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En virtud de ese pensamiento, a la inmensa mayoría de guatemaltecos
nos importa un bledo estudiar de forma reflexiva sobre los temas políticos que últimamente
han recobrado notoriedad, así como la búsqueda del bien común a través del
sufragio para escoger concienzudamente a las autoridades, la forma en que los políticos
llevan las riendas de la nación, y el
modo en que los ciudadanos lo permitimos.
Precisamente por ello, el buen gobierno sugerido por Confucio,
ya no se practica desde la caridad, y en consecuencia, la preferencia por la
justicia y el respeto a nuestras autoridades es casi nulo. Como un ejemplo insigne
tenemos las ofensas que todos los días reciben los políticos de turno, por el
hilo tan fino que los separa del cuatrerismo.
El pensamiento de
Platón también recobra relevancia por cuanto que, éste creía que el precio de desentenderse
de la política es ser gobernado por los peores hombres. Una sentencia
irrefutable que nos cae como balde de agua helada cuando nos venimos a dar
cuenta que esa ha sido nuestra cruda realidad, por los siglos de los siglos. En los tiempos modernos, desde el momento en
que dejamos de ser tiranizados por la
bota y el fusil, hasta la recuperación de la democracia en 1986. Tiempo durante
el cual, un aprendiz de dictador intentó
dar un tiro de gracia a la insipiente democracia, una intentona que se conoce como “el serranazo”. Hasta nuestros
días, donde otro lacayo de los gendarmes de las oligarquías, se toma muy en
serio su papel de comandante general de las fuerzas de tierra, aire y mar.
Desde entonces, vinimos peregrinando de
Guatemala a guatepeor…
Bajo esa tesitura, no podemos inadvertir el pensamiento de Aristóteles, conjeturando que nos hemos desnaturalizado,
ya que como animales políticos no
buscamos la felicidad en las virtudes y la moral. Y precisamente por eso hemos
traspasado las fronteras del maquiavelismo más allá del propio Maquiavelo. Quizás
por ello, la diputada que asfaltó con
cemento hidráulico la carretera que conduce hacia la población inexistente de “El
Paxtal”, dijo que se debía separar la filosofía
moral de la política, porque eran como el agua y el aceite que no se pueden
mezclar.
Ciertamente dudo mucho que la diputada en cuestión conozca el
pensamiento de Nicolás Maquiavelo; aunque casualmente coincida con él, ya que
es a él, al que se le atribuye esa desvinculación
entre la ética y la política. Lo cual apunta a la separación de esos hermanos
siameses.
De ello resulta
necesario admitir que el arte de hacer política se parece mucho a las practicas
amatorias dentro de los burdeles, en donde todo, absolutamente todo tiene un
precio, en perjuicio de la propia dignidad. Y en donde la danza y la transa van
siempre unidos en paradójico maridaje, y siempre al compás de unas copas de más…
Dicho en forma
breve, las elecciones generales que tuvieron
lugar en fechas recientes a lo largo y ancho de la patria, permiten deducir,
por una parte que nuestra incipiente democracia navega en el estrecho ese, definido
por la Escila del militarismo y la Caribdis del populismo…, la Escila del
militarismo bien representada por uno de los candidatos a la Presidencia de la
República y la Caribdis del populismo por la otra.
A su vez, cabe preguntarnos: ¿Cómo llevaremos a puerto seguro
a esa democracia? Si en las dos orillas, existe un peligro, a todas luces infranqueable…
En ese contexto, se
nos permite amalgamar la fábula con la ciencia, y por lo tanto de las maravillosas páginas de la Odisea, que impregnadas
de un rico folclor helénico, Homero, relata la historia
de Odiseo; y en una de sus odiseas, la
bella Circe le aconseja que cuando se
haga a la mar, no escuche el canto de las sirenas que encanta a cuanto hombre
les pone atención. –¿Cuantos no se están dejando embelesar por el canto de las
sirenas que pasan a segunda vuelta en estos precisos momentos?-
En adición a esa recomendación,
también lo apercibe para que tenga mucho
cuidado a su paso por un escollo, cuyo
estrecho está custodiado en una orilla por Escila y la otra por Caribdis. La primer
criatura es descrita por Circe como “una
plaga imperecedera, grave, terrible, cruel e ineluctable” de quien no es
posible defenderse y huir de su lado es lo más sensato y recomendable. Es un monstruo perverso, aullante, inhumano y deforme, con doce pies y seis largos cuellos,
conteniendo cada uno una cabeza horripilante, en cuyas bocas hay tres hileras
de filosos, apretados y abundantes dientes; dispuestos a devorar a quien se le
ponga enfrente. Habita en una cueva –próximamente Casa Presidencial- sumergida hasta la mitad del cuerpo, desde donde
saca sus tenebrosas cabezas buscando a quien devorar.
Entretanto, Caribdis
es descrita como una especie de remolino que sorbe las aguas y tres veces al
día las echa fuera y otras tantas las vuelve a sorber. –Próximamente el erario público-
De tal manera que, cualquiera que pase
cerca de Escila corre peligro de muerte y quien intenta evitarla,
irremediablemente tiene que pasar cerca de Caribdis, corriendo la misma negra
suerte, con olor a sangre, lágrimas y muerte.
“Y aprovechando la confusión que
reina en la sociedad, -nos dice José Saramago- ahora más que nunca, entre la
espada y la pared, entre Escila y Caribdis, entre martillazos y tenazas”. En
las elecciones anteriores hemos permitido que dos terribles males atenacen la
democracia. Dos terribles males amenazan con socavar el estado de derecho a
partir del “catorce de enero a las catorce horas”. Ambos están situados en las
dos orillas, en donde ineluctablemente debe pasar la endeble embarcación que
transporta la democracia. Ambos están situados en el estrecho ese definido por una minoría en la
primera vuelta. Y en la segunda, por evitar a Escila pasarán cerca de Caribdis
y viceversa.
Entonces, esa democracia, será asechada, encallada y embuchada
sin piedad…, y los guatemaltecos, consecuentemente con ella.
“Alea jacta est”
Referencias bibliográficas:
Oscar Mauricio Donato/ Luciano Noceto. Leo Strauss: de Nietzsche
a Platón. Entre Escila y Caribdis. Bogotá, Universidad Libre, 2014,
Homero, La Odisea, Editores mexicanos unidos, S.A. 9ª edición,
junio de 1,985