Dedúcese de los sagrados textos
veterotestamentarios que en los comienzos del mundo todo era un caos, y que mediante una danza de palabras dichas y hechas
con un objetivo concreto, todo fue creado, estructurado, sustentado, fundamentado
e iluminado con pleno dominio, fluyendo así la vida, en donde antes no había
nada.
Sin embargo, incompleta estaba la obra de
la creación, sin la presencia de aquel, que fue hecho a la imagen y semejanza
de Dios. Y apareció el ser humano como
apoteosis de todo lo creado por Él.
Hombre y mujer los creo, y los bendijo, poniendo la tierra como primer
don, a su entera disposición, para que
fuera sometida y fecundada por ellos, y a partir de ahí, mil y una historias, referentes al tema en
cuestión, han tenido y tendrán cabida en
el universo, hasta el final de los tiempos.
Pues bien, en este intento arriesgado de escribir a partir de una filosofía de la persona, enredado
en esa urdimbre, que se crea con la
interrelación de pensamientos y
palabras, palabras y pensamientos que a cada instante, amenazan con abandonar, me he preguntando, lo que los filósofos han
hecho ya, desde antiguo: ¿Qué es el
hombre?
“Lo obvio no se pregunta” respondería un extinto cantautor mexicano. La
pregunta se contesta sola, partiendo de hacer una comparación física y social
entre un hombre y una mujer. Dando una explicación
acientífica y burda. Podría decirse que, es la “media naranja de la mujer”, que cuando se comprometen y se unen, llegan a ser una sola carne, y pueden dar vida a un nuevo ser, y constituirse en co
creadores.
Uno con una, se complementan. Uno con uno, o una con una se pervierten,
y subvierten el orden ético, moral y
legal establecido, degenerando el sentido de la vida. Ya Viktor Frankl,
fundador de la tercera escuela de psiquiatría en Viena, había notado que el ser
humano, experimenta un vacío cuando no le encuentra sentido a su existencia y
se siente alienado, por eso contemplo y dijo,
“un abismal complejo de falta de sentido, acompañado de un sentimiento
de vacío, razón por la cual me inclino a hablar de un vacío existencial”. Es
decir, seguimos más perdidos que el hijo de la llorona, no sabemos quienes
somos, que tenemos que hacer, mucho menos de donde venimos y hacía donde nos
dirigimos. Esa es nuestra verdad, y la
misma no es ninguna entelequia, sino un referente ontologico, aunque carezca de
hondura filosófica. No obstante y muy a pesar que esa verdad abarca honestidad,
buena fe y sinceridad, puede someterse a la duda, como decía el griego Pirrón, (365 – 270 a. C.) cualquier escéptico podría
señalar que estoy equivocado y por lo tanto, todo puede ser cuestionado. Ya
Einstein lo señalaba en su tiempo: Es una verdad absoluta que la verdad es
relativa. Y Edgar Morin, en su obra El Método 3, El conocimiento del
conocimiento, expresa lo siguiente: “No
sabemos si tendremos que abandonar la idea de verdad, es decir, reconocer como
verdad, la ausencia de verdad”.
No obstante,
elucubremos o profundicemos a
partir de ahí.
Pues entonces, ya sabemos que antes todo estaba desordenado y vacío. Y
haciendo un análisis de la verdad del mundo, solo guiado por la razón, se puede
concluir que el mismo, sigue casi igual, caotico. Se ha convertido en un lugar en donde se
esgrime que la vida es una melcocha como escribió Houellebecq, utilizando la
palabra melcocha como un eufemismo para sustituir el término original, por ser
una expresión malsonante.
Y como la verdad tiene que ver con
todas las realidades, veamosla a partir
de algunas aristas.
El comunismo y el socialismo, son
un fracaso. En los grandes países ha muerto ya. Sin embargo hay millones de
personas intentando resucitarlos.
El capitalismo voraz e inhumano es
un fraude, tiene y mantiene en la pobreza y en la pobreza extrema a millones de personas, a lo largo y ancho del
mundo. Todos estamos en el, como pescados fuera del agua, con riesgo de sufrir
sus embates. No obstante, para el fin de este escrito, aquí no es pertinente escribir
sobre sus crímenes.
La política, como disciplina académica,
se encuentra en peligro de extinción. La están asesinado los politicastros inescrupulosos,
que han llegado a medrar ilícitamente de los recursos de un estado, a perpetuidad,
y los ciudadanos de a pie, que sumidos en un interminable letargo, lo permitimos todo. Justa y sobrada razón
tuvo Ronald Reagan, cuando era Presidente de los
EEUU; y dijo: “al ser la política la segunda profesión más antigua del mundo,
se parece mucho a la primera. Es decir, a la prostitución. La política
entonces, tiene un precio, no tiene dignidad y se abre siempre, al mejor
postor, aunque éste sea, más feo que una maltratada.
El militarismo, una tragedia.
Pagamos su bienestar con nuestros impuestos, para que despues cuando el sistema
lo requiera, nos lo devuelva con puros palos. No son entidades de servicio,
sino de expolio a los bienes de una nación, su mayoría compuesta por gente
abyecta y vulgar.
