viernes, 23 de octubre de 2015

El arco de “Tito” en Nebaj

Era la primavera del año 63 a. C. cuando el general Pompeyo comandando varias legiones de soldados entró en Jerusalén  para subyugar con extrema violencia a sus habitantes,  según la cronología y la arqueología que iluminan la historia para poder ofrecer  una “refutación a la increencia” ante los crímenes de lesa humanidad  cometidos en los pueblos conquistados por el imperio romano.
Inmediatamente después de irrumpir en ese contexto histórico, rápido subvirtió  el orden social, político, económico, cultural, ético, moral y religioso de la época convirtiéndose así en lo que tanto temió  y persiguió, en un delincuente subversivo.  Lo primero que hizo fue “reordenar la región y ponerla bajo el control del Imperio, terminando así con la independencia que los judíos habían disfrutado durante ochenta años gracias a la rebelión de los Macabeos”, según   narra José Antonio Pagola en su obra “Jesús aproximación Histórica”.
Todos esos atropellos a la dignidad humana duraron  más de trescientos años,  hasta que Constantino se convirtió en el único Emperador de Occidente y se instituyó el cristianismo como religión oficial del Imperio,  cesando en gran medida  los azotes en el pretorio con el flagrum, Las   crucifixiones,  un método de castigo y exterminio inventado por los asirios pero perfeccionado por los romanos,  las degolladuras en masa, la esclavitud, la quema  de aldeas y caseríos y las masacres en las urbes citadinas que tenían como único objetivo infundir el miedo de forma general causar y lograr con ello el  sometimiento  y el asedio de los pobres habitantes de esa región.
Toda esa criminalidad puesta de manifiesto por los imperialistas romanos las narra también el historiador judío Tito Flavio Josefo en sus escritos, en donde  detalla  las inhumanas costumbres de los generales; quienes al conquistar algún pueblo cometían una serie de tropelías como el general Casio que esclavizó a treinta mil judíos aproximadamente en las inmediaciones de Magdala entre los años 52-53  a.C.,  o, las cometidas por otro criminal investido con insignias de  general;  Varo, quien  incendió Séforis y todas las aldeas aledañas destruyendo inmediatamente después Emaús  sitiando  Jerusalén y por el puro gusto de matar crucificó más de mil judíos, era el año 4º a. C.
 Como si lo anterior fuera poco en agosto del año 70 de la era cristiana el generalísimo  Tito destruye Jerusalén tan solo por “destruir la ciudad y asolar la tierra” manteniendo así el caos, la destrucción, la zozobra y el temor en el pueblo elegido por Dios.
Consumadas esas “hazañas bélicas”   los flamantes generales y sus tropas  recorrían  las calles de Roma y presumían  el botín de sus nefastas guerras, así como a los reyes y generales que habían sido vencidos  en las infaustas batallas. Según la historia esas victorias quedaban inscritas en los arcos del triunfo que fueron levantados por todo el imperio,  siendo sin duda el más famoso el Arco del general Tito construido en el  centro de Roma, para rememorar la destrucción de Jerusalén.
En un contexto diferente pero con muchas similitudes a pesar del tiempo y la distancia que nos separa, América Latina ha sido víctima de circunstancias similares, causadas por gobiernos militares totalitarios, nefastos y despóticos, cuyos militares han ejercido el poder en la mayoría de casos por atraco al mismo mediante fraudes electorales o por golpe de Estado. Guatemala no ha sido la excepción, y en oposición al sistema, él mismo ha engendrado sublevados en franca oposición  a esos regímenes castrenses extremistas y al sistema corrupto y asesino gestando el nacimiento de una guerra fratricida con gran cauda de muertos, desapariciones forzadas, asesinatos, exterminio, desplazamientos forzosos, torturas, violaciones, prostitución forzada,  esclavitud sexual, encarcelación  en los mal llamados polos de desarrollo, que no eran otra cosa que campos de concentración y persecución y secuestro solo por pensar de forma diferente.
