una enfermedad psíquica que
afecta a algunos turistas que viajan a ese país y padecen algunos delirios, y a
imitación de algunos personajes de la Biblia, actúan en concordancia.
Posiblemente éste diputado emule a algún escriba o fariseo hipócrita de los
tiempos de Jesús y por eso su predicamento en el parlamento le permita el uso
de la kipá y la portación del estandarte israelí.
En el caso concreto del diputado por el
departamento del Quiché, que de
forma deliberada porta un bonete de soldado kaibil con regia arrogancia, al
extremo que no le importa verse como un soldado mal uniformado o un legislador
mal trajeado.
Una boina de militar como atuendo a un traje
formal creo que podría ser el signo visible de una psicosis invisible,
-trastorno mental caracterizado por una desconexión de la realidad- consecuente a su antigua actividad como
excombatiente de la guerra intestina que se vivió en Guatemala y en donde de
forma aireada y engreída comenta públicamente que mató muchos comunistas, convirtiéndose así
en un asesino confeso.
Este kaibil parlamentario, podría estar padeciendo de síndrome de guerra;
cuya enfermedad manifiesta algunos síntomas como perdida de la memoria, estrés
postraumático, jaquecas, angustia, incapacidad excesiva, depresión, abuso de
alcohol, fibromialgia, trastornos de la sexualidad y la sensación de haber masacrado y violado
injustamente a hombres, mujeres y niños sin distinciones de ninguna naturaleza,
aunque le hayan lavado el cerebro, haciéndole
creer que esa guerra era santa y
necesaria para librar a Guatemala y a
sus connacionales del comunismo.
Y como “en el país de los ciegos el tuerto
es rey” como bien reza el dicho popular; hoy, en la tarde triste y gris de los
tiempos, de las fétidas entrañas de la política, brota la roja boina del kaibil, cubriendo la mollera huera del diputado, para ser proclamado como candidato a la Presidencia de la República de
Guatemala, por la mara política FCN-Nación/LIDERGATE, que en
desquiciado contubernio con Betty Marroquín, adalid en la defensa de la corrupción institucional y valladar de los
valores humanos y cristianos, lucharán de forma licita o ilícita por hacerse de
la Presidencia y Vicepresidencia de la República respectivamente; con tal de
mantener a perpetuidad, el régimen de impunidad que hoy los tiene consumiendo
toda clase de antidepresivos…
Parafraseando al doctor Emilio
Mira y López, ambos personajes son rémoras, que unidos políticamente en
paradójico maridaje, correrán uno detrás del otro al compás de los tamborileros
que anuncian la desventura, integrando híbridos negocios, que teñirán de luto y
sangre el Valle de la Ermita o de la Virgen.
Pues entonces, "Dios los creo y el diablo los juntó" y a guisa de conclusión hago la aclaración que en los párrafos anteriores a imitación del doctor de Bono, he utilizado de
forma reiterada el término “creo”, para indicar que mis elucubraciones son más de
opinión que de aseveración, acerca de los síndromes que les imputo a los
diputados en cuestión.
Fuentes bibliográficas:
Edward de Bono, Seis sombreros
para pensar, edición original Viking, England, 1986, traducción Marcela
Pandolfo
Fotografias: tomadas de internet,
propiedad de Guatevisión.com; Diarioelinformal.info;
no es mi intención infringir los
derechos de autor…

