Al titular este artículo La Chula, el
autor da a entender que la locomotora 917 con ese nombre, sus vagones y sus
usuarios el día de su reaparición tienen una historia que contar. Esa historia
empieza casi en tiempo real cuando las circunstancias hicieron caminar bajo la
lluvia pertinaz y en medio del lodazal a los cancerberos de la política que presumían
a los cuatro vientos, haberla puesto de nuevo en movimiento luego de que se
descarrilara a pocos minutos de haberse puesto en acción, para dar una lección a
los tahúres que hicieron alarde de ella y que desde antiguo han despojado a los
guatemaltecos de todas sus seguridades.
Eppur si muove, habrán dicho los
escépticos mientras el mandatario se justificaba ante los periodistas que con
tono inquisitorial y burlesco le preguntaban por qué "La Chula se negó
a andar cuando vio a Jimmy y a su esposa
en el lugar", utilizando el epígrafe que se lee en uno de los mil y un
memes que invadieron los medios modernos de comunicación después que esa vieja
pieza de museo se descarriló, justo el día en que el presidente de turno y el
alcalde capitalino re inauguraron su salida por las viejas calles y avenidas de
la “Ciudad del Futuro", paradójicamente en el lugar conocido como la
línea. Un lugar atestado por golfas de poca monta con más escote que cerebro,
vagabundos, zánganos, drogadictos y borrachos consuetudinarios.
Al parecer, las
líneas son los lugares preferidos para estos políticos de pacotilla. Por ellas
viven y por ellas morirán…
En el ideario de
ellos, esa “mega obra” se pone de nuevo en funcionamiento para "el libramiento"
de calles y avenidas que son invadidas por los cientos de miles de
guatemaltecos que todos los días se dirigen a cumplir de forma proba, consciente
y responsable sus tareas laborales.
Al ser un digno exponente de la mentira
emotiva don galimatías que a pocos días cesará en sus oficios en el ejecutivo,
se expresó con alto grado de cinismo diciendo a los medios que ese
descarrilamiento y varamiento de La Chula, era normal. Como normal le pareció
en algún momento la corrupción que presuntamente lidera, la devastación causada
por las erupciones del Volcán de Fuego hace poco más de un año y, los derrumbes
que se están dando con asiduidad en el llamado libramiento de Chimaltenango.
Una obra que tienen bajo la tutela de San Isidro Labrador para que quite el
agua y ponga el sol, de lo contrario se seguirá derrumbando sin ton ni son.
Con esos
comentarios hace alarde a la inoperancia y apología a la estupidez, algo que es
común en todos los funcionarios de turno en el desgobierno de Guatemala.
La puesta en marcha de trenes viejos sobre
rieles y durmientes viejos y podridos requiere comprobaciones,
reparaciones, un planteamiento concreto y retos más allá de la politiquería
marrullera que lo que pretende siempre es llevar agua al interior de sus
propios pozos. Viejas prácticas de politicastros que no buscan el bien común.
Si así fuera, utilizarían mejor los recursos en megaproyectos que satisfagan las
más precarias necesidades de todos los habitantes de ese valle de lágrimas, que
es en lo que han convertido al Valle de la Virgen.
En este caso con
ferrocarriles nuevos y modernos, no con trenes vetustos cubiertos de herrumbre
pertenecientes a principios del siglo pasado.
La reparación de
esos vejetes (los trenes no los políticos) plantea un enigma que en contextos
parecidos fue expuesta en la Habana a finales del 2017, ante un presunto acto
de corrupción de parte de las autoridades de la isla derivado de un
cuestionable proyecto de recuperación ferroviaria y, que hoy cabe en este tejido.
–“Alguien está ganando dinero, pero en las altas esferas el despilfarro no
es delito, y el transporte, a la vista de todos parece un problema que no
merece parar en gastos”-
Mientras tanto en circunstancias similares
otros países como Panamá sin ir tan lejos, en el 2014 puso en marcha la primera
línea del metro contando con 14 estaciones, de las cuales 6 son elevadas y el
resto subterráneas, 2 terminales y 3 de transferencia con otros medios de
transporte, cada estación cuenta con aceras de hasta 110 metros. Hoy día es
considerado el medio predilecto de transporte público de los panameños,
transporta entre 240,000 a 280,000 usuarios diariamente.