 Todo ese sufrimiento en contra de los pobres más pobres de estas tierras tiene su fecha de apertura con el levantamiento militar del 13 de noviembre de 1,960 como lo explica el antropólogo José Mariano  Domingo Cabrera en su tesis “Políticas y prácticas contrainsurgentes”,  explica que en esa época  un grupo de elementos castrenses  conformados por oficiales subalternos sediciosos, reclamaban la depuración de los oficiales del ejército,  empezando con el  Ministro de la Defensa Nacional por   corrupto, exigían  la profesionalización del ejército y el rescate de los valores morales impartidos en la Escuela Politécnica; significa entonces que los “delincuentes subversivos” nacen en el seno del instituto armado y sus autores materiales e intelectuales fueron militares jóvenes descontentos por las razones antes expuestas;  iniciándose así  una guerra interna que duraría 36 largos años de sufrimiento y dolor, sobre todo en las comunidades rurales más pobres de la patria.
Retrotrayendo el pensamiento y el análisis investigativo  a ese tiempo y enfocándonos concretamente en el Triángulo Ixil,  ubicado en las densas montañas de los fríos Cuchumatanes y compuesto de tres comunidades denominadas Nebaj, Chajul y Cotzal,  afectadas terriblemente durante el gobierno de facto del general Efraín Ríos Montt y por las tropas comandadas por el entonces mayor Otto Pérez Molina alias “Tito Arias” quienes hicieron su arribo a esa área geográfica entrando con prepotencia sin duda alguna por el arco del triunfo ubicado frente al parque de Nebaj, cerca de la Iglesia Católica misma que fue saqueada y utilizada como “bunker”  por la soldadesca;  una vez instalados  pusieron en práctica   el concepto maoísta que reza “la población civil es a la guerrilla lo que el agua es al pez…  en este caso la guerrilla no puede subsistir si no tiene el apoyo de la población”; según lo expuesto por el Mayor “Tito Arias” en una entrevista proporcionada a los periodistas norteamericanos  Alan Nairn y Jean-Marie Simon;  en el campamento y aldea modelo “La Pista” ubicada en Nebaj, departamento del Quiché.
¡Y le quitaron el agua al pez! cuando en esa vasta región montañosa de los ixiles, se cometieron los mismos atropellos cometidos por los romanos antes, durante y después de Cristo: Quema de poblaciones incluyendo a sus habitantes con su política de tierras arrasadas, violaciones a las mujeres, desapariciones, asesinatos con armas de fuego, punzocortantes o en la horca y degüellos que no tenían otro propósito que atemorizar a la población  para mantener el orden y la “fidelidad” de los habitantes, ajusticiándolos…
Al estilo del general romano Tito, el mayor “Tito Arias” el azote de los ixiles; imaginariamente  también tuvo su arco del triunfo, el erigido en Nebaj, porque después de “reordenar la región”  y ponerla bajo control político, militar y judicial, los ixiles pasaron a engrosar las filas de los pueblos esclavizados y ese comandante sintiéndose victorioso como se puede apreciar en los diversos videos filmados por los periodistas antes mencionados, organizó y encabezó desfiles cívico-militares recorriendo las polvorientas callejuelas de Nebaj, emulando al general romano Tito que hizo lo mismo por las calles de Roma  y
que dicho sea de paso, las enajenaciones de este mayor se  plasmaron en el arco del triunfo de Nebaj, cuyas inscripciones  se aprecian en la fotografía tomada por la periodista neoyorquina Jean-Marie Simon en el año  1,983 de Satanás.-
Perduren por mil años más ese arco y que verdaderamente sea un arco del triunfo por la resiliencia de los  ixiles  y a la vez se constituya  como vestigio arqueológico  y testigo mudo ante  las masacres cometidas en  contra de su pueblo, un pueblo de Dios, un pueblo de la esperanza.-
jlriveirof

Entrevistas al Mayor Tito Arias:

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