martes, 24 de diciembre de 2019

El infierno



Jlriveirof

     Ante la pandemia de peste que ha asolado a la sociedad guatemalteca durante los últimos ocho años; transmitida por los politicastros de turno, que con sus mañas y artimañas han convertido los edificios que dan cobijo a los tres poderes del estado de Guatemala, en una pestilente fosa común; cuyos olores nauseabundos permean a flor de tierra, especialmente cuando sus trapitos sucios son ventilados al sol.
En esa sepultura en cuestión; ellos, esa caterva de politicastros, enterraron vivos la moral, la ética y las buenas costumbres, matando así la democracia, el estado de derecho y el estado de bienestar. Así lo dispusieron esos malhechores; ante la mirada impávida de un pueblo permisivo y pusilánime, cuyos habitantes vemos y criticamos como pasan las cosas, pero no hacemos nada para cambiar las cosas, cuando lo mínimo que podríamos hacer es revolucionar el statu quo mediante la práctica de la desobediencia civil, como aquella que emprendió y lideró Mahatma Gandhi en la India para defenestrar a los ingleses.
     En ese bregar por caminos chuecos; muchos de esos individuos desnudos, -cosas cualitativamente indeterminadas, en el pensamiento ontológico de Mario Bunge- que a pocos días dejarán sus cargos con más penas que glorias; aún intentan patadas de ahogado, al pretender hacer un aprovechamiento ilícito para obtener coimas, mediante la concreción de negocios aparentemente legales pero inmorales. Un claro ejemplo lo vemos en la terquedad esa, de querer obtener aviones para el ejército nacional, cuya cúpula, se ha empeñado en doblegarse y plegarse al denominado pacto de corruptos, presuntamente tutelado por el nefasto presidente del ejecutivo, que gracias a la acción y al efecto del paso del tiempo, hoy si, está a pocos días de irse al puto infierno.
     Un infierno construido a imitación del descrito por Dante en su Divina Comedia; en donde esta caterva de malhechores, crearon sus propios círculos, viciosos en el caso de ellos.
Muchos ya estaban perdidos en el camino de su propia vida; en virtud que las maras políticas constituidas en partidos políticos, así los prefieren. Mientras más castrados de valores estén, mejor para sus aviesos fines.
Timil, timil; -despacio, despacio- como diríamos en lengua maya kekchí, fueron ingresando a ese infierno, abriendo la puerta para tener acceso al ante infierno. Ahí se sintieron como Pedro por su casa, al encontrarse con toda clase de personas inútiles, mediocres, pusilánimes, gentes carentes de voluntad y toma de decisiones. Ahí socializaron con muchas personas que, al estilo de Poncio Pilato, tienen por costumbre lavarse las manos, después de haberse constituido en autores intelectuales y materiales de más de algún derramamiento de sangre.
     En el tránsito ese; hacia las profundidades de su propio infierno; los politicastros, se encontraron en el limbo. Y ahí, estaban aquellas personas que no han cometido ningún delito; y que, en consecuencia, no pueden ser estigmatizadas, señaladas o castigadas por la sociedad. Son aquellas personas que, al igual que el cisne, cruzaron el pantano de aguas putrefactas, pero no ensuciaron su plumaje. Ellos; son los personajes que siempre abanderaron las causas nobles y se opusieron a todas las medidas espurias y políticas, que vieron la luz en desmedro de la población. Ellos; son los que con sus acciones han causado daños físicos al infierno político que los malhechores crean. Su pecado original consistió en ser demasiado crédulos y pensar que ellos solos podían cambiar las cosas, estando ahí dentro.
     Ya en el segundo circulo; y que es, en donde comienza ese puto infierno, nos encontramos con un diputado fornicador, lujurioso en extremo, aquel que utilizó su automóvil como habitación y el parqueo del congreso de la República como motel. También encontramos a todos aquellos acosadores que aprovechándose del cargo que ostentan, intentan fornicar con las trabajadoras del estado, así como también, aquellos que, a los viajes inherentes a su cargo, se llevan a sus secretarias, so pretexto de necesitar de sus servicios profesionales en el extranjero, no obstante, lo que pretenden es una dama de compañía a costas del estado de Guatemala.
     En el tercer circulo, seguimos encontrando viciosos incontinentes, particularmente aquellos que padecen del pecado de la gula, y que en consecuencia se hartan y beben hasta ver a Cristo, ávidos de todos los placeres y codiciosos en extremo. Aquí encontramos sentado a sus anchas, a aquellos borrachos y comilones, los miembros de la SAAS y el presidente del ejecutivo que, con los dineros del estado, comen y beben lo que nunca habían probado. Amén de los dipugánsteres que tragan todo lo que encuentran a su paso.
     En el cuarto circulo están los avaros y los pródigos; aquellos que medraron a costillas del estado, enriqueciéndose de forma lícita o ilícita, fomentando caletas de dinero proveniente de estupefacientes, bienes muebles e inmuebles obtenidos de forma ilegal y los robos a mansalva provenientes de las coimas obtenidas en las contrataciones del estado y obras sobrevaloradas.
     En el quinto circulo están los incontinentes emocionales, iracundos y perezosos; todos sumergidos hasta el cuello en el pantano de la putrefacción, habilidosos en el amaño y el engaño. Los resguarda aquel que incendio el hogar -in- seguro Virgen de la Asunción para crear una cortina de humo, que pudiera ocultar sus felonías.
