domingo, 16 de junio de 2019

"Yo soy Samuel"



Jlriveirof

     El pastor bautista reformado inglés, Charles Spurgeon, sentenció una verdad innegable de permanente actualidad: “Solo los tontos creen que política y religión no se discuten. Es por eso que ladrones siguen en el poder y falsos profetas predicando”
 La máxima acuñada por el pastor bautista en mención cobra vigencia aquí y ahora, en donde lamentablemente muchos creen y sostienen que las personas cultas no deben hablar de politica y religión. En virtud de ese pensamiento es que seguimos siendo gobernados por "corruptos y ladrones" y vemos a falsos profetas en los púlpitos predicando.
Como algo  extremo a lo expresado, hemos visto como pseudo pastores evangélicos, como  Efraín Ríos Montt, Alfonso Serrano Elías y actualmente al Presidente de turno, como en sus delirios evangélicos de grandes temperaturas llegó a creer incluso que él era una especie de enviado, para salvar a Guatemala de los grandes cataclismos sociales, políticos, económicos y culturales  que la embargan y enajenan.
Inclusive; durante toda la campaña política atípica por cierto, se han visto a candidatos a los diferentes puestos de elección popular, con una Biblia inmersa en las axilas, orando y llorando lágrimas de cocodrilo para “ofrecerse como una ofrenda viva, santa y agradable a Dios”; y así engañar  a los más píos.    

     En el ínterin,  un grupo de “illuminatis”  auto proclamados pastores de la próxima generación, y que vienen a ser amigos e hijos de pastores presuntamente con valores judeo cristianos; llevaron a cabo una campaña cívica, pseudo religiosa, a la que pusieron por nombre “Yo soy Samuel”. Cuya inspiración originaria la obtienen de un profeta del Antiguo Testamento llamado con ese nombre.
El objetivo que tienen en común según ellos, es emplazar a todos los cristianos para que mediante la oración y el ayuno, puedan discernir por quien votar y; hacer del día del sufragio, una jornada cívica y de adoración. No obstante, que el estado es laico y democrático, no teocrático  y que por lo mismo no se debe mezclar la religión con la política para evitar grandes males, que permita una politización de la religión, en donde religiosos de diferentes sectas evangélicas, unidos en un mismo fin, de forma subliminal intenten ejercer su presunta autoridad religiosa para incidir en las cosas terrenas de la política, intentando con  su accionar  espiritualizarla.

     El uso de símbolos y sacramentales religiosos debería incluso ser condenado por las diferentes religiones, esos rezos y ayunos blandiendo biblias genera un simbolismo, y  en la cacería  de votos en donde han desplegado todo su vigor, y  que es lo único que le interesa a estos  políticos, lo que intentan es vender su imagen, y aparentar ser  personas idóneas,  de una moralidad y ética reconocidas,  buenas, hijos de Dios, caritativos y ecuánimes en extremo.

     Según se puede colegir, su influencia como presuntas autoridades morales,  será utilizada para enfocar a la gente para que “escuchen al Señor”, a efecto de que todos encaminados hacia un mismo fin, con su libertad y su conciencia decidan a quien dar el voto.
La voz del Señor que es la que intentan escuchar a través de toda esa influencia evangélica, tendrá su retintín en foros,  radio emisoras, la televisión, Facebook Live e Instagram Live. Sin duda en sus congregaciones llevarán a cabo sus devocionarios con fuertes contenidos de oración, ayunos de 72 horas, previo a las elecciones.
La invitación ya está librada, para que previo a ir a las urnas a votar, hay que ir a la iglesia a adorar a “Jehová de los ejércitos”, y de paso ver si les echa una manita para saber quién será el  ungido durante estas elecciones…

     Pues bien, ya el comienzo es trágicamente problemático, sin embargo, con la luz que arrojan los textos veterotestamentarios, interrogando, cuestionando y de ser preciso acusando; a tenor de lo planteado, justificaré el tema en cuestión estableciendo tres vías, a saber:

Del texto:

     Sin entrar en detalles genealógicos respecto de la vida de Samuel, en el primer libro que lleva su nombre, se lee que “Samuel crecía y el Señor estaba con él, ninguna de sus palabras dejo de cumplirse y toda Israel sabía que era un profeta acreditado ante el Señor”. -1 Samuel, 19-20-
Como un profeta que anuncia la palabra de Dios y denuncia las injusticias, vinieren de donde vinieren, Samuel  no se acongoja por la misión a la que es convocado, porque en virtud de esa misión, ahora está al servicio de la palabra de Dios,  es esa palabra la protagonista  y no él; y en consecuencia, es utilizado por el mismo Dios para hacer cosas nuevas. Por eso, adquiere renombre en todo el territorio israelí y como profeta “acreditado” ahora conoce la voluntad de Dios y sus propósitos, y por su intermediación, el pueblo de Israel también podrá conocerlos.

