domingo, 14 de octubre de 2018

Y Dios dijo: hágase la palabra… 6ª y última parte



Jlriveirof

     En los cinco capítulos anteriores sobre el poder de las palabras,  he analizado  sobre el dominio que éstas  tienen durante una conversación, tomando en consideración que cada vez que hablamos,  siempre habrá alguien escuchando.  Aunque a veces, seamos nosotros mismos tanto los oyentes como también los receptores, no necesariamente tienen que existir dos o más personas para que exista diálogo.
     En éste apartado tratare sobre las conversaciones nacientes y  la interrupción que se puede dar en el diáfano fluir de la vida, a cuya interrupción desde el punto de vista del coaching, se le denomina quiebre.
      Hemos recorrido un buen trecho y hasta aquí no he mencionado el  significado de la palabra “ontología”, y de la ontología ya Aristóteles en su tiempo, consideraba que era el estudio de las sustancias. Heidegger, en el suyo, decía que era el estudio del Ser,  Badiou,  consideraba que la ontología analiza la estructura de las situaciones. Badiou denomina situación a todo lo que existe en el mundo. Leibniz dijo que todo ser es un ser, en ese sentido, el ser humano es el principio fundamental de la ontología.  Rafael Echeverría, dice que es la parte de la metafísica que estudia al ser en general y sus propiedades trascendentales.
 Pero, alejándonos de estos conceptos clásicos y apartándonos un poco de la metafísica, la ontología hace referencia a nuestra comprensión genérica, nuestra interpretación de lo que significa ser humano.  “El lenguaje es por sobre todo, lo que hace de los seres humanos el tipo particular de seres que son. Los seres humanos, plantean, son seres lingüísticos, seres que viven en el lenguaje. El lenguaje, postulamos, es la clave para comprender los fenómenos humanos." Dice Rafael Echeverría.
     Asimismo, de los cinco artículos que anteceden sobre este particular,  muchos me han preguntado ¿Por qué has metido a Dios en un ensayo meramente filosófico? Con el filósofo y teólogo francés  Nicolás Malebranche les respondo: “vemos todas las cosas en Dios.” Pero no el dios de Baruch Spinoza para no caer en el panteísmo, claro está. Porque Dios es la única causa verdadera, siendo las demás causas ocasionales. Cuya doctrina considera que el trabajo filosófico no comienza en el hombre sino en Dios, no sale del espíritu del ente sino que desciende del ente al espíritu.
Espero explicarme bien, porque en este diálogo interno que estoy sosteniendo conmigo mismo, pensando, investigando y escribiendo, siento que, me mareo en una danza interminable al compás de un ritmo melodioso de palabras  dichas y hechas…
     ¿Qué por qué he metido la teología en éste trabajo? Dejando por un lado el hecho de haber sido acusado de panteísta Vincenzo Gioberti, filósofo y sacerdote italiano del siglo XVIII, que  pretendió explicar el origen de las ideas mediante la adecuada intuición del Ser Absoluto, y que  sustentó  la “idea primerísima” es decir, Dios, es la primera idea de la mente. Para Gioberti vemos todas las cosas en Dios, fórmula del ontologismo, pero a través del hombre y en él. Por lo tanto, sólo conocemos, si admitimos  previamente que Dios es en nosotros y en nuestra mente con presencia ontológica, aunque no se identifique con nuestra mente. Por eso lo he incluido en éste discurso.  “Al principio existía la palabra y la palabra estaba junto a Dios, y la palabra era Dios. Ella existía al principio junto a Dios, todo existió por medio de ella, y sin ella nada existió de cuanto existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres; la luz brilló en las tinieblas y las tinieblas no la comprendieron.” -Jn 1,1-5-
     Si bien es cierto el ontologismo como sistema filosófico da a Dios prioridad tanto en el Ser como en el conocer,  su posición ontologista ni es obvia ni su razonamiento muy correcto y, tal vez por eso, se vio seriamente criticado por la filosofía neo-tomista en varias ocasiones. 
Pues bien,  para no correr la misma suerte que corrió el ontologismo en el siglo XVIII, al habérsele  encontrado y  condenado siete errores de tipo ontologista por la Congregación  del Santo Oficio –que de santo solo tuvo el nombre- en decreto del 18 de septiembre de 1,861  y, esperando no ser quemado en leña verde,  metafóricamente hablando,  por haber  decidido concatenar lo filosófico con  lo teológico, en virtud que,  tal y como decía Santo Tomás de Aquino, sacerdote dominico del medioevo y actual doctor de la Iglesia:  “Si la existencia de Dios es evidente de por sí, en contraposición a las evidencias mediatas por la demostración y a lo totalmente desconocido.”
