Jlriveirof
Un ágora en donde exponen de todo, creado así un espacio en
el ciberespacio para esgrimir algunos su inteligencia y blandir otros su estulticia.
Un lugar en donde se puede encontrar
material suficiente para contemplar una situación, juzgarla e intentar incidir
en ella, transformándola…, en el mejor de los casos.
A tenor de lo expresado, muchos hemos visto a través de esta
ágora cibernética, como se ha instrumentado el evangelio para los aviesos fines
de la inmensa mayoría de tahúres que se dedican a la politiquería de manera
improvisada o empírica. De tal suerte que, grandes alianzas evangélicas se han
consumado para que en el nombre de Dios se trance a troche y moche,
ministerios, puestos importantes, secretarías, “vigilantes de puertos y
aeropuertos”, así como de la justicia. Hemos visto también, como cabreros de
grandes denominaciones pervierten el púlpito para sugerir por quién votar.
Como
en los tiempos de Judas, han puesto de manifiesto que es más importante el dios
dinero que el del cielo, a quien pregonan en sus templos con asiduidad, pero al
parecer, del diente al labio solamente.
En el mismo orden
de ideas, también se puede constatar, como muchas personas letradas e iletradas,
doctas e indoctas, hacen juicios de valor e interpretan las Sagradas Escrituras
según San Yo, y los signos de los tiempos como si estos últimos no fueran
acontecimientos históricos y que no cualquiera puede interpretar.
Muchos hacen una teología o practican una religión como la
que enseñaban en las catequesis de las escuelas primarias urbanas o rurales, repitiendo como loros
aquello que muchos dicen sin ton ni son: “Dios quita y pone reyes”, “es
voluntad de Dios”, “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. ¡Vaya
timo!
Al repetir lo que escuchan, muchos caen en la sentencia que
hizo José Ingenieros en su obra El hombre mediocre: “Muchos piensan con la
cabeza de los demás”. Quizás por ello, se sacan textos de su contexto y se crean
pretextos para poder contender sin darle paso a una deliberación de altura que
permita aprender, libando de las mieles intelectuales de las personas que
tienen la razón y las debidas preparaciones para hacerlo.
Según lo planteado, elucidare solo sobre el
fenómeno religioso en este escrito y, a guisa de ilustración, sirvan los
párrafos anteriores para matizar un hecho que trascendió el día de las
elecciones en las inmediaciones de un centro de votaciones, a donde llegó la
única candidata a la presidencia de la nación, para ejercer el sufragio. Se le
acerca otra mujer quien se identifica como cabrera de una secta evangélica de
corte neo pentecostal y le dice: “Señora Sandra por favor quiero hablarle, yo
tengo su apellido, yo soy pastora del príncipe de paz y me dijo El Señor que,
desde el día en el vientre de su madre, la escogió y que usted es la
presidenta”. Evidentemente una profecía que no llego a feliz término como la
candidata en cuestión hubiese querido, y para desgracia de la pastora que con
las manos vacías se quedó.
En circunstancias similares, el actual
comediante que rige las riendas de la nación desde el ejecutivo, también es
miembro honorable de la mesa redonda de los escogidos. Sus cabreros hablan con
Dios del tu al tu. Y le han garantizado que él es su ungido en “quien tiene
puestas sus complacencias”. Y se lo ha creído al extremo que piensa que vino para salvar a Guatemala y, que en consecuencia podrá
cohabitar con la boa, la cobra, el pitón, la víbora de cascabel y todo lo que
repta, así como con hienas y
zorras rapaces, que en los confines de la política nunca faltan y andan
buscando políticos incautos a quien devorar…
Los cabreros le han
lavado el cerebro de tal manera, que se lo han llenado de pajaritos
ocasionándole graves delirios y grandes temperaturas que sin duda le han
quemado la corteza cerebral y matado infinidad de neuronas que le impiden concatenar el ser con el hacer y la fe con la razón.
De tal suerte que, este elegido de las moradas empíreas, en
fechas recientes a imitación de Moisés en su tránsito por el desierto, levantó
las manos al cielo, clamó a Dios e hizo que lloviera a cantaros en El Petén. A
partir de ahí, se le podría considerar un San Isidro en los tiempos modernos,
por esa capacidad que tiene de poner el agua y quitar el sol.
Los ciudadanos de
a pie tampoco se quedan atrás, y muchos defienden a capa y espada todo lo que
es abyecto y, perjuran que a los gobernantes es Dios quien los pone y solo El
los puede quitar. No saben que están sacando un texto bíblico de su contexto
histórico, de vieja data, que viene desde que la situación social, política,
económica y religiosa del pueblo de Israel pasó de una forma de gobierno
teocrático a uno de independencia tribal monárquico, dándole cabida al pago de impuestos, trabajos
forzados, acumulación de poder y tierras de parte de los reyes, así como un
agravamiento entre la fe tradicional en Yahvé, único rey de Israel y la
monarquía que el mismo pueblo solicitó por intermediación del profeta Samuel.
Estamos hablando de un aproximado de mil años antes de Jesucristo.
En tal virtud, es
necesario remarcar que para hablar de la Biblia hay que conocerla y para
conocerla hay que estudiarla, pero de forma sistemática. A esa interpretación que muchos hacen de las
Sagradas Escrituras según San Yo, se le conoce con el nombre de eiségesis, y es
la forma errónea de interpretar un texto, de tal suerte que quien lo hace,
antepone sus ideas de forma subjetiva, prejuiciosa y hasta herética de la
misma. Para interpretar y explicar adecuadamente la Biblia es necesario contar
con el conocimiento del método, especialmente el gramático-histórico, de la
exégesis y la hermenéutica. La exégesis tiene que ver con una interpretación
crítica, objetiva y completa del texto bíblico que se quiere desarrollar. Y la
hermenéutica, con las reglas que se siguen para explicar bien la Biblia.
De lo anterior
expuesto podemos colegir entonces que, ningún hombre o mujer que alcance con el
poder del sufragio, la más alta magistratura del país tiene que ver con Dios.
Dios ni quita ni pone gobernantes. El actual presidente de la nación alcanzó el
poder por el repudio que el pueblo consiente y responsable de Guatemala tenía a
la vieja política. El presidente electo para el próximo cuatrienio fue elegido
también por el mismo odio a esa vieja política. En consecuencia, lo menos que
puede hacer es actuar con una buena dosis de humildad, y no con prepotencia y
arrogancia como ya lo está haciendo, porque no está ahí por voluntad de Dios, ni por voluntad de una inmensa mayoría de guatemaltecos, sino por una minoría. Dios
no tiene nada que ver con el tema en cuestión, mucho menos con su elección.
Lo que si podemos apostillar con toda exactitud es que, con
la instrumentación del nombre de Dios, la tosca utilización de la oración como
retorica política y la continuidad del desmadre en los tres poderes del estado, VAMOS hacía el puto infierno.
Llego la hora, en frase bíblica, del llanto y
crujir de dientes…
Referencias bibliográficas:
Panorama bíblico, Fr. Fernando Zarazúa Trejo, O.S.A.
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