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Como diría el bachiller Sansón Carrasco al
hidalgo caballero de la Mancha <<Nunca segundas partes fueron buenas>>,
no obstante, dimos continuidad a un taller iniciado una semana antes, para
fortalecer los conocimientos previos sobre integración, arraigo y preparación
de nuevo personal de ventas, para incorporarlos después de su capacitación, al
seno de la organización. Tales conocimientos están almacenados en la memoria, y
fueron adquiridos de forma sistemática pero por azares del destino, muchos
vienen siendo ejecutados a troche y moche.<<He ahí la cuestión>>,
objeto de esta segunda parte, para la cual hacemos caso omiso a la sentencia
del bachiller Sansón Carrasco, al considerar que el taller en mención, superó
las expectativas que a priori se tenían, y que para su desarrollo, fuimos instalados en
el Hotel Finca Filadelfia, contiguo a la Ciudad de Antigua
Guatemala. Un hotel de lujo para gente de lujo, concibiendo la palabra lujo
partiendo de su concepto etimológico, misma que proviene del latín luxuria, que
significa “dar demás”. En este caso, tanto los patrocinadores del evento, el hotel
en sí, la expositora y los destinatarios de la misión, dimos demás…
Los receptores de tal faena, fuimos el grupo
inteligente de Seguros GyT, denominando así al grupo de gerentes de ventas de
agencia, porque demostramos de forma colectiva ser más que la suma de las
partes. Grupalmente, no restamos capacidades, por el contrario, vinimos sumando
cada vez más, y con los pensamientos externados de forma independiente, evidenciamos
que hemos socializado nuestros cerebros en la búsqueda del bien común, dando oportunidad
al pensamiento grupal, superando nuestras limitaciones individuales, y
homologando nuestros criterios a fin de que el pensamiento sea interesante,
intelectualmente correcto, verificable y pueda ser comunicable inmediatamente
después, en nuestros lugares de desarrollo.
Una vez
ahí, escuchamos con suma atención, la disertación de una colega mexicana, de
nombre Selene Cantú García, que con aplomo y fluidez compartió el éxito alcanzado
en la consecución de ese ideal. -integración y retención de nuevo personal-
Al final de
la tarde, cuando ya todos se habían ido, entré en un proceso refractario al no
estar de acuerdo con unas viejas prácticas, opiniones y costumbres arraigadas a
lo largo del tiempo y, con las que de cierta manera me he empecinado.
Aproveché la soledad, y con una tasa de café arábigo
de altura, fuerte en extremo, salí al balcón de mi habitación y con la vista al
frente me encontré con esa montaña conformada por tres picos de singular
tamaño, mencionada al principio. Lleve a la práctica un diálogo socrático conmigo mismo al
iniciar una larga y tortuosa sesión de autocoaching, haciéndome preguntas
poderosas que, con el rigor de los dolores de una parturienta, una a una fue
saliendo, hasta dar a luz a la criatura…
<< ¡Eureka!,
¡eureka!>>, diría Arquímedes de Siracusa al celebrar su descubrimiento. Solo me faltó salir igual que él, corriendo y
desnudo a las calles de la Antigua Guatemala, gritando al sonoro compás de una carcajada, al descubrir que el “principio de Arquímedes”
ha sido puesto de manifiesto en todas y cada una de nuestras batallas, cuando de forma parcial o total hemos estado sumergidos en el fango de la complacencia, y recibimos un empujón hacía arriba. Obviamente hablando de forma metafórica. Y al
igual que la corona del rey Herón II, nuestros pensamientos y nuestras acciones
pesan lo que pesa el oro puro, aunque parezca a veces que es en los brazos del artificio y el oropel de
la desventura en donde nos arrojamos con presteza.
En mi caso particular, conseguí de forma apoteósica darle vida a
una visión diáfana que buscaba afuera, pero que estaba dentro de mí…



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