Por jlriveirof, OP
El kilómetro “0” es una
localización geográfica singular que en la Ciudad de Guatemala se cuenta en el
Palacio Nacional de la Cultura desde donde se miden las distancias hacia el
interior de la república. La más famosa de estas localizaciones y origen del
concepto es el Milliarium Aureum “Jalón
de Oro” un monumento de bronce erigido
por el emperador César Augusto cerca del templo de Saturno, desde donde se
supuso que a partir de allí, todos los
caminos del imperio comenzaban en este monumento y todas las distancias se
medían desde este kilómetro “0” ubicado en el foro de Roma. Investido de una
soberbia exorbitante, el Emperador acuñó la frase “Todos los caminos conducen
a Roma” tomando como referencia dicho monumento.
Análogamente la calle Minerva de la Ciudad de
Cobán, Alta Verapaz, el día domingo veintidós se convirtió en un
kilómetro “0”, desde donde
partieron más de ocho mil atletas, que días antes habían venido de diferentes partes del mundo para correr el medio maratón
internacional de Cobán, todos, haciendo el mismo recorrido –los tiempos de
llegada fueron los únicos diferentes- para converger al final en el estadio Verapaz, en donde fuimos galardonados con una medalla, un vasito de agua, un banano
y una manzana. Solo los atletas
profesionales gozaron de premios en efectivo, un incentivo por el que muchos se dan cita a este destino y luchan con
denuedo por alcanzar el mismo. La mayoría en cambio,
corrimos por participar deportivamente en uno de los eventos más
importantes de la nación, por mantenernos sanos y por convivir con nuestros
prójimos.
Durante ese recorrido de 21
kilómetros, muchos tuvieron la ocasión de practicar algunos valores
como los que describe Rokeach en su modelo. Dentro de su patrón de
valores terminales cabe destacar: La prosperidad –calidad de vida- bienestar
social, la solidaridad, confort, logro, paz, belleza, igualdad, seguridad,
libertad, felicidad, armonía, amor, placer, salvación, respeto, reconocimiento,
amistad, sabiduría y bondad. Dentro de estos encontramos algunos de tipo
ético-moral que ayudan en la construcción del ser y el hacer de las personas. Estos
valores terminales, podríamos vincularlos
con la misión que una persona individual o jurídica esboza
aprióricamente para sí.
Dentro de los valores
instrumentales podemos mencionar: La
ambición, amplitud, capacidad, competencia, eficacia, limpieza, firmeza,
perdón, colaboración, honestidad, imaginación, independencia, intelectualidad,
lógica, obediencia, amabilidad, responsabilidad, confianza y autocontrol. Estos
están más relacionados con la visión de las personas.
Antes, durante y después de la
carrera también pudimos observar algunos anti valores como esa estira y encoge
entre los organizadores y la comuna cobanera porque los primeros dejen algo de
los muchos millones que perciben en las inscripciones de atletas y patrocinios
obtenidos. Como reza el refrán popular “del gato un pelo”, al final los “dueños
del evento”, dejaron aunque sea una ínfima regalía para los atletas cobaneros. Horas
antes, también se pudo apreciar como los comerciantes de lo insano convirtieron
la Ciudad en una cantina barata, en donde cada quien irrespetando la
escala de decibelios, aumentó su algarabía
para competir con el vecino, intentando imponer con precios y marcas sus
bebidas espirituosas. Vendiéndole a todo
aquel que tenía dinero aunque no tuviera
la edad.
Adicione cada quien lo que vio y oyó durante
estos días de la carrera.
Ahora bien, como diría razonablemente
el teólogo católico Hans Küng -quizá él personaje que más ha contribuido a
la construcción de una ética mundial- “un análisis coyuntural que excluya la
dimensión religiosa será siempre deficiente, por más que pretenda ser
científico”. A diferencia de los
líderes políticos de todos los tiempos,
“hijos del estado moderno”, Jesús no
eliminó de sus análisis de la realidad y de su proyecto de vida para nosotros
los mortales la dimensión religiosa, porque ella “orienta, ilumina nuestras vidas y da sentido al sufrimiento y a la muerte” como lo expresa el teólogo
católico Leonardo Boff, en el análisis que hace de la oración de San Francisco
de Asís.
Por lo anteriormente expuesto, en mis reflexiones intento hacer lo
mismo, someramente si se quiere pensar así.
–dándole respuesta a algunos de mis críticos que me han dicho que porque
no dejo la reflexión teológica para los asuntos de la Iglesia-
Articulando entonces, las
reflexiones anteriores a la luz de la
buena noticia de San Juan –capítulo 14, versículos 4-6- contemplamos a Jesús autodenominándose como el Camino,
la Verdad y la Vida y que nadie va al Padre sino por El; en cuya
descripción podríamos puntualizar que en él empieza ese kilómetro “0” desde donde debemos empezar a dar los primeros pasos para
encaminarnos rumbo a nuestro destino
final, a aquella meta a la que se refiere San Pablo en sus cartas, hacia aquellas mansiones celestiales en donde ofrece
acompañarnos durante toda la eternidad, cuando nuestro bregar por estos caminos
del mundo hayan llegado al culmen de nuestra existencia terrena.
Al describirse como el Camino por
donde debemos transitar –empezando por ese kilómetro “0”-Jesús nos ofrece
concretamente la vida eterna. El término significa “movimiento, es sinónimo de tránsito, de dirección, de volcarse, de volverse, como acción designa
la ida, la marcha, el viaje porque para llegar a un destino siempre hay que
tomar un camino; en sentido verbal podemos designarlo como el acto de entrar,
de ingresar, en sentido figurado como la puerta por donde podemos entrar a un
lugar”. La parte ética de los evangelios nos dan las coordenadas para no
salirnos nunca de ese camino, haciendo siempre de nuestra vida, una vida con
sentido, trascendente, inmanente al misterio de Dios.
Solo el evangelista San Juan le
da un uso absoluto a la descripción “el Camino” aplicado a la persona de Jesús,
uso que no aparece en ninguna otra parte del Nuevo Testamento; sin embargo, hoy
día, muchas sectas religiosas abusan del
vocablo al hacer apología de sus creencias y por eso se etiquetan como los únicos caminos de
salvación, como la única entrada de las “ovejas”, como la única puerta,
como los “únicos elegidos”, como los santos de este tiempo.
Estando convencido como estoy,
creo que, no es con ritos ni con gritos que empezaremos ese kilometro “0” descrito con
anterioridad, sino mediante una vida
apegada a los valores del evangelio, recordando siempre que, a
diferencia de la frase acuñada por los romanos: No todos los caminos conducen a
Dios.-

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