jueves, 28 de junio de 2018

Metamorfosis de un alcohólico


cuando las bajas pasiones nos convierten en cerdos


Jlriveirof

     El sábado recién pasado, asistí al primer aniversario de un grupo de alcohólicos anónimos,  ubicado en la cercana población de Santa Cruz, Verapaz, Guatemala,  como ponente invitado para facilitar el tema: “El problema del alcoholismo en la familia”.
Los destinatarios de tal exposición, eran en su mayoría, asiduos bebedores empedernidos, esperpentos o fantoches de antaño, que sufrieron en carne propia los embates de tan infausta enfermedad, sus familiares más cercanos, y algunos amigos y conocidos, –de ellos– que aún sufren las secuelas del alcoholismo. Una enfermedad, llamada y reconocida así, por la Organización Mundial de la Salud. No  solo como  “Insidiosa y  progresiva; sino también de  fatales consecuencias,  porque ataca el cuerpo, la mente y el espíritu, y  lleva  a quien la sufre, a un hospital, a una cárcel o  un cementerio”.
Una enfermedad concebida como  el “síntoma de un mal más profundo” y que genera emociones negativas, tanto de índole interno como externo, de grandes envergaduras: vacíos existenciales, temores infundados, ira, miedo, rabia, cólera consigo mismo y con los demás, egoísmo, hedonismo, delirium tremens, auditivo, visual y de persecución; codicia, envidia, lujuria, gula,  entre un largo e inacabado etcétera.
     Una enfermedad incurable, que cuando no es detenida a tiempo, muerde y remuerde en  las entrañas, la mente y el corazón de quien la sufre y los que viven y conviven con él, llevándolos a los más grandes sufrimientos, nunca antes vistos, como al suicidio, en lo que muchos han pensado con detenimiento, cuando la vida se ha vuelto ingobernable, basado quizás  en la premisa de Vargas Vila, a quien le atribuyen la frase: “cuando la vida es un martirio, el suicidio es un deber”.
 Muchas personas que no han logrado desembarazarse de ese terrible mal,  han puesto fin a su efímera e inútil existencia, tomando al pie de la letra ese aforismo.
      No obstante,  nunca como ahora,  esta terrible enfermedad, ha sido objeto de estudio de parte de algunas ciencias, como la medicina, la psiquiatría, la psicología, la teología y la filosofía. Para muchos es concebido como un vicio, un pecado, o simplemente las consecuencias de algún hechizo. Todo menos enfermedad, al plantearse la pregunta: ¿Quién con su propia mano se mata a pausas?...
Para  otros  es un misterio, en la descripción que Gabriel Marcel, daba a tal término:

“ algo en lo cual me encuentro comprometido y cuya esencia es, por consiguiente, algo que no está enteramente ante mí”.

