La frase con que intitulo este post pertenece a Diógenes de Sinope, y fue manifestada por él, según cuenta la leyenda, cuando a plena luz del día, portando una lámpara de aceite encendida, deambulando por las calles, plazas y avenidas de Atenas, decía: <<busco a un hombre honesto>>.
¡Busco a un hombre honesto!,
frase mediante la cual podemos colegir cuán difícil tarea es, encontrar en el mundo,
a un hombre honesto, en su vasta y provocativa concepción.
Si hacemos nuestras las
palabras del filósofo, en este tiempo “proto democrático” que estamos viviendo y,
dirigimos nuestros pasos al “honorable pleno” del Congreso de la República de Guatemala,
¿Encontraríamos ahí a un hombre honesto?
En los otros organismos del
estado: Ejecutivo y Judicial: ¿habrá alguna persona que sea honesta?
En las municipalidades de todo
el país, ejército, policía nacional, iglesia, en la banca, la industria, el
mercado, el comercio, en nuestras propias casas y demás entornos, etcétera,
etcétera, etcétera; ¿Habrá ahí una persona honesta? …
A decir verdad, pienso y creo
que sí; si los hay, aunque creamos que sería como encontrar una aguja en un
pajar dado que, todos los días nos percatamos como la corrupción campante y
rampante hace mucho ruido, y presenciamos cómo los cancerberos de las huestes
del mal son premiados y los honestos vilipendiados, condenándonos con sus
felonías y tropelías. Para apuntalar lo aseverado en este párrafo, me permito
mencionar a la filósofa Ayn Rand cuando dijo: <<Cuando observes que la
corrupción es recompensada y la honestidad se vuelve un sacrificio, sabrás que
nuestra sociedad está condenada.>>
Iluminando el camino trazado en este
apartado con la luz que arroja la filosofía, respecto de la honestidad, en una sociedad
condenada como la nuestra, nos daremos cuenta que, esa maldición nos la
podremos quitar únicamente subiendo a la esfera ética y moral todos y cada uno
de nuestros actos, amalgamando el ser con el hacer, siendo coherentes entre lo que
decimos y hacemos. Solo siendo justos, empáticos, veraces, practicando la
bondad, la reciprocidad, la fraternidad, la virtud, la armonía y la ecuanimidad
como síntesis de todos los valores; solo entonces, podremos quitarnos la
condenación que, como habitantes de esta nación, cargamos sobre nuestras espaldas
desde tiempos inmemorables.
La honestidad solo es un valor cuando se
entiende a cabalidad su significado y se practica. Según el Diccionario Enciclopédico
de Biblia y Teología, honestidad significa: ser veraz, libre de duplicidad,
recto, honorable, respetable, digno de estima, bueno, intachable, excelente,
decoroso, pudoroso y recatado.
En ese orden de ideas, cuán difícil resulta
buscar y encontrar en las plazas, calles y avenidas, a un hombre que sea
honesto. Una difícil tarea que, debiésemos realizar en nuestras propias casas y
entornos, con nosotros mismos, y con una linterna encendida, a plena luz del
día, busquemos en el interior de nuestro propio pozo (nuestro interior) a un
hombre honesto. Lo podremos validar a partir de la más antigua de las
exhortaciones, aquella que, estaba escrita en el dintel del templo de Apolo en
Delfos, atribuida a Sócrates: <<Conócete a ti mismo>>.
Solo conociéndonos a nosotros mismos,
podemos descubrir cuán honestos o abyectos somos, en virtud de los valores que practicamos.
Jlriveirof, OP
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