domingo, 7 de julio de 2019

"El avión jefe, el avión"...



Jlriveirof

    El título con que presento este artículo se lo debo a Tattoo, Co-protagonista de la serie televisiva estadounidense “La isla de la fantasía”, una isla a donde la gente llegaba para hacer realidad sus quiméricas ilusiones sin importar la naturaleza exacta de las mismas, previo al pago de una cantidad pecuniaria, que en ese caso eran cincuenta mil dólares contantes y sonantes. Una aproximación histórica que acontece a lo interno de los partidos políticos en Guatemala, en donde los aspirantes a cargos por elección popular, deben pagar a los dueños o caciques de los mismos, una exorbitante cantidad dineraria, para hacer realidad todos sus sueños, anhelos y esperanzas, al estilo de la vieja política; es decir, con una carencia absoluta de normas éticas y morales, y poder enriquecerse de forma lícita o ilícita…
Al comenzar la serie en mención y en la medida en que el hidroavión iba llegando a la quimérica isla, su anuncio era providenciado por Tattoo, quien con el retintín de su campana acostumbraba decir: ¡el avión, el avión!...

     Así daba comienzo la serie fantástica en cuestión; y al parecer, así terminará su tragicómica presidencia el infausto mandatario de esta ínsula, escuchando en lugar del repique de la campana, el ruido sonoro de “un solo golpe al caite", de parte de sus adláteres y achichincles de camuflaje, que de forma engañosa y artificiosa le hacen creer que verdaderamente él es su comandante general, mientras obtienen todo  lo que quieren con el falso argumento de que es para el resguardo de la seguridad nacional: ¡el avión jefe,  el avión!...

     Pero a diferencia de la Isla de la fantasía, a esta república fantasiosa, serán dos los aviones que presuntamente vendrán, dos aviones de guerra denominados Pampa III, que con total opacidad, y sin contar con las pertinencias que la ley faculta, han obtenido en una fábrica argentina de aviones. 
Dos aeronaves que aún no han traspasado las fronteras de la patria pero que ya son noticia tanto a nivel nacional como internacional; y al estilo de Tattoo con el retintín de su campana; los comentarios de letrados, periodistas, académicos, políticos, militares y ciudadanos de a pie, son notables. Unos por ser intelectualmente correctos y otros por la ignorancia extrema de quien los consigna. 
Pero, por el hecho de que la mayoría de esos comentarios adversos son expresiones de un pueblo que ha sufrido los embates de la corrupción institucional en carne propia, resulta prácticamente imposible  separar el trigo de la cizaña, y no caer en la tentación de ser injusto y hasta reductivo. 
Lo que no tiene discusión es que las cortes serán en el futuro, el punto de llegada de estos mercaderes de la política, y los últimos seis meses de gobierno, el mandatario y quienes lo acompañan en todo su proceder, no podrán conciliar el sueño, y terminarán su mandato, con más penas que glorias, por todo el mal creado e increado a nivel supranacional.

     Llora sangre y clama al cielo la compra de esos dos aviones de caza valorados en veintiocho millones de dólares estadounidenses, que en Guatemala representan más de doscientos millones de quetzales. Una cantidad exorbitante para un país que es habitado mayoritariamente por gente pobre y extremadamente pobre; merced de los políticos de turno corruptos y extremadamente corruptos que, junto a una camarilla de militares y oligarcas,  están chupando hasta el último sorbo de sangre que queda del cadáver in fieri que hoy representa al estado de Guatemala.
Tal compra es; una extraña presunción, ante un pueblo que se raja a sol y a sombra la depresión que tiene después de la parte más baja de la espalda, y que sobrevive apenas con salarios obtenidos con el sudor de su frente y el ardor de esa depresión señalada anteriormente.

     Una compra y una coima que sin referencia directa y vivencial a la transparencia, vienen en menoscabo de nuestros pueblos, que en su mayoría están ocupados por hombres, mujeres y niños lombricientos, muertos de hambre, sedientos de justicia, educación, instrucción, salud y seguridad.
Compras y contrataciones que van en perjuicio de nosocomios y escuelas públicas, en donde a los estudiantes y a los enfermos se les cuelan los comejenes y los piojos por donde pueden, a través de las ropas raídas y andrajosas con las que visten, para poder cohabitar con ellos.
Mientras tanto, una cúpula militar corrupta, en paradójico contubernio con su jefe, se regodean en extremo "hasta ver a Cristo", presuntamente con el expolio que hacen de manera reiterativa a las arcas del erario nacional. Desde bonos de seguridad pagados a su comandante, hasta compras caprichosas de todo aquello que se mueve y cambia de lugar.
Así permite suponer los pertrechos de guerra adquiridos en un país que no está preparado ni política ni militarmente para una guerra, ante la posible invasión de cualquier potencia extranjera.
La historicidad así lo evidencia. ¿Qué podría hacer el ejército con dos aviones que nunca han sido probados en alguna conflagración militar?, ¿Cómo podrían hacer frente con dos  aviones de caza argentinos, ante la hostilidad de un acorazado que sea anclado en aguas internacionales, y que con suma precisión podrían interceptar, botar y hacer añicos a sus dos “boludos” Pampa III?, ¿Qué harían frente a una legión de aviones de ataque F-15E Strike, F-15C, A-10 Thunderbolt, Su-25 Frogfoot, A-1 Skyraider, F-22 Raptor o los temibles MIG-31 soviéticos? Entre otros tantos…

     Absurdas resultan entonces, las declaraciones del alto mando militar que refuta toda clase de impedimentos, enunciando que esos aviones son necesarios para defender la soberanía nacional. Sin temor a equivocaciones, creemos que una sola flotilla de esos caza-interceptores mencionados en el párrafo anterior, causaría en los pilotos de los Pampa III el mismo efecto que causaron los “sulfatos” norteamericanos, utilizados por el gobierno de los EEUU para defenestrar al coronel Jacobo Arbenz Guzmán, cuando era Presidente de Guatemala, y los ocupantes de los mismos entrarían en una actividad diarreica de inimaginables consecuencias; cuyos ruidos  opacarían sus voces al externar con el toque del clarín que anuncia la retirada:  ¡El avión jefe, el avión!...