Como consecuencia del giro atípico que tomó el rumbo de la vida por causa de la pandemia, una mañana veraniega de un día cualquiera, se encontraba el escribiente haciendo cola en las afueras de uno de los bancos del sistema, ubicado en el centro histórico de la Ciudad imperial de Carlos V, previo a realizar un retiro monetario. Eran los tiempos en donde se sospechaba de todos y todos eran vistos como los leprosos que narran los evangelios y, por esa razón había que guardar un distanciamiento social, inclusive los vehículos automotores porque un parqueo estaba en uso y el otro en desuso, como si ellos también fueran susceptibles al contagio. Eran los tiempos de la ignorancia colectiva y un miedo inconmensurable cuando aún no había vacunas por causa de la politización de la pandemia y el robo infame del dinero para comprar vacunas. En el ínterin, muchas personas aprovecharon la larga, tediosa y tendenciosa cola para tertuliar, amén de la tardanza oficiosa de parte de los receptores que aseguraban que sobre el dinero contaminado, cabalgaba la quirina.
Mientras serpenteaba la larga cola, impertérrito
me puse a escuchar la plática que sostenían tres personas que me antecedían, que,
sin respetar el distanciamiento social, formaban un círculo. El que aparentaba
ser el más letrado del grupo de los tres, hacía gala de una retórica fluida,
sin embargo, la misma estaba un tanto desconectada de la razón, evidenciaba
cierto fanatismo religioso que cegaba su pensamiento en extremo al decir que, –con
la pandemia Dios estaba castigando a todo el pueblo de Guatemala por causa del pecado
cometido con descaro por el presidente de la nación al intimar con un joven
varón. Se refería por supuesto, al ex
jefe de su centro de desgobierno, aquel que tenía poderes plenipotenciarios y
que estaba por encima de todos los ministros de estado y presuntamente de él cuando
la ocasión lo permitía …
–Pero también es por causa de las felonías
y tropelías de todos los políticos, especialmente de los mal llamados padres de
la patria, los dipugánsteres, sostuvo el segundo, -y por supuesto de la
inmoralidad que exacerba de parte de quien mide el aceite presidencial, es
decir, ese “pata de adobero” del Miguelito, por la que Dios nos está castigando
con sus dos manos…, acotaba …
–Viejo cara brava sisiflís contento, sentenció
el tercero, mientras enarcaba la ceja en señal de desaprobación. Obviamente
utilizo el término sisiflís como un eufemismo para edulcorar la palabra que
realmente utilizó, –¿en dónde tendrá el dinero? Se refería sin duda a los
cientos de miles de dinero prestado para paliar la pandemia y que hasta el día
de hoy brillan por su ausencia. Haciendo suyas las preguntas que de forma
reiterativa todos los guatemaltecos nos hacemos todos los días …
La larga cola de gente lentamente siguió
su curso y al ingresar el primero de los tertulianos al banco, la plática se
acabó, no sin antes apercibir a sus tertulianos que, sacaran un extra de dinero
para continuar la plática que habían comenzado en torno a una mesa con cerveza.
Por primera vez en tanto
tiempo no había disfrutado de una plática callejera como la que tuvo ocasión
bajo el rigor del sol que, hacía que las lágrimas por la risa se conjugarán con
el sudor de la frente, como también no hubiese querido que la gente avanzara.
No obstante, la misma me hizo pensar que, si el mandatario no
le hiciera honor a su segundo apellido y no le hubiera fallado al pueblo de
Guatemala al seguir la misma huella de quienes lo antecedieron en el cargo, y se hubiera
comportado como un verdadero estadista, actuando en coherencia con su alta
investidura, habría podido hacer de su
zona de falla un nido de palomas que, a nadie le hubiera importado un bledo.
Jlriveirof, OP
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