      Pero Samuel, al estilo de la alta sociedad en este tiempo presente, se empieza a fijar en las apariencias y no en las intenciones de sus corazones. ¿Acaso no en Guatemala practicamos la xenofobia, el racismo y la supremacía de las clases sociales, en contra de aquella candidata que tiene el pecado de ser iletrada, indígena y mujer, y reptamos a favor de aquellos que no tienen la rabadilla morada, pero si el apellido adecuado, aunque sean hijos de la corrupción y el odio?...
Precisamente por eso, el Señor le dijo a Samuel cuando estaba frente a Eliab: “No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazó. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia. El Señor ve el corazón.” –1º Samuel, 16, 7-
En contraposición a lo expresado, en este tiempo sí nos  fijamos en la apariencia y en el ofrecimiento del oro y el moro.
Por lo tanto, y aquí refuto a los cabreros,  no es ni en la apariencia ni en el corazón de los políticos en lo que nos tenemos que fiar, sino en sus programas de gobierno y a las razones de capacidad,-aptitud, suficiencia, competencia y conocimiento de la cosa pública- idoneidad –coherencia, pertinencia y oportunidad- y honradez, -carácter, integridad, rectitud,  moral, ética y una conducta irreprochable- contempladas en el Artículo 113 de la Constitución Política de la República de Guatemala.

Del contexto:

     En virtud de ser los cristianos el cuerpo de Cristo en este tiempo presente, dicen los cabreros, hay que asumir el mismo papel que ejerció Samuel en aquel tiempo. Es decir, un papel profético, y elegir a nuestros gobernantes con la ayuda y guía de Dios.

     ¿Sabrán los pastores lo que significa asumir una misión profética?  Hoy día cualquier pseudo tele evangelista le antepone a su nombre el título de profeta y apóstol. A pesar de que no han sido enviados por nadie a ninguna parte, mucho menos por Dios.
A través de todos los tiempos un profeta es alguien que anuncia la buena noticia y denuncia las injusticias.
Al menos los últimos cuatro años, los pastores han soslayado todo el pecado estructural, las graves injusticias, los flagrantes atropellos a los derechos humanos, los robos, los atracos a mansalva, la pobreza extrema, la falta de salud, seguridad, educación, medicamentos en los nosocomios, maestros en las escuelas y médicos en los hospitales. Iniquidades que lloran sangre y claman al cielo, perpetradas en su conjunto, por esa ralea de políticos parasitarios que medran de un estado que está fallido, quebrado socio económico y político  por el pacto de corruptos, paradojicamente liderado por su actual “ungido”, “en quien tienen puestas sus complacencias”.
¿Cómo proponen entonces orar para que el pueblo de Dios participe en estas elecciones, haciendo de las mismas un ejercicio cívico y espiritual?, ¿Que espiritualidad practican ellos, que pretenden conyugalizar política con religión?, ¿acaso no es esa politización de la religión lo  que tiene dividido al pueblo de Guatemala?...

Del pretexto:

     So pretexto de santidad y haber sido delegados por Dios para invitar a todas aquellas personas “que aman a Dios” para hacer del voto un ejercicio cívico y de adoración -¿Y los que no aman a Dios, en donde caben?- la verdadera intención de los cabreros que los obliga a ocultar la motivación de tal faena,  es incidir en el imaginario evangélico a que se vote solo por una persona que piense y crea igual que ellos, una misma fe y un mismo Señor, aunque sea un cristo roto al que adoran, fragmentado en virtud de las más de mil y una sectas que bregan por mantener la hegemonía en el país y que hoy lo tienen hecho añicos.

     Con el pretexto de defender la fe, la religión y la democracia; desde tiempos vetustos  se han cometido los más execrables crímenes. Una sentencia irrefutable con matices absolutos, y por eso intelectualmente correcta, verificable y comunicable. 
Por lo tanto, no es con una biblia debajo del brazo como si de un desodorante se tratara, ni con campañas evangelistas, oraciones, ayunos y  devocionales, pinceladas de civismo y adoración como se va a revertir el daño causado por los hampones de la política en Guatemala. Sino siendo coherentes con lo que se dice y  hace; recordando que, de buenas intenciones está pavimentado el camino que conduce a Pandemónium, la capital del reino infernal…

“Quod scripsi, scripsi”
    
   

    
Fuentes bibliográficas:
Luis Alonso Schökel, La Biblia de Nuestro Pueblo, III edición, 2006