martes, 10 de julio de 2018

“El superhombre”


 
Jlriveirof

     El David de Miguel Ángel es una escultura de 5.17 metros de altura, labrada el año 1,504, en un solo bloque de mármol blanco ya desbastado por Agostino de Duccio, años atrás. El tiempo que duró su erección fue de un año y medio y una vez terminada, los florentinos la bautizaron con el nombre de “gigante”.
La escultura encierra los ideales de la época en que fue cincelada. El Renacimiento: medida, proporción y equilibrio en cuanto a las formas; vida, humanidad y sentimiento en cuanto al contenido.
     Cuenta una historia que cuando el maestro la tallaba, los curiosos le preguntaban  como sabía en donde cincelar sin temor a equivocarse; y el maestro respondía tener un proyecto previamente establecido en su mente, una especie de bosquejo mental, en adición al plano que sin duda tenía en algún pliego  de papel, claro está. Es decir, estaba enfocado en lo que hacía.
     Hoy la escultura en cuestión, se encuentra en la Galería de la Academia de Florencia por motivo de conservación, pero estuvo hasta 1883 en la escalinata del palacio viejo. Su justiprecio es incalculable. Aunque su autor y consumador ya no está, dejó su impronta en el arte, que lo hizo célebre e inmortal, por los siglos de los siglos.
     ¿Si el David tiene éxito, fama mundial, dignidad y no tiene precio, porque  el hombre si tiene precio y no tiene dignidad, cuando fue hecho por alguien superior a Miguel Angel?...
     Lo anterior deja mucho que pensar, cuando sabemos que ese gigante dormido,  ha sido pensado, labrado y cincelado a imagen y semejanza de su Creador, en quien centra sus esperanzas y que según los documentos del Concilio Ecuménico Vaticano II, Gaudium et Spes; estando o no de acuerdo con su contenido, ha sido puesto  en el mundo como administrador del mismo,  y todo cuanto en él hay, debe ordenarse en función de él mismo, centro y cima de todos ellos.
     Pues ese gigante, que es el ser humano y que vive en esta era postmoderna, debe auto erigirse, auto cincelarse, rehabilitarse o reconstruirse a partir de un cambio de mentalidad. Una metanoia decían los griegos, que traducido literalmente quiere decir cambio de propósito o de opinión, en el lenguaje biblico significa arrepentirse y el erudito cristiano Tertuliano,  (160 d.C. – 225 d.C.) sostenía que la mejor traducción del término era <<cambio de opinión>>.
Pues bien, esa metanoia es necesaria y debe ser impostergable,  en virtud que, dadas las características propias de la época en que vivimos, nos estamos metamorfoseando pero al revés, en detrimento de nosotros mismos, y precisamente por eso necesitamos cambiar de opinión, respecto de lo que decimos que somos y hacemos…
     Haciendo una lectura a los signos de los tiempos, se puede concluir que son, entre otros: el  desencanto, nada  es absoluto, todo es relativo,  ninguna utopía es posible, el consumismo es voraz, el panegirico de las personas notables que dejaron su impronta en el mundo ha pasado de moda, hoy se apuesta por pequeños ídolos que no son tendencia, sino moda pasajera. ¿Cuánto artista, deportista o jugador de pelota es endiosado hoy?
     Diego Armando Maradona, es considerado un dios por multitudes, y si bien es cierto, fue un astro del fútbol, también es recordado por haber jugado dopado, por sus recaídas y hospitalizaciones reincidentes por el consumo de estupefacientes, por polémico, adverso e inmoral.
O.J. Simpson, exjugador de fútbol americano, miembro del salón de la fama, absuelto por el asesinato de su esposa, arrestado en el 2007 en Las Vegas, Nevada por numerosos delitos, entre los que figuran: robo a mano armada, coacción y secuestro.  Esa es la clase de ídolos que el fanatismo exacerbado crea y recrea en la mente y el corazón de los fanatizados.
     Guilles Lipovestsky, en “La era del vacío” escribe que vivimos una época detectable por varios signos: “búsqueda de calidad de vida, pasión por la personalidad, abandono de los grandes sistemas de sentido, culto de la participación y la expresión, moda retro”. Etcétera.
     Otro  de los signos de estos tiempos, es que las personas ya solo queremos vivir el tiempo presente, no nos importa el futuro, mucho menos nuestro pasado. Nos olvidamos  que el futuro, que es hacía donde  vamos, lo construimos en el presente, y precisamente por ello, hemos de arquitecturarlo bien, a la medida.
