Jlriveirof, OP
La lectura que permite ese
grave incidente previamente concebido; aunque política e intelectualmente
incorrecto, es que tenemos a otro fanático religioso esgrimiendo un evangelio fascista; -como el
que predican en sus púlpitos los cabreros evangélicos constituidos en alianzas-
haciendo alarde de un trato del tú a tú
con Dios, afirmando que Él le habló mientras oraba sentado en la silla del
presidente del congreso; después de invadir el parlamento salvadoreño,
acompañado de un séquito de militares ignorantes en extremo de la misión constitucional
que tienen por delante.
Al salir de ese recinto se
dirigió a sus seguidores y les dijo que acababa de hablar con Dios sobre la
situación y que Dios le contestó: “Paciencia, paciencia, paciencia”. De buena suerte
no cayó en la tentación original descrita en los textos veterotestamentarios
de: “seréis como dioses”. De lo contrario; a imitación de Prometeo, habría
robado el fuego divino para chamuscar a los diputados que se oponen a la
aprobación de un préstamo millonario que asciende a ciento nueve millones de
dólares, para finalizar la fase tres de su plan de control territorial. Con
esas acciones contrarias a la ley y a la independencia de poderes, el fin
santifica los medios…
En palabras de Bertrand de Jouvenel
podríamos describir al joven mandatario salvadoreño como a alguien que, ante
esa coyuntura, se siente más hombre imponiéndose a los demás convirtiéndolos en
instrumentos de su voluntad, los ve como unos medios para alcanzar sus grandes
berrinches o sus fines, cuando la visión lo embriaga…
“Hable con Dios y Dios me contestó” ¡vaya
fraude! …, en los últimos tiempos hemos visto con holgura, como los líderes pseudo político-religiosos, pretenden engatusar a los incautos, camuflándose de
cristianos. Solo hasta que sacan las uñas, como el caso de Bukele e Inmorales, James Inmorales, dejan al
descubierto que tan solo son lobos rapaces disfrazados con piel de oveja.
Muchos de ellos suelen creer que han sido ungidos para ocupar la primera
magistratura en sus países; que Dios los puso ahí y que solo Él los puede
defenestrar.
En virtud de la psicología popular; algunos
padecen del complejo de Dios creyéndose un dios, y que por lo tanto son
infalibles, omnipotentes y omnipresentes.
En Guatemala no podemos
olvidar al histrión que desgobernó Guatemala durante cuatro largos y tristes
años; aún continúa despidiéndose en todos sus actos públicos y privados con “un
Dios los bendiga”. En vano se esfuerza en hacerse el cristiano si con sus obras
desdeña la moral, la ética y las buenas costumbres. Su testimonio de vida
demuestra de manera concluyente que su dios; no es el Dios de Jesucristo.
Infaustamente; le pasó la
batuta a otro personaje que también finaliza sus discursos con un “Dios bendiga a
Guatemala”. Todos sabemos de antemano de forma experiencial; que aquellos
políticos que apelan a Dios en sus discursos, el poder los termina de corromper
siempre. Así la cuestión; su argumentación política preñada de bendiciones,
está teñida de imposturas. Al final termina siendo una chafarrinada sobre sus
palimpsestos de chirivisca condición.
Desde antiguo se nos ha vendido la idea de
que en una democracia el poder radica en el pueblo; quizás por ello, el
mandatario salvadoreño amenazó con encabezar una insurrección, con el pueblo
por supuesto como carne de cañón a la vanguardia y a la retaguardia sus
achichincles, los policías y militares que con las armas lo respaldan.
Los psicólogos dirían que; la
motivación de poder que ostentan esos políticos, tiene como meta la utilización
de otras personas para sus aviesos fines. He ahí el pueblo que lo quiere
acompañar en una insurrección, los miembros policiacos y la soldadesca como
actores antagónicos de esa problemática de turno.
Mientras tanto; el plazo de una semana
concedido a los dipugánsteres salvadoreños por Nayib Bukele ha concluido; sin
embargo, sus amenazas no fueron materializadas. Al parecer ese petitorio que
Dios le hizo de tener tres veces paciencia ha surtido sus efectos. No ha
encabezado ninguna insurrección, ni ha intentado otro autogolpe de estado
violentando el estado de derecho.
A la sazón; en plena depresión
socioeconómica, política, religiosa y militar, al igual que Roosevelt en su
tiempo, pensará: <<Es de sentido común tomar un método y probarlo. Si
falla, admitirlo claramente e intentarlo con otro. Pero, sobre todo, hay que
intentar algo.>>
En ese contexto y a guisa de
colofón cabe preguntarse: ¿Cuál será esa intentona con efectos polimorfos; que
explicitará en la mierdilésima parte de un tweet el falso dictador?
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