Mientras las
autoridades panameñas en ese entonces se afanaron y ufanaron por un recorrido
de 16 kilómetros en un tiempo de viaje de 26 minutos aproximadamente, contando
para el disfrute de los viajeros con conectividad móvil en toda la travesía,
incluyendo las partes subterráneas, sus pares guatemaltecos hacen el ridículo
ante la opinión pública y extranjera, porque “su mega obra” se planificó para
recorrer tres kilómetros, pero no avanzaron ni uno cuando se descarriló el
vagón que llevaba a las autoridades de turno. Lástima grande externaron los disconformes
con este desgobierno, ese descarrilamiento no tuvo lugar en el Puente de Las
Vacas, contiguo al Puente Belice. Lo que habría constituido el libramiento
del siglo en Guatemala. …
En consideración a lo expresado, muchos
podrán decir que esa comparación es odiosa. Sin embargo, remontándonos en el tiempo nos podemos percatar que desde el comienzo de todos los tiempos el
estudio de la vida política ha estado vinculada con la comparación. No dejarán
mentir quienes hayan leído La Política de Aristóteles, las obras de Nicolás
Maquiavelo, Tocqueville, Karl Marx, Frederick Engels o Max Weber por citar a
algunos hombres ilustres que nos antecedieron y con quienes podemos platicar al
leer sus obras. Parafraseando a Descartes.
A tenor de lo planteado entonces, no es tosca
la comparación que se hace acerca de los trenes de Panamá y Guatemala, que,
para no echarle más leña verde al fuego, no se mencionan a los de Bolivia. Es
preciso hacer esa comparación para sacar y sonsacar deducciones explicativas.
Iván Llamazares y Miguel Paradela López, en el Curso de Ciencia Política de
Salvador Martí i Puig dicen que “nos pasamos una buena parte de nuestras
vidas comparando, ya sean sensaciones, experiencias, relaciones,
características de objetos, magnitudes, etc.”
Eso nos invita y
obliga a pensar en los tres propósitos inherentes de la ciencia social.
El primero consiste en describir cómo son
las cosas. Fue lo que se planteó al comienzo de estas disquisiciones.
El segundo, en
explicar porqué son así y no de otra forma.
Y el tercero y
último propósito, nos permite argumentar después que se han conocido las cosas,
como éstas deberían ser.
En primera instancia se sabe que en el
país no existe voluntad política, políticas públicas, empoderamiento, liderazgo
holístico, sentido común, bien común y sumo bien. Por ser así, las cosas en
Guatemala están como están…
El segundo propósito nos permite dar razón
de nuestra desesperanza. No se necesita ser erudito o muy versado en política
para deducir que las cosas son así gracias a esa ralea de politicastros,
oligarcas avaros en extremo, una caterva de narco militares, neo pentecostales
amantes de todo lo que brilla, etc. que, a imitación de Drácula han clavado sus
afilados colmillos en la yugular del erario nacional, lo han chupado y
exprimido hasta la saciedad, lo que imposibilita invertir en proyectos que
satisfagan las necesidades más elementales de la sociedad guatemalteca, como
medios modernos de comunicación. Al menos similares a los que existen en Costa
Rica, Panamá y Bolivia. Sin olvidarnos claro está, de una sociedad permisiva y
pusilánime en extremo, que solo ve como pasan las cosas, pero no hace nada
porque pasen cosas. Valientes sí, para manifestar su descontento en Twitter,
Facebook o Instagram. En tiempos pretéritos hubiésemos dicho: el papel todo lo aguanta…
Someramente se pone al descubierto el
talón de Aquiles que no nos permite avanzar como las necesidades en Guatemala
lo requieren, que al saber cómo son más o menos las cosas, se vale soñar, estando
despierto. ¿Por qué no construir un estilo de sociedad más justa, más humana y
más fraterna, en donde quepamos todos sin distingos de clases sociales,
políticas, económicas, culturales y religiosas?
¿Por qué no soñar
con un estilo de vida ordinaria ética y estética, similar a las descritas desde
La República de Platón a la Ciudad de Dios de San Agustín? …
Son utopías por
supuesto, sin embargo, podría ser nuestro tercer y último propósito. Vivir como
se debe en una sociedad bien organizada con gloria, en paz con los demás, y
alcanzar el buen desarrollo para sus habitantes. Así de simple…
Jlriveirof, OP
Fuentes:
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