 Sino dentro de todos aquellos que sufren la fatalidad de tal abyección en su conducta, que para las personas que no son ávidas al licor, resulta incomprensible. Y precisamente por ello, requiere dilucidar el problema en cuestión, comprenderlo, analizarlo y contemplarlo, para ayudar a quien lo padece, para que acabe con los sufrimientos presentes y futuros que de ello se derivan, y que como ave rapaz, persigue al que recula; para buscar el equilibrio y encontrar la paz…
     Al analizar y estudiar el problema en cuestión, de cierta manera estudiamos a las personas que lo sufren, a quienes se puede ayudar ya sea mediante la reflexión filosófica, partiendo de la más antigua de las recomendaciones, el famoso aforismo de Sócrates: “Conócete a ti mismo”,   la introspección,  la catarsis, o  la penitencia.
Nunca antes se pudo detener este mal que aqueja a millones de desgraciados en todo el mundo, a través de la psiquiatría, la medicina o la religión. Sin embargo, se necesita de ellas, como paliativas para el tratamiento del enfermo alcohólico, como una herramienta similar a la doble y la  retranca de un móvil, para salir de ese  pantano putrefacto de aguas pestilentes, que amenazan con hundir  al ser humano, que porfía en llevar siempre la contraria. De tal suerte que es frecuente escuchar que si un borrachín fallece ahogado en algún caudal, hay que buscar el cuerpo corriente arriba, ya que hasta en eso, pondrá al descubierto su rebeldía…
     En las consabidas reuniones de alcohólicos anónimos, que se llevan a cabo, aquí y en la Patagonia; hemos escuchado innumerables testimonios de seres humanos, que comparten sus “mutuas experiencias, fortalezas y esperanzas” y que nos hablan de un modo diferente de hacer las cosas, que les ha devuelto el sano juicio, restableciendo aquel cementerio de neuronas a causa de la ingesta alcohólica,  recuperando con el tiempo la salud física, mental y espiritual, mediante un despertar espiritual, que los puso en paz con Dios,  con ellos mismos y con los demás, en los brazos de Alcohólicos Anónimos, parafraseando a Hegel. De tal suerte que una vez rehabilitados, vuelven a ser útiles a aquella sociedad que una vez los discriminó y los desechó, insertándolos de nuevo a ella.
     Postulo que una persona alcohólica restablecida,  en virtud en su militancia en AA es un ente racional. La recuperación del sano juicio es lo que los hace humanos, demasiado humanos, diferentes a los seres irracionales que no piensan, es lo que les  permite reconocer humildemente su problema alcohólico, encomendarlo ante las manos providentes de un Ser Supremo y  practicar un programa fácil para mentes difíciles  de 12 pasos solamente. Eso les da la oportunidad de conocer su mente, el lugar en donde nace el pensamiento y  en donde reside el alma.
Como Ulises, “sin prisa pero sin pausa” se convierten en brillantes y astutos y como  Aquiles, en valientes. Una trilogía de características que permiten a cualquiera, transitar del alienante y esclavizante círculo vicioso, hacia la libertad,  que se alcanza con el gobierno de las  emociones.
     Una vez recuperado el sano juicio, un abstemio en su proceso de recuperación, nunca se olvida de su pasado, porque quien lo hace se expone a repetirlo.
     Para ilustrar el tema en cuestión, me adentre al mundo de lo mítico y aborde la historia aquella cuando con su dulce canto de mujer, bella,  Cirse embelesó a los navegantes sin rumbo, del cuñado de Ulises, Euriloco, quienes al dejarse llevar por su exuberancia, entraron a su palacio y allí los deleitó con ricas comidas y bebidas espirituosas. No se dieron cuenta, que a la comida y la bebida, les había mezclado drogas, y  que al consumirlas, les causó pérdida de la memoria.
Al encontrarse en ese trance, los convirtió en cerdos y los encerró en una pocilga.
fatídica consecuencia que nos permite elucubrar sobre el tema en cuestión.
Recuerdo que en mis años mozos, había en la tímida y antañona Ciudad de Cobán, un bar llamado “Las sirenas”, haciendo alusión sin duda, a  las chicas que atendían el lugar  y que se dedicaban al oficio más antiguo de la humanidad, el tráfico galante. Aunque en sus tarjetas de sanidad, que ponían a la vista del cliente, como tarjeta de presentación, dijera que eran meseras de primera clase y que no padecían de los pulmones. Una noticia más que suficiente en aquel tiempo, para bailar e intimar con ellas. Su ambiente era lúgubre y mortecino, aunque a sus visitantes, nos pareciera el palacio de la bella Cirse.
No lo era, al menos en la apariencia física del entorno, pero sí en los resultados. En virtud que, al cabo de las horas frías de la noche y después que las boquitas, las bebidas embriagantes y  el perfume barato de mujer, entremezclados,  habían surtido su efecto, hasta perder la memoria, los visitantes se metamorfoseaban en cerdos y el palacio a ojos vistas,  en una pocilga.
He ahí, la metamorfosis de una persona alcohólica, viviendo entre el claroscuro que se produce entre la realidad y la ficción…

     A guisa de despedida  hago mias las palabras del comico latino Publio Terencio Africano: “Homo sum, humani nihil a me alienum puto” –Soy un hombre, nada humano me es ajeno-  por aquello que esta lectura llegue a la vista de alguna persona puritana, pietista o pura  y les cause estupor y escozor…
    
                             
                              Santo Domingo de Cobán, 28 de junio de 2018

4 comentarios:

  1. Que bien jose luis adelente con esas conferencias

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  2. Que buen artículo compa, sin duda para alguien que ha nadado en las miasmas del infierno alcohólico, no tuve necesidad de esforzarme por comprender sus letras. Que siga la divulgación de este maravilloso mensaje.

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  3. Gracias Compa, no se puede olvidar el pasado, de lo contrario podemos repetirlo. Un abrazo

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