viernes, 27 de septiembre de 2019

Convertirán sus pertrechos de guerra en arados...


Jlriveirof
     A propósito del último viaje del factótum de la Casa Blanca a la sede de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York, sería muy ético y muy estético que una comisión de embajadores de buena voluntad, lo llevarán a conocer la polémica escultura que tiene inscrita una frase del profeta Isaías, y que forma parte de la colección de arte de las Naciones Unidas. Una frase, cuya importancia gravita en su significado y lo que realmente simboliza.  Aunque es de dudar que él comprenda el significado y saque el texto de su contexto y cree un buen pretexto o invente un mal chiste, socarrón y vulgar para salirse de la tangente como ha sido su inveterada costumbre: “convertirán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces. No alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra”. -Isaías 2, 4-
La visión que sostiene a Isaías al expresar tal término y que dicho sea de paso sigue siendo actual, es una inminente preocupación por el compromiso de la paz, que no es ausencia de conflagraciones bélicas sino la oportunidad que tienen todas las personas  para vivir bien, con gloria y en paz, empezando por el derecho inalienable de contar con un trabajo digno, acorde a las preparaciones,  habilidades y destrezas de cada quien, una ocupación vista no como un objeto de lujo al que muy pocos  tienen acceso, sino como algo al alcance de todos y  que debe dignificar al ser humano, por ser éste la fuente de su manutención en común unión con sus allegados.

      La visitación del bufón a la ONU se da a pocos meses de que concluya su mandato, un mandato sin mandato toda vez que son las cúpulas corruptas, tanto políticas, empresariales y militares, y que constituyen el verdadero poder detrás de la guayaba,  una desventura que terminará con más penas que glorias, en virtud de  que el comercial que lo llevó a la presidencia de la nación, terminó siendo una falacia y se va señalado como ultra corrupto e hiper  ladrón, dada la profunda inadecuación que se da entre lo que dijo e hizo a lo largo de estos tormentosos cuatro años de descomposición social, política, económica, cultural y militar entre un largo e inacabado etcétera.

   Precisamente por ello, es muy moral y muy del caso, reflexionar en torno a esa frase bíblica externada por Isaías y que aparece inscrita en la base del monumento en cuestión. La efigie es emblemática, las lanzas han sido convertidas en instrumentos de labranza, y ese hecho permite considerar que un pueblo no es más importante ni poderoso por contar con un ejército inconmensurable y dotado hasta la saciedad con pertrechos de guerra. Solo será grande por cuanto que, sus habitantes puedan desarrollarse en el amplio y estricto sentido de la palabra, educarse e instruirse sin ninguna limitación, que tenga acceso a la salud, la seguridad, la escuela, el colegio o la universidad, que los puestos y centros de salud tengan encamamiento y los hospitales en general, estén dotados de personal médico y paramédico y medicinas y equipos suficientes que permitan salvar la vida cuando ésta esté en peligro. Que en las escuelas públicas los párvulos cuenten con refacción escolar, la educación sea laica, gratuita y obligatoria. Y de ser necesario que el estado con el poder del que abusa, arrastre a todos los niños en edad escolar, a la fuerza, con rumbo a los centros de educación, así como lo hizo el ejército en el pasado con el reclutamiento militar obligatorio, cuando impúberes fueron secuestrados de sus comunidades, de sus familias y de sus actividades agrícolas para ser preparados para la cruenta guerra que desangró al país durante treinta y seis  bochornosos años…

     Esa es la visión que tiene el profeta cuando infiere la frase en consideración, y precisamente por ello, es oportuno que al fantoche alguien le explique su significado, considerando que desde que ocupa la primera magistratura del país se ha enmaridado con el instituto armado. Cuya cúpula, a imitación de Maximón, lo ha vestido de verde olivo, con más de una insignia de oropel en el cuello, y para que le sigan sobando la chaqueta los ha dotado de toda clase de equipos bélicos que ni ellos mismos conocen.
Lo anterior permite considerar y  constatar que este falso comandante general del ejército guatemalteco, ha contravenido los acuerdos de paz que establecieron en su tiempo su reducción, y en tiempos de paz regodea militares, que ya desde antiguo han sangrado en tan alto el presupuesto nacional, convirtiendo a la cartera de defensa la más onerosa del país, como innecesaria, al menos, hasta que se transfigure en un ejército de servicio para el pueblo y no contra el pueblo como ha veces suele suceder.

      Ese expansionismo militar y sus gastos, los conoció de primera mano Isaías, a ello se deben sus análisis de la realidad, mismos que siguen haciendo eco al día de hoy cuando constatamos que aquella época y la nuestra es distante sí, pero no distinta. 
Aquellos milicianos comandados por Tiglat Piléser III, cuando asume el trono del imperio asirio, se creían los gendarmes y salvadores del mundo y por eso lo quisieron conquistar. En ese forcejeo materializó y consumó el pecado estructural, cometió flagrantes violaciones, vasallaje forzado, injusticia contra los pobres y excluidos por el sistema, represiones y un exacerbado incremento a los impuestos. La misma forma en que actúa el gobierno de los EEUU ahora y cualquier gobierno que ponga por encima de las necesidades primarias de un país, la adquisición de pertrechos para la guerra.

     Isaías fue un asiduo conocedor de la política internacional de su tiempo, y a diferencia de los carteristas espirituales de corte neopentecostal de éste, él si anunció la buena noticia y denunció inclusive con frases lapidarias, sin temor ni temblor las circunstancias adversas que ocasionó la soldadesca. Eh ahí la razón de la frase en cuestión. Una frase que, sin duda, nunca, nunca, nunca comprenderá el presidente guatemalteco, presente para vergüenza nacional y extranjera en la sede de la Organización de las Naciones Unidas, que haciendo gala de una comunicación disruptiva, jactanciosa y mentirosa no dijo nada de lo mucho que quiso decir y por eso, los aplausos provenientes de sus achichincles constituidos en comitiva presidencial, fueron pusilánimes.

      A guisa de colofón es pertinente preguntar: ¿Por qué no convertir sus pertrechos de guerra en arados? …

Referencias bibliográficas:
Luis Alonso Schôkel, La Biblia del Peregrino


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