sábado, 3 de septiembre de 2016

De Guatemala a guatepeor



Por jlriveirof

      Las grandes utopías del renacimiento como la  de Santo  Tomás  Moro, La Ciudad del Sol del fraile dominico Tomás  Campanella y la Nueva Atlántida de Francis Bacon fueron escritas contrastando con la realidad de la Europa contemporánea a sus autores  y,  en ellas   imaginaron una sociedad ficticia, mítica, para concebir  la idea de que  un mundo más justo y solidario, más humano y fraterno es posible construir. Evidentemente, estructurado sobre una base sólida de valores universales. 

     En sus páginas, encontramos ricamente la idealización de un sistema de gobierno funcional, erigido para servir a la población y no para servirse de ella. Se concibieron ejércitos para defender a la nación de toda clase de amenazas y no para repeler a sus habitantes en resguardo de los capitales nacionales y extranjeros, como hoy es su costumbre.  Pensaron en una sociedad en donde es factible  vivir en diálogo y concordia con las sectas religiosas, algo que en nuestra era ha sido, es y será una imposibilidad, sobre todo con  las de corte neo pentecostal por ser estas,   agresivas, divisorias y polémicas.  Pensaron otros ideales  que de ser posibles, nos parecerían extraordinarios;  los cuales dejo en el tintero en virtud que no es mi objetivo  externar en apretada síntesis el contenido  de las tres utopías.

      Los escritores, a partir de un análisis de coyuntura crearon el mundo ideal, algo que solo en la isla de la Utopía, la Ciudad del Sol y la Nueva Atlántida es posible y que dicho sea de paso, su inspiración originaria la encontraron   en la República de Platón.

     En estas  repúblicas se hace énfasis en la filosofía, la política y la economía. Los ministros –servidores- son elegidos por sus conocimientos científicos, para ponerlos en práctica y en diálogo con la cultura y frenar la avidez de los ricos y poderosos que, desde antiguo han tratado de avasallar a los pobres, manteniéndolos sumidos en la ignorancia para explotarlos  y expoliarlos fácilmente. En adición a lo anterior,  se tiene como riqueza nacional  muy por encima de todos sus tesoros,  el conocimiento. Sin duda, lo único que ningún político de turno se puede robar.

     Indudablemente esas consideraciones  utópicas, contrastan con nuestra realidad nacional. ¿Qué gobernante ha intentado liderar con valores? Muchos déspotas que nos  han esquilmado quizá y solo quizá, han leído El Arte de la Guerra de Sun Tzu y El Príncipe de Nicolás Maquiavelo y por eso pasaron a la historia con más penas que glorias.

      ¿Qué bien le hicieron a la nación?

     Hoy, seguimos con más de lo mismo,  no logramos avanzar  a partir de los  análisis de la realidad nacional que intelectuales han hecho sobre el statu quo que, en Guatemala va de mal en peor. Necesitamos una visión de futuro para cambiar ese estado del momento actual.  Transitamos de Guatemala a guatepeor, con un estado que dista mucho del concepto que pensadores del talante de  Cicerón y San Agustín tenían del mismo. Nos dirige un grupo de hombres que está viendo venir la  tempestad pero   no se convierte. Y en ese malogrado concepto de estado, intentan escribir una nueva historia, a partir de seguir  haciendo las mismas cosas que hicieron sus antecesores, y que por lo que hoy, duermen tras las rejas.
Como diría Einstein, loco es aquel que espera resultados diferentes haciendo siempre lo mismo.

     ¿Acaso este estado, no es más de lo mismo?...
    
     A partir de nuestro análisis de realidad y de la idiosincrasia de nuestros pueblos  ¿porque no escribir  otra utopía? Para vivirla y practicarla por todos los habitantes, sin distingos de ninguna naturaleza.
Por qué no nombrar a los funcionaros públicos basados en su capacidad,  idoneidad y honradez y no por el simple hecho de ser parientes, compadres, compinches o amigos de los políticos actuales, que sin tener  las características anteriores para el otorgamiento de puestos  públicos, son nombrados y reciben a cambio  jugosos salarios, por supuesto, para nada acordes a sus credenciales. Una nefasta inconsistencia ante un pueblo ávido de oportunidades laborables.

      Vil resulta la afirmación de Jafet Cabrera, Vice-Presidente de Guatemala  al decir que “tiene muchos familiares y que no los puede dejar sin su pan”, para justificar el nombramiento de ellos en puestos clave.  Sin duda un nepotismo cínico, descarado y cruel que “llora sangre y clama al cielo”. ¡Ah! pero el señor, se jacta de ser muy religioso...

      Son insensatas las noticias que informan sobre  una “Tropa Loca” que se pretende ascender al grado inmediato superior, tan solo para congraciarse con ellos. Acaso no han sangrado ya en tan alto el presupuesto nacional. Mantenemos económicamente hablando un  estado fallido  que negocia con delincuentes sindicales, cuyo representante llora, cuenta cuentos, hace berrinche, se duerme y duerme a los destinatarios de su mensaje en público, cuya filosofía moral y política la reduce a una fábula.

      ¿Podrán cambiar el rumbo?

     ¡Juzgue usted!  Creo que,   sin perder la fe y la esperanza en un mañana mejor y ante la “des valorización de  los valores morales”   nos encaminamos hacia un estallido social, político y económico. Esos ideales de campaña con los que nos doraron la píldora carecen de   fundamento y por eso se están cayendo.

     Hoy, esta historia  se está escribiendo en las páginas de nuestra patria con la sangre y las lágrimas de las clases más depauperadas de la sociedad guatemalteca.

     Ante este estado de derecho que camina torcido nos dirigimos de Guatemala a guatepeor. Válgame  la retórica política para decir que  salimos de las llamas para caer en las brasas...

Santo Domingo de Cobán, 03 de septiembre de 2,016
    

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