Las religiones, cada día más, se parecen a las empresas extractivas de oro y
plata, dadas sus políticas neoliberales para la obtención del diezmo y del
recaudo. Como diría Karl Marx: “la religión es el opio del pueblo”.
El sectarismo, sinónimo de divisionismo,
está conduciendo a muchos a un valle de lágrimas.
La moral y la ética, la filosofía y
la teología. En crisis.
¿Y el hombre y la mujer? Al igual
que los míticos primeros habitantes del Edén, paradojicamente hablando, mal
equipados y desnudos física, mental y espiritualmente, huyendo de Dios, a quien
le hemos dado la espalda, según la lectura que podemos hacer de nuestras
actitudes y comportamientos, y porque no
hacerlo, significa, vivir en consonancia con Él.
Cuando pienso en esas ciencias que
estudian esas realidades, estoy pensando en la persona humana. Lamentablemente
como sociedad, estámos avanzando vertiginosamente a nuestra propia destrucción.
Somos los únicos que defecamos en
el plato donde comemos. Por lo tanto, seguimos siendo porque queremos ser, “Un
mono desnudo”, D. Morris. “Un producto
del azar y de la necesidad”, J. Monod. “Un sufrimiento inútil”, J.P. Sartre.
“Un conjunto de relaciones económicas y sociales” Karl Marx.
Imagen y semejanza de Dios, se decanta el escritor
sagrado, pero, desde los comienzos de la humanidad, hasta el día de hoy, no
vivimos y actuamos en coherencia con esa verdad. Y él único cristiano que existió, lo hemos matado. Nietzsche.
Para ilustrar
el desmadre en donde nos hemos sumergido, permitánme traer a colación
una historia legendaria, confiando en que esos últimos párrafos, nos serán de utilidad
para hacer nuestro exámen de conciencia, un inventario moral o una reflexión
filosófica del modo de como estamos haciendo las cosas. Recordando lo que decía
Aristóteles: “somos lo que hacemos día a día, de modo que la excelencia no es
un acto sino un hábito”.
El cuento se cuenta más o menos en estos términos: en cierta ocasión los
primates de la tierra, convocaron a sus congéneres a una reunión de carácter
extraordinaria, en un claro de la verde,
verde selva. Y ahí se pusieron a parlamentar, indignados porque llego a sus
oídos, una teoría que postula que el hombre es descendiente biológico del mono.
Tomó la palabra un venerable
anciano y dijo con suma preocupación:
los hombres andan diciendo por ahí,
que ellos, descienden de nosotros, y no lo creo por pocas y sencillas razones;
a saber:
1.- En nuestra sociedad, nadie, absolutamente nadie, ha sido
sodomizado por otro mono.
2.- . Nadie entre nosotros es
concupiscente. Porque no ansiamos los
bienes materiales como ellos, al extremo que son capaces de matarse entre ellos
mismos por dinero, un pedazo de tierra, por un hombre o por una mujer, que no
son sus cónyuges. Tampoco somos borrachos, ni drogadictos, ni fumadores empedernidos,
ni nos damos a los placeres venereos. Tampoco somos pendencieros y jugadores.
3.- No somos ávidos a las ganancias
injustas, no adoramos ídolos como ellos,
que se inclinan muy a menudo ante los ídolos modernos de este mundo y que son, el poder, el mucho tener, el placer exacerbado
y el parecer; al extremo que son mentirosos, cleptómanos, veleidosos, vanidosos, arrogantes,
marrulleros, cínicos, cobardes, corruptos y corruptores asiduos. “El que
trabaja honrado, muere jorobado” dicen, y por eso cometen toda clase de iniquidad, con
tal de medrar de los recursos que les son ajenos, en detrimento de ellos
mismos. Su dios, es Mammón, por eso adoran al becerro de oro.
4.- Nosotros, nunca hemos visto una
mona dejar a su pareja y a sus hijos pequeños, por irse con otro mono y
viceversa, jamás hemos visto a nadie de nuestra comunidad, practicar la violencia intrafamiliar, física y verbal; como
de ordinario sucede con ellos. Tampoco
hemos sabido de monos gay, ni monas lesbianas; aunque digan que de nosotros
brotó el sida; ellos son la mayor fuente de contaminación de esta pandemia.
Jamás hemos enarbolado banderitas de colores, que definen nuestra identidad,
mucho menos sentirnos orgullosos por ser transgénero. Ellos sí, hasta se jactan
de ser así.
5.- Nosotros no practicamos el
aborto, por lo tanto no asesinamos a ningún ser vivo indefenso, cuando esta en el vientre de su madre.
“Ante su docta ignorancia quisimos anteponer el
sabio silencio”, pero lo que están
diciendo es inconcebible e incompatible con nuestro estilo de vida, y si nosotros
callamos, la selva gritará.
Por lo tanto, postulamos que el hombre, sí desciende, pero no del mono...
Santo Domingo de Cobán, 03 de julio de 2018
