Por Jlriveirof
Al visitar por
segunda vez la bella ciudad de Cartagena
de Indias y transitar por las viejas calles y avenidas del centro histórico, su
entorno lleno de tradición y colorido me retrotrae en el tiempo y me permite situar la mente y el espíritu en
el tejido social, cultural, histórico, religioso, político y económico del
siglo XVI, ese nefasto siglo cartagenero que registra la ocupación tiránica
española en su territorio, así como su importancia comercial como puerto negrero que
favorecía la comercialización ilegal de negros, traídos casi todos, del continente africano de donde eran
secuestrados por los portugueses para venderlos después a los españoles con fines de explotación,
esclavitud física, mental, espiritual, laboral y reproductiva; pero también,
sobre su génesis hasta convertirse en un
importante lugar turístico mundial, en una ciudad cosmopolita y una comarca
urbana sostenible.
Sobre Cartagena en
sus comienzos, nos dice Roberto Luis
Jaramillo en su trabajo Cartagena fue “un
precario emplazamiento español sobre un asentamiento indígena perfecto”,
cuyos indios como los europeos les llamaban, fueron diezmados por la conquista,
la colonia, los encomenderos y las
enfermedades, que encontraban en la debilidad de los mismos a causa de su desnutrición
y trabajos forzados a que fueron expuestos, un campo fértil para su desarrollo
y ulterior aniquilamiento.
El tráfico ilegal de negros tiene entonces su consecuencia,
el amor al dinero y al hecho de haber diezmado a la población indígena. No obstante lo anterior, el indígena
estaba considerado superior al negro, quien fue visto en los albores de esa
civilización como un animal de carga, dada su fuerza física y corpulencia, al
grado que incluso algunos miembros del clero y teólogos llegaron a suponer que
los mismos carecían de alma. Precisamente por ello, decían que a ellos –los
negros- no había que administrarles los sacramentos porque no les surtiría
ningún efecto benéfico. Según mi percepción, ese concepto es derivado de alguna
eiségesis que algún indocto en verdadera teología hizo de forma subjetiva al
texto del evangelista Mateo en su versículo 6, del capítulo 7: “No tiren las cosas santas a los perros, ni
arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan
contra ustedes para destrozarlos”. Recordemos que los “negreros” llamaban
peyorativamente a los negros como “perros mulatos” y piara de cerdos. Así como se le llamaba al fraile
dominico Martin de Porres, en un contexto similar en la Ciudad clasista y
excluyente de Lima, también en el siglo XVI…
Pues bien, en ese
vaivén por las viejas callejuelas de la
Cartagena amurallada, al pasar frente al templo de San Pedro Claver,
resulta imposible no hablar de ese infatigable sacerdote jesuita español, que
en ese tiempo fue de los pocos que se preocupó por defender los derechos de los
esclavos, aquellos que aunque negros y considerados desalmados, también
irrumpieron en el mundo como imagen y semejanza de Dios para que fueran
fecundos, se multiplicaran, sometieran la tierra y dominaran sobre todo lo que
se moviera sobre ella –Génesis 1,
27-28- y no para ser esclavizados y
sometidos por los “ombres” blancos que vinieron de Europa a transar, robar,
destruir y matar a mansalva.
De Pedro Claver
dijo el entonces Papa León XIII en ocasión de su canonización el 15 de enero de
1,888, en Roma: “Pedro Claver es el santo que más me ha impresionado después de la vida
de Cristo”. Sin duda alguna, al conocer la vida, la obra y el trabajo de este “esclavo de negros para siempre” como
él mismo se apodó; realmente impresiona, no cualquiera se hace servidor de una
clase de gente considerada inferior e inhumana en su tiempo. Pero el Padre
Claver que practicaba el evangelio y se consideraba un discípulo de Jesús en su
tiempo, imagino que aquellas palabras del Maestro dichas en el siglo I a sus
primeros seguidores, resonaban en su mente y en su corazón: “quien entre ustedes quiera llegar a ser
grande que se haga servidor de los demás, y quien quiera ser primero, que se
haga sirviente de los demás”. –Mateo 20,
26-27-
Pedro Claver quiso menos que eso y por eso se hizo esclavo,
servidor, confesor y defensor de negros y, por eso hoy, es grande. Beatificado
el 16 de julio de 1,850 en Roma, canonizado el 15 de enero de 1888 en Roma, fue
declarado patrono de las misiones entre los negros, el 7 de julio de 1896,
defensor de los derechos humanos en 1985, Copatrono de Cartagena de Indias y de
las personas afroamericanas. Sus restos descansan hasta el día de hoy, en el altar mayor de la Iglesia erigida en su
honor y que lleva su nombre, ubicada en el centro histórico de la Ciudad
amurallada de Cartagena de Indias.
Inmerso siempre en
ese claroscuro de luces y sombras en la Cartagena del siglo XVI, tampoco pasa
desapercibido el Tribunal de Penas del Santo Oficio de la Inquisición en
Cartagena –un santo oficio que de santo solo tenía el nombre- porque sus funciones, vistos a la luz de las Sagradas
Escrituras y en clave de “Jesucristo que es el mismo ayer, hoy y por los siglos”
–Hebreos 13,8- fueron “anti evangélicas, anti éticas y perversas”, su representación siempre fue desviada de sus
objetivos primigenios e instrumentalizados por la “nobleza” española para tener
influencia política en todos lados.
En el ejercicio de su función, estos “santos varones de la
inquisición” para combatir la herejía, la brujería y la bigamia, usaron
practicas muy parecidas a las utilizadas por las fuerzas oscurantistas y represivas del estado guatemalteco en los
tiempos de la guerra.
Cuánta razón tuvo William Shakespeare al promulgar que hereje
no es el que arde en la hoguera, sino el que la enciende…
Dejando por un lado las elucubraciones y ya frente a la tumba visible de San Pedro Claver, inmerso en la oración y la contemplación, después de la Santa Eucaristía, el silencio me invita a autogestionar
preguntas interesantes; antropológicas, históricas y teológicas. A algunas no
les encontré explicación, por eso las consideraré para otra ocasión.
Terminado ese momento inenarrable frente a los restos de San Pedro Claver y salir de tan bella parroquia, dejaré para después las meditaciones, para intentar sumergirme en el bullicio de la Ciudad y perderme en sus calles llenas de algo que contar que invitan a soñar, despierto…
San Pedro Claver, ruega por Seguros GyT y por nosotros…
Cartagena de Indias, 12 de Marzo de
2017
Referencias:
La Biblia de Nuestro Pueblo, Luis Alonso Schökel,
Cartagena de Indias en el siglo XVI, Haroldo Calvo Stevenson,
Adolfo Meisel Roca, Cartagena 2009.-

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