     En su Carta Apostólica Novo Millennio  Ineunte, su autor, el entonces Papa Juan Pablo II, nos invita a recordar con gratitud el pasado, a vivir con pasión el presente y a abrirnos con confianza al futuro.
Sabemos perfectamente que el que se olvida de su pasado está expuesto a repetirlo.
Resulta penoso recalcar que hoy más que nunca, estamos viviendo la vida sin imperativo categórico y por eso no podemos vivir en gloria y paz con los otros y nosotros mismos, no buscamos la felicidad ajena, condición sine qua non para encontrar la nuestra, porque “dando es como recibimos”, según el pensamiento de San Francisco de Asís.
     El párrafo anterior lo podemos ilustrar con la reciente catástrofe natural que tuvo lugar en los departamentos de Sacatepequez, Escuintla y Chimaltenango; con la erupción del Volcán de Fuego.
En ese contexto, pudimos constatar: la falta de verdad, en cuanto al número de las victimas, incluyendo muertos y  desaparecidos,  la falta de solidaridad y apoyo de parte de la clase gobernante, que no supo o no quiso administrar la crisis a favor de los huérfanos, las viudas y los desaparecidos y sus bienes materiales e hicieron de la calamidad y de las ayudas dinerarias y en especie, un medio para medrar ilícitamente, en perjuicio de los damnificados.
      Penoso y lamentable fue el discurso de aquel que cree que representa la unidad nacional, y que desgobierna Guatemala como un reyezuelo, aprendiz de dictador y acólito de Donald Trump: “me da vergüenza volver a decirlo, pero según nuestra ley de presupuesto, no podemos contar ni con un solo centavo”.  
Sin embargo, los medios escritos y hablados, nacionales e internacionales dan razón de los gastos superfluos, para la satisfacción de sus necesidades personales,  placeres venéreos, comer y beber en exceso. ¡Ah! y para mantener contenta a su tropa loca, incrementando  el presupuesto y comprando toda clase de pertrechos de guerra, terrestres, aéreos y acuáticos; presuntamente para mantener la soberanía de la nación. Una soberanía que es violentada reincidentemente, por las fuerzas castrenses beliceñas, sin que ellos,  puedan remediar la situación, ante una incapacidad bélica, política, táctica y técnica, puesta de manifiesto. Entonces, ¿para que más recursos para esa cartera?
     Ante el cúmulo de ideas externadas anteriormente, pongamos a Kant en el umbral de su pensamiento, con su cuestionamiento ético, ¿Y ahora que podemos hacer?
     Tomando en cuenta que antes que implosionara en las mentes y los corazones de muchas gentes, esta idea de la posmodernidad, es menester traer a colación a Friedrich Nietzsche, a quien se le considera el primer postmoderno, un precursor antes de la crisis del estructuralismo en los años de 1960. 
El planteaba la idea de un superhombre, una idea que analizada desde el punto de vista de la antropología filosófica, hace alusión a la superación del hombre por sí mismo. En virtud que el hombre está a medio hacer, a medio acabar, es imperfecto, pero perfectible. Es decir, podemos auto realizarnos, cincelando aquí, allá y acullá, quitando todo aquello que no nos ayuda en nuestra reconstrucción.
     Ese “Yo les anuncio al superhombre” de parte de Nietzsche, es un llamado a evolucionar, a la búsqueda personal, a practicar la ética, a trascender,  a dar de sí, a hacer las cosas ordinarias de forma extraordinaria, hacer posible lo imposible, vivir al máximo, es superarse y vencerse a sí mismo, a ser auto suficientes, a tener vergüenza de lo que hasta ahora somos y hemos hecho, a no ser cínicos, a mutar los valores morales, porque los que están vigentes, son obsoletos. Veía que en Occidente, tanto los valores como la religión, era de esclavos, ambas nacidas del miedo y del resentimiento, por despreciar la vida.
     Así como “el mono es el pasado vergonzoso del hombre, el hombre será el pasado vergozoso del superhombre”. Solía decir...
     Yo postulo que la idea del superhombre sí es posible, sin necesidad de sacar a Dios de nuestras vidas, según el pensamiento nitszcheano de matar a Dios, sino poniendo al día la deontología, la axiología y la religión. Porque tal y como decía Einstein, es una locura ”hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes”…
     La persona que no evoluciona, involuciona…

Santo Domingo de Cobán, 10 de julio de 2018