lunes, 12 de septiembre de 2016

“Ajusilenlos después viriguamos”

Por jlriveirof

      La frase es atribuida al auténtico General Pancho Villa y presuntamente fue externada en el contexto de la revolución mexicana. Según dicen sus biógrafos, esa fue su muy arraigada  costumbre cada vez que llevaban ante él a  un militante del bando opuesto o a  cualquier persona que pensaba de manera diferente.  Al parecer, al referido guerrillero no le interesaba la presunción de inocencia de sus víctimas, mucho menos un juicio justo e imparcial a la hora de administrar justicia por su propia cuenta. Sino, sembrar el pánico y ganar la revolución a toda costa.

     Averiguar después de fusilar a alguien... ¿Para qué?... ¿Qué sentido tiene la “viriguación” de los hechos imputados a alguien que ya está muerto? Y que  consecuentemente, ya no tiene derecho a un proceso para que se demuestre su culpabilidad o inocencia. Ante la ausencia de esas garantías,  que Dios  nos encuentre confesados...

      En contextos similares, en Guatemala desde tiempos inmemoriales  se ha llevado a la práctica la política de Villa y, resulta más deleznable todavía  que antes, durante y después del conflicto ésta ha sido una política de estado. Al día de hoy,  se sigue “viriguando” sobre los secuestrados, torturados y “ajusilados” durante el tiempo del enfrentamiento armado interno que victimizó a unas 200,000 personas, siendo el estado el más atroz de sus victimarios.

      Coincidentemente, este escrito ve la luz, 20 años después de la firma de los acuerdos  de paz “firme y duradera” y, en esa conmemoración se  recuerda a las  víctimas  en la conferencia: “¿Un conflicto? Genocidio y resistencia en Guatemala. La cual tiene su cumbre  en Los Ángeles, California, EE. UU. Con el fin de darle a los macabros acontecimientos el nombre que le corresponde, según los activistas de derechos humanos, intelectuales y victimas  que se encuentran presentes en esos actos: genocidio. Un genocidio perpetrado con el acompañamiento táctico y técnico del poderoso y peligroso  imperio del mal, el imperio  estadounidense, pero ya no omnipotente  como suelen restregárselo a los gringos;  los ejércitos chino,  ruso y  norcoreano, con sus amenazas a la paz mundial.

     De esos “ajusilamientos”  perpetrados dentro de las fronteras patrias, se espera  que se “viriguen” al menos  los nombres de los muertos que se encuentran diseminados  en más de 600 fosas, para que  familiares o amigos, si es que dejaron alguno vivo,  los reclame  para darles cristiana sepultura.

     Resulta vergonzoso constatar que las practicas contra insurgentes utilizadas, se parezcan en mucho a las que se impusieron  en el tiempo tenebroso de los nazis, porque no fueron objetivo militar sólo los campesinos mayas del área rural, -como lo fueron los judíos en su tiempo- sino también los católicos comprometidos, entre  sacerdotes, laicos, hermanas y monjas, así como intelectuales de la talla de Manuel Colom Argueta, Alberto Fuentes Mohr, la antropóloga Mirna Mack, cuyo delito fue  documentar que en el año de 1980 durante el régimen del déspota general Romeo Lucas García, la Guatemala profunda del Triángulo Ixil principalmente,  se desangró en las montañas al ser destinatarios de sus prácticas criminales de contra insurgencia. La poetisa Alaíde Foppa, Oliverio Castañeda de León, el poeta y escritor José Luis de León Díaz, autor de la novela El tiempo principia en Xibalbá, Adolfo Mijangos López, Julio Rigoberto Cu Quim, los 492 estudiantes e intelectuales sancarlistas “ajusilados” forzosamente entre 1956 y 1995. -59 mujeres y 433 hombres- Tan solo, por mencionar  algunos nombres.

     Hoy, continúa la abominable política de Villa, “ajusilar y después viriguar”. El infierno sigue siendo el mismo, pero con diferentes diablos, reza el refrán popular y, el estado guatemalteco como garante de la vida de los connacionales sigue diciendo Mea culpa.  Son “ajusilados”  los miles de seres humanos que mueren en los nosocomios por falta de atención básica, los pilotos de buses urbanos y extra urbanos que mueren por causas de la extorsión, comerciantes,  policías y administradores de justicia en el cumplimiento de su deber, personal militar en misiones de “paz” en el extranjero, civiles en la zona de adyacencia con Belice, defensores de la bioética,  los “mojados”  en su intento de un mejor futuro, atravesando ilegalmente fronteras, ríos y desiertos.  En fin, la lista de destinatarios de ese “ajusilamiento” es larga, como larga es la cola de los victimarios que en el país son legión…

     Parafraseando el teólogo jesuita Ignacio Ellacuría me atrevo a decir que, desde el “encubrimiento de América”,  -que dicho sea de paso eso es lo que vamos a celebrar el 15 de septiembre-  a Guatemala las barras, las  estrellas y los laureles, la han dejado como a un Cristo. Urge bajar a ese Cristo de la cruz de la injusticia y,  como él, es válido preguntarse  ¿cómo? Una respuesta cualificada la podemos encontrar respondiendo a  las siguientes preguntas clásicas: “¿Qué tengo que hacer?, ¿a dónde voy y a qué?”  De lo contrario el sistema nos “ajusilará y después viriguará” ¿quiénes somos? Y  ¿de dónde venimos?...

Referencias:
En pie de lucha: organización y represión en la Universidad de San Carlos de Guatemala, 1944 a 1996. Paul Kobrak,
Prensa Libre, Por Agencia EFE, del 12 de Septiembre de 2016,
www.elmundo.es, la fotografía es tomada de ahí.-



Santo Domingo de Cobán, 12 de Septiembre de 2016

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