sábado, 29 de abril de 2023

A propósito de coaching

 


    Al compás de un bello vals de J. Strauss, estructuro unas sesiones de coaching, para procesarlas en los días que están por venir con una de mis asociadas, a petición expresa.

     Su búsqueda comporta trascender sus barreras y limitaciones de tipo personal y extraer lo mejor de sí misma, para llevar al límite sus propias capacidades y, rendir más y mejor en su emprendedurismo que, consiste en, asegurar a personas y sus bienes materiales de forma eficiente.

     El proceso per se, me remontó a la Atenas del tiempo de Sócrates, cuando Fenárete, su madre viuda, hubo de dedicarse al oficio de partera, sin duda más por necesidad que por vocación, en cuya actividad, Sócrates le hacía a veces de ayudante.

     –¡Ah! Se ha de haber dicho, ya con la experiencia adquirida en ayudar a dar a luz a muchas mujeres atenienses con la dirección de su madre, a quien se adjetivó después como <<la que trae a la luz la virtud, la partera de la virtud>>. —¿Si yo pudiera hacer que los hombres den a luz? Obviamente es lenguaje figurado en virtud que, todos sabemos que Sócrates resultó incómodo en el Ágora, por la clase de preguntas que a todos hacía en ese lugar que fue, hogar de la ciencia.

Fue así como surgió la Mayéutica y, Sócrates al igual que su madre, se convirtió en "el partero de la virtud", porque a muchas personas los hizo dar a luz lo mejor que tenían dentro.

     Se preparó para teorizar, filosofar e investigar en la búsqueda y el esclarecimiento de la verdad, en virtud que, en su tiempo, un ciudadano libre como él, tenía acceso a la escuela, en donde recibían la preparación académica, y como hijo de su tiempo libó de la lectura de Homero, Solón y Hesíodo, aprendió también sobre el cálculo elemental, la música, la gimnasia, geometría, astronomía, dialéctica, armonía y arte.

Con estos conocimientos aludidos podría contradecir lo que los peripatéticos dijeron después, de que, Sócrates era un hombre sin educación, instrucción e ignorante.

     Es evidente que, en todos los tiempos y lugares, el árbol que da fruto, escribiendo en forma de metáfora, siempre es lapidado. Así ha sido, así es y así será siempre. Siempre se les intentará dar de beber alguna cicuta moderna para callar su verdad, para enmudecerlos, para silenciarlos, etcétera.

     A guisa de colofón traigo a colación la mucha confusión que hay respecto del ejercicio del coaching. El coaching no es psicoterapia. Los coachs no somos salubristas, no trabajamos con la interpretación de la conducta del cliente, no recurrimos al pasado para obtener recursos y nuestras sesiones se diferencian de la mentoría y la consultoría porque no aconsejamos, recomendamos u orientamos en acciones que el cliente deba realizar, o como enfocar las distintas situaciones de su vida.

     Un coach trabaja por objetivos y planes de acción que el mismo cliente va descubriendo y definiendo durante las sesiones que le permitirán salir de la situación actual, hacía una situación deseada, haciendo preguntas poderosas al modo de Sócrates y al igual que Sócrates, un coach está bien equipado, multidisciplinarmente hablando, para poder ayudar a su coachee, mediante estrategias prospectivas que iluminarán sus futuros posibles ...

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