     Partiendo de éste modo particular de ver las cosas, creo que no hay que divagar en tanta elucubración, según el argumento ontológico de Santo Tomás, que considera posible demostrar la existencia de Dios a partir de su comprensión intelectual del concepto de Dios, sin utilizar ningún dato del mundo, ninguna experiencia de la realidad. Argumentando con la inteligencia,  en virtud que va de la mente al mundo y no de la experiencia del  mundo a Dios, sino a partir de la comprensión de una idea, partiendo de otra. Es decir combatiendo una idea con otra…
 ¿Acaso no son ideas las que queremos materializar? No basta comprenderlas y razonarlas,  hay que llevarlas a la práctica, de lo contrario, tan sólo sería una palabra, una idea muerta si no nos lleva a la acción.
¿Acaso no está Dios, en todo acto creador que se dé mediante la acción de una idea, escrita o hablada?
      A pesar que mi buen amigo y hermano de la Orden de Predicadores, Fray Guillermo delgado, dice: “Cuida que las palabras y las ideas no se te vayan al infinito.” Las mías creo,  han llegado al espacio sideral y me están causando quiebres…
 Y con ellas, estoy interrumpiendo el fluir transparente de mi vida. Con tanta idea, con tanto pensamiento. Transportando datos del pasado, hacia el presente para que me oriente en mí viaje hacia el futuro. A pesar que el pasado ya murió y del futuro que aún no llega; me afano a veces, por el mismo. Muy a pesar que no debo de jactarme del día de mañana, porque no sé lo que me reserve. -proverbios 27,1-
     Pues bien, ¡Basta ya por tanto afán! y el quiebre es precisamente eso, decir basta ya, a las cosas que causan disgusto, a los problemas, a lo que no deja crecer y ser trascendente en todos los aspectos de la vida. (Aunque los quiebres no son sinónimo de problemas) Basta ya al indiferentismo,  a la falta de acción, de voluntad, de deseo de superación, a la mediocridad.  Basta ya a los vicios, al pecado en todas sus manifestaciones, a un trabajo chapucero, a la falta de liderazgo. Declaro que a partir de ahora, mi vida será diferente, haciendo las cosas diferentes, pensando diferente, liderando diferente, accionando diferente. No se obtienen cosas diferentes haciendo exactamente lo mismo, como decía Einstein. Sin evolucionar, sin transformar las realidades temporales…
En el concierto del mundo he sido puesto por Dios para hacerme cargo del mismo con soberana exactitud: “Y les bendijo Dios y les dijo: Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla.” -Génesis 1,28- Y fui obediente, en la parte esa, de ser fecundo y  multiplicarme… pero de manera licenciosa  y díscola…
     El versículo bíblico dice “sométanla” que significa  conquistar, subyugar, pacificar, subordinar, encomendar entre otras cosas; por lo tanto si Dios me facultó para hacer con toda la tierra y demás seres de la creación todo lo anterior, a lo largo y a lo ancho de la misma ¿Cómo no voy a ser capaz para dominar, conquistar y subordinar una acción? ¿Por qué no he de subyugar todas aquellas ideas que no me dejan avanzar? ¿Por qué no puedo dominar mi forma de ser, de hacer, de aprender, de desaprender?
     Para ilustrar los conceptos vertidos, me remontaré a los tiempos idos, partiendo del año  1996,  un amigo mío, que fungía como Gerente de Ventas de una importante aseguradora del país, Seguros de Occidente, S.A.  Me nombró Gerente de Agencia para la región de Alta Verapaz; después de diez años ininterrumpidos en la colocación y venta de seguros.  Inmediatamente a ese nombramiento, se me presentó otra oferta de parte del Gerente de Ventas de Comercial Aseguradora Suizo Americana, S.A.  –Seguros CASA- para ocupar el mismo puesto, en el mismo lugar pero con mejores oportunidades, a la cual accedí. Y, nueve años después, se me nombró Gerente Corporativo tanto de Seguros CASA como de Seguros GyT, S.A. Ante el hecho de una importante adquisición accionaria de parte de Corporación GyT; comprando tanto la aseguradora como la afianzadora CASA.
 Ambas coexistían en el mercado guatemalteco con su respectiva razón social y con administraciones diferentes; pero al poco tiempo CASA fue fusionada a GyT y desapareció como tal; y  continúe con el cargo en la agencia de  Cobán, hasta el día de hoy…
     Durante todos estos años he tenido tantos quiebres como circunstancias hay en la vida, que interrumpieron el fluir transparente de mi vida, pero todos me llevaron a la acción, por ejemplo: en los diez primeros años en el campo de las ventas de seguros ¿Cuántas gentes me dijeron que no necesitaban un seguro? Por diversas razones: “el precio del cardamomo bajó”, “el café bajó de precio en la bolsa de Nueva York”, “no tengo dinero”, “el dinero del seguro servirá para el lechero”, “si mi mujer y mis hijos no me quieren oler que me entierren” entre tantos otros argumentos sin fundamento. La mayoría fueron quiebres por muy corto tiempo, siempre me invitaron a la acción, refutándolos y demostrando que todo lo anterior carece de sentido en la adquisición de un programa de seguros completo, seguro que en su momento se convierte en  una maravillosa lámpara de Aladino proporcionándole a la viuda y a los hijos, seguridad económica, comida, techo, abrigo, educación, instrucción, comodidad y confort, entre otros. El haber refutado tanta objeción y formulando juicios diferentes, me llevó a la acción, y poder así concretar la venta. Generando acciones futuras.
Y hoy, más que nunca, postulo que las circunstancias están dadas para colocar una póliza de seguro de cualquier índole, ante la actual situación social, política y económica, que vivimos los guatemaltecos todos los días. En virtud que según los expertos, cada noventa minutos muere un conciudadano a consecuencia de la violencia. Todos los días, hay robos y atracos de vehículos. Como diría el filosofastro guatemalteco “Aristónteles” –in-Morales, en fechas recientes “la tierra no se mueve, pero se mueve” y, a  menudo está temblando en el mundo, causando terremotos con su alto índice de caos, destrucción, desolación y muertes. ¿Qué más razones necesitamos explicitar para colocar un seguro?
      En el ámbito gerencial durante mucho tiempo estuve varado en el camino hacia el éxito por causa de un quiebre, cuántas veces llegué a suponer que estaba asociado sólo por gente mediocre y descontenta, incluyéndome.  Hasta que mediante las conversaciones para la coordinación de acciones, empecé a generar acciones futuras, modificando las cosas respecto de su estado actual, poniendo en evidencia que el quiebre está siendo superado.
      En este nuevo estilo de gerenciamiento como líder coach y mediante el poder de las conversaciones, los actos lingüísticos me permiten hacer surgir nuevas realidades. En virtud de las peticiones, ofertas, promesas y declaraciones.
     ¿Acaso no es eso lo que nos cambiará la vida en el devenir de los tiempos, mediante el acto creador de una palabra dicha y hecha?
      Mediante una promesa, procurando que otras personas ejecuten las acciones pertinentes de acuerdo a ciertas condiciones. Cumpliendo y haciendo cumplir las mismas; mediante peticiones presentes. Esperando acciones en el futuro.  Pidiendo y esperando que algo pase, con el poder de las mismas. Incrementando nuestra capacidad de logro, estableciendo tiempos definidos, mediante las ofertas aceptadas, proponiendo a mis asociados llevar a cabo el cumplimiento de sus metas en el futuro,  y hacerse acreedores a la amplia gama de premios e incentivos que existen para todos aquéllos que cumplen sus promesas y metas; mediante el buen uso y conocimiento de los actos lingüísticos, evitando las principales incompetencias:
 1. No hacer peticiones correctas y necesarias,
  2. No comunicar lo que quiero,
 3. Incumplir promesas,
 4. Crear falsas expectativas,
  5. Tono inmoderado de voz.
Lo intelectualmente correcto y comunicable,  son, las afirmaciones verdaderas, validando o invalidando declaraciones, emitiendo y fundando juicios con hechos y evidencias, revisando la temporalidad de tales juicios a la hora de una planificación estratégica.
     Ésas son las competencias que me acompañarán de ahora en adelante, haciendo las cosas viejas nuevas, relacionándome más a menudo con los demás,  coordinando acciones con ellos, cambiando mi mundo, mi realidad y a la vez, cambiando sus mundos y también sus realidades, mediante el poder de los actos lingüísticos, de  palabras hilvanadas en el interior de la empresa, al considerar que la misma es una red estable de conversaciones, trascendiendo con el poder de las mismas a todos y cada uno de sus miembros individuales.
     ¿Acaso no es el seno de la empresa donde se dan las promesas mutuas? Y las promesas resultan de las conversaciones. ¿No es aquí en donde se satisfacen las ofertas, las peticiones y declaraciones?
     ¡Somos una palabra dicha y hecha!... Por lo tanto, hoy, declaro que estamos siendo eternamente bendecidos y en estado permanente de victoria. Los muertos han resucitado y han vuelto a la vida empresarial; diciéndose,  ¡Levántate muerto!
Y a guisa de consumación, recordemos al poeta que dijo: “No son muertos los que en paz descansan en la tumba fría, muertos son los que tienen muerta el alma y viven todavía”...

      Y Dios dijo: Hágase la palabra…


Referencias:
Santiago Armando y Polanco Scalerandi, Filosofía siglo XXI para Principiantes, primera edición, Buenos Aires, Era Naciente.
Rafael Echeverría, Ontología del Lenguaje, primera edición, Chile,  Lom ediciones S.A. 1,994

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