domingo, 17 de enero de 2021

Hacer o no hacer, ese es el punto

     Un día cualquiera del mes de marzo del año recién pasado un grupo de ejecutivos de seguros de GyT veníamos de vuelta hacía Guatemala después de vacacionar varios días en Los Cabos, Baja California Sur, como parte de un salario emocional adicional a nuestras remuneraciones que todos los años obtenemos en adición a capacitación constante, reconocimientos, teletrabajo, gestión del tiempo, entre otras motivaciones más que recibimos como parte de nuestra cultura organizacional. 

Al arribar al Aeropuerto Internacional la Aurora los trabajadores del lugar nos recibieron con ciertas precauciones en virtud que, en el mismo vuelo venían varios asiáticos a quienes veían con temor como si fueran los leprosos que narran los evangelios, toda vez que Wuhan en esos momentos estaba en el centro del brote de coronavirus que amenazaba con expandirse “urbi et orbi”.

No habían pasado muchos días de nuestro regreso cuando los gobiernos de las naciones empezaron a extremar y tomar medidas enérgicas de bioseguridad para disminuir el riesgo de infección ante la inminente fatalidad, como el cierre de puertos y aeropuertos, encerronas, toques de queda y restricciones a nuestras libertades individuales y colectivas entre muchas cosas más al extremo que muchas actividades empresariales se paralizaron.

     Lo anterior trajo consigo el derrumbe de la economía, la vida, la salud, la educación y la justicia entre otras cosas y, como  si la pandemia no fuera suficiente la naturaleza nos castigó severamente durante la época invernal y una tras otra vinieron las tormentas tropicales ETA e IOTA que anegaron en gran parte el departamento de Alta Verapaz convirtiéndolo en uno de los lugares más afectados de todo el territorio nacional, ambas depresiones tropicales dejaron a su paso caos, muerte y desolación que nos sumergieron en una crisis existencial de grandes envergaduras, en una batalla emocional sobre la vida y la muerte como aquella en la que se encontró Hamlet, el príncipe de Dinamarca, en la más famosa obra literaria de Shakespeare cuando terriblemente afectado por la muerte de su padre, el rey de Dinamarca dijo: “Ser o no ser, esa es la cuestión”. Una frase ontológica que nos puso en jaque frente a los caminos inciertos entre la vida y la muerte y los fantasmas atormentadores que recorrían nuestros pueblos ante el hecho de que muchos de nuestros clientes, amigos, parientes y conocidos estaban muriendo por causa de la pandemia, otros que se quedaron desempleados ante el derrumbe de la economía, más los que se quedaron literalmente en la calle por causa de las tormentas tropicales antes mencionadas que pusieron al descubierto que poca cosa somos ante las catástrofes naturales y sobre la importancia que cobra la tenencia y la vigencia de un seguro de vida, gastos médicos y daños  para paliar los problemas dinerarios que se avecinan después que pasan cosas de esa magnitud.

     Ser o no ser, esa es la cuestión”.  Desde el punto de vista ontológico esa frase alude lo esencial del individuo, ante una existencia que en los derroteros inciertos que teníamos por delante tuvimos que tomar decisiones: ¿Ser o no ser? en virtud  que, somos lo que hacemos es condición sine qua non hacer para ser alguien en la vida a pesar de las penas, las tristezas, las desesperanzas y la muerte. Precisamente por ello, le  di paso a una frase ética, parafraseando a Shakespeare: Hacer o no hacer, ese es el punto.

En ese sentido, en la agencia de seguros bajo mi dirección y procuración haciendo gala del pensamiento sistémico supusimos una visión del futuro intuitiva en extremo, decidimos sortear la pandemia y salir a trabajar como si no estuviera pasando nada, intentando soslayar la afectación, cumpliendo con todos los protocolos de bioseguridad eso sí.

Innovamos, creamos y trabajamos. Acrecentamos nuestros conocimientos y destrezas, mediante una verdadera transfiguración cambiamos nuestros viejos modelos mentales, generamos pensamiento creativo y construimos una visión compartida poniéndonos metas grandes, misiones y valores humanos y cristianos para apalancar y catapultarnos a las grandes ligas.

Tuvimos que convertirnos en sujetos tecnológicos conquistando las herramientas de Google para ser eficientes y, ante la imposibilidad de reunirnos de forma presencial cada lunes como fue nuestra inveterada costumbre, la seguimos ejecutando de forma virtual, al igual que las sesiones de coaching, el mentoring y el feedforward entre otras herramientas administrativas que amueblan nuestro cajón de herramientas interno.

     Resulta paradójico que en un año atípico como lo fue el 2020; nos enfocamos y comprometimos sobre una o dos metas crucialmente importantes, actuamos sobre medidas de predicción e  históricas, movimos con asiduidad el tablero de resultados mediante una cadencia de rendición de cuentas de forma semanal,   el haber decidido trabajar en equipo, socializar nuestros cerebros, no ser reactivos sino pre activos y proactivos como solo lo es un sujeto de seguros; en esas crisis, encontramos oportunidades de mejoramiento continuo, de enmienda, de dominio propio y de una buena gobernanza de nuestras emociones.

Del “virus chino” sonsacamos la palabra crisis que en chino significa oportunidad e  hicimos más y mejor que lo que hicimos en el año 2019; de tal suerte que, en el año que recién acaba de expirar obtuvimos mejores resultados en ventas, las encerronas nos obligaron a mejorar nuestro desarrollo personal, los libros se volvieron inseparables y las capacitaciones asiduas; en consecuencia, cinco personas se hicieron acreedoras al acostumbrado viaje internacional con todo pagado más una bonificación en dólares, duplicando  el número de viajeros del 2019 que representarán a la agencia imperial en el extranjero.

     “Ser o no ser, esa es la cuestión",  hacer o no hacer, ese es el punto.  Una frase ontológica la primera y ética la segunda, fueron el santo y seña que nos obligaron a transitar entre el claroscuro ese que se forma entre la vida y la muerte, entre la luz y la oscuridad, entre la buena voluntad y la fuerza de voluntad, entre la opción y las circunstancias desfavorables que nos acompañaron en todo el caminar.

Ese ser y ese hacer nos obligaron a deliberar sobre todo aquello que, teníamos y debíamos hacer: servir a nuestra comunidad en materia previsional haciendo más y mejor sin importar las causas.

Para el año que recién comienza ya tenemos trazada nuestra hoja de ruta y, como diría un extinto miembro de la gerontocracia y kakistocracia en el país, "seguiremos haciendo más de lo mismo"...

Jlriveirof, OP