En un país en donde presuntamente
impera el cristianismo en un 95% entre católicos y protestantes, llama
poderosamente la atención la profunda inadecuación entre lo que decimos y
hacemos muchos de los que nos auto denominamos cristianos y ese nuestro ser y hacer cobró notoriedad en los acontecimientos
sociales, políticos y económicos que
fueron noticia durante el año que acaba de sucumbir y, los últimos, suscitados
en el país en los primeros días del año nuevo y que podrían empañan
los actos protocolarios a llevarse a cabo el "catorce a las catorce
horas".
Llaman la atención dos hechos que son dignos de un análisis
minucioso y profundo, erudito y académico por los expertos, claro está. Siendo
el primero, la detención de militares en
situación de retiro, presumiblemente implicados en crímenes de lesa humanidad y
desapariciones forzadas durante la cruenta guerra que desangró "la
Guatemala profunda" durante la época más obscura de su historia y, el segundo el proyecto de salarios
mínimos diferenciados anunciado por el Presidente de la Nación elegido dedocráticamente por los padres
putativos de la patria, una ley irrelevante al día de hoy, en virtud de haber
quedado en suspenso por el máximo organismo en materia constitucional, pero
que, por la sola intención de haberse
pretendido su instauración refiere un delito flagrante, "anti evangélico, anti ético y
perverso", que supone un pecado estructural que llora sangre y clama al
cielo, y que; debe invitar a todos los actores de la política guatemalteca a
des-pensar para pensar bien y que en el futuro,
no tenga lugar por inconstitucional y por ser lesivo a los intereses de
los más pobres y desposeídos, que en Guatemala son mayoría aplastante.
¿A quién
podría interesar esta ley? ¿A la línea número dos? ¿A sus destinatarios? Imagine usted…
De continuarse con el interés de
ponerla en vigor ¿por qué no implementarla en el Congreso de la República? Eso
sí sería un proyecto de ley muy moral y muy del caso, considerando la voracidad
con que se persiguen estos puestos y serviría para diferenciar a los que quieren
servir al pueblo de los que quieren servirse del pueblo.
Ahora bien, respecto a esa
incongruencia en el decir y el hacer
descrita en el preámbulo introductor, basta leer en las redes
sociales los comentarios rastreros y
maledicentes que abundan, casi todos nacidos de la ignorancia y el
despropósito, muy alejados de la verdad y la razón histórica. Cada quien vio y
criticó según su particular punto de vista, acorde a intereses personales muy
alejados al bien común, según se pudo apreciar en las manifestaciones llevadas
a cabo en el parque central de la Ciudad de Guatemala el fin de semana recién pasado en donde "víctimas y
victimarios" –según la percepción de cada quien- se encontraron y se insultaron, poniendo de
manifiesto de manera concluyente que el dios que claman estos
"cristianos" no es el Dios de Jesucristo.
De la boca de Leo Strauss -de
Nietzsche a Platón- surgen estas
palabras: "La razón entró en
crisis, la filosofía política entró en
crisis desde el momento de no saber lo que deseamos, de no distinguir mejor de peor, al no saber cuál es el orden
social justo, el bueno o el mejor". Esa incompatibilidad nos permite
analizar crítica y objetivamente -no criticona- el actuar de fundaciones
nihilistas y relativistas de extrema derecha, que juran lo contrario sobre las
imputaciones de los juzgadores y que postulan estar en contra del terrorismo,
pero que, en su actuar son terroríficas, divisorias, atentatorias y polémicas; son entidades que incentivando
el odio entre la población construyen su industria, no preocupan tanto sus
comentarios, sino la ideología subyacente en ellos…
Por el otro lado, vemos a oenegeros y extranjeros de extrema izquierda
disfrazados con piel de oveja, cuyo interés no es velar porque las flagrantes
violaciones a los derechos humanos no se den en nuestras comunidades, sino que
los dólares provenientes del extranjero sigan llegando a sus bolsillos
de forma ininterrumpida. Un negocio redondo surgido del costado flagelado de
las víctimas.
Entre víctimas y victimarios, en un país en donde el
terrorista de unos es el héroe y "El Salvador de otros" hay que ver
hacia dónde oscila el péndulo, ¿hacia la izquierda o hacia la derecha? Si su
devenir es constante y no inmóvil, partiendo siempre del centro, pero sin estancarse en él, cuyos extremos en ambos lados siempre serán
peligrosos. A esos extremos obedece a que nuestra protesta moral esté tan
dividida, al grado que la degradación de los unos hacia los otros nos define como sociedad.
Qué razón tenía
Mahatma Gandhi al decir "me
gusta Cristo, pero no me gusta lo que
hacen los cristianos"
Jlriveirof

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