Es de suponer también, que en ese pantano se arrastran los soberbios, los envidiosos y los débiles de carácter.
     El sexto circulo se encuentra ubicado en la novena avenida y zona uno de la Ciudad de Guatemala, cuyos recintos están bien resguardados por muros y vigilados por una legión de diablos, una soldadesca cuya cúpula militar, repta al compás del tamboril de su comandante general y de algunos miembros impresentables del CACIF -no todos- para cuidar sus bienes; así como también los cuerpos policiacos, que lejos de cuidar a la población de la delincuencia común, resguarda al crimen organizado en bloques legislativos.
     Después de las hecatombes causadas por los politicastros; especialmente los violentos, se accede al séptimo circulo, custodiado y representando por “la loca bestialidad”; es decir, por todos aquellos que violentaron todos los derechos del prójimo, entre los que encontramos homicidas, criminales, tiranos, violadores y bandidos. Aquí vagabundean los fantasmas atormentadores de los generales que rigieron los destinos de la patria, mediante los fraudes electorales y golpes de estado: El chacal de oriente, el caguachín del norte, Ríos de sangre Montt, Mejía Víctores, Laugerud, etc.
Están también los que renunciaron a su naturaleza humana, suicidándose; para escapar al imperio de la ley.  Y aquellos que se metamorfosearon en chacales, hienas y toda clase de aves de rapiña, arrastrándose por un “hueso”, como comúnmente se le denomina a cualquier puesto, se tengan o no las cualificaciones pertinentes para ocuparlo. Así como toda clase de derrochadores con objetivos destructivos específicos.
Aparecen también en esta escena; aquellos que blasfemaron el nombre de Dios, utilizándolo en sus arengas políticas, los que usaron la religión, especialmente la sectaria evangélica para predicar en sus púlpitos a favor del candidato de su predilección y aquella alianza evangélica que reptó a favor de las huestes corruptas y corruptoras, dándoles su bendición.
     Continuando siempre por los mismos caminos que conducen a las profundidades de ese infierno, en el octavo circulo están los malosos, seductores, aduladores, inmorales, fraudulentos y los rufianes; aquellos que aparentan tener caras de hombres justos, pero se arrastran como si tuvieran cuerpo de serpiente, se hacen acompañar de toda clase de proxenetas y embaucadores, que hicieron de los organismos legislativo, ejecutivo y judicial una casa de prostitutas.
 Aquí no pueden faltar los simoníacos; es decir, aquellos que prostituyeron sus oficios eclesiásticos; como el extinto arzobispo de Guatemala Mariano Rossel y Arellano, el Nuncio -rancio- Apostólico de su Santidad Nicolás Thévenin, curas borrachos, mujeriegos, ladrones y pederastas,  los pastores de las mega iglesias construidas con fondos de dudosa procedencia, una tal alianza evangélica, entre una caterva de indignos que utilizan el nombre de Dios para engatusar a los incautos e ignorantes fieles, que con tal de ganarse el cielo compran la gracia barata.
No pueden faltar todos aquellos que malversaron fondos públicos, aprovechándose de los cargos que les fueron conferidos, los hipócritas que se vistieron con piel de oveja siendo lobos rapaces, aquí están todas aquellas personas que creen que haciendo apología del pueblo de Israel, a ellos también les alcanzará su bendición, toda clase de ladrones comunes y asesores legales fraudulentos que brindan consejos engañosos.
     En la fosa número nueve, están todas aquellas personas que van por el mundo sembrando cizaña, aquellos que siembran vientos y cosechan tempestades, los cismáticos en materia social, política y religiosa, aquellos que se enriquecen con la comercialización de pertrechos de guerra y de ella hacen su industria, todos aquellos militares retirados que transan estos artefactos, sin importar que sus clientes sean las maras, las clicas y huestes subversivas. Están también los falsificadores de cosas: personas, dinero o palabras. Aparecen también los traidores, especialmente de la patria.  
     Metafóricamente hablando cada quien construye su propio infierno y lo confecciona a su medida, así como también cada quien labra la estaca en donde se sentará después y cada quien es el carpintero de sus propias cruces, como bien decía San Felipe Nery.  En ese sentido, las personas descritas anteriormente, son los ciudadanos predilectos de ese pandemónium. Sin embargo, también lo son aquellos que actúan como gallo-gallinas, los muertos en vida, el don nadie, que mientras no se metan con ellos de forma directa, no hacen nada, ni dicen nada. De ellos también están atestados los círculos infernales.
     A guisa de colofón; los dejo con este párrafo de Marco Aurelio: <<Sería propio de un hombre agraciado morir sin haber llegado a contagiarse de la falsedad, la hipocresía y la vanidad del lujo. Pues morir saciado de ello es morir dos veces. ¿Acaso prefieres vivir en el vicio antes de huir de esa peste? Porque peste es la corrupción de la inteligencia tanto más grave que la corrupción del medio ambiente que nos rodea. Esta segunda es corrupción de animales puesto que proviene de animales; aquella es corrupción de hombres, en cuanto proviene de hombres.>> Reflexiones, IX,2:
    
Fuentes bibliográficas:
Alighieri, Dante, La Divina Comedia, traducido por Bartolomé Miltre, (1922).  Centro Cultural Latium, Buenos Aires

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