En un intento tardío por reconstruir hechos que giran en torno al infiernillo de la novena avenida y hacer una crítica crítica de ellos, evoco unas cuantas palabras que me llamaron poderosamente la atención, un mensaje psíquicamente reaccionario externado no hace mucho tiempo por la diputada tránsfuga del partido híbrido oficial –LÍDER/GATE-UNE-PP- Sandra Patricia Sandoval, difundido en todos los medios escritos y hablados, no por la profundidad de su mensaje, sino por esa insensata pretensión que siempre tiene el mal, que quiere presidir todo lo que se corrompe de forma continuada.
Ese coloquio impertinente y pertinaz sorprendió a muchos en su intento por coartar la libertad de expresión al pusilánime Ministro de Salud Pública y Asistencia Social, quien en un momento de tímida valentía quizo denunciar a los flamantes diputados que lo han visitado con asiduidad para transar plazas para sus allegados. Vociferó con soberbia altivez la "representante" diciendo: "Aquí la investidura se respeta, estás hablando con una diputada"...
¿Acaso pensará que el pueblo se debe a ella y a sus pares en el hemiciclo?, Febril émula del hijo de un Emperador que en sus delirios de grandeza creía que el pueblo romano giraba a su alrededor...
Ante ese sonoro aspaviento cabe preguntarse: ¿Qué es un diputado?
A mi juicio un diputado es, por antonomasia, un transero. Aunque se le denomine Dignatario de la Nación y demás títulos rimbombantes que suelen utilizar.
Ya desde antiguo esta clase de gente viene peleando con el mundo ético, en su tiempo, San Agustín anotaba y notaba "que ninguna diferencia relevante podríamos encontrar entre una sociedad política -partido político- y una asociación criminal bien organizada". El ser y hacer en ambas organizaciones es muy parecido. Salvando a unos pocos íntegros por supuesto, así como sucedió en los tiempos de Sodoma y Gomorra en donde a los justos hubo que rebuscarlos o inventarlos. La mayoría vive de la mentira, el chantaje y la extorsión haciendo de la política una tarea parasitaria, improductiva e innoble. Aunque algunos vistan a la moda con traje y corbata y circulen en lujosos automóviles.
Por lo tanto, esa "idea madre" que tuvo la diputada al decir que la "investidura -de transero- se respeta", habría que replantearla de otra manera. Primero, creo que, tendrían que respetarla ellos, antes de pretender que lo hagan aquellos que, en un momento de pérdida de la razón votaron a su favor.
Pienso que, el pueblo en esos sus ensayos democráticos llevados a la praxis en parques y avenidas principales, debe exigirles, que, actúen no con pensamientos paupérrimos y genéricos sino con la legitimidad de esas decisiones políticas cuando las mismas van direccionadas al bien común y solo cuando sean elevadas a la esfera moral.
De lo contrario, afianzado en los estudios de conocedores de Historia, Antropología Positiva, Sociología, filosofía política, etc. Es oportuna la interrogante: ¿Quién se jacta por ser diputado? Un efímero poder temporal que la mayoría de veces termina con más penas que glorias y que persiguen aquellos que no tuvieron éxito en el ejercicio de su profesión u oficio.
Cuanta lógica hay en el pensamiento de Gilbert Keith Chesterton al afirmar que si alguien no logra desarrollar toda su inteligencia, siempre le queda la opción de hacerse político.
Un aplauso apoteósico para Gilbert.-
Jliveirof
Fotografía de Félix Acajabón, El Periódico

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