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No obstante, y dejando por un lado toda esa estructura
en cuestión, la intención de este escrito es contemplar los aspectos positivos
de esos aconteceres mundiales, haciendo referencia a un artículo firmado
en 1985 por el entonces Arzobispo de
Mûnchen, Monseñor Joseph Ratzinger (hoy papa emérito Benedicto XVI)
en donde pone en relieve la fascinación que causa el fútbol, en donde afirma que con la periodicidad de cada cuatro años el campeonato mundial
de fútbol, demuestra ser un acontecimiento que cautiva a cientos de
millones de personas y que no hay otro
acontecimiento en la tierra que alcance
una repercusión de vastedad semejante.
En su escrito destaca algunos
valores nucleares que se viven en el juego de la pelota y según su parecer, la
fascinación que se tiene por el juego del
fútbol, su práctica obliga a los jugadores a disciplinarse, de modo que,
por el entrenamiento, adquiera la disposición sobre sí mismo, por tal
disposición: superioridad, y por la superioridad: libertad. Pero después le
enseña también la cooperación disciplinada como juego de equipo, el fútbol lo
obliga a un ordenamiento de lo propio dentro del conjunto que une a través del
objetivo común. El éxito y el fracaso de cada uno están cifrados en el éxito y
el fracaso del conjunto.
En adición a las reflexiones del ahora
papa emérito, Theo Theobald y Cary Cooper en su libro ¿Jugar al fútbol o hacer
negocios? Coinciden con las especificidades descritas por el entonces Arzobispo
de Mûnchen y presentan en sus páginas
una analogía entre ese juego apasionante y el quehacer de los hombres y mujeres
que se dedican a la fascinante actividad de los negocios. Mencionan algunas
características que hacen grandes a algunos jugadores de fútbol y por
consiguiente a muchos emprendedores, entre las que destacan destrezas individuales como: la pasión, la
disciplina, la ambición y el manejo del estrés; así como los roles que se dan
tanto con los jugadores como con los emprendedores, en donde se menciona el coaching o el management, la forma más
asertiva y creativa para seleccionar personal y la mejor manera de enfrentarse
a los competidores.
Dándole un segundo ver y contemplando esos valores
humanos que se ponen de manifiesto durante la práctica de ese deporte, admitimos
que la disciplina se define como “la manera ordenada y sistemática de hacer las
cosas, siguiendo un conjunto de reglas y normas estrictas”. Casi siempre son
impuestas por alguien de jerarquía superior. Sin embargo, un emprendedor la
auto gestiona…
El entrenamiento es “un
procedimiento pensado para obtener conocimientos, habilidades y desarrollar
capacidades”, su objetivo es obtener la máxima potencialidad para la obtención
de resultados concretos.
La disposición es, la habilidad o la soltura
para hacer algo con aptitud, “es estar capacitado para alcanzar algún fin
específico”
.
La libertad que más que un valor es un don que tienen los seres humanos, y se consider a como “la capacidad de su conciencia para pensar y obrar según las disposiciones de su propia voluntad”.
Está también la cooperación, cuyo
término “alude al acto y el resultado de cooperar: actuar en conjunto para
alcanzar un objetivo en común o accionar a favor de los intereses de alguien”.
El trabajo en equipo, “implica la
inclusión de más de una persona, lo que significa que el objetivo planteado no
puede ser logrado por una sola persona, sin la ayuda de todos los miembros, sin
excepción”.
Objetivos comunes, reglas claras
y por supuesto, aunque no se menciona, la inteligencia, que viéndola a la luz
de la filosofía es mantener una conducta
con sentido. Sin inteligencia no se pueden crear estrategias para obtener el
éxito anhelado en la práctica de cualquier deporte y por supuesto, en el
cambiante mundo de los negocios y de la vida misma.
Recién está comenzando el primer
medio tiempo del año 2019 que sin
prisa pero sin pausa, avanzará vertiginosamente comiéndose los segundos, los
minutos, las horas, los días, las semanas y los meses. Y en la vorágine y el bregar de
éste año, vale la pena hacer un alto en el camino y evaluar todo aquello que se
ha hecho en todas las aristas de la
propia vida, pero por sobre todo en el ejercicio de una profesión u oficio
concreto, para analizar si se ha avanzado inteligentemente, es decir; si todo lo que se ha hecho tiene sentido y le
da sentido a la vida, para ver si el decir es coherente con el hacer y, de esta
forma no hacerse acreedor a lo planteado por Emerson
en una de sus máximas: “Lo que haces suena tan alto, que no me deja escuchar lo que dices.”
He ahí, la importancia de las
acciones que se emprenden o dejan de emprender, en virtud que las mismas tienen
que estar enmaridadas con lo que se dice y poder así alcanzar el
empoderamiento.
¿Es coherente lo que se dice con lo que se
hace? ¿O simplemente es un juego de palabras, en la búsqueda del sinsentido de la vida? Esta
pregunta abierta y pública que todas las personas que buscan la excelencia
deben hacerse, a fin de obtener una respuesta objetiva que permita tomar
las medidas anticipativas, adaptativas y correctivas en la tentativa de la
empresa.
Es importante recordar que en el juego de la pelota hay dos clases de
personas: Los que se encuentran en la cancha rompiéndose el alma, dando el todo
por el todo y los destinatarios del partido, los primeros son los
trasformadores de las realidades y los
segundos simples espectadores, los primeros son aplaudidos, los segundos están
ahí casi siempre para aplaudir o en el
peor de los casos, para transgredir las buenas costumbres o juzgar, criticar y
proferir palabrotas de grueso calibre por todo y por nada...
En el ejercicio de una profesión u oficio
concreto ¿De qué lado se está? En la
cancha o en los alrededores, los que saldrán a la cancha saben que tienen un
objetivo común y que es anotar más goles y consecuentemente ganar el partido. Pero para tener éxito en el establecimiento de
ese objetivo, esos transformadores son disciplinados, se entrenan asiduamente,
adquieren la disposición sobre sí mismos, por tal disposición: la superioridad,
y por la superioridad: libertad, cooperación, objetivo común, trabajando en
equipo dejando por un lado los individualismos.
Los que están a los alrededores viendo las
cosas pasar, casi siempre son aquellos
que no emprenden, que no trabajan, que no actúan, son aquellos que critican y
exigen, son aquellos que lejos de aportar una solución son parte del problema,
son aquellos que con sus actitudes están construyendo la plataforma para
deslizarse y estrellarse sobre el frío bloque del fracaso; al que tarde o temprano llegarán, sin duda alguna más
temprano que tarde.
Ellos; traen al recuerdo una
máxima leída en un rótulo instalado en algún lugar de la Ciudad de Guatemala hace ya
muchos años; tenía la siguiente expresión:“Antes de criticar y exigir hay que
trabajar, crear y cumplir.” Un argumento de permanente actualidad y podría
cobrar vigencia en cualquier sociedad a la cual se pertenezca; puede aplicarse
al hogar, al trabajo, a la escuela, colegio o universidad, al grupo de amigos con quien se tiene algún
pasatiempo en común, o al grupo de la iglesia desde donde se participa en algún
apostolado y en donde se cuenta con una visión, una misión, valores y objetivos
comunes para llevar a la práctica.
Los valores humanos encontrados en el
juego de la pelota, son una fórmula
simple pero vigorosa, por medio de la cual se puede alcanzar el éxito en la
tentativa de cualquier iniciativa, o en el peor de los casos el funesto fracaso
al ignorar u omitir los mismos.
En uno de los
libros de León Tolstoi hay una pregunta de fondo que podría servir de base para
filosofar sobre lo que los hombres y las mujeres de buena voluntad hacen sobre
la faz de la tierra:
“¿Para que viven los hombres?”
Fuente bibliográfica:
Theo Theobald y Cary Cooper, ¿Jugar al Fútbol o hacer
Negocios?, 2005, Editorial Kogan
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