domingo, 18 de junio de 2023

Octava edición de la medio maratón de Cobán


Thomas Alva Edison dijo una vez que, "Toda persona debe decidir una vez en su vida si se lanza a triunfar, arriesgándolo todo, o si se sienta a ver el paso de los triunfadores." La máxima en cuestión aplica a todas las aristas de la vida del ser humano: desde lo individual hasta lo colectivo, desde lo privado a lo público, desde lo lúdico hasta la empresa, entre un largo e inacabado etcétera.

     En fechas recientes, para ser más concreto, el último domingo del mes de mayo, durante la medio maratón internacional de Cobán, me tocó para vergüenza mía, ser un simple espectador, ubicado al comienzo de la  calzada que nos lleva al cementerio clandestino de tiempos del conflicto armado y al campo de aviación de la Ciudad Imperial de Carlos V, para  aplaudir el paso de muchos de  aquellos que, antes de la pandemia, corrí adelante, a los lados o detrás de ellos, pero muy especialmente a aplaudir el tránsito de mi hija Michelle Marie Riveiro García, en su octava edición.

     Sin intentar una burda justificación; el miedo post pandemia recorrió mi ser de cabo a rabo y es que, tres veces me coronó el "virus chino" y, me afectó el tracto respiratorio; amén de algunos atletas que, han muerto en el trayecto de la carrera por causa de un infarto, menores en edad que yo; de quienes dicen los especuladores, el deceso presuntamente se originó por haber padecido anteriormente de ese mal.

     Como no pueden faltar las negras golondrinas que auguran un mal presagio, la politiquería aprovechada, uniformada con los colores de sus maras políticas, se dio a la tarea de repartir bolsas "solidarias" de agua a los atletas, mientras todo el trayecto contaminado y afeado visualmente por fotografías de quienes quieren ser beneficiados por los votantes en las próximas elecciones, signadas de hipocresía, muestran su mejor sonrisa fingida.

¡Ah! ¿A cuántos de ellos hemos visto sirviendo antes a la población de forma desinteresada ¡ja! …; "ve tu a saber" …

     Pues entonces, dándole un giro a la premisa en mención, le doy pie pensando en el mundo de los negocios. ¿Cuántas personas por diversas causas se arriesgan para buscar el éxito anhelado? ¿Cuántas deciden aplaudir el éxito alcanzado, aunque sea de forma fingida de sus correligionarios o de sus pares?

En ambos extremos el éxito o el fracaso se da por elección. Quienes triunfan, lo hacen porque tomaron esa decisión; así como también quienes fracasan, lo hacen porque también decidieron hacerlo. El éxito o el fracaso es una decisión, es una elección que nace en virtud de una visión del futuro, de alcanzar o no una meta previamente establecida, de salir o permanecer en una zona de confort, de seguir o no una disciplina, de tener o no una misión, una vocación por servir, valores, objetivos y estrategias.

     Este año decidí aplaudir el paso de los corredores, si Dios quiere el último domingo de mayo del 2024, decidiré que otros aplaudan por mí...

Algunas letras para mi padre...


Parafraseando a un periodista mexicano, la celebración del día del padre parece que fuera la de los "restauranteros" porque ellos son los que, más disfrutan, desde el punto de vista económico y social de estas festividades, más el de la madre en donde la ocurrencia y concurrencia es más glamurosa que la del padre.

Sin embargo, evocando todos los momentos similares idos, se puede concluir que, en modo alguno, esta conmemoración es un homenaje hacía aquel que desde el punto de vista biológico nos dio la vida, independiente al pensamiento o al sentimiento que tal personaje nos inspire, no es dable darle cabida a la acusación o al despecho, objetivo o subjetivo que pueda engendrar en el imaginario social.

     Con los pies en la tierra, postulo que, hay que dirigir la mirada al cielo, para dar gracias por el don de la vida de aquellos que, con amor o desamor nos tienen en pie en este mundo. Si bien es cierto, el día del padre o del chucho como le suelen llamar, así como el de la madre; debiese conmemorarse todos los días, honrando su memoria y no solo estos días especiales que son más comerciales, aunque sea un hecho cultural tal festividad.

Acortando entonces, el camino de la justificación, retorno al punto de partida de este pequeño post, cuyas conclusiones se pueden leer en las fotografías que acompañó que, le dan un carácter interpretativo y especial.

     Como alguien dijo una vez: "No estamos todos los que somos, pero somos los que estamos" para celebrar el 87 aniversario que, contra todo pronóstico médico, el día de hoy, festejamos a mi padre: doble abrazo, doble felicitación (no se si doble regalo) para festejar su onomástico y el día del padre a la vez. Doble celebración para aquel que, fundó una familia en cuyo seno modeló el alma de todos sus descendientes, una institución que, como la escuela pública y la universidad en permanente disputa, nos enseñaron a relacionarnos con el vasto mundo y todo aquello cuanto en el hay.

     Mi viejo Ford modelo 36 que, a puro golpe de cigüeñal aún se levanta muy de mañana, todas las mañanas, para condescender con los caprichos de mi madre, asevera que, si Dios Óptimo Máximo se lo permite, veremos, aunque con paso lento y sereno, el arribo de su 94 cumpleaños.

Cuánta razón hay en la frase que postula que, lo último que muere es la esperanza.

Que así sea mi viejo marsupial (tacuazín), que Dios rico en misericordia, conceda todas las intenciones de tú remendado corazón...

Hoy es viernes y el cuerpo lo sabe


     

     La canción de los Súper Caracoles con cuyo nombre he bautizado este post es, una apología a la juerga desenfrenada, a la desproporción, a la vida sin sentido, al vacío y a la pérdida de valores éticos y morales, además de la pérdida del tiempo y del dinero que nunca sobra, por el contrario, siempre falta.

No obstante, es una frase en boga y es cantada y practicada por gran cantidad de adictos que, no saben socializar un par de bebidas espirituosas al final de la jornada del viernes sino que, muchos de ellos, al filo del mediodía desaparecen por arte de magia de sus puestos de trabajo y, con el beneplácito de jefes que, en amplia camaradería y compadrazgo, vinculación y ensamblaje tan marcados entre ellos, se van al fondo de algún antro a "componer el mundo."

"Hoy es viernes y el cuerpo lo sabe

Por eso compadre la vida nos vale

Por eso, hoy, hoy, hoy, hoy, hoy,

El cuerpo lo sabe y nos vale madres” …

     ¡Ah! Figúrese usted caro lector que, durante un par de décadas aproximadamente, quien suscribe, practicó con asiduidad el estribillo ese de hoy es viernes y el cuerpo lo sabe y, precisamente por la autoridad conferida por la señora desmadre y el señor  despadre que ocasiona  tal desmadre es que, me atrevo a ratificar los conceptos vertidos en el primer párrafo del artículo en curso...; hasta que, un cambio de mentalidad en virtud del estudio de la filosofía clásica y la verdadera teología, me cambió el pensamiento.

     Según Platón: "La realidad es creada por la mente. Podemos cambiar nuestra realidad cambiando nuestra mente." Es decir, cambiar la vieja manera de pensar que, es a lo que se refiere Platón con la máxima que antecede, literalmente no se puede cambiar la mente que nos engalana o nos avergüenza.

     Solo cambiando la forma de pensar podemos pensar en otros escenarios, solo cambiándola podemos salir de una realidad actual amenazante hacía una realidad distinta, quizás distante pero apremiante.

     Solo desembarazándonos y desvinculándonos de esa dependencia mutua con el alcohol y la creencia mediocre de que, hoy es viernes y el cuerpo lo sabe, podremos apurar casi todas las cosas buenas que podamos imaginar.

Así que, al carajo el pensamiento mordaz de que, hoy es viernes y el cuerpo lo sabe ...

· El canto del gallo





     El reloj daba las tres con treinta minutos de la mañana de un día cualquiera en Ciudad de Salamá, cuando enojoso y presuroso lo alcancé para ver la hora, después que un gallo impertinente que cantaba intermitente me despertó de un caluroso y agitado dormitar. Alguna luz que se encendió sin duda en alguna vecindad del lugar en donde pernoctaba, lo obligó a cantar, según la naturaleza de los gallos, que lo hizo anticiparse para anunciar la alborada del nuevo día que aún no nacía sobre el Valle de las Rosas o de Salamá, en cuyo suelo suele darse exuberantes y hermosas rosas, entre cactus, suculentas y otras flores exóticas …

     Malos pensamientos pasaron de repente por mi mente, retrotrayéndome a tiempos pretéritos, particularmente a la vieja casona de mis abuelos maternos, cuando la Lolis, mi abuela (QEPD), agarraba un gallo después de engañarlo con maíz, algunas sobras del desayuno y en pleno sobijeo le  hacía creer  que, cariño le hacía y, mientras se apaciguaba entre sus brazos el engañado animal, le retorcía el pescuezo y al rato,  desplumado hervía entre chicha y no sé cuántas más yerbas, para servirlo  a la hora del almuerzo.

     También lo imaginé en crema con loroco, luego recordé que esa era la comida predilecta de los mafiosos en tiempos del bufón que hizo de casa presidencial su circo y, de inmediato lo descarté. Para conciliar el sueño de nuevo. En vez de contar elefantes, ovejas, abejas o cualquier otro animal de forma mental, mejor me puse a barajar algún ensayo que leí alguna vez, entre algunos, sobre zooética; que no trata de la moral y la ética que los animales pudieran tener como muchos suelen creer, sino sobre las diferentes perspectivas éticas que nosotros, los animales superiores, debemos tener con respecto a esos nuestros hermanos inferiores.

Entonces, otro escenario se me presentó, que me permitió descartar ipso facto, ensañarme de pensamiento, palabra u obra contra el pobre gallo madrugador.

     Otra fue la suerte que corrió un infeliz zancudo picudo que, pretendía chupar sangre donde no debía, lo perseguí por la habitación hasta que, de un solo librazo, lo plasmé en la pared.

Dormité de nuevo y al hacerlo soñé o imaginé que, estaba en uno de los jardines del Olimpo y que, algún dios había convertido a una de las rosas que abundaban en el vergel en ninfa, excitado, sudoroso y presuroso desperté y ve, no había tal rosa metamorfoseada en ninfa sobre mi lecho de helechos, sino tres almohadas las que se hallaban entre